miércoles, 22 de julio de 2015

Malvados. Irma Grese




Grese antes de convertirse en aspirante
a genocida. Nadie podría pensar lo que
se ocultaba tras su hermosa fachada.
En la extensísima nómina de los peores hideputas que en el mundo han sido desde que Caín le incrustó una mandíbula de borrico en el cráneo a su beatífico hermano por unos celos tontos, los varones se llevan la palma ya que, debido al patriarcado imperante desde antes del Diluvio, salvo contadas excepciones las féminas han carecido del poder y/o los medios para ejercer la hijoputez de forma notoria. No obstante, algunas de ellas han logrado escalar a la cima de la lista de los mayores sádicos que ha conocido la historia haciendo gala de una mala leche de tal envergadura que harían palidecer de envidia al mismísimo Atila o incluso al depravado y perverso Gaio Calígula. La que quizás sea la psicópata número 1 clase A Extra Superior es la protagonista de la entrada de hoy, provista de un currículum que empequeñece a la de la sádica y degenerada Erzsébeth Báthory: Irma Ilse Ida Grese, también conocida entre propios y extraños como La Perra de Belsen o La Bestia Bella. Otros de sus alias, menos explícitos pero que igualmente se propalaron bastante, fueron El Ángel de Auschwitz y El Ángel Rubio. Es obvio que los ángeles debieron cabrearse de forma notable al verse equiparados con este monstruoso ser.

Hermosas, atléticas, con pedigree ario desde
al menos 200 años antes, las chicas de la
BDM eran las incubadoras de los futuros
retoños absolutamente arios del Reich
de los Mil Años.
Irma Grese tuvo una adolescencia chunguilla, las cosas como son. Era la tercera de la prole de cinco retoños que su padre, un lechero por nombre Alfred, le había hecho a su madre, Berta, la cual se autoasesinó en 1936 empinándose una botella de salfumán cuando se enteró que su amado Alfred le había puesto los cuernos con una camarera. En el año 38 y a la vista de que le daban dos higas los estudios, se afilió a la Bund Deutscher Mädel (Liga de la Juventud Femenina Alemana), la versión mujeril de las Juventudes Hitlerianas en las que se inculcaba a las nenas arias que era sumamente importante ser buenas madres y esposas para sembrar el planeta de críos rubitos y adorablemente arios bajo el incuestionable dogma de las tres K's: kinder, küche, kircher, que venía a significar niños, casa, iglesia. Pero lo que a Grese de verdad la ponía a cien era ingresar en las SS y convertirse en una celosa defensora de la fe nacionalsocialista, cosa que inicialmente no pudo lograr al ser menor de edad (había nacido en octubre de 1923).

Karl Gebhardt, colega de Viktor Brack
y, al igual que él, ahorcado en la cárcel
de Landsberg en 1948.
Ante la imposibilidad momentánea de alistarse en el siniestro cuerpo, Irma Grese se tuvo que buscar la vida trabajando de dependienta y de jornalera para acabar de limpiadora en el hospital de Hohenlychen cuyo director, el SS-Brigadenführer Karl Gebhardt, le echó el ojo a la guapa y fanática Irma tras lo cual la convirtió en su amante si bien, tras dos años en el hospital, no pudo obtener el título de enfermera por ser aún demasiado joven. No obstante, Gebhardt consideró que su amante era un diamante en bruto que no merecía la pena perder para la causa, por lo que la instó a esperar un poco hasta cumplir la edad adecuada y poder presentarse en el campo de Ravensbruck con una carta de recomendación suya dirigida a sus colegas "médicos". En marzo de 1941 se personó en el campo en cuestión donde, una vez más, la echaron para atrás ya que aún tenía 17 años si bien le dijeron que volviera por allí al cabo de seis meses una vez cumplidos los 18. Está visto que la precocidad de la rubia Irma le supuso más de un berrinche. Sin embargo, tardó un año en retornar a Ravensbruck, trabajando mientras tanto en una granja de vacas lecheras. Finalmente, en marzo de 1942 pudo por fin ser aceptada como SS-Aufseherin o supervisora (literalmente significa matrona). A partir de aquel momento, Irma Grese tenía carta blanca para dar rienda suelta a sus depravados instintos.

María Mandel tras su captura a
manos de los yankees. Fue ejecutada
en Polonia en 1948
Tras un año de entrenamiento, en marzo de 1943 fue enviada al complejo de Auschwitz, siendo destinada al campo de Birkenau. Para los que lo desconozcan, Auschwitz era en realidad un complejo formado por tres campos denominados como Auschwitz, Birkenau y Monowice más una serie de subcampos de menor relevancia. La joven Irma se distinguió rápidamente por su especial celo, que iba más allá del mínimo grado de bestialidad que requería el reglamento para no ser acusado de bondadoso con los enemigos del estado. De ahí que en otoño de aquel mismo año fuera ascendida a SS-Oberaufseherin o supervisora mayor, teniendo por encima suya solamente a la SS-Lagerführerin (jefa de campo, aunque solo del personal femenino) María Mandel, otro auténtico y verdadero mal bicho apodada como La Bestia de Auschwitz. Por aquellas fechas, Irma Grese era ya todo un referente en lo tocante al más depravado y monstruoso sadismo.



Irma Grese junto a Kramer, ambos custodiados por un soldado
británico tras la captura de ambos en abril de 1945.
Porque Irma Grese era una sádica auténtica, una psicópata carente del más mínimo atisbo de algo que podamos relacionar como piedad hacia el género humano. Cuando fue procesada tras caer en manos de los británicos, las declaraciones de las testigos que sobrevivieron al infierno de Birkenau y Belsen eran simplemente escalofriantes, y su crueldad iba mucho más allá de lo que se pueda imaginar. La lista de bestialidades era tan larga o más que la de los peores elementos de las SS: palizas hasta la muerte, azuzar sus perros para que devoraran al desgraciado causante de su enojo, convertir en esclavas sexuales a las prisioneras que le gustaban físicamente- era bisexual-, a las cuales enviaba a la cámara de gas cuando se hartaba de ellas, dar de vergajazos en los pechos de las mujeres para provocarles infecciones que acabaran en la amputación de los mismos, presenciando envuelta en un morboso placer sádico las intervenciones sin anestesia de aquella desdichadas y, en fin, un larguísimo et cétera capaz de revolver las tripas al más pintado. De hecho, y según los testimonios de varias supervivientes, el sadismo de Irma Grese iba mucho más allá que el del médico del campo, el siniestro SS-Haupsturmführer Josef Mengele, o el mismo jefe del campo, el SS-Haupsturmführer Josef Kramer, La Bestia de Belsen.

Internas de Birkenau. ¡Ay de aquella que resultase
atractiva a los ojos de Irma Grese...!
A esta relación de "cualidades" habría que añadir la pasión que sentía por el lujo y la buena ropa, conteniendo en su alcoba armarios atestados con modelitos procedentes de las mejores modistas de Berlín, París, Viena o Praga lo que hace suponer que trincaba pasta y joyas a las prisioneras que llegaban al campo ya que su sueldo de 54 marcos no daba para muchas virguerías. Además, cuidaba su aspecto personal con verdadera obsesión, siéndole especialmente deleitoso pasearse por el campo luciendo un uniforme impecable, las botas bruñidas como espejos y un peinado absolutamente perfecto. Obviamente, su hermosura era motivo de atracción incluso para los mismos presos, siendo para esta arpía un placer añadido ver a estos desgraciados mirarla de reojo-mirar directamente a un guardia era motivo sobrado para recibir una paliza monumental- con una mezcla de admiración y pánico. Según parece, llegó incluso a quedarse preñada, obligando a una judía húngara por nombre Gisella Perl que ejercía como médico de las internas a que le practicase un aborto a cambio de un abrigo, el cual nunca le llegó a entregar la muy cicatera. Por cierto que esta médico fue una de las supervivientes que declaró contra Grese y puso al tribunal al tanto de  muchas de las burradas que llevó a cabo la sanguinaria guardiana.

Irma Grese durante el proceso, marcada con el nº 9. A su
izquierda, con el 10, Ilse Lothe. Con el nº 8, Hertha Ehlert.
Ehlert fue condenada a 15 años mientras que Lothe

fue absuelta.
El final del conflicto cogió a Grese en el campo de Bergen-Belsen, el cual se rindió a las tropas británicas en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1945. Al despuntar el día, los guardianes abrieron la entrada del campo para esperar a sus captores en perfecto estado de revista. Está de más decir que los ingleses se quedaron de piedra cuando entraron en el interior del mismo y contemplaron estupefactos el dantesco espectáculo que tenían ante ellos. Tras interrogar al personal, fueron puestos a disposición de la autoridad militar para ser procesados por crímenes de guerra y delitos contra la humanidad, iniciándose la causa el 17 de septiembre de aquel mismo año en Lüneburg contra 45 acusados incluyendo a Grese.

Albert Pierrepoint
El juicio duró hasta el 17 de noviembre siguiente, resultando condenados a muerte ocho miembros de las SS y tres guardianas del campo: Irma Grese, Elizabeth Völkenrath y Johanna Bormann (no, no era pariente de Martin Bormann). Durante el proceso y a pesar de los testimonios presentados, Grese mostró en todo momento una arrogancia fría y distante, negó haber participado en nada de lo que se le acusaba y, naturalmente, ella se limitó a cumplir órdenes, excusa habitual en estos casos que, por cierto, no sirvió de nada a ninguno de los procesados. Para llevar a cabo las ejecuciones fue llamado el verdugo en activo en Gran Bretaña, Albert Pierrepoint el cual se desplazó a la cárcel de Hamelin para disponerlo todo. 

LA EJECUCIÓN

Cámara de ejecución de la prisión de Hamelin
Los condenados fueron traslados a unas celdas situadas en un pasillo en el que los Ingenieros Reales habían construido una horca en una dependencia situada al final del mismo. El viernes 13 de diciembre, pasadas las nueve de la mañana, comenzaron las ejecuciones. Los británicos, siempre tan caballerosos ellos, decidieron apiolar en primer lugar a las damas de forma individual, mientras que los caballeros fueron llevados al cadalso por parejas para abreviar. Pierrepoint, sabiendo que Grese era en realidad una jovencita, en un gesto misericordioso que la rea jamás tuvo con nadie la hizo sacar en primer lugar para que no oyera el ruido procedente de la cámara de ejecución al abrirse la trampilla y provocarle inquietud. Así pues, con todo ya preparado, el asistente nombrado por el ejército para ayudar al verdugo y actuar como intérprete, el sargento mayor O'Neil, abrió el celda de Grese, la cual salió sonriente como si tal cosa. Pierrepoint le ordenó secamente que le siguiera, dirigiéndose a continuación a la cámara de ejecución. 

Las guardianas de Bergen-Belsen formadas en el campo
tras su rendición a las tropas británicas. Las jetas de varias
de ellas acojonarían a un rottweiler con hidrofobia.
Además del verdugo y su ayudante, formaban la lúgubre comitiva el general Edmund J. Paton Walsh, encargado de las ejecuciones, la Sra. Wilson, subdirectora de la prisión de Strangeways y encargada de supervisar las ejecuciones de las tres condenadas, el director de la prisión de Hamelin, los testigos y el médico. La rea y demás acompañantes entraron en la cámara a las 09:34 horas, siendo ésta colocada sobre una marca de tiza dibujada sobre la trampilla. Grese, que debía tener la sangre de horchata, en ningún momento dio muestras de flaqueza, limitándose a exclamar "Schnell!" (¡Rápido!) a Pierrepoint cuando éste iba a colocarle la capucha. Inmediatamente, el diestro verdugo le puso la lazada en el cuello y accionó la palanca que abría la trampilla. El cuerpo de Grese cayó al vacío y murió de forma prácticamente instantánea si bien, siguiendo las normas procesales británicas, el cuerpo permaneció colgando de la soga durante 20 minutos aunque en teoría debían estar durante una hora, proceso este que se solía abreviar en las ejecuciones de los reos por los procesos de crímenes de guerra por razones obvias ya que siempre se trataba de varios de ellos y había que aligerar.

Las dos guardianas que acompañaron a Grese al patíbulo,
Elizabeth Völkenrath y Johanna Bormann. Viendo sus
jetas, nadie podría imaginar la mala leche que gastaban.
Tras certificarse la muerte del monstruo, su cadáver fue descolgado y depositado en un ataúd. Las otras dos condenadas fueron ejecutadas a continuación. Elisabeth Völkenrath cayó por las trampilla a las 10:04, mientras que Johanna Bormann lo hizo a las 10:38. A continuación comenzaron las ejecuciones de los hombres. Respecto al destino final de los restos de los condenados, hay dos versiones: una dice que fueron enterrados en el patio de la cárcel de Hamelin en vez de en el cementerio de la prisión a fin de impedir que el lugar se convirtiera en un centro de peregrinación de nazis irredentos. Dicha versión añade que estos restos fueron exhumados en 1954 y trasladados al cementerio de Am Wehl. La otra, quizás más probable a la vista de lo que se hizo con la mayoría de los reos condenados en diversos procesos, es que fueron cremados y arrojados a un arroyo.

Así acabó Irma Grese con 22 años casi recién cumplidos. No obstante y a pesar de su juventud, su vida operativa fue lo suficientemente larga como para ser encumbrada al Olimpo de las sádicas más sanguinarias de la Historia a pesar de no ser tan conocida como otras malvadas. Helene Kopper, una de las supervivientes que testificaron en el proceso, aseguró que Grese llegaba a liquidar la escandalosa cifra de 30 o más personas al día de forma totalmente arbitraria. En fin, una hideputa de primera clase. Así se pudra en el infierno por siempre jamás, amén de los amenes.

Varias guardianas paseando durante el recreo en prisión ante la mirada
de los soldados que se amontonan para contemplarlas como bichos raros.
La de la izquierda es Völkenrath, y la fea de la derecha Hilda Lohbauer,
a la que le cayeron 10 años aunque la soltaron en 1950.

ALGUNAS CURIOSIDADES CURIOSAS

1. Aunque el padre de Grese estaba afiliado al partido nazi, cuando se presentó su adorable hijita con el uniforme de las SS se agarró un cabreo de antología, echándola de su casa. Al parecer, a raíz de aquello se dio de baja en el partido o, al menos, pasó del mismo para siempre.

2. Grese era de las pocas guardias femeninas autorizada para portar un arma de fuego, haciendo uso de su pistola en infinidad de ocasiones para martirizar aún más a los desgraciados que se podían al alcance de su vista. Junto a la pistola, su arma preferida era una fusta fabricada con celofán en el mismo campo que, al decir de ella misma y los testigos que declararon en el juicio, tenía un amenazador color blanquecino. Lo habitual era el uso de fustas o vergajos de piel.

3. A la derecha podemos ver la confirmación de la sentencia de muerte de Irma Grese firmada el 7 de diciembre de 1945 por el mariscal Montgomery. En la misma se especifica que la ejecución deberá ser llevada a cabo 24 horas después de la recepción de la misma, y ser devuelta una vez consumada la pena de muerte. En el apartado inferior aparecen las firmas del director de la cárcel y de uno de los testigos presentes, el mayor Goulden, así como la fecha y la hora en que se rubricó el documento, las 10:03 horas del 13 de diciembre de 1945.

4. El 12 de diciembre, Pierrepoint se personó en la prisión de Hamelin para proceder al medido y pesado de los reos ya que, según el sistema británico, conforme a la estatura y peso de cada reo se aplicaba una determinada longitud de la caída que asegurase una rotura instantánea de las cervicales. Irma Grese medía 1,65 metros y pesaba 68 kilos, por lo que según la tabla oficial publicada en 1913, a ese peso correspondería una caída de 6 pies y 6 pulgadas, o sea, 198 cm. Sin embargo, Pierrepoint aumentó dicha caída hasta los 7 pies y 4 pulgadas (223,5 cm.), lo que correspondía a una persona con un peso de unos 60 kilos. Cabe suponer que lo hizo para asegurar la rotura del cuello con una caída mayor que la que le correspondía por su masa corporal si bien era un aspecto que había que calibrar con precaución porque una caída demasiado larga podía provocar una decapitación del reo.

5. Los británicos, al contrario de los yankees, no publicaban imágenes de las ejecuciones. De hecho, el sistema procesal de esta gente incluso obligaba a firmar al verdugo, a su asistente y demás participantes en las ejecuciones la aceptación de la Ley de Secretos Oficiales, por la que no podían revelar detalles de las mismas. De ahí que no haya fotos de las ejecuciones llevadas a cabo por los tribunales ingleses durante los procesos de la posguerra. Curiosamente, en la red se da como verdadera la que vemos a la derecha, lo cual es completamente erróneo. En realidad, es un fotograma de una película realizada por los estadounidenses durante la ejecución de varios criminales de guerra japoneses la cual pueden vuecedes ver aquí: 


6. Aparte del incuestionable testimonio de la película, en la que verán que el verdugo y el sargento que aparece a la izquierda de la foto son las mismas personas, hay varios datos que permiten corroborar que se trata de una ejecución llevada a cabo por los americanos, a saber: de entrada, el verdugo que aparece en la foto no es Pierrepoint y, además, va vestido de uniforme. El nudo de la soga es el típico nudo corredizo con siete vueltas reglamentario en USA. Por último, la capucha es negra mientras que en las ejecuciones británicas se empleaba por norma una blanca.

7. La cuerda en cuestión estaba fabricada con esparto ya que este material, al ser muy poco flexible, aseguraba que al final de la caída no se estirase, aminorando el efecto de dicha caída y con ello la posibilidad de que el cuello no se rompiera de forma instantánea. El grosor de la misma era el dictaminado por las normas inglesas: 3/4 de pulgada, 19 mm. En cuanto al nudo corredizo, carecían del mismo. El sistema usado por los ingleses se basaba en un ojal de bronce por el que corría la soga, cuyo extremo era forrado de una suave badana para aminorar el roce en el cuello del reo. Para bloquear la lazada se ajustaba sobre el ojal una arandela de cuero que, posteriormente, se cambió por una de goma. Por otro lado, parece ser que este sistema era mucho más efectivo que el usado por los yankees ya que aseguraba un cierre más firme en el cuello al caer el reo a pesar de que los americanos tenían por norma engrasar la soga por el mismo motivo. Se empleaba una soga por reo, colocando una nueva tras cada ejecución.

8. El proveedor de cuerdas para las ejecuciones era la firma londinense John Edgington & Co., los cuales eran fabricantes de tiendas de campaña y cordaje para la marina. El tema de las cuerdas para los ahorcamientos era llevado con la máxima discreción por la empresa, no dando pábulo a tal actividad. Le elaboración de las sogas era de lo más cuidadoso conforme a la tradición perfeccionista de estos isleños: usaban cáñamo italiano de la mejor calidad, y el forrado del extremo lo hacían con fina y suave piel de becerro. Cada cuerda, de 9 u 11 pies de longitud (274 o 335 cm.), se fabricaba enteramente a mano, empleando para ello entre cinco y seis días. El artesano que las elaboraba era un tal Harry Moakes, el cual se pasó toda su vida currando en la empresa. Con sus sogas se ahorcaron a mogollón de criminales nazis.

Grese a su llegada al tribunal durante el proceso
9. Pierrepoint cobraba 15 libras por cada reo ejecutado y se le abonaban aparte los gastos de viaje y las dietas. La mitad del importe de lo ganado se le entregaba en el momento, y la otra mitad al cabo de dos semanas. O sea, que se embolsó 165 libras por medio día de trabajo, un pastizal para la época.

10. La prensa convirtió a Irma Grese en todo un fenómeno popular. A diario, los periodistas la esperaban para hacerle fotos a mansalva mientras los críos se agolpaban gritando y saludándola. Su indudable hermosura y las historias que contaban sobre ella daban un morbo tremendo al personal, así que ya vemos que eso de fomentar los detalles escabrosos no es un invento moderno.

En fin, ya está.

Hale, he dicho


Fosa común abierta por los británicos en Bergen-Belsen para enterrar a los cientos de cadáveres que
encontraron tras ocupar el campo. Los aliados obligaron a los SS presentes, hombres y mujeres, a acarrear
los escuálidos cadáveres hasta la fosa.


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