miércoles, 18 de febrero de 2015

Fury



Hace bastante tiempo que no publico una entrada sobre cine histórico así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, creo que esta reciente película se merece una mención aunque la época en que transcurre se salga un poco del ámbito histórico del blog. Por cierto que nunca entenderé la absurda manía de las distribuidoras cinematográficas de cambiar los títulos de las películas. Si se titula "Fury" en referencia al nombre del carro de combate, a santo de qué ponerle esa chorrada de "Corazones de acero", que en Sudamérica rebajan a simple hierro cardíaco. Por lo demás, la película vale para echar una tarde devorando palomitas a todo aquel que se deleite en la contemplación de estos monztruoz azezinoz en acción ya que, las cosas como son, aunque el argumento tiene menos enjundia que la bóveda craneana de un político y está muy visto eso del papanatas que se ve rodeado de tipos feroces y despiadados pero que al final se vuelve igualmente feroz y despiadado como sus conmilitones, las escenas de acción están a mi entender bastante bien traídas y, lo más importante, no cometen gazapos notables salvo uno que, en realidad, está relacionado con el desenlace final si bien de eso hablaremos más adelante.

Por lo demás, a quien en realidad quiero dedicar la entrada no es a la película en sí, sino a su protagonista que no es precisamente el sargento Wardaddy (que curiosamente significa "papá guerra") ni sus valerosos muchachos, sino al Fury, el Sherman que tripulan esos cinco ciudadanos yankees incluyendo al papanatas. Daré cuenta de algunos detalles curiosos acerca del carro de forma que puedan vuecedes apabullar bonitamente a sus cuñados, y parar la peli cada cuatro minutos para explicarles los pormenores de la máquina bélica en cuestión de forma que, con suerte, se largue humillado antes de que medie la película y no tenga tiempo de dejarnos la botella de malta de 12 años llena de aire. Veamos pues...


El Fury es un carro Sherman cuya denominación oficial era M4A3E8. Ese galimatías alfanumérico significaba: carro medio modelo M4 versión A3 con suspensión horizontal HVSS (Horizontal Volute Spring Suspension) que dio lugar al E8. Los yankees, por aquello de abreviar, lo denominaban Easy Eight. Dicha suspensión fue instalada solo en esta versión de las tropocientas que se hicieron del Sherman ya que las anteriores eran del tipo VVSS, o sea, bogies de suspensión vertical. El tipo HVSS era lo verdaderamente representativo de esta versión tanto en cuanto era lo que la diferenciaba de los restantes A3. Por otro lado, mejoraba notablemente el confort de marcha a la tripulación, disminuía de forma significativa la presión específica sobre el suelo y requería de menos mantenimiento por desgaste que la VVSS.

Aunque las especificaciones del Sherman se pueden encontrar en cualquier parte, aporto algunos datos para ir apabullando al cuñado nada más empezar la película: entró en servicio en agosto de 1944. Iba armado con un cañón de 76 mm. emplazado en un montaje M62 a su vez instalado en una torreta T23 obtenida mediante fundición. El peso total del vehículo era de 33.700 kg., con un blindaje máximo en el frontal del casco de 108 mm. y 64 mm. en la torreta, a los que habría que añadir otros 89 mm. más del escudo del cañón. La torreta disponía de un sistema hidráulico- además del manual- para girarla, realizando un giro completo en apenas 15 segundos. El motor era un Ford GAA de 8 cilindros y 450 CV que requería de 636 litros de gasolina para obtener una autonomía de unos 160 km. Ojo, la autonomía de estos chismes siempre se calcula circulando por carretera a velocidad de crucero (unos 30 km/h. en este modelo), por lo que obviamente siempre era inferior. Un paseo en el Fury saldría hoy un poco caro al precio que está la gasofa ya que se tragaba entre 4 y 5 litros al kilómetro. La velocidad máxima era de solo 42 km/h., más o menos la habitual en los carros de combate de su época, y su caja de cambios tenía cinco marcha pa´lante y una pa´tráh.

Bien, dicho esto veamos algunos detalles para ir dando al botón de pausa del DVD y empezar a poner inquieto al cuñado.


Foto 1. La flecha señala un arco metálico que rodea la rótula de la ametralladora de proa. Era el soporte para una cubierta de lona impermeable que se usaba solo para los desplazamientos en tren, etc. A la derecha se ve el trinquete del cañón, que se usaba igualmente en las mismas circunstancias. A la izquierda aparece una de las luces del vehículo. La visera que la cubre era para que no fueran detectadas a distancias grandes o desde el aire.
Foto 2. Eso es el ventilador del compartimiento delantero del casco, destinado tanto a renovar el aire interior como a evacuar los humos producidos por los disparos. En el techo de la torreta había otro. Con todo, las tripulaciones solo cerraban las escotillas si la cosa estaba verdaderamente chunga ya que el aire se volvía irrespirable cuando se hacía fuego con una cadencia elevada.
Foto 3. Esos muelles eran para facilitar la apertura de la escotilla del cargador. Justo encima de la flecha se ve el retén para dejar bloqueada dicha escotilla cuando estaba abierta ya que un simple bache podría bastar para dejarla caer encima del que se asomara por ella, hundiéndole el cráneo de forma sorpresiva y con consecuencias muy desagradables.
Foto 4. Esas bandas metálicas eran para sujetar una lona de protección del escudo del cañón a fin de impedir la entrada de agua y suciedad entre este y el montaje de la torreta. Era habitual perderlo o, cuando se estropeaba, no reponerlo.


Ahí tenemos el puesto de conducción. En la foto de la izquierda vemos los instrumentos para conducir el carro y el asiento del piloto, el cual era regulable en altura y distancia. Para circular se hacía uso de las dos palancas que aparecen en el centro de la imagen. Eran simples frenos que actuaban sobre la rueda de tracción de cada lado. Para frenar el vehículo no había pedales, sino que se tiraba para atrás de ambas palancas. El piloto tenía dos pedales: uno a la derecha para el acelerador y otro a la izquierda para embragar. A su derecha tenía tres palancas más: una era el freno de mano, otra para el cambio de marchas y la otra era un acelerador manual para cuando se circulaba por carretera a velocidad de crucero. Ah, y hasta tenía una bocina que se accionaba pisando un botón situado justo encima del pedal de embrague por si se cruzaba alguna viejecita candorosa o un chucho desvalido a causa de la guerra.

En la foto de la derecha vemos el tablero de controles situado a la izquierda del piloto y que el mejicano Gordo tiene lleno de fotos de familia que, por cierto, si se fijan dos de ellas son idénticas. En dicho tablero tenía todo lo necesario: velocímetro, cuenta-revoluciones, indicadores de presión y temperatura del aceite, botón de arranque, amperímetro y varios chivatos. Si el motor no arrancaba siempre se podía echar mano a un manubrio que se introducía por la parte trasera y, en plan coche años 20, intentar ponerlo en marcha echando los bofes. 


Para poder ver lo que pasaba en el exterior del vehículo disponían de varios periscopios, los cuales eran desmontables y además llevaban varios de repuesto por si acaso.

Foto 1. Muestra el periscopio del ametrallador de proa, o sea, el papanatas. La flecha señala una almohadilla de cuero destinada a apoyar la frente cuando se observaba, no fuese uno a abrirse la cabeza con el meneo de la marcha campo a través.
Foto 2. Estos periscopios eran giratorios, pero accionados a mano tal como se ve en la foto. El piloto tenía otro igual, lo que limitaba bastante su campo visual. De ahí que solo optaran por cerrar la escotilla cuando entraban en combate con infantería enemiga cerca de ellos. Si era contra otros carros o durante un avance, conducían con la cabeza fuera.
Foto 3. Esa foto no es del Fury, sino de otro de los Shermans que lo acompañan, concretamente en este caso un M4A1. Como vemos, el periscopio instalado en la escotilla de esta versión no giraba, sino que estaba orientado hacia el lado izquierdo en el caso del piloto y del derecho en el del ametrallador. Para compensarlo, disponían de sendos visores de visión frontal que se ve delante de la escotilla.
Foto 4. La foto nos permite apreciar el sistema de montaje de los periscopios del Fury, los cuales iban encastrados en una carcasa hueca provista de una ranura por la que se deslizaba un tornillo que se apretaba mediante una rueda dentada, la cual podemos ver dentro del círculo rojo. Si se quería ocultar el periscopio durante los traslados para que no se ensuciaran bastaba aflojar el botón, tirar un poco hacia abajo y volver a apertar. La parte superior quedaría tapada por una tapa metálica provista de una bisagra que le permitía girar de arriba abajo sin tener que manipularla.
Foto 5. Escotilla del jefe de carro, circunvalada por cinco visores que, la verdad, permitían un campo de visión inferior prácticamente nulo debido a su ángulo. Eran por otro lado la única entrada de luz natural cuando se cerraban todas las escotillas. 


Foto 1. En esa vista frontal del carro vemos: dentro del círculo rojo está la abertura para el telescopio T-92 con el que el tirador apuntaba el cañón. En el círculo amarillo está la ametralladora coaxial, una Browning M1919 que, además de su evidente misión defensiva, tenía como objeto marcar los blancos antes de disparar el cañón para no desperdiciar el proyectil. En el círculo blanco aparece la abertura del mortero M3 de calibre 2" destinado a lanzar botes de humo cuando hacía falta salir echando leches sin que el enemigo pudiera apuntarle o saber hacia donde se dirigían. 
Foto 2. En tirador en acción apuntando la pieza a través del telescopio T-92. El jefe de carro designaba el objetivo y ordenaba al cargador el tipo de munición a emplear, que podía ser perforante cuando el objetivo era otro carro, rompedora para atacar a la infantería y de fósforo blanco cuando convenía convertir en torreznos al personal o incendiar lo que fuese. El tirador solo disparaba cuando recibía la orden de abrir fuego por parte del jefe de carro. 
Foto 3. Eso es, y por una vez no mete la gamba el director de turno, que te ponen a veces lo que se ve por un visor telescópico de otro modelo, lo que el tirador veía por el T-92. En la parte superior se lee "76 M62", o sea, cañón de 76 mm. y montaje M62. El resto de símbolos son un escalímetro para calcular distancias, derivas, etc.
Foto 4. Lo que aparece dentro del círculo rojo era un sistema instalado en versiones más primitivas del Sherman y que, tal como parece ser, es un punto de mira. Pero no era usado para apuntar el cañón, sino para que el jefe del carro pudiera orientar la torreta en dirección al blanco ya que él era el encargado de designarlos. Una vez orientada la pieza el tirador se encargaba del resto.


Ahí vemos el interior de la torreta, que tenía un diámetro de solo 175 cm. en el que se tenían que desenvolver tres personas y la culata del cañón. Como vemos, está pintada de blanco como era habitual para aminorar la sensación de claustrofobia. Otros ejércitos pintaban los interiores de celeste claro, de beige o incluso de plata.

Foto 1. A es el asiento del cargador. B el del jefe de carro y C el del tirador. Alrededor del anillo de la torreta se ven los soportes para la munición de uso inmediato. El resto, hasta los 71 proyectiles de dotación del carro, iban distribuidos en los costados y el suelo del casco en armarios "húmedos", un sistema que se ideó para impedir que, caso de incendiarse el interior del vehículo o fuese alcanzado por un proyectil enemigo, explotara la munición. La idea consistía en que estos armarios iban rodeados de agua la cual se derramaba si el armario era alcanzado. Aunque esta medida era considerada por muchos como una gilipollez ya que una carga hueca reventaba el carro llevara agua o no, según las estadísticas del ejército alrededor de un 10-15% de los carros con almacenaje húmedo se incendiaron frente al 60-80% de los que iban provisto de almacenaje seco. En fin, las estadísticas ya se sabe... En cuanto a la culata del cañón, la vista que ofrece la foto muestra la rejilla destinada a proteger el costado izquierdo del tirador ya que, en caso de despiste o por un movimiento repentino del vehículo, éste podía verse aplastado por el retroceso del cañón. 
Foto 2. Vista superior del puesto del tirador con todos los mandos necesarios para su cometido. En la parte superior del centro de la foto se ven los prismáticos del jefe de carro en su funda. Aunque en la película aparezca un interior bastante caótico debido a la costumbre de dejar cada cosa donde a uno le parece, la realidad es que estos chismes estaban provistos de todo lo necesarios para tener cada cosa en su sitio y cada sitio para su cosa, incluyendo las herramientas y respetos del vehículo que permitían a la tripulación llevar  a cabo reparaciones de todo tipo incluyendo el cambio de ruedas o cadenas averiadas.
Foto 3. Ese pedal muestra dos botones. El del círculo rojo era para disparar el cañón, y el amarillo para la ametralladora coaxial. Este sistema de disparo eléctrico era puesto en marcha mediante una llave con su chivato correspondiente que, al ser girada, encendía dicho chivato de rojo, indicando que el sistema eléctrico de disparo estaba listo. Caso de no funcionar, el cañón era disparado de forma manual. La ametralladora, en ese caso, era disparada por el cargador valiéndose del visor que tenía sobre el techo de la torreta.
Foto 4. Con esa rueda el tirador accionaba el ángulo de tiro del cañón. Para girar la torreta tenía un mando eléctrico y otro manual. El ángulo de elevación y depresión oscilaba en ese modelo entre los +25º y los -12º.


Foto 1. Para comunicarse entre los miembros de la tripulación se recurría a un laringófono, que es ese collar que el piloto lleva al cuello con dos micros apoyados a cada lado de la laringe. Era un sistema bastante práctico ya que quedaba pegado al cuerpo y no estorbaba para nada. Por cierto que en los bombarderos se usaba el mismo tipo. De ese modo, el tremendo ruido en el interior del vehículo permitía hablar e impartir órdenes entre los ocupantes del mismo. 
Foto 2. Una vista del equipo de radio instalado en la parte trasera de la torreta. La radio solo podía ser usada por el jefe de carro, que era el que tenía el único micro disponible.
Foto 3. El sargento Wardaddy aparece con el casco de carrista del que pende un cable con una clavija marcada en rojo. Esta clavija se conectaba a otro cable que iba a un sistema centralizado por el que la voz recogida por los laringófonos iba a parar a los auriculares que equipaban los cascos. Eso sí, podían hablar todos a la vez de modo que no sería muy agradable semejante galimatías. En todo caso, siempre se podía desconectar la clavija y santas pascuas.
Foto 4. En el círculo vemos las conexiones al sistema interno de comunicaciones. Se aprecian dos cables: uno para el casco y otro para el laringófono.


Aquí tenemos el fallo garrafal de la película. En la batallita final, los malvados SS intentan, y al final logran, lanzar un par de granadas al interior del Fury. Bien, eso era en realidad imposible. Veamos por qué:

Foto 1. En el círculo vemos el sistema de cierre de las escotillas del casco. Ese pivote era bloqueado mediante un cierre interno que impediría abrir la escotilla desde fuera.
Foto 2. Lo mismo, pero para la escotilla del jefe de carro.
Foto 3. Idem de idem, en este caso en la escotilla del cargador vista desde dentro. Se aprecia perfectamente el básico pero eficiente sistema de cierre, que no es más que una palanca giratoria que hace que el perno transversal bloquee la escotilla.
Foto 4. La escotilla de escape en el suelo del casco por la que el papanatas logra escapar antes de que las dos granadas lanzadas dentro del Fury exploten. Obviamente, a nadie se le ocurriría intentar acceder desde fuera por ella ya que, además, también era bloqueada desde dentro. Esa escotilla estaba situada detrás del asiento de ametrallador de proa,  y el resto de la tripulación lo tenía complicadillo para llegar hasta ella salvo que fuesen culebras. El que peor lo tenía sería el piloto, que tendría que pasar por encima de la enorme transmisión que partía en dos el de por sí escaso espacio disponible en el casco.

En definitiva, si la infantería enemiga no disponía de armas anticarro no tenían literalmente forma humana de entrar en el vehículo como no fuera volándolo con explosivos. Era, por así decirlo, como cercar un castillo sin máquinas de asedio. Es un detalle bastante chorra y un fallo absurdo pero, en fin, peores cosas se han visto en el cine bélico.


El armamento secundario del carro consistía en dos ametralladoras M1919A4 de calibre 30-06 (7,62 mm.) y una ametralladora pesada M2HB de calibre .50 (12,70 mm.) emplazada en el techo de la torreta para uso, en teoría, anti-aéreo, si bien se usaba más contra vehículos ligeros, camiones e infantería enemigos. La Browning extra que porta el Fury encima de la torreta es eso, un extra. No he visto ninguna foto de un Sherman con dos ametralladoras en la torreta. De hecho, muchos prescindían incluso de la M2. La dotación de proyectiles en el Easy Eight era de 600 cartuchos de calibre .50, 6.250 de 30-06 y 12 botes de humo para el mortero M3. Esta era la munición estibada en el interior del vehículo, pero las tripulaciones siempre cargaban con varias cajas de munición extra en la parte trasera del carro.

Foto 1. Vista del mortero M3, el cual era accionado manualmente por el cargador. Justo delante del mismo se puede ver el visor de este tripulante.
Foto 2. Puesto del ametrallador de proa. Bajo la máquina se ve el soporte para la caja de munición señalado con una flecha. Dentro del círculo rojo se aprecia el aspirador de humos que estaba conectado con el extractor que vimos más arriba. Su ubicación no tiene otra finalidad que evacuar los gases producidos por los disparos de la ametralladora. En cuanto a la puntería, el ametrallador no disponía de visores de ningún tipo. Para ello se tenía que servir del periscopio de la escotilla y guiarse por las balas trazadoras que, como bien dicen en la película, se montan una por cada cinco cartuchos normales, lo cual es por cierto habitual en todos los ejércitos del mundo mundial.
Foto 3. Las flechas señalan dos ángulos de hierro colocados en la trasera de la torreta que estaban destinados a estibar la ametralladora pesada durante los traslados. En teoría, iban provistos de unos enganches para sujetar cajón de mecanismos y cañón, ambas piezas separadas. En la práctica, la M2 nunca era removida de su sitio salvo para repararla, e incluso durante los traslados ferroviarios se limitaban a cubrirla con su lona de protección. Así pues, el soporte de marras servía para colgar de todo menos la ametralladora.
Foto 4. Una vista del afuste exterior de una ametralladora. Los pasadores marcados con las flechas eran los retenes que sujetaban la máquina al mismo. Para removerla solo había que extraerlos y, en un periquete, la ametralladora era reemplazada o colocada en otro sitio. Iban roscados por cierto.
Foto 5. Esa pequeña escotilla situada en el costado izquierdo de la torreta era para evacuar las vainas de cañón servidas. Obviamente, en un espacio tan reducido como era el interior de la torreta era una gran molestia ver acumuladas varias vainas rodando de un lado a otro y a una temperatura bastante elevada.


Esa imagen de los Shermans forrados de sacos terreros y con troncos en los costados es bastante habitual en las fotos de la época. Era un modo ideado por las tripulaciones para compensar el escaso blindaje que era traspasado como si fuera mantequilla por los proyectiles de 75 mm. de los Panthers y los de 88 mm. de los Tigers. Para ello, se valían de unos 140 o 150 sacos terreros colocados sobre una viga soldada a cada lado del casco y a las que se añadían unas especies de rejas para contenerlos. Los sacos añadían un peso extra de unas tres toneladas al carro. A eso, sumaban cualquier cosa capaz de aminorar los letales impactos de los cañones enemigos, desde fragmentos de cadenas a ruedas de repuesto o incluso a tramos de chapa extra soldada en puntos clave de la torreta y los costados del carro, llegándose incluso a llevar a cabo esta mejora desde las fábricas. En cuanto a los troncos, su finalidad era ayudar a sacar el carro de la arena o el fango cuando se atascaba.

Aparte de eso, era habitual llevar estibado en el exterior toda clase de objetos, desde munición extra a cajas de raciones C, bidones de gasolina- los famosos jerrycans copiados a los alemanes-, macutos, mantas, lonas, el cubito, etc. La imagen del Sherman literalmente atestado de chismes es de hecho bastante icónica, y los aficionados al modelismo militar llevan la torta de años siguiendo los diseños de dioramas que el genial Verlinden puso de moda hace 30 años y en los que se veían carros que parecían camiones de mudanzas. 


La vívida y terrorífica escena del Sherman ardiendo es bastante realista. A pesar de las medidas contra-incendios esos chismes ardían que daba gusto, y más si un panzerfaust te metía por el costado un chorro de gas incandescente a 3.000º. A la derecha vemos la instalación contra-incendios en la torreta. En el óvalo grande aparecen dos depósitos con 10 libras de dióxido de carbono, y en el pequeño vemos el mecanismo de presión. El sistema contra-incendios era accionado por el piloto, habiendo otro mando en el exterior del vehículo. Ojo, este sistema era para apagar incendios en el motor. Para el interior del carro se disponía solo de dos extintores de 4 libras, uno en la torreta y otro en el casco. O sea, que si el Sherman era alcanzado ardía sí o sí. 

En fin, aunque este tema daría para mucho más, supongo que con estos datos curiosos se puede dejar callado y humillado al cuñado más pertinaz. En todo caso, si el jodido muestra aún más conocimientos siempre se le puede echar matarratas al güisqui y santas pascuas. Añadir solo que el Sherman tuvo una vida operativa bastante larga. De hecho, a raíz de la creación del estado de Israel en 1947, como nadie quería vender armas a los judíos pues estos ciudadanos tan maltratados optaron por enviar compradores a todas las chatarrerías de los Estados Juntitos, donde había miles de Shermans para desguace de los excedentes de la guerra. Compraron cientos de ellos como chatarra, para lo cual nadie les podía objetar nada y, una vez en Israel, canibalizando piezas de unos y otros lograron formar una fuerza acorazada que, junto a la pericia de sus tripulantes, pusieron las peras a cuarto a sus enemigos árabes. Más tarde reformaron sus Easy Eight dotándolos inicialmente de un cañón francés de 75 mm., dando lugar al modelo M50 y, posteriormente, le pusieron uno de la misma procedencia de 105 mm. que precisó rediseñar la torreta, dándole más longitud para albergar la enorme culata del cañón. Era el denominado M51, el cual puso las peras a cuarto a los T-55 egipcios aún siendo estos mucho más modernos. Estuvo operativo hasta los años 70 nada menos.

En fin, ya vale por hoy. Como imagen de cierre dejo esa vista cenital del Fury tras la batalla final rodeado por multitud de enemigos muertos. 

Hale, he dicho...


4 comentarios:

Unknown dijo...

que piensa usted de los judios?

Amo del castillo dijo...

Me son totalmente indiferentes

Langsdorff dijo...

El enfrentamiento con el Tiger es ciencia ficción. Si no recuerdo mal el combate inicia a menos de 1000 metros. A esa distancia el 88mm del Tigre sería letal contra un Sherman. Ahí cae el primer Sherman de 4 unidades, lanzan una cortina de humo contra el Tigre y se repliegan. Después el Tigre sale de su escondite y va al encuentro de los 3 Sherman que quedan...¿por qué? basta con esperarlos y aniquilarlos uno a uno. La puntería de la tripulación del Tigre es nefasta y eso que se estima que por debajo de 1000 metros el éxito de impacto sería casi 100%
https://es.wikipedia.org/wiki/8,8_cm_KwK_36
Se ve que estos krauts tenían un mal dia. En realidad habría que haber sudado tinta para acabar con el Tigre, mucho más que dos o tres Sherman en llamas. La realidad es que un Tigre emboscado y llevando la iniciativa del combate se hubiera cepillado a los cuatro Sherman, a lo sumo hubiera escapado uno para pedir un ataque aéreo. En fin, otro cuñao que se ha metido a guionista, una pena, pues la recreación me parece bastante buena y creíble pero detalles como estos echan por tierra la ilusión de verosimilitud.

Un saludo y gran artículo.

Amo del castillo dijo...

Es una cuestión largamente debatida o, más bien, reafirmada, Sr. Langsdorff: los yankees buscan ante todo lo espectacular, sea real o no. Y no es que me parezca ni bien ni mal ya que cada cual puede hacer lo que le de la gana, pero colijo que, al memos, deberían advertir que tales o cuales escenas son mera ciencia-ficción tanto en cuanto el 99% del público asistente no tendrá ni idea del tema.

Como bien dice, un Tigre emboscado habría finiquitado a los cuatro M-4 como en un pim-pam-pum sin que le hicieran ni siquiera cosquillas los cañones de 76 y 75 mm. de los sobrinos del tío Sam, pero como ese duelo final entre el tedesco y el Fury para poder cazarlo por la zaga tiene su suspense, pues lo ponen y santas pascuas. Por norma, de las películas históricas firmadas por los yankees uno debe creerse la mitad de la mitad, y del resultante poner en cuestión un 90% para, finalmente, optar por creerse solo un 0'3% de lo que cuenten. Por cierto que se publicó en su día una entrada sobre "EL Reino de los Cielos", superviviente de las entradas dedicadas al cine histórico que desaparecieron de forma misteriosa, que quizás le interese. Puede verla aquí:

http://amodelcastillo.blogspot.com.es/2011/07/cine-historico-el-reino-de-los-cielos.html

Un saludo y gracias por su comentario