martes, 12 de diciembre de 2017

Leibstandarte, la élite de la élite


El Leibstandarte desfilando ante el ciudadano Adolf, que los saluda desde su fastuoso Mercedes. Ante el mismo,
con gorra de plato, vemos al Reichsführer, y con casco de acero al comandante de la unidad, Sepp Dietrich.
Obsérvese la estatura de los SS comparada con las de Himmler y Dietrich

Primeros miembros del LSSAH a la hora del rancho en sus barracones
de Lichterfelde, en Berlín
Al hilo de las entradas que se han publicado sobre el origen de las SS y las SA, no estaría de más dedicar una al Leibstandarte SS Adolf Hitler que más tarde, durante la 2ª Guerra Mundial, sería una de las divisiones acorazadas más prestigiosas del ejército alemán. Sin embargo, en sus orígenes ni siquiera se planteaban que acabase siendo una unidad militar que combatiese como una más en los distintos escenarios bélicos donde fue siendo destinada a lo largo del conflicto, sino que su cometido era, al menos en teoría, más apacible: ser la guardia personal del ciudadano Adolf. En abril de 1929, Himmler convenció a Hitler para establecer una serie de baremos de cara a ingresar en las SS. Aunque inicialmente no se consideró el tema racial, sí se exigió desde el primer momento una lealtad monolítica al líder, así como un elevado espíritu de sacrificio y de disciplina. Además, en el caso de los candidatos a formar parte de esta nueva y selecta formación que serían las SS que todos conocemos, el uniforme se lo debía pagar el aspirante, lo que restringía el acceso al cuerpo a elementos indeseables por no tener una posición económica que les permitiese gastar los 40 marcos que costaba el mismo, señal de que tenían un oficio, trabajan y, por ende, se daba por sentado que no ingresaban en las SS por necesidad, como ocurría con muchos SA.

Primer Stabswache creado en 1923 bajo el mando de Julius Schreck, que
vemos en el centro del grupo con bigote
Por otro lado, como ya vimos en las entradas anteriormente citadas (el que no las haya leído puede pinchar los enlaces de las mismas al final de este artículo para ponerse al corriente), Hitler no se fiaba un pelo de sus aguerridos pero indisciplinados SA, lo que hizo que, con el paso del tiempo, fuese confiando cada vez  más su seguridad personal a los miembros de un pequeño pero selecto grupo de fieles, la Stabswache, que luego dieron lugar a las SS en 1925. El ascenso al poder de Hitler en enero de 1933 obligó a reconsiderar los aspectos concernientes a la seguridad del recién estrenado canciller, que aún no führer, ya que a partir de aquel momento no se trataba de proteger al líder de las escuadras de matones comunistas durante las tremebundas reyertas con que solían acabar las disertaciones del ciudadano Adolf, sino de preservar la persona del mismísimo presidente del gobierno. 

Röhm con la enclenque figura de Himmler tras él como si fuera un funesto
presagio de lo que iba a suceder. En aquel momento, el Reichsführer aún
dependía de la autoridad del comandante de las SA
Como ya sabemos, a aquellas alturas la fidelidad de las SA estaba más que en entredicho, y los "camisas pardas" se habían convertido en una formación nutrida por maleantes y delincuentes de todo tipo cuya lealtad estaba consagrada ante todo a su jefe, el iracundo y controvertido ex-capitán Ernst Röhm, el cual ya había empezado a mostrar sin tapujos una serie de divergencias notables respecto a la doctrina marcada por Hitler e incluso a hablar de una "segunda revolución", lo que produjo severas urticarias entre los elementos del partido pertenecientes a la burguesía y, por supuesto, a los gerifaltes del Reichswehr. La cosa se estaba poniendo tan tensa que a los líderes de las SA se les empezó a motejar como "Fleichschnitten", "bistec de buey", porque eran marrones por fuera, en referencia al color de la camisa, pero rojos por dentro, en clara alusión a su ideología. De hecho, muchos SA procedían de los partidos comunista y socialista, cambiados de chaqueta por mero interés personal. Pero, aparte de eso, lo cierto era que a principios de los años 30, alrededor de un 60% de los miembros de las SA procedían de las listas del paro, y la gran mayoría de ellos eran, como ya comentamos en su momento, ex-combatientes inadaptados que habían acabado convirtiéndose en una caterva de energúmenos indisciplinados que buscaban con su adhesión al NSDAP un techo, indumentaria y tres comidas al día, así que ya podemos imaginar que la catadura moral y la fiabilidad política de estos personajes no eran precisamente las más idóneas para convertirse en una selecta unidad de guardias.

Probos y cachas ciudadanos definitivamente arios pertenecientes a las SS.
Estos sujetos eran el arquetipo racial deseado por Himmler al que, intuyo,
si ponían en pelota picada no se asemejaba en nada a estos cuatro sigfridos
La cuestión es que para semejante misión ya no valía un rubicundo tedesco ahíto de cerveza, salchichas y sauerkraut, sino sujetos con una preparación física de primera, disciplinados, entrenados militarmente y, por supuesto, con una apariencia conforme a los más elevados estándares raciales, es decir, más arios, más rubios, más guapos y más cachas que el resto del planeta. Debían ser pues miembros de las SS seleccionados entre los selectos, y que superasen incluso los baremos establecidos para ingresar en dicha formación. Por ejemplo, mientras que lo normal era exigir una ascendencia aria demostrable mediante certificados de nacimiento, etc., que se remontase hasta 1800, en el caso de esta nueva unidad eran precisos 50 años más. O sea, había que presentar una genealogía inmaculada a partir de 1750. 

Y estas eran las probas ciudadanas arias
con las que podían aparearse llegado el caso.
Lo importante era mantener la pureza de la
sangre germánica
Del mismo modo, mientras que la estatura mínima para ingresar en las SS era de 1,70, para ser un guardia personal del ciudadano Adolf tenían que haber tomado más Cola-Cao de críos porque eran precisos 8 centímetros más si bien el tema de la estatura variaba de vez en cuando, habiendo ocasiones en que se requería un mínimo de 1,83. Y a todo ello, reunir una morfología y una constitución física conforme a los dictados de los eugenistas del partido. Es decir, no valía ser un sujeto de constitución atlética a secas, sino tener los miembros con una determinada proporción respecto al cuerpo, un cráneo dolicocéfalo absolutamente ario, a ser posible tener ojos, pelo y piel claros y, en resumen, todos los rasgos exigidos por el partido para establecer el canon de la raza que dominaría el mundo. Por cierto que, en caso de querer contraer matrimonio, la novia debía reunir los mismos requisitos raciales, teniendo que elevar una solicitud a la superioridad adjuntando una foto de la "aspiranta" además de su genealogía, etc. Solo cuando le era concedida la autorización podían contraer matrimonio. No obstante, cuando empezó la guerra se recomendó que cada SS soltero debía engendrar al menos un hijo antes de partir al frente para que, caso de palmarla, dejara su simiente en la Tierra y no perder así sus valiosos genes. Para ello, disponían de gentiles y arias señoritas de la BDM que se prestaban a ello por amor a la patria y al führer, dando lugar al final de la contienda a cantidades ingentes de huérfanos de guerra que tuvieron una crianza francamente lastimosa por razones obvias.

Sepp Dietrich pasando revista en el acuartelamiento de Lichterfelde
A todo ello había que sumar un exhaustivo examen médico que determinase que los aspirantes no eran transmisores de ninguna tara de tipo hereditario y, como no, se llevaba a cabo una discreta pero minuciosa investigación política con toda la familia del candidato por si había algún enemigo del estado de por medio o incluso se indagaba si algún pariente cercano era homosexual o tenía alguna deficiencia mental o física. La selección era tan rigurosa que, si lograban pasar las pruebas físicas de ingreso, apenas entre un 10 y un 15% conseguían ser aceptados como aspirantes, porcentaje este que a lo largo del entrenamiento hasta ser miembro de pleno derecho de las SS se reducía aún más. Curiosamente, como ya sabemos, pocos de sus líderes tenían estos rasgos y capacidades, empezando por los mismos Hitler o Himmler, mientras que Heydrich, el arquetipo de hombre ario, al parecer era cuarterón por parte de padre. Lo que es la genética, ¿no?

Trompeta del Leibstandarte que anunciaba al personal la
llegada del ciudadano Adolf, por si alguien se había dormido
durante la espera
En cuanto a sus antecedentes personales, en modo alguno se permitían hombres como los habituales en las SA que, como hemos dicho, no eran precisamente ejemplares. Antes al contrario, los SS no podían tener causas pendientes ni haber sido acusados por delitos menores. Tampoco se admitían bebedores, drogadictos, alcohólicos, homosexuales, sujetos de dudoso compromiso con el partido, con problemas de salud, o con unos antecedentes raciales cuestionables. Como muestra del rigor de estas normas tenemos que entre 1933 y 1935 fueron expulsados nada menos que 60.000 miembros de las SS por estos motivos, así que a su teórica superioridad racial podían sumar una conducta intachable socialmente hablando, y en el caso del Leibstandarte incluso se rechazaba a los aspirantes por una simple caries .

Miembros del LSSAH durante un mitin de Hitler.
Obsérvese que solo el del centro lleva parches
en el cuello de la guerrera, lo que indica que los
demás son aún candidatos en período de prueba
El proceso por el que debía pasar un probo ciudadano hasta ingresar en la organización no era moco de pavo. Tras el rigurosísimo proceso de selección que hemos visto era nombrado SS-Bewerber, que traducido en una lengua inteligible es candidato, recibiendo el uniforme pero sin insignias, que antes había que currárselas. A continuación, y tras recibir un entrenamiento básico, alcanzaba el rango de SS-Anwärter o cadete, el cual le era otorgado durante la celebración anual del partido en Nuremberg que tenía lugar en septiembre. Tras ese acto le entregaban las insignias y su Ausweis, la acreditación como miembro de la organización. El siguiente 9 de noviembre, cuando se celebraba el Putsch de Munich, prestaban juramento y seguían su instrucción alternándola con sus ocupaciones cotidianas, como el trabajo o el estudio, por lo que dicha instrucción la recibían por las tardes o durante los fines de semana. Finalmente, al cabo de un año, el siguiente 9 de noviembre llevaban a cabo un juramento definitivo, recibirían la daga y los cadetes se convertían en SS-Mann, o sea, miembros de pleno derecho de las SS, donde podrían permanecer hasta los 35 años. Posteriormente, y a raíz del estallido de la guerra, estas condiciones variaron y, en muchos aspectos, se rebajaron de forma ostensible las exigencias para el ingreso en la organización, pero inicialmente estas que se han detallado eran las que estaban vigentes, y muestran las ideas que Himmler tenía en el magín para dar forma a su Orden Negra de nuevos caballeros dominadores del mundo y tal.

Primeros miembros del SS-Stabswache Berlin
El encargo para formar la guardia personal de Hitler recayó en el SS-Gruppenführer Josef Dietrich, Sepp para los amigos, un bávaro de aspecto achaparrado y rostro de rasgos enérgicos veterano de la Gran Guerra y miembro del partido desde 1928. Durante la guerra sirvió como suboficial de artillería, acabando la contienda como carrista a bordo del Alter Fritz, un A7V destruido en Iwuy un mes justo antes del Armisticio y por lo que siempre lució en su uniforme de SS la insignia de carristas del Ejército Imperial. Dietrich era el más indicado para reclutar los aspirantes a formar la guardia personal de Hitler. Mientras que Himmler era el típico burócrata, Dietrich era un hombre de acción que, antes de la llegada de Hitler al poder, había sido chófer y guardaespaldas personal suyo. Su lealtad estaba fuera de toda duda, y tenía además la virtud de, a pesar de su férreo sentido de la disciplina, establecer con la gente bajo su mando una relación paternal hasta el extremo, como se vio años más tarde, de ser venerado por sus tropas. Y, como era de esperar, nuestro hombre no tardó mucho en cumplir con lo que le habían ordenado.

Miembros del SS-Sonderkommando Zossen. Obsérvese que aún no llevan
insignias en el uniforme, y solo la calavera de la gorra les identifica
El 17 de marzo de 1933, apenas dos meses después del nombramiento de Hitler como canciller, ya había formado una unidad de 120 SS absolutamente leales al führer bajo el nombre de SS-Stabswache Berlin, acuartelados en las proximidades de la cancillería. De ahí surgieron otras dos unidades más, los SS-Sonderkommando Zossen y Juterbog que, tras ser fusionadas, recibieron el nombre de Adolf Hitler Standarte. En este caso, el término Standarte, bandera, es aplicable de la misma forma que en el caso de las unidades de la Legión española. Al poco tiempo y por indicación expresa del führer, se le cambió el nombre por el que tendría ya para siempre: Leibstandarte SS Adolf Hitler o, en forma abreviada, LSSAH. El motivo de elegir el término Leibstandarte era en referencia a los antiguos regimientos de guardias de corps bávaros. Leib significa cuerpo, y Standarte, como hemos dicho, una unidad de tipo regimental. Por lo tanto, podríamos traducirlo como "Regimiento Personal de Adolf Hitler".

Luitpoldhalle, en Nuremberg, donde se celebraba el Día del Partido
La presentación en sociedad de esta selecta unidad tuvo lugar aquel mismo año en  el Luitpoldhalle de Nuremberg, durante el día del partido celebrado el 3 de septiembre. Aquel año, por indicación de Hess, se bautizó como Congreso de la Victoria, en referencia a la victoria electoral que puso al ciudadano Adolf en el poder, y bajo la magistral y a la par taimada y sibilina batuta de Goebbels se ofreció a los más de 200.000 tedescos que lo presenciaron un espectáculo absolutamente grandioso y wagneriano, con desfiles de miles de antorchas, cuadros gimnásticos formados por nada menos que 60.000 miembros de las Hitlerjugend que con sus movimientos creaban con precisión matemática formas geométricas con cruces gamadas a mansalva mientras gritaban las consignas de turno: ¡Sangre y honor!, ¡Alemania, despierta! y ¡Juventud y Trabajo! El éxtasis llegó cuando los cachorros nazis desenvainaron todos a una sus cuchillos reglamentarios. 

Una de las muchas virguerías que organizaban los nenes de la Hitlerjugend
Sesenta mil cuchillos desenvainados al mismo tiempo, aunque sean cuchillos un tanto birriosos, no dejaba de ser algo sobrecogedor, imitando con el fulgor de sus hojas un relámpago al verse en ellas reflejado el sol. Y en la tribuna desde donde el ciudadano Adolf atronaría al personal con su hipnótico discurso, bajo una enorme águila que sujetaba con sus garras la cruz gamada, esperaban 60 miembros del Leibstandarte con el sable desenvainado a modo de guardia pretoriana del amado líder. Cuando Hitler llegó a la tribuna siendo ya de noche, las luces fueron bajando en intensidad hasta dejar el entorno totalmente a oscuras. Tras unos instantes, un potente reflector iluminó al führer cuando se situó en el podio ante a sus 60 guardias enteramente vestidos de negro y con los cascos pulidos como espejos. Las cosas como son, y a cada uno lo suyo: la coreografía que montaban estos fulanos era de antología, y justo es reconocer que cualquiera que estuviera presente se sentiría totalmente sobrecogido.

Aspecto de la Feldherrnhalle en la celebración del Putsch de 1933
El 9 de noviembre siguiente, en los actos de celebración de Putsch, se llevó a cabo en el Feldherrnhalle de Munich el juramento de los en aquel momento 830 hombres que ya formaban parte del Leibstandarte. Como está mandado, también fue un acto grandioso, efectuado a media noche y con la plaza iluminada con antorchas. Cuando el reloj de la Theatinerkirche dio la última campanada apareció Hitler junto a Himmler, el general von Blomberg y Josef Dietrich para tomar el juramento a los guardias. Los presentes, como no, fliparon en colores ante el fastuoso y a la vez sobrecogedor espectáculo montado con precisión germánica por Goebbels. 

Dietrich en 1930, luciendo las medallas obtenidas
durante la Gran Guerra
Sin embargo, ya desde aquel momento empezaron a surgir roces entre Himmler y Dietrich. El Reichsführer, que como buen burócrata tenía que estar controlándolo todo, daba por sentado que el Leibstandarte debía acatar sus indicaciones sin rechistar, cosa que Dietrich no estaba dispuesto a admitir aunque fuese su superior ya que, siendo como era comandante de la guardia personal de Hitler, era al führer al único al que debía dar cuenta. Aparte de eso, Dietrich tenía atravesado a Himmler, al que consideraba un vanidoso que solo estaba ávido de poder mientras que él se veía como una especie de caballero medieval absolutamente fiel a su señor. Al parecer tenían unas broncas de aúpa, y en una ocasión incluso le llegó a espetar que "en mi posición como comandante de la guardia no permitiré más sus interferencias en temas de seguridad ni en la moral de mis hombres. Ellos me pertenecen, y nosotros pertenecemos al führer, así que métase en su oficina y déjenos continuar con nuestro trabajo". Es más que evidente que la posición de Dietrich ante Hitler era muy sólida para permitirse hablar así a Himmler sin que la cosa pasara a mayores.

Imagen de propaganda que muestra un alojamiento de tropa. Como se ve,
bastante espartano pero limpio y confortable, dentro de los conceptos del
espíritu de servicio y de austeridad de las SS
Tras los juramentos y demás ceremonias gloriosas, el Leibstandarte se dedicó por entero a su única misión: proteger a Hitler durante las 24 horas del día. Para ello, tenían como principal cometido la custodia de la Cancillería y de la residencia personal de Hitler en la Wilhelmstraße. En ambos edificios se establecieron tres círculos de seguridad por los que había que pasar hasta llegar a presencia del canciller. Ya dentro, a la hora de servir a los invitados o en las comilonas de gala, el servicio lo llevaban a cabo miembros del Lebistandarte uniformados de gala con pantalón  negro y chaquetilla corta blanca como la nieve. Se formó un Führerbegleitkommando (Comando de Escolta del Führer) nutrido por 10 oficiales y 30 hombres destinados a proteger a Hitler cuando se desplazaba en sus cochazos descubiertos, rodeando el Mercedes del canciller en todo momento, así como a actuar como mensajeros y asistentes en sus actos públicos. Para fomentar y aumentar aún más la fidelidad a su persona, Hitler se tomaba especial interés en su bienestar y en el buen estado de sus alojamientos, dando por sentado que hacerles sentir como una especie de miembros de su familia los haría más leales. 

Echada de bofes matutina antes del desayuno
Y mientras llevaban a cabo sus deberes cotidianos, naturalmente no dejaban de lado ni la preparación física, militar y, por supuesto, ideológica. Acuartelados en los barracones de la academia de Lichterfelde, la jornada empezaba a las 06:00, y tras el aseo y la revista matinal había una hora de ejercicio físico antes del desayuno. En esto hay bastantes leyendas urbanas que afirman que era más que espartano, a base de agua y gachas, pero según testimonio de antiguos miembros de la unidad era eso, un camelo. Los desayunos eran contundentes porque, como es lógico, con unas gachas birriosas no habrían llegado a medio día tras las intensas sesiones de ejercicio e instrucción que les metían en el cuerpo. 

Y tras la galopada, lavado cerebral intansivo
Las SS querían hombres fuertes, fibrosos y atléticos, no esqueletos medio desmadejados. Se daba especial importancia a alcanzar una excelente forma física, obligándoles a correr 3 km. en 20 minutos y a se les animaba practicar todo tipo de disciplinas deportivas, desde la natación a la esgrima, todas ellas impartidas por instructores cualificados al máximo nivel. La instrucción militar se impartía con fuego real, teniendo incluso que permanecer cuerpo a tierra a distancias de 50 metros de las explosiones de la artillería propia para perder el miedo a avanzar protegido por la misma. A ello, añadir las charlas sobre temas ideológicos y raciales y, como no podía ser menos en un acuartelamiento tedesco, la limpieza debía ser algo parecido a la asepsia absoluta tanto en los alojamientos como en la indumentaria. Al final de la jornada de trabajo y si aún quedaban fuerzas se permitía salir de paseo con una pequeña cantidad de dinero para darse un garbeo y tomar una cerveza, más un profiláctico por si tenía energías y ganas para aliviarse con hembra. Y mucho ojo, porque contraer una enfermedad venérea implicaba que a uno lo pusieran de patitas en la calle. En fin, que cuando llegaba la noche caían rodados y sin puntilla.

Guardias del LSSAH ante la imponente puerta de mármol del
despacho personal de Hitler, en la Cancillería del Reich
En cuanto a los efectivos, aunque durante la guerra alcanzó niveles de división, originariamente eran mucho más modestos como es lógico. En 1933 el Leibstandarte estaba formado por dos Sturmbanne, unidades con efectivos a nivel de batallón, cada uno formado a su vez por tres Stürme o compañías más una sección de señales. En marzo de 1935 ya había alcanzado los efectivos de un regimiento motorizado formado por 2.660 hombres, y en los preliminares de la invasión a Polonia ya eran de 3.700 incluyendo tres baterías de artillería. En lo referente a uniformidad, llevaban el anagrama LAH en las hombreras y una cinta de 28 mm. de ancho en la bocamanga izquierda con el nombre de Adolf Hitler en alfabeto gótico. Además, eran la única unidad de las SS que podía usar correajes blancos con el uniforme negro a la hora de desfilar y movidas similares. La famosa insignia en forma de llave fue bastante posterior ya que no se introdujo hasta 1941. Hay versiones al respecto, como está mandado. Mientras unos dicen que simboliza la llave que abre todas las puertas, incluyendo la que conduce a la victoria, otros, entre los que me sumo, afirman que se debía simplemente a una alusión al apellido de su comandante. Dietrich en alemán significa ganzúa. Es más lógico esto, ¿no?

Hitler pasando revista a su guardia de corps seguido por Dietrich. En estos
hombres se hacía realidad al cien por cien el lema de las SS "Mi honor
se llama lealtad"
El bautismo de sangre del Leibstandarte tuvo lugar a raíz de la Noche de los Cuchillos Largos, en la que las SS llevaron todo el peso de la operación para descabezar a las cada vez más peligrosas SA. Dietrich recibió de Hitler la orden de desplazarse a Kaufering, cerca de Munich, con dos compañías a las que previamente se había distribuido armamento (recordemos que en aquella época aún no eran una organización totalmente armada y dependía en muchos aspectos del ejército), y permanecer allí a la espera. Luego se les ordenó dirigirse a la prisión de Stadelheim, dentro de la ciudad, para fusilar a los miembros de las SA que fueran llegando a la misma. Hitler sabía que Dietrich no le fallaría aún teniendo presente que muchos de los que tendría que ejecutar eran antiguos miembros del partido con los que tenía incluso relación de amistad. Sin embargo, eso era lo de menos. Si el führer daba una orden, la orden se cumplía sí o sí, y no dudó ni un instante cuando pusieron ante el pelotón de fusilamiento al primero de un grupo de seis altos cargos de las SA. Alrededor de 150 hombres fueron fusilados por las dos compañías del Leibstandarte, que cumplieron sin rechistar las órdenes recibidas, como no se esperaba menos de ellos. Como premio a su fidelidad, Dietrich fue ascendido a SS-Obergruppenführer

Cinta de brazo, hombreras y distintivo divisionario del
Leibstandarte
Una vez mostrada su implacable fiabilidad, el Leibstandarte vio ampliada su lista de cometidos, que iban más allá de ser una mera guardia personal. Los miembros de esta selecta unidad fueron los que formaron los primeros Einsatzkommandos encargados de ejecutar sin juicio previo a todo aquel que fuera considerado como un enemigo del estado. Estas unidades eran simples y llanamente asesinos protegidos por el estado que podían presentarse donde quisieran y, sin más historias, volarle la tapa de los sesos, eso sí, de forma discreta porque no convenía que la opinión pública tuviese conocimiento de estas actividades "extra-judiciales", procurando dar la apariencia de que sus víctimas se habían suicidado o habían muerto de un accidente. 

El SS-Hauptsturmführer Theodor Wisch encabezando la compañía de
honores del LSSAH durante los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.
Para esa ocasión se estrenaron los correajes blancos propios de esta unidad
En fin, para hablar a fondo del Leibstandarte harían falta tropocientas entradas, pero de su actuación posterior tras el inicio de la guerra hay información a porrillo en la red. De lo que no hay tanto es de sus orígenes y sus primeros pasos, que creo que han quedado narrados, aunque de forma sucinta, en esta entrada. Esta unidad ganó una merecida fama por su valor y su combatividad, si bien se vio oscurecida por numerosos actos de violencia gratuita, cuando no verdaderos crímenes de guerra. No obstante, pagaron un alto precio por ello ya que sus niveles de bajas en combate fueron bastante elevados. Además, fue una de las divisiones más condecoradas del ejército alemán y Dietrich, que ostentó el mando hasta su ascenso a Comandante del 1er. Cuerpo Acorazado de las SS en 1943, fue uno de los apenas 27 hombres que ganaron la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes. Le sucedió en el mando de la unidad el SS-Brigadenführer Theodor Wisch, que ganó las Hojas de Roble y las Espadas, y tras ser herido en la Bolsa de Falaise en 1944, cedió el mando al SS-Brigadenführer Wilhelm Mohnke. Este ganó la Cruz de Caballero a secas, sin Hojas, ni Espadas ni gaitas. 

Bueno, creo que no olvido nada importante, y si lo he olvidado pues tampoco creo que sea para agarrarse un berrinche.

Hale, he dicho

Entradas relacionadas:





14 comentarios:

NUNCAJAMAS COCKER dijo...

Genial, estupendo!!

Amo del castillo dijo...

Celebro que le haya resultado interesante

Un saludo

dani dijo...

Muy interesante la entrada, tengo una duda desde hace tiempo, que no he logrado resolver. Las SS nacieron como una milicia del partido y como cita en el artículo, "a tiempo parcial". Es decir, ellos vivían de otra cosa y además eran de las SS. La cuestión es: ¿En que momento dejo de ser así? ¿A partir de que momento pasaron a estar a sueldo y decicación exclusiva? Porque no creo que un regimiento de guardia pudiera nutrirse de gente que además tenía que trabajar en otras cosas para vivir.

Amo del castillo dijo...

En el momento en que Hitler se hizo con el poder absoluto fue cuando las unidades de las SS pasaron a integrarse en el organigrama militar y a formar parte de regimientos o divisiones a dedicación completa como si fuesen una unidad de la Wehrmacht, cosa que los mandamases del ejército nunca quisieron por razones obvias. Fíjese que las dos compañías del Leibstandarte que fueron a Munich para ejecutar a los SA tuvieron previamente que proveerse de armas ya que aún no disponían de arsenales propios. Si bichea en Youtube verá actos en los que se ven a los SS desfilar desarmados precisamente por eso.

Un saludo

Hooke dijo...

Impresionante artículo, micer Amo, se supera vuecencia a cada ocasión.

Respondiendo a Dani, recordar que las SS mas "pintorescas" como las Waffen SS, dentro de las que se integró la Leibstandarte o unidades como lis siniestros Totenkopft de Heicke en realidad no eran mas que un apéndice, muy prestigioso y publicitado eso sí, de la gigantesca maquinaria en que se conviertieron las SS bajo la batuta de Himmler. La mayor parte de SS formaban parte de la Algemeine SS (que podemos traducir como SS General) que no era un "trabajo" a tiempo completo, sino que se trataba de una especie de pertenencia a una Orden o Sociedad, destinada a gobernar el mundo. Recordar la obsesión de Himmler con el emperador Enrique el Pajarero y todas esas milongas medievalizantes. La inmensa mayoría de los SS eran profesionales, pequeños empresarios, pequeños burgueses, cuya misión era prestar sus servicios allí donde fueran requeridos, ya que la organización que comenzó como un pequeño grupo de escolta, terminó siendo una gigantesca corporación industrial (con su propia cadena logística de producción de armamento, equipo, materiales de construcción, etc...), un Estado dentro del Estado (con su propia policía, el SD; su propio ejército, las Waffen SS, sus propias Universidades y centros de investigación, sus propia red de cárceles y campos de concentración....) y una especie de Sociedad Secreta a que era preciso pertenecer para medrar en aquel régimen espantoso.

De las creencias "sobrenaturales" y místicas que tenía en propio Himmler y que permearon a toda la organización, se podría hablar largo y tendido. Vamos, que estaba como una regadera el gachó....

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Hooke, y gratificado por que haya sido de su interés.

A su aportación, añadir que, además, Himmler creía que era una reencarnación de Enrique el Pajarero. Basta ver el chiringuito que montó en el castillo de Wewelsburg, un auténtico Camelot de la Orden Negra. Si hubiesen ganado la guerra, aquello se habría convertido en lugar de peregrinación como poco. Pagó un pastizal para que Otto Rahn se paseara por todo el Langedoc en busca del Grial (la versión cátara del mismo), más pasta aún en mandar gente al Tibet a dar con los orígenes de la raza aria... en fin, como vuecé bien dice, como un cencerro. Debió quedarse cuidando de sus gallinas.

Un saludo y gracias por su comentario

Mr. Gatsby dijo...

De no haber sido por los millones de muertos, esto de la raza aria habría sido la mayor tomadura de pelo de la Historia. Se juntan un moreno corto de estatura, un gordo morfinománo, un friki gafillas y un lisiado esmirriado, y no se les ocurre otra cosa que fundar un régimen basado en esculturales cuerpos germánicos que habrían hecho las delicias de Fidias o alguno de esos. Joder, ni Forocoches habría hecho trolleada más grande, unos genios estos nacionalsocialistas.

También me hizo mucha gracia lo del bistec de buey, jeje, los carlistas tenían una coña idéntica con los falagistas, pues decían de ellos que eran como los salmones, ya que eran azules por fuera y rojos por dentro. Humor tradicionalista sabroso.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Y no solo eso. Habría que añadir la homosexualidad pública y notoria de Röhm, Heines y varios picatostes más de las SA, permitida cuando por otro lado estaba condenada por ley (como en la parlamentaria y democrática Inglaterra, por cierto), y los metían en campos de concentración como enemigos del estado. La drogadicción de Göring le habría impedido ingresar en las SS. Los mismos orígenes del amado líder, cuyos ancestros eran Schicklgruber reciclados en Hiedler y luego en Hitler y de abuelos ignotos, que también le habrían impedido ingresar en las SS. A Emil Maurice también se le descubrió un abuelo judío y miraron para otro lado, igual que con Heydrich. Sepp Dietrich no daba la talla mínima para ingresar en el cuerpo, al igual que Bormann o Frank, más un largo et cétera que no vamos a enumerar porque carece de relevancia.

En realidad, el DAP de donde luego surgió el NSDAP pasaba de temas raciales en el sentido de tomar una raza modélica. Cualquier alemán sabía sobradamente que allí, como en todas partes, ha habido a lo largo de los siglos mestizajes a destajo aún sin contar con los judíos, básicamente de los nórdicos a raíz de las migraciones con las tribus autóctonas más los romanos. Siempre he pensado que bajo todas esas chorradas eugenistas no había más que un interés: hacer que los supuestos ejemplares perfectos formasen con el paso de los años una nutrida población totalmente fanatizada como vemos que ocurre actualmente en Europa y, por supuesto, en España. Las teorías supremacistas siempre han casado muy bien con las ideologías totalitarias precisamente porque son un semillero de memos que se creen superiores porque un "listo" los ha convencido de que lo son por tener la nariz de tal forma o el cráneo de esta otra, o por tener tales o cuales "virtudes". El racismo es el método más eficaz para formar grupos muy cerrados y fanatizados que, por desgracia, tienen la irritante tendencia a considerar como inferiores al resto de los mortales, por lo que el exterminio de los mismos no lo consideran como algo moralmente reprobable, sino una obligación. Y que esas teorías aún perduren en pleno siglo XXI con la anuencia del resto de la sociedad es lo verdaderamente asombroso e incluso insultante. Es más, es absolutamente repugnante que se permita la existencia de partidos políticos que propugnen por la supremacía racial como los que hay en España, Bélgica, Polonia, etc.

baskerbill dijo...

Antes de nada felicitarle por la entrada; por todas ellas, vamos. No suelo comentar pero soy acérrimo lector de su blog. En este caso quisiera darle fe de lo que pudiera ser una errata, no estoy seguro, cuando dice que les obligaban a correr 3 km en 20 minutos. Eso vienen a ser siete minutos por kilómetro. Y créame, porque soy de esos que se hacen pasar por corredores y lo único que hago es la risa, pero esos sigfridos estoy convencido que harían esa media a la pata coja. Fíjese que un quiero y no puedo como yo se hace la media maratón en 2h, lo que supone 6 minutos el km. Un corredor no profesional, pero en forma, se la hace en 1:30, a 4 y pico el km. Y uno de los de cabeza se la hace en 1:15. Ojo, a 3 minutos y poco el km. Y nada: Un saludo, felices pascuas y feliz año nuevo y por Dios, no deje de escribir nunca; es un verdadero placer aprender algo nuevo con cada entrada suya.

Por cierto, y no es por hacer la pelota -pero si-, mis felicitaciones por sus libros, tanto "¡Oh Campeador!" como "Pesadillas de guerra". Me los leí del tirón, créame.

Amo del castillo dijo...

Ante todo, agradecerle sinceramente sus elogiosas palabras, así como por sus comentarios acerca de los libros. Por cierto, no se prive de comentarlos y puntuarlos en Amazon, que siempre viene bien darle vidilla de cada a posibles compradores, jeje...;-) Y, por otro lado, me gustaría que me diese una opinión más extensa sobre "Pesadillas de guerra". Tengo a medio acabar una segunda parte, y me gustaría tener alguna opinión sobre la primera. Por cierto, si le van los psicópatas medievales no deje de leer la de "Yago, el asesino". Puede darle ideas muy interesantes para finiquitar cuñados desagradables.

En cuanto a su comentario, la prueba de fondo está sacada de una de las fuentes en las que me basé para elaborar la entrada. Ciertamente, yo también pensé que no era una marca gloriosa, pero pensé dos cosas: una, que obviamente los tiempos que se hacen hoy día son muy superiores a los de hace 70 u 80 años. Fíjese, por ejemplo, en las diferencias bestiales en las marcas de salto de altura o en natación de aquellos tiempos a esta parte. Por poner un ejemplo, el récord de Weissmuller en la prueba de 100 metros libres en Amsterdam en 1928 fue de 58,6 segundos (el primer hombre en bajar del minuto), mientras que el actual récord, imbatido desde 2009, es de 46,9 segundos, o sea, nada menos que 12 segundos de diferencia, por lo que actualmente Weissmuller llegaría el último en cualquier carrera, cuando los demás estarían ya en los vestuarios. Por otra, y esto creo que podría deberse a una omisión de la fuente original, intuyo que tal vez la prueba se realizase con uniforme de trabajo y equipo a cuestas, no con indumentaria deportiva. Sea como fuere, hablamos de hombres que no corrían más de esa distancia, y no en plan competitivo, sino limitándose a hacerlo dentro del tiempo mínimo. En resumen, que el tema deportivo para estos sujetos era un mero complemento para mantenerse en una buena forma física junto a otras disciplinas que incluían pistas de obstáculos, marchas con equipo, armas y municiones, cavar pozos de tirador en un periquete, etc.

Un saludo y gracias por su comentario

baskerbill dijo...

Como siempre, tiene usted razón. Ya se me había olvidado las veces que me tocó correr en la mili, en la instrucción, con toda la parafernalia (y desde luego con cetmes de plástico debía ser más llevadera que la de aquellos años). Como bien dice, con esa media de velocidad, más bien sería una carrera al trote cargados como mulas.

En cuanto a "Pesadillas de guerra", no sé qué decirle. Historias cortas, con desenlaces a veces sorprendentes y a veces que se ven venir, pero con una narrativa que hace que te dejes llevar; con ese puntillo sarcástico a veces, y con una definición de los personajes breve, pero que te los crees.

Quizá algunas historias acaban muy abruptamente, pero es porque quieres más; como la del frente de Teruel (mi lado sádico esperaba la descripción del ataque). En mi opinión, muy buena Obra.

Por poner una pega: la maquetación está mucho mejor en "¡Oh, Campeador!". Los márgenes en "Pesadillas de guerra" son muy justos, sobre todo al centro del libro, y es incómodo porque hay que forzarlo para leerlo bien.

Gracias por tu atención y sólo desearle que pase unas felices fiestas y un próspero año nuevo.

PS.- Gran entrada también la de hoy, ¡mis felicitaciones!

PSS.- Nunca he puntuado nada en Amazon, pero en este caso lo haré con gusto, no lo dude.

Amo del castillo dijo...

Antes de nada, agradecerle sus comentarios al respecto. Lo de la maquetación es ciertamente un problema, porque la cosa es que yo veo una cosa y luego en el papel sale otra. Piensas que el tamaño de letra es adecuado y luego resulta que es más pequeño en la realidad, y lo mismo ocurre con los márgenes. En todo caso, para la próxima lo tengo en cuenta, lógicamente. Simplemente a título de comentario, decirle que para publicar en papel con estos de Amazon hay dos opciones: o se manda la obra maquetada por un corrector profesional que cobra 3 o 4 pavos por página y que tiene en cuenta hasta los 0,8mm. de papel que se pierden en el cosido, o se ciñe uno a las plantillas que dan ellos, bastante imprecisas por cierto, y si te equivocas ajo y agua.

En cuanto a lo de puntuar, como ya es cliente y solo tendría que entrar en la página pues basta con irse a la del libro en cuestión, dejar un comentario diciendo que solo el Quijote las supera y puntuar. Mmmmm... Bueno, mejor no mencione el Quijote o se nos va a ver el plumero a la legua, ponga su opinión justa y verdadera.

Y al hilo de su comentario acerca de los tiempos mínimos para los 3 Km., imagine lo que era antaño la Legión, cuando uno de los castigos consistía en tirarse un mes con un petate lleno de arena a la espalda que no se quitaban en todo el día. Correr con esa cosa a cuestas debería ser una experiencia mística. Y el dichoso paso de oca de los tedescos, ideado en tiempos de Federico Guillermo de Prusia para "activar la circulación sanguínea", producía unas lesiones de rodillas fastuosas, por lo que tener a una compañía solo 15 minutos dando vueltas al patio de armas marcándolo podía suponer dejarlos literalmente para el arrastre. En fin, las típicas burradas que se han hecho desde siempre en todos los ejércitos del mundo.

Un saludo y nuevamente agradecido por sus comentarios, e igualmente le deseo pase unas fiestas aceptablemente felices, lejos de cuñados gorrones que se comen los roscos de vino y los alfajores selectos que uno guarda como oro en paño

baskerbill dijo...

Bueno... Lo de los cuñados es inevitable, aunque a alguno le vendría bien lo de activarle la circulación sanguínea.

Felices Pascuas y un saludo!

Amo del castillo dijo...

¿No ha probado el taimado y alevoso ardid del Evacuol? Vierta un bote entero en su mejor malta de 24 años, la cagalera atroz que les producirá le librará de sus perniciosas presencias posiblemente de por vida. Sí, ya sé que es una lástima profanar un malta con esa porquería, pero en este caso merece la pena.

Un saludo y que le sea leve, amén