sábado, 22 de septiembre de 2012

Recreación virtual de fortificaciones II




Esa destartalada y ruinosa torre que aparece en la imagen de la derecha es la comúnmente denominada como torre de San Antonio. Se trata de una atalaya de origen árabe, que data del siglo XI nada menos. O sea, que tiene ya un milenio a cuestas. Como se ve, la pobre estaba bastante perjudicada hasta que la Escuela Taller de Olivares (Sevilla), en cuyo término se encuentra, la perpetró bajo las órdenes del arquitecto del ayuntamiento hace unos años. La torre, fabricada enteramente en tapial, fue "restaurada" rellenando los paramentos dañados con ladrillo de taco. Al parecer, la intención del "experto" era que se diferenciasen las zonas originales de las nuevas. En honor a la verdad, creo que lo hizo con muy poco acierto, si bien esa es mi opinión. En cualquier caso, no se tocó el interior, totalmente hueco ya que las bóvedas de sus tres plantas hace la torta de años que pasaron a la historia. Actualmente, se encuentra en una zona vallada, pero se puede saltar sin problemas y verla por fuera, ya que una sólida cancela de hierro impide el paso al interior.

Bueno, tras las obras, este es el estado que presenta nuestra torre de hoy:




El puñetero letrerito que te informa de que aquello está minado de cernícalos y demás volatería lo podrían haber puesto a unos metros del edificio, digo yo. Pues no. Pegadito, para joderle la foto al personal, como siempre. En fin, como la consolidación fue poco afortunada, como ya he dicho más arriba, pues decidí restaurarla por mi cuenta y devolverle su añejo esplendor. Tras estudiar la torre, vemos una serie de cosas que debemos añadir: por un lado tenemos el almenado, que no se molestaron en rehacer. Por otro, en las fachadas norte y este se ven claramente el arranque de dos muros que conformarían una pequeña camisa. Al ser edificada en una época en que el peligro castellano estaba aún lejísimos, coligo que esta camisa estaba más bien orientada a servir de corral y cuadra para los caballos de la guarnición antes que como elemento defensivo puro y duro. Así pues, basándonos en esta foto, comenzamos las "obras"...


Tras mandar a hacer puñetas el letrerito de marras, convenía eliminar tanto jaramago que aparece en la foto original. Así pues, se le cambió el terreno por uno que permitiera una mejor visión del conjunto. Luego se añadió el muro de la camisa exterior, y le robé al castillo de Trujillo una hermosa puerta en arco de herradura, más que nada por aquello de su origen árabe. De la camisa original, como digo, sólo restan mínimos indicios en los muros de la torre, así que tenemos que ejercitar un poco la imaginación. Finalmente, se agrandó el fondo para dar cabida al almenado, como ocurrió en la foto de la entrada anterior. He ahí el resultado de esta primera fase:





Tras llevar a cabo toda esta serie de modificaciones, decidí eliminar el almenado de la camisa. Llegué a la conclusión, por las dimensiones de los indicios de la misma, que su grosor no daba para un adarve, así que era un simple muro. Por lo tanto, lo eliminé. Luego le robé al castillo de San Marcos, de El Puerto de Santa María, un almenado bastante aparente para que coronase la torre. Finalmente, se añadió una puerta de madera de no sé qué casona solariega que encontré en mi archivo. Así pues, el segundo paso dio lugar a esto:




Ya va teniendo otro color la cosa, ¿eh? Bien, A continuación se añadió un cielo adecuado de mi colección de cielos molones, se conformó el suelo para darle un aspecto creíble y se añadió un sendero que conduce a la puerta de la camisa. Su ubicación actual, tanto de la torre como de la carretera que une Olivares con Gerena, inducen a pensar que dicha carretera ya existía con un trazado similar en aquella época, por lo que debía haber un pequeño camino desde la carretera en cuestión a la torre. Y así quedó tras lo comentado:




Y ahora viene lo más complicadillo: "enlucir" el edificio. Su fábrica era de tapial, y recordemos que era necesario protegerlo con un revestimiento de mortero para preservarlo de las inclemencias del tiempo, así como de un encalado que lo impermeabilizase. Para ello, creamos sucesivas capas que pintaremos de blanco para luego, a fin de simular el deterioro, sobreponer sobre cada una de ellas una textura grunge bajándole la opacidad a un 30% más o menos. Luego se añadieron algunas grietas a base de pinceles de Photoshop, se añadieron las sombras, se repasaron las uniones de las capas, y se puso un poco de hierba en la base de la torre, además de algún jaramago y un arbolito en el interior de la camisa para dar sombra al personal. El resultado fue éste:




Flipante, ¿que no? Jejeje... Así debió ser nuestra torre allá por el siglo XI o XII. Una vez más, gracias a San Fotochó del Píxel Bendito podemos contemplarla a pesar del empeño que puso el arquitecto de marras en dejarla convertida en un churro enladrillado. Bueno, como colofón se añadió un plugin de Topaz para rematar la faena y darle un aspecto chulísimo de la muerte: Hela aquí:




Pecaré de inmodestia, pero me ha quedado pa morí. Igual le mando la foto al dichoso arquitecto, a ver si pilla una depresión gorda por ver lo que pudo hacer y no hizo porque estos "expertos" no saben de la misa la media.

Bueno, ya seguiremos.

Hale, he dicho...