Un abandono siempre es trágico, tenebroso, lúgubre... Son como una tumba llena de la esencia de los que lo habitaron. Un panteón que alberga solo los restos de sí mismo. Las piedras y ladrillos que se van desprendiendo con el paso del tiempo contribuyen a llenarlo hasta que, un día, solo queda un montón informe de escombros a modo de túmulo de una sepultura desconocida.
Y coligo que, para dar una imagen más explícita de los mismos, nada como unos retoquillos grunge. Así pues, sustituimos los cielos que brillan esplendorosos por una textura adecuada, y añadimos unas pinceladas en las esquinas que, a modo de orla fúnebre, enmarque el objeto de la foto para que nuestra vista se centre en lo que deseamos. A mi modo de ver, se logra un efecto bastante sugerente. Vean, vean...
Unos sirvieron como lugar de oración y recogimiento, donde el incienso y las voces de los sochantres llenaban el espacio. En otros, los jornaleros y gañanes alborotaban cada día al salir y ponerse el sol arreando jumentos y aviando la faena. En otros, más suntuarios, sirvientas con cofia y criados de librea se afanaban en darle lustre a la mansión que fue mudo testigo de la existencia de generaciones de alcurnia. Las personas desaparecieron hace tiempo ya. La piedra, más fuerte que la carne, aún resiste, pero nada escapa al paso inexorable del tiempo.
Hale, he dicho...





