jueves, 6 de junio de 2019

FLAKTÜRME BERLIN. TIERGARTEN


Fachada norte de la G-Turm del Tiergarten, cerca del parque zoológico

Bueno, como hemos dedicado tres artículos al tema artillero, he pensado que quizás sea mejor ir entremetiendo las distintas Flaktürme que se fueron construyendo. Así vamos dando una de cal y otra de arena para hacer más entretenida la cosa. Por lo tanto, daremos comienzo por las que se edificaron en primer lugar y que, además, fueron las más emblemáticas por ser las que defendieron la capital del Reich de los Mil Años que al final duró apenas doce, pero al menos le echaron voluntad, qué carajo...

En la primera entrada de esta serie monográfica ya se habló del origen de estas poderosas fortificaciones, así como algunas de sus características más relevantes para ir entrando en situación, pero antes de ir al meollo de los entresijos de cada una de ellas será conveniente detallar como se fraguó la puesta en marcha de las mismas. Así pues, sin más dilación vamos al grano, que para luego es tarde y el camino es largo.

Diseño monumental de una G-Turm que aunaba la grandiosidad con la
solidez. No obstante, al final prescindieron de la estética en favor de la
resistencia
En septiembre de 1940 y ante la inesperada visita de los british (Dios maldiga a Nelson), se dio la orden para iniciar las obras de las torres que debían defender la capital. Inicialmente, el proyecto incluía la construcción de seis torres de combate (GeschuztürmeG-Türme) con sus respectivas torres de mando (LeittürmeL-Türme): tres en el Tiergarten, una en el Humboldthain, otra en el Friedrichshain y otra en el Hasenheide, cerca del aeropuerto de Tempelhof. Para los que lo desconozcan, esos lugares son parques berlineses, emplazamientos elegidos por varias razones, a saber... en primer lugar, para no tener alrededor edificios que pudieran obstaculizar el radio de acción de la artillería. Por otro lado, el eco producido por la cercanía de esos mismos edificios provocaría interferencias en los radares de las torres de mando y, finalmente, se pretendía que el acceso a los refugios de su interior- recordemos que además de ser fortificaciones defensivas estaban concebidas como refugios antiaéreos- fuera lo más cómodo posible para la población, que en momentos de pánico no suele comportarse de forma ordenada y serena como es lógico. Había una razón más, esta de tipo, digamos, estético, que consistía en hacer coincidir las torres en los cruces de avenidas o alineadas con monumentos para que no supusieran una merma visual al magnificente aspecto de la capital berlinesa. Sí, una chorrada de antología, pero por aquella época el ciudadano Adolf confiaba ciegamente en la victoria- cinco minutos antes de volarse la tapa de los sesos creo que ya dejó de creer en ella-, y cabe suponer que las torres, unos edificios concebidos para durar más que las pirámides de Egipto, serían una muestra más del genio y la capacidad germánicas que asombrarían al mundo tras ganar la guerra.

El mayor general Kurt Steudemann
El 20 de septiembre se celebró una reunión en la que tomaron parte varios mandamases de alto rango para ir dando forma a un proyecto que, a la vista de como estaba el patio, había sido considerado como muy urgente de iniciar y llevar a buen término. En el cónclave, presidido por el mayor general Steudemann, Inspector de la Artillería Antiaérea, se toparon con el primer inconveniente, que era algo tan vital como las piezas que debían armar las torres. El emblemático cañón de 8'8 cm. se consideraba inadecuado ya que su alcance efectivo estaba en los 7.500 metros aproximadamente, por lo que había que emplazar armas de más potencia. En principio se había optado por los cañones de 10'5 cm. usados por la Kriegsmarine a razón de cuatro piezas dobles por torre, pero para ello había que modificar los que había disponibles ya que estaban dispuestos formando posiciones triples sobre cureñas provistas de un mecanismo de oscilación para compensar el balanceo del buque donde estuvieran instalados. Por lo tanto, había que modificar ese sistema por uno que permitiera bloquear las piezas ya que su emplazamiento sería estático y, por otro lado, reformar las baterías para que fuesen de dos cañones en vez de los tres originales. Esto supondría una demora de año y medio, y la verdad es que tenían un poco de prisa. La segunda opción era un cañón de 12'8 cm. diseñado por la marina para emplazamientos fijos, pero tampoco estaban disponibles de momento así que, finalmente, se decidió usar cañones simples de 10'5 cm. de forma provisional, además de artillería ligera a base de cañones de 3'7 y 2 cm.

Kommandogerät 40 en su plataforma. Este chisme requería de siete
operadores, cada uno encargado de un determinado seguimiento
En cuanto a la estructura de las torres de combate, el diseño presentado por Tamms consistía en un edificio central con cuatro torres, una en cada esquina con un espacio de 10 10 metros para la plataforma artillera, de forma que hubiera una distancia de entre 50 y 70 metros entre cada cañón. En el centro de la azotea y a una distancia mínima de 35 metros de las piezas habría un puesto de mando provisto de un Kommandogerät 40, un telémetro computerizado con capacidad de predicción de rumbo, trayectoria y distancia que sería empleado en caso de que no estuviera operativa la L-Turm asociada a cada torre. Las dimensiones de la torre de combate serían de 60 60 metros y tendría una altura de 25 para sobresalir entre la espesa arboleda de los parques donde se construirían. Las torres de mando, como ya se comentó, se situarían a una distancia de entre 300 y 500 metros de su G-Turm, comunicándose entre ellos mediante un cable telefónico enterrado bien hondo y bien protegido por los cuales llegarían además los datos de tiro procedentes de los dispositivos de seguimiento. La dotación prevista sería de 160 hombres y 6 oficiales para las torres de combate y de 100 hombres y 6 oficiales para las torres de mando. 

Maqueta de la G-Turm Zoo
Su interior estaría dividido en un sótano, planta baja y cinco plantas superiores. Los pañoles de munición se encontraban en el sótano, comunicados con las torres mediante ascensores paternóster, un tipo de elevador rotativo consistente en una serie de compartimentos situados uno sobre el otro que, cuando están en funcionamiento, transportan de forma constante personas u objetos. Las dos plantas siguientes estaban preparadas para su uso como refugio antiaéreo con una capacidad para 8.000 personas si bien, como ya dijimos en una entrada anterior, llegaron a meterse hasta 30.000 berlineses muy acojonados como arenques en un barril. 


Puesto de mando de la G-Turm Zoo. Era el único con forma circular.
Al fondo se ve la L-Trum
Los muros, de 2,5 metros a nivel del suelo, se iban estrechando un poco a medida que se elevaban hasta quedarse en 2 metros por la parte superior. El techo, de 3 metros de espesor, era a prueba de bombas de modo que le podía caer encima un diluvio de ellas que solo rascarían la pintura gris verdoso con que se pintarían las torres. Otro problema a solucionar estaba en el emplazamiento de la artillería ligera, que inicialmente se había previsto situar en una plataforma central elevada, rodeando el puesto de mando. Pero, aparte de limitar el número de piezas, se corría el peligro de que si los cañones principales disparaban en un ángulo demasiado bajo podían alcanzarlos o, simplemente, el rebufo de cada disparo los pondría calentitos. Así pues, se modificó el proyecto inicial añadiendo a la torre de combate una plataforma rodeando todo su perímetro provista de tres salientes circulares por torre, los llamados nidos de golondrina, situados a una cota inferior para no verse afectados por los cañonazos de sus hermanos mayores. 


Uno de los cañones de 10'5 cm. de la G-Turm Zoo en acción. Obsérvese la
cúpula blindada del ascensor para munición, así como los pañoles para uso
inmediato al fondo de la batería. Más abajo los veremos con más detalle
Cuando ya tenían más o menos claro cómo y de qué manera debían construirse las torres la Inspección de Artillería Antiaérea emitió un informe el 23 de septiembre en el que señalaba que era complicado situar de forma armoniosa las tres parejas de torres destinadas al Tiergarten, y que la integración de estas estructuras en el entorno monumental del parque sería más fácil si se reducía a dos parejas. Sí, aunque suene a coña, decidieron supeditar la defensa antiaérea a una mera cuestión estética, pero es evidente que por aquel entonces ni siquiera podían imaginar la de miles de toneladas de bombas que les dejarían caer encima los bombarderos aliados. Más aún, el mismo Tamms incluso llegó a plantear otro emplazamiento porque se sentía preocupado por los animalitos del zoo, que sufrirían mucho con el fragor de la artillería cuando, en realidad, si la artillería sonaba era porque llovían bombas, así que el estrés padecido por las explosiones sería por partida doble. Obviamente mandaron a Tamms a hacer puñetas y para contentarlo le dijeron que cuando tuvieran un rato libre cambiarían el zoo de sitio. En todo caso, la cuestión es que finalmente se construyó una pareja de torres en el Tiergarten en lugar de las tres iniciales, y la del Hasenheide fue definitivamente desechada por lo que quedaron tres parejas de las seis que figuraban en el proyecto original: la del Tiergarten, más conocida como Flakturm Zoo, la de Friedrichshain y la de Humboldthain.




Probos tedescos derrotados buscándose las habichuelas, y nunca mejor
dicho. La foto es de 1946. Al fondo se ve la cúpula del Reichstag y más
a la izquierda la Puerta de Brandenburgo
En la ortofoto superior podemos ver la posición de las tres parejas, que formaban un triangulo en cuyo interior estaban los enclaves de más importancia de la capital empezando, como es lógico, por la cancillería. Obsérvese la enorme extensión del Tiergarten, una superficie de más de 200 Ha. que originariamente había sido un coto de caza de los electores de Brandeburgo, de donde procede su nombre (Tiergarten significa jardín de animales). En 1740 se destinó como parque público y en 1844 se construyó una suelta para faisanes que fue el germen del parque zoológico cuyos inquilinos tanto preocupaban a Tamms. Por cierto que, tras la guerra, el parque quedó dentro de la zona controlada por los british, que prácticamente talaron la totalidad de la arboleda para usarla como combustible y se parceló el terreno para cultivos de subsistencia de la población. También se puede apreciar que, tras tanto debate sobre el encaje armonioso de las torres en el parque, al final quedaron desplazadas respecto al eje principal formado por la Charlottenburger Chaussee y la rotonda central donde se yergue la Columna de la Victoria. Y hechos estos preliminares genéricos, veamos los entresijos de cada pareja de torres.

GEFESCHTSTURM I ZOO


Distribuyendo el hormigón en la plataforma artillera
Esta fue la primera en construirse. Las obras requerían un esfuerzo notable tanto en hombres como en materiales y, por supuesto, en medios para disponer de los mismos. Para ello, el Reichbahn, el servicio de ferrocarriles, tuvo que garantizar el suministro de 1.600 Tm. diarias de materiales de todo tipo mientras que otras 500 Tm. llegarían por vía fluvial. En principio se emplearon 1.500 obreros que, posteriormente, fueron ampliados a 3.250, de los cuales la mitad eran alemanes. El resto eran extranjeros, en su mayoría italianos, y entre 300 y 400 prisioneros de guerra dedicados exclusivamente al acarreo de materiales. Las obras de la G-Turm y la L-Turm comenzaron a mediados de octubre y finales de noviembre de 1940 respectivamente, y con el invierno prácticamente encima se presentó un problema con el fraguado del hormigón, que se retrasaría mucho con las bajas temperaturas. Pero eso era un problema menor para los tedescos, que usaron calentadores de carbón y toberas de vapor para acelerar el proceso y tener ambas torres concluidas a finales de marzo del siguiente año. O sea, que apenas tardaron cinco y cuatro meses en concluir dos edificios a lo bestia, sobre todo la G-Turm, de la que los berlineses decían con cierta dosis de humor negro que era "el ataúd más seguro del mundo".


Aspecto exterior e interior de las ventanas. La barra que se ve en el centro era
para apoyarse en ella y tirar del postigo blindado sin caerse de cabeza al vacío
Las dimensiones finales de esta primera torre de combate fueron de 70'5 7o'5 metros de superficie y 35 de altura. El grosor de los muros mantenía las especificaciones originales: 2'5 metros por la parte inferior estrechándose a medida que ascendía hasta quedarse en 2 metros. Se siguió el mismo proceso que en las torres Winkel: más gordo por abajo, que era donde explotaban las bombas, y más delgado por arriba para aliviar de peso aquella moles de hormigón. El techo tenía 3 metros de espesor y era impenetrable para las bombas convencionales. Solo la Tallboy o la Grand Slam británicas podrían haberlo traspasado, pero estas no entraron en servicio hasta 1944. Para acceder a las plataformas superiores había una amplia escalera en espiral en cada torre además de otras escaleras secundarias distribuidas por el recinto. Disponía además de dos montacargas reservados para el personal militar y el traslado de heridos al hospital. En cuanto a las numerosas ventanas que se abrían en las fachadas, aparte del cierre de cristal disponían de unos postigos blindados que se cerraban cuando sonaba la alarma, impidiendo así que pudieran entrar en el interior fragmentos de metralla o cualquier otra porquería producto de las explosiones.

La G-Turm Zoo en plena guerra. En la plataforma de la
derecha se ve que ya habían emplazado los Flak 40 de
dos cañones de 12'8 cm.
Para acceder al interior se disponía de tres enormes puertas de 4 metros de ancho por seis de alto que, a medida que se intensificaron las alarmas, se mostraron insuficientes por lo que hubo que construir en la fachada oeste escaleras de madera sobre pilares de ladrillos que permitían acceder directamente a la primera planta a las masas de civiles aterrorizados. Tanto la planta baja como el primer piso estaban destinados a refugios. En el segundo piso se habilitaron 1.500 m² para poner a buen recaudo los fondos de los museos berlineses, empezando por el famoso tesoro de Príamo hallado por Schliemann y el más famoso aún busto de Nefertiti. Para su mejor conservación disponían incluso de una instalación de aire acondicionado, todo sea por la cultura y tal... No obstante, hacia el final de la guerra y ante el peligro de ver a los enemigos paseándose por Berlín se decidió trasladarlo todo a profundas galerías de minas lo más lejos posible de la capital, si bien la evacuación no pudo completarse ni remotamente.

En el tercer piso había un espléndido hospital con  capacidad para 95 camas atendido por ocho médicos, 20 enfermeras y 30 sanitarios. El personal debía ser de primera clase, porque los miembros del partido y los militares más relevantes pasaron por él, desde la famosa Hanna Reitchs al archicondecorado Hans Ulrich Rudel, que con su Stuka y sin piernas destruía carros de combate rusos como quien mata ratones con un tirachinas. El personal militar tenía sus dependencias en las plantas superiores. En el plano podemos ver la distribución de la cuarta planta que, contrariamente a lo que algunos podrían imaginar, no eran diáfanas, sino que estaban divididas en multitud de dependencias destinadas a dormitorios, comedores, pequeños almacenes, aseos, etc. Obsérvense las escaleras de las torres que se veían complementadas por otras dos a cada lado de ellas más otras dos en el centro de la torre. A todo lo reseñado hay que añadir una amplia cisterna en el sótano que se suministraba por conductos independientes de la red urbana, un conjunto de generadores que permitía disponer de electricidad en cualquier momento, una amplia cocina, una panificadora y almacenes repletos de víveres. Su nivel de autonomía sumado a su invulnerabilidad era tal que muchos militares afirmaban que podían resistir hasta un año después de que la ciudad hubiese caído en manos enemigas si bien, como podemos imaginar, semejante panorama era excesivamente optimista. No obstante, lo cierto es que su capacidad de resistencia fue sorprendente hasta el último minuto de guerra.

En este otro plano podemos ver la distribución de la plataforma artillera cuyas piezas estaban al mando del teniente coronel Maschewski, de la Turmflakabteilung 123. Como vemos, a una cota inferior está la plataforma con tres nidos de golondrina en cada ángulo para la artillería ligera y una grúa Flohr con capacidad para 10 Tm. que quedaba situada sobre la puerta principal del recinto. Para acceder a la plataforma superior disponían de dos pares de escaleras en tres de sus fachadas, quedando la cuarta reservada para la grúa. En amarillo tenemos el puesto de mando donde se situaba el Kommandogerät 40 rodeado por un grueso muro de hormigón. En rojo hemos señalado los pañoles de munición de uso inmediato para los cañones antiaéreos emplazados en cada torre. Como ya se comentó, inicialmente se usaron piezas de 10'5 cm. hasta que estuvieron disponibles los montajes dobles de Flak 40 de 12'8 cm. En azul vemos otros pañoles que, además, actuaban como traveses para impedir que, en caso de caer una bomba directamente sobre la torre, la explosión afectara a toda la superficie de la plataforma y sus ocupantes. 

Pañol de uso inmediato. La foto muestra claramente las puertas correderas
que protegían la munición, así como la disposición de la misma en el interior
Los pañoles estaban protegidos por puertas correderas de acero. Y en verde tenemos las que quizás sean las piezas más peculiares, las cúpulas de los ascensores paternóster que iban desde el polvorín a las plataformas. Las dos cúpulas de color naranja, más pequeñas, eran para evacuar las vainas servidas al polvorín, y solo se llegaron a instalar en esta torre y en la de Friedrichshain. Las cúpulas eran monstruos de nada menos que 72 Tm. de peso que requirieron la instalación de una grúa especial para subirlas a la plataforma. Las cúpulas fueron llevadas a la torre con la ayuda de un remolque Culemeyer-Straßenroller con 16 ruedas dobles de goma maciza. Una vez en la base de la torre eran subidas mediante una grúa especial provista de raíles facilitada por el Reichsbahn y colocadas en su lugar. Veámoslas con más detalle.


En la foto de la izquierda podemos ver una cúpula sobre el remolque Culemeyer-Straßenroller camino de la torre. El tractor es un Kaelble facilitado por el Reichsbahn y que se usaba para mover el pesado material ferroviario. En la imagen de la derecha aparece ya enganchada en la grúa. Se pueden apreciar las ruedas del remolque que, en la parte trasera y delantera, tenía cuatro pares de ruedas. Ni un impacto directo de artillería de la gorda podría traspasar esa mole de acero.


En estas fotos podemos ver, en primer lugar y a la izquierda, el elevador paternóster. Los proyectiles se colocaban en posición vertical en los soportes rotativos, y cuando llegaban al fondo eran traspasados automáticamente al elevador. Cuando llegaban a la cúpula un mecanismo los volteaba para que quedaran en posición horizontal. El elevador, como se ha dicho, funcionaba constantemente una vez que se ponía en marcha, por lo que los encargados de municionar situados en el polvorín solo tenían que ir colocando un proyectil tras otro. En el centro vemos como tres hombres echan un poco los bofes para abrir la puerta, cuyo espesor, comparándolo con el tamaño de la mano del probo artillero que vemos en primer término, debía rondar por los 30-35 cm. de acero. En la foto de la derecha vemos como abren la pesada puerta empujando entre dos hombres y, por lo que se puede apreciar, con bastante esfuerzo.


En la foto izquierda vemos como se extraía la munición de la cúpula, y al mismo tiempo se podía depositar en los dispensadores las vainas servidas si bien, como hemos comentado anteriormente, para esta misión se usaban dos elevadores más pequeños. La foto de la derecha muestra la escotilla de inspección que permitía controlar el elevador por si había algún problema o interrupción. Las cúpulas pequeñas no estaban provistas de estas escotillas.

Una sala de estar de las dependencias para el personal. A la izquierda vemos
un cuadrante de trabajo, y la puerta del fondo indica que se trata de un
aseo para hombres con baño y retrete
A lo largo de su vida operativa, la G-Turm fue alcanzada alguna que otra vez por las bombas enemigas. En 1943 tuvo lugar el incidente más grave al ser tocada de lleno y matando e hiriendo prácticamente a todos los servidores de la plataforma superior. Como ya podemos imaginar, del suelo no pasó porque tres metros de hormigón armado son muchos metros. Hacia finales de abril de 1945 los rusos habían ocupado toda la zona alrededor de la torre, quedando bajo el fuego de la artillería soviética. Sin embargo, las piezas de 12'8 cm. devolvían los disparos a las posiciones enemigas emplazadas en Marzahn, a unos 12 km. de distancia. Se llegaron a contabilizar unos 500 impactos de la artillería enemiga en la torre sin que hicieran poco más que sacar un poco de hormigón de la fachada, mientras que los Flak 40 efectuaron unos 400 disparos contra Marzahn. Al parecer, llegaron a destruir incluso algunos carros de combate rusos que se aproximaron más de la cuenta y se pudieron a tiro.

Dormitorio para civiles con capacidad para dos literas
triples. A pesar de la imagen de relativo confort que
muestra la foto, en los últimos meses de guerra la
sensación de claustrofobia debía ser tremebunda al
verse encerrado en ese zulo atestado de gente y con el
fragor sordo de las explosiones como música de fondo
El mismo mariscal Zhukov declaró que la G-Turm Zoo "...formaba el principal punto de apoyo para la defensa del centro de Berlín...", por lo que además de verse sometida constantemente al fuego de la artillería rusa también era atacada sin descanso por la aviación y, en resumen, con todo lo que tenían a mano sin lograr abrir la más mínima brecha. No obstante, el interior se había convertido en un maremagno dantesco. A pesar de que el día 26 se aumentó su capacidad para dar cabida a más heridos, los muertos y los miembros amputados se amontonaban en las dependencias hospitalarias sin que se pudiera salir a enterrarlos. Solo muy de vez en cuando, si amainaba el fuego enemigo, salían a toda prisa para echar los despojos en cualquier cráter y taparlos con unas paletadas para volver a encerrarse en aquel inmenso sarcófago. En aquellos momentos había en la torre más de 2.000 militares e incontables civiles que el Dr. Hagedorn, uno de los miembros del cuerpo médico de la Luftwaffe, cifró en 30.000. En el hospital había más de 500 cadáveres que no era posible evacuar y unos 1.500 heridos. La resistencia duró hasta el 2 de mayo, cuando el coronel Wöhlermann entregó la torre a los rusos a las 00:30 horas tras lo cual tuvo lugar una oleada de suicidios por parte de los que no estaban por la labor de poner sus vidas en manos de las hordas del padrecito Iósif, que con toda seguridad estarían deseosos de tomarse cumplida venganza por todas las barbaridades que los tedescos  perpetraron en Rusia.


El coronel Hans Oskar Wöhlermann, el hombre
que entregó la G-Turm a los rusos
Tras la rendición, el Tiergarten quedó dentro de la zona controlada por los british si bien previamente al reparto de la ciudad los rusos entraron a saco y arramblaron con lo que quedaba de los fondos museísticos para trasladarlos a Moscú. En el mes de agosto siguiente, las autoridades de Berlín obtuvieron permiso para usar la torre como hospital para infecciosos, concretamente los casos de tifus y disentería, más los pacientes del hospital XII/3 de la Luftwaffe alcanzando un total de 330 personas con la perspectiva de aumentar la capacidad hasta las 500 camas. Posteriormente sirvió como refugio a miles de personas sin techo durante la Hungerwinter, la terrible hambruna que asoló Berlín durante el invierno de 1946 a 1947. Sin embargo, en abril de ese año los british notificaron al personal que debían evacuar el edificio para ser volado, chorrada absurda propia de anglosajones porque la torre ya no tenía capacidad ofensiva y servía tanto de hospital como de refugio para mucha gente cuyas casas habían quedado reducidas a escombros.


Segundo intento
El 30 de julio siguiente, a las 16:00 horas, el 338 Batallón de Construcción al mando del mayor Soden llevó a cabo una voladura controlada distribuyendo explosivos por todo el edificio: 22.500 libras en la planta baja, 3.800 en la 1ª, 7.800 en la 2ª, 4.300 en la 3ª, 4.000 en la 4ª y 7.600 en la 5ª. En total, 5o.000 libras, o sea, 22.680 kilos, que no es moco de pavo. Bueno, pues tras la fastuosa explosión y disiparse la humareda la G-Turm no se había inmutado para mayor regodeo de los tedescos, cabreo de los british y mofa y befa de la prensa que había sido invitada para contemplar la eficacia de los Reales Ingenieros a la hora de destruir edificios de los malvados nazis. Un periodista yankee, con evidente mala leche y ante la rechifla generalizada y la jeta de humillación de los british exclamó: "Made in Germany!". Supongo que el tal Soden querría haberlo asesinado allí mismo. El 27 de septiembre siguiente Soden llevó a cabo un segundo intento. Esta vez convirtió la monolítica torre en un queso Gruyère practicándole 380 orificios que fueron cargados con 4.200 libras de explosivo y que, para su desesperación, tampoco sirvieron absolutamente para nada. La G-Turm se mantenía erguida y desafiante. Total, que en vista del éxito obtenido, al Soden este le echarían una bronca fastuosa y lo mandaron a hacer puñetas mientras que a su batallón lo pusieron a rellenar los cráteres que su propia aviación había hecho en Berlín. Enviaron a una nueva unidad de ingenieros a ver si conseguían echar por tierra la dichosa torre, que solo en explosivos les había costado ya un dineral.



Preparando el tercer intento. Las flechas marcan la hilera superior de orificios
En la tercera intentona se llevó a cabo un nuevo método. Se practicaron en los muros exteriores dos hileras de orificios situados a uno y doce metros de altura hasta un total de 435 perforaciones para lo que fue necesario recurrir a lanzas térmicas si no querían estar allí hasta el Día del Juicio abriendo agujeros con medios convencionales. Estos orificios estaban a la altura de la planta baja y el segundo piso. A continuación se distribuyeron explosivos de la siguiente forma: 21.046 libras de trinitrotolueno en la planta baja; 17.892 libras en el piso 1º; 16.532 en el piso 2 más un total de 22.463 libras de GP 852 (explosivo plástico) en los orificios. ¿Qué por qué esas cifras tan exactas? Pues ni idea, criaturas. Como digo, la cosa iba de experimentos así que el ingeniero que planeó la voladura se la cogía con un papel de fumar. Sea como fuere, la cosa es que en este tercer intento se emplearon nada menos que 77.933 libras, 35.350 kilos de explosivos para acabar con aquella siniestra masa de hormigón que se negaba a rendirse.

Tercera intentona. A la izquierda se ven en primer término los restos de
la L-Turm
A las 12:24 horas del 30 de julio de 1948, justo un año después del primer intento y tras cuatro meses de preparativos, una tremenda explosión logró finalmente derribar al gigante, si bien no pudieron derrumbar por completo el edificio, sino partirlo en tres trozos como se ve en la foto inferior, lo que al cabo no dejaba de ser en realidad un nuevo fracaso y, de hecho, así fue considerado por todo el mundo. Además, la explosión fue de tal envergadura que incluso produjo bastantes daños en las instalaciones del zoo, donde muchos de los animalitos previamente evacuados a lugar seguro no pudieron volver hasta reparar el desaguisado británico. Pero como no era plan de seguir invirtiendo más dinero para quedar en evidencia una vez más y por otro lado la única opción verdaderamente viable aunque imposible era que se abriese la tierra y se tragara al monstruo, decidieron acabar de una vez con un vil remedo de la segunda opción: enterrarlo.

Pero poder, lo que se dice poder, no pudieron reducirla a escombros
Entre noviembre de 1950 y abril de 1951 se efectuaron los trabajos para sepultar la torre, para lo que fueron necesarios más de 400.000 Tm. de material hasta convertir la G-Turm en un montículo que borrase de la memoria su existencia. Sin embargo, en abril de 1955 el senado de Berlín decidió desenterrarla para destruirla por completo y usar los escombros como material de construcción. Se hizo cargo de la descomunal tarea la firma Oxygen, de Hamburgo, que invirtió tres años en pulverizar aquella mole para obtener nada menos que 412.000 m³ de escombro de hormigón que se usaron para firmes de carreteras y balasto de vías ferroviarias. Curiosamente, los beneficios del reciclado cubrieron sobradamente los cuatro millones de marcos que costó la demolición. Por último, entre 1969 y 1970 se demolió también la losa de hormigón de la base, que produjo otros 17.600 m³ más de escombro para construcción. 

El enterramiento provisional


LEITTURM I ZOO



Como ya avanzábamos al principio del artículo, la L-Turm se empezó a construir a finales de noviembre de 1940 a unos 300 metros al NE de la G-Turm. Sus dimensiones finales fueron de 50 x 23 metros y una altura de 44. Como vemos en la maqueta de la izquierda, el concepto era similar al de su hermana mayor: una plataforma que, en este caso, estaba destinada a los radares y una plataforma situada a un nivel inferior con un nido de golondrina en cada equina para emplazar piezas ligeras contra aviones que volasen a baja cota. En este edificio instaló su puesto de mando el general Erich Kressmann, comandante de la 1ª Flak-division a principios de febrero de 1944, cuando la creciente intensidad de los ataques aéreos recomendaba buscar sitios más seguros donde meter la cabeza. Por la misma razón, en el otoño de aquel mismo año también se trasladó a la L-Turm Zoo la unidad de inteligencia 121 de la Luftwaffe al mando del teniente coronel Frikke.


Vista de la L-Turm desde un nido de golondrina de la
G-Turm Zoo. A la izquierda se aprecia el enorme radar
Würzburg, y a la derecha el observatorio
En la plataforma inferior había una grúa fija para subir las pantallas de radar y las piezas de artillería del Turmflakabteilung 123 al mando del teniente coronel Karl Hoffmann , y en el nivel superior otra más pequeña instalada sobre un carril móvil para el radar. Se había dispuesto además una plataforma cubierta de observación con capacidad para una docena de personas. A esta plataforma solo podían acceder militares de alto rango o gerifaltes del gobierno para contemplar los bombardeos desde una posición segura, y no como entretenimiento, como es lógico, sino para calibrar sus efectos. Al parecer, Speer era un asiduo visitante de la L-Turm, desde donde podía contemplar con una mezcla de asombro y temor el dantesco pero a la par sobrecogedor espectáculo de los miles de trazadoras cruzando el espacio, los deslumbrantes haces de luz de los reflectores y las explosiones de las bombas. Algo más o menos similar a esto:





El principal dispositivo de la torre era el FuMG 65 Würzburg-Riese (Würzburg Gigante), una versión mejorada del radar FuMG 62 Würzburg, un chisme enorme diseñado por la Telefunken que pesaba 11 Tm. y tenía una pantalla de 7'5 metros de diámetro. Era el primero en recibir la señal de aproximación de los enemigos por su alcance de hasta 70-80 km. con un rango de precisión de entre 15 y 20 metros. Este aparato perdía su utilidad cuando el enemigo se echaba encima, así que para protegerlo su plataforma descendía por un pozo de 12 metros de profundidad, donde quedaba a salvo de las bombas enemigas. A finales de 1943 se les dotó de un dispositivo llamado Würzlaus capaz de discriminar las interferencias causadas por las "windows", la tiras de aluminio que arrojaban los bombarderos que encabezaban los ataques para perturbar los radares tedescos y dificultar su localización.


El Würzburg-Riese en su emplazamiento.Bajo la base se abre el pozo de
12 metros que lo ponía a salvo de las bombas enemigas
En el nivel inmediatamente inferior había varias dependencias donde se recibían y procesaban las alertas emitidas desde los puntos de observación cuando se detectaba el paso de una oleada de bombarderos, salas de mapas, de radio y, en definitiva, de todo lo necesario para que cuando los aparatos enemigos llegaran a Berlín se desencadenase sobre ellos un infierno. Porque se suele tener la idea, como siempre propalada por el cine, de que los tripulantes de los bombarderos que se veían dentro del radio de acción de la artillería antiaérea solo sentían como el avión daba algunos saltitos mientras que alrededor aparecían nubecillas negras. Pero la realidad era mucho más pavorosa, y los fragmentos de metralla atravesaban la fina chapa de aluminio de los fuselajes como si fuera mantequilla causando graves heridas o matando a los artilleros y demás tripulantes, cuando no les arrancaban de cuajo un ala o les incendiaban uno o más motores y se iban irremisiblemente a hacer gárgaras. Muchos volvían a la base con graves desperfectos, algunos con boquetes que parecía imposible que el aparato no se hubiese partido en dos o con el timón de cola prácticamente desaparecido. En resumen, no era una vida fácil la de las tripulaciones de bombarderos a pesar de que en las pelis siempre salen dándose la vidorra padre en sus barracones, pero la verdad es que muchos miles de ellos se quedaron en el camino.

La L-Turm no resistió tanto, pobrecita...
Tras el implacable cerco soviético a las torres, la L-Turm Zoo se rindió a las 05:00 horas del 2 de mayo, o sea, cuatro horas después de su hermana mayor. El 28 de julio de 1947 y siguiendo el mismo destino que su pareja fue volada, si bien en este caso los british lograron derribarla al primer intento con "solo" 12 Tm. de trinitrotolueno. Años después y también para el aprovechamiento de sus materiales, a finales de 1954 fue totalmente aniquilada mediante 800 voladuras que produjeron 12.000 m³ de escombros de hormigón y unas 200 Tm. de varillas corrugadas. Para impedir que los cascotes que salían despedidos a causa de las explosiones causaran daños en el personal o las viviendas cercanas se instaló una red anti-torpedos traída de Hamburgo que, obviamente, tenía resistencia sobrada para impedir que cualquier cacho de escombro saliera disparado más allá de los límites marcados. Este material fue destinado también a la construcción de vías ferroviarias y carreteras.

Actualmente, en el Tiergarten no queda ni rastro de las torres. El lugar que ocupaba la G-Turm es una laguna donde viven apaciblemente los hipopótamos mientras que el solar de la L-Turm es la zona dedicada a las aves.

Bueno, con esto terminamos, que bastante me he enrollado ya. Por cierto, hoy se cumple el septuagésimo quinto aniversario del Día D. Esperemos que nunca más se den las circunstancias para que algo semejante tenga que volver a repetirse.

Hale, he dicho

Flusspferdhaus, la Casa de los Hipopótamos actualmente. Nadie podría imaginar la descomunal fortificación que se
irguió en ese lugar, más los cientos de cadáveres y restos humanos que fueron sepultados en los alrededores

16 comentarios:

dani dijo...

Gran artículo como de costumbre.
Y aguantaban el ataque terrestre cuando en realidad no habían sido deseñadas para eso jajajaja menudos son los alemanes cuando se poenen serios.

Amo del castillo dijo...

Bueno, si eran capaces de resistir sin inmutarse un bombardeo de alfombra podrían aguantar cualquier cosa. De hecho, es probable que incluso hubiesen resistido una explosión nuclear.

Un saludo

In vino veritas dijo...

Cuando veo estas torres siempre me llevo la impresión de que para las moles que eran llevaban poca artillería. ¿Que eficacia tenían realmente como arma defensiva?

Como siempre, unos artículos muy interesantes y entretenidos. Gracias

Amo del castillo dijo...

Bueno, cuando se les instalaron los Flak 40 de 128 mm. hablamos de 8 piezas concentradas en un espacio de 70x70 metros con una cadencia de unos 20 dpm con proyectiles de un calibre similar al de un Leopard de nuestros días, que no es moco de pavo. A todo ello añadir las baterías de 20 y 37 mm. de la plataforma inferior, ya a su vez todo multiplicado por las tres torres que había en Berlín. La concentración de fuego era bestial, pero lo malo es que los efectivos que mandaban a veces también eran bestiales, a veces de cientos de bombarderos.

En cualquier caso, donde estaba la enjundia de este tema era en la abrumadora superioridad aérea aliada. Cuando se domina el cielo y encima se está apoyado por una capacidad industrial nunca vista que era capaz de fabricar cientos de aparatos al mes, daba igual que destruyeran 100 de una tacada porque reponían sin problemas esos cien y añadían otros cien más.

Un saludo y gracias por su comentario

David dijo...

En el museo aéreo de Palm Springs había un B17 y un aviador veterano lo enseñaba por dentro, le pregunté porqué había tantas tumbas de tripulantes de éstos bombarderos en los cementerios militares, entonces puso una sonrisa y golpeó la chapa del fuselaje, nunca me imaginé que fueran tan finas

Felicidades por el blog, te sigo desde hace tiempo, saludos y Dios maldiga a Nelson

Amo del castillo dijo...

La chapa de los fuselajes es un papel de fumar. Había que ahorrar peso como fuera, y una simple bala de pistola podría atravesar un avión de lado a lado. De ahí que muchos asientos de los cazas sí estuvieran blindados.

Un saludo, gracias por sus comentario y que le den a Nelson por donde amargan los pepinos, amén

CSF dijo...

En los grandes bombarderos lo que se protegía eran los elementos más vulnerables, los motores, los depósitos de combustible.
Tambien empleaban asientos blindados y planchas de blindaje para los tripulantes de vuelo, mientras los artilleros llevaban los Flack Jackets que permitían sobrevivir a impactos de metralla.
Pero el resto del avión era, efectivamente, tan ligero como la tecnología de la época lo permitía y con todo había aviones, como el B-17 o el P-47 cuya capacidad de recibir castigos y regresar fue una leyenda.
B-17 aterrizando con un solo motor operativo, media cola o a los que les faltaba un trozo de 2 m de ala eran sino frecuentes si habituales. Por contra otros aviones del inventario , por ejemplo los B-24 o los P-51 eran también conocidos por su blandura frente al castigo.

La artillería antiaérea que protegía Alemania se basaba en cinturones con cientos de cañones situados en las zonas estratégicas que cubrían las rutas de aproximación a los objetivos fundamentales, combinadas con artillería situada en los objetivos más obvios, bases navales, aeropuertos e industrias críticas.
En las ciudades los cinturones defensivos estaban situados muy en las afueras, donde tenían campos de tiro despejados, lo que hacía que las ciudades en sí fueran vulnerables. Subir una pieza de 88 mm a lo alto de un edificio de 6 pisos era extraordinariamente difícil, que el techo lo resistiera aún más y poder amunicionarlas en mitad de la batalla era imposible.
Por eso se inventan las torres, para poder instalar piezas artilleras en las ciudades dotándolas simultáneamente de campos de tiro despejadas y medios suficientes para combatir.

Javier Negrón. dijo...

Excelente artículo,muy bien explicado.

Amo del castillo dijo...

Se le agradece el aporte, Sr. CSF

Saludos

Amo del castillo dijo...

Me alegro que le haya resultado ameno, Sr. deconocido

Un saludo

Draugkarak dijo...

Gran artículo Amo.

A ver si puede resolverme una duda que tengo...teniendo en cuenta que las piezas artilleras estaban colocadas en la parte superior de la torre, pensadas para disparar hacia arriba (contra los aviones) y no hacia abajo (objetivos terrestres), con lo que no dispondrían de un ángulo de tiro negativo significativo, ¿cómo repelían los ataques terrestres cercanos? ¿Disponían de troneras u otras instalaciones para armas ligeras en niveles inferiores con los que poder disparar al suelo? ¿O solo confiaban su defensa a la resistencia de sus estructuras?

Entiendo qu e aun objetivo más o menos lejano pudiesen dispararle con su armamento principal, tendrían ángulo de tiro, pero contra otro que estuviese colocado en su puerta, o cercanias, estaría desenfilado ¿cómo lo ofendían?

Gracias

Angel dijo...

Jania leido sober Elli, peroxide Nada tan amen y completing. Felicidades

Amo del castillo dijo...

Obviamente, Sr. Draugkarak, el ángulo muerto de la artillería emplazada en las torres era bestial. Solo podrían apuntar a objetivos situados a una distancia media con la inclinación al mínimo. Lo que sí podían era abrir fuego desde las ventanas situadas entre las plantas 1ª y 4ª sin problemas. Bastaba colocar un parapeto de sacos terreros y emplazar detrás ametralladoras, lanzagranadas e incluso algún pequeño anticarro de 37 mm. que cabía perfectamente en los montacargas. Es evidente que los rusos las pasaron putas para rendir las torres, ergo disponían de medios para contenerlos.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Sr. Ángel, o me traduce o no me entero de una papa. Un saludo

Angel dijo...

Jania leido sober Elli, peroxide Nada tan amen y completing. Felicidades
Blog perfecto, muy trabajado y completo, enhorabuena

Amo del castillo dijo...

Bueno, ya lo pillo más o menos. Muy agradecido le quedo, Sr. Ángel.

Un saludo y gracias por su comentario