miércoles, 3 de julio de 2019

Armaduras de aviador. Chalecos


Recepción de bienvenida a una oleada de B-17. Las densas barreras de fuego antiaéreo que desplegaba la Flak tedesca
debía poner de los nervios a los tripulantes, que solo tenían la opción de seguir avanzando como si tal cosa
mientras rezaban a Dios, Yahvé, Buda o al ectoplasma del abuelo si hacía falta para salir vivos y razonablemente
enteros del brete. Aunque la imagen de esos aparatos erizados de ametralladoras han dado siempre una sensación de
poder e invulnerabilidad, ante el fuego antiaéreo la artillería de a bordo no servía absolutamente para nada

Miles de fotos como esta han contribuido quizás a transmitir la idea de
que las tripulaciones de los bombarderos llevaban una vida apacible,
libres de sobresaltos y bien lejos de sus cuñados
Por cambiar de tema, al hilo de la monografía que vamos desarrollando sobre las Flaktürme y, simplemente, porque me parece un tema curioso y bastante desconocido, hoy vamos a hablar sobre las armaduras que usaron las tripulaciones de los bombarderos pesados yankees (Dios maldiga a Hearst). Es posible que más de uno ya conozca algo del tema, pero seguramente serán más los que en este momento habrán levantado la ceja con aire incrédulo, como preguntándose qué leches pintaba un aviador con una armadura. Obviamente, la intención era que no lo escabecharan, porque si les diera lo mismo no se las habrían puesto. Para la mayoría del personal, la imagen del aviador, ya fuese el piloto o cualquier tripulante, es la de un sonriente WASP con una chupa de cuero chulísima de la muerte, las Ray-Ban, la gorra de plato o el gorro cuartelero y, lo más importante, el transmitir una apariencia de invulnerabilidad tal que parecía que sus incursiones eran apacibles paseos en avión, llegar a la vertical del objetivo, soltar las bombas y dar media vuelta para volver a sus confortables barracones llenos de pósters de pin-up girls, botellas de bourbon y montañas de paquetes de Lucky Strike para contarse mogollón de chistes malos o leer las emocionantes y lánguidas cartas de Mary Jane, la chica más frondosa del barrio/pueblo/condado, que les producían deleitosos sueños húmedos.

B-17 tras una incursión sobre Colonia, donde además de su famosa agua
aromática le dieron estopa en cantidad. El aparato pudo volver, pero con
el bombardero convertido en comida para gatos
Sin embargo, la realidad era muy distinta. Los eficientes pilotos de caza y la devastadora potencia de fuego de las baterías antiaéreas de los tedescos perpetraban unas escabechinas bastante inquietantes, y entre los aparatos que derribaban y los que volvían hechos un colador el número de bajas entre las tripulaciones no dejaba de ser un problema. Obviamente, el porcentaje sería ridículo si lo comparamos con las que sufría la infantería, pero adiestrar a un tripulante no era lo mismo que hacer lo propio con un soldado de tierra. Más aún, lo que en apariencia es tan simple como ser artillero de un B-17 o un B-24, los principales protagonistas de los ataques aéreos yankees en Europa, conllevaba un adiestramiento bastante complejo, caro y largo. Los vemos en las pelis disparando como locos sus M-2, pero acertar a un Me-109, un Me-110 o un Fw-190, para no hablar de un Me-262, no era ni remotamente un pim-pam-pum ya que, además de revolotear alrededor de las pesadas moles que tripulaban como moscas cojoneras a más velocidad y con más agilidad, les disparaban con cañones de hasta 30 mm. extremadamente eficaces. En infinidad de ocasiones, los daños producidos eran de tal envergadura que parecía cuasi milagroso que pudieran retornar a la base de partida, y ciertamente sus pilotos eran en gran parte los artífices de la hazaña por ser capaces de mantener en vuelo aparatos medio desintegrados. 

Surtido es esquirlas de metralla que van desde las más
grandes de varios gramos de peso a las pequeñas, partículas
diminutas que, no obstante, podían hacer bastante daño en
zonas como la cara o el cuello
Los yankees, que como sabemos no entraron en guerra hasta que los honolables guelelos del mikado les dieron las del tigre en Pearl Harbor en diciembre de 1941, enviaron su poderosa fuerza aérea a la brumosa Albión (Dios maldiga a Nelson) ya que el Soberano Celestial era aliado del ciudadano Adolf y del inefable Benito, y pronto empezaron a notar los desagradables efectos de las barreras de fuego antiaéreo que había que cruzar hasta llegar a sus objetivos, aparte de las bandadas de cazas que salían a interceptarlos durante su trayecto. Pero, curiosamente, para los tripulantes podía ser más mortífero un impacto directo de una bala de 8×57 mm. de una ametralladora ligera que la explosión de un proyectil antiaéreo de 88, 105 o 128 mm. ¿Por qué? Muy sencillo. Una bala atravesaba el fuselaje de lado a lado y, de paso, al que pillase por medio. Una ráfaga de las MG-17 que armaban los Me-110 o algunas versiones del Me-109 podía barrer desde la cola hasta la cabina de un bombardero sin que sus efectos fuesen verdaderamente peligrosos para el aparato, pero a los tripulantes que alcanzase podía matarlos sin problema. Sin embargo, la explosión de un proyectil antiaéreo, que lógicamente podía derribar un avión enemigo si detonaba cerca, y por supuesto si se trataba de un impacto directo, se fragmentaba en miles de esquirlas que atravesaban el fuselaje, pero si alcanzaban a un tripulante este podía salir ileso si llevaba una protección adecuada. La metralla producida por estos proyectiles salía despedida a una velocidad de unos 1.000 m/seg., pero sus pésimas cualidades balísticas- al cabo no eran más que cachos deformes de hierro- hacían que perdiesen más de la mitad de su velocidad tras un recorrido relativamente corto, por lo que sus efectos eran menos peligrosos para un ciudadano tripulante que una bala birriosa que, además de volar más rápido, tenía una capacidad de penetración muy superior.

En fin, que en vista del panorama decidieron que era hora de estrujarse las meninges y empezar a diseñar protecciones adecuadas para que sus sonrientes muchachos pudieran volver a casa a devorar los pasteles de manzana de mummy y sobar frenéticamente a Mary Jane en el asiento trasero del Chevrolet de daddy.

Malcolm C. Grow (1887-1960)
En octubre de 1942 la 8ª Fuerza Aérea llevó a cabo un estudio que analizaba detalladamente las heridas que habían recibido los tripulantes de los B-17 y B-24 que tomaban parte en los ataques contra el enemigo en Europa. De 303 bajas no mortales, un 38% fueron causadas por metralla de los proyectiles antiaéreos, un 39% por fragmentos de proyectiles de 20 mm. tanto de artillería antiaérea como de los cañones de los cazas, un 15% de balas de ametralladoras ligeras, y un 8% por fragmentos del fuselaje o de piezas del avión que salían despedidas por los impactos de la metralla enemiga. O sea, que un elevado porcentaje de heridas habían sido producidas por esquirlas metralla de pequeño tamaño, en algunos casos hablamos de milímetros, y de fragmentos del mismo aparato. En teoría eran proyectiles poco contundentes, pero sobraban para acabar con un hombre si alcanzaban una arteria o un órgano importante. La cuestión radicaba lógicamente en reducir ese porcentaje buscando la forma de disminuir el nivel de bajas entre los tripulantes, que llegaron a Europa con la única protección del casco M1 que nunca usaban porque si llevaban puestos los auriculares, imprescindibles para comunicarse entre ellos o para usar la radio, apenas les cabía el casco en la cabeza. 

La MRC Body Armour
La iniciativa la tomó el coronel Malcolm Cummings Grow, cirujano de la 8ª Fuerza Aérea, que había seguido con interés el desarrollo de la MRC Body Armour (Armadura Corporal del Consejo de Investigación Médica) de los british, que fueron los únicos que siguieron investigando sobre ese tema tras la Gran Guerra. Esta armadura era en realidad un proyecto destinado a la infantería, por lo que primaba la ligereza y protegía lo justo para reducir en lo posible heridas mortales en el pecho y la zona abdominal. Estaba formada por tres placas de acero al manganeso de 1 mm. de grosor y levemente curvadas para adaptarse al cuerpo y que, para protegerlas de la intemperie y reducir roces, iban dentro de unas fundas de lona. La placa frontal, de 9×8 pulgadas (22'8×20'3 cm.) protegía el corazón y los pulmones; unida mediante dos correas de lona llevaba otra para la zona abdominal de 8×6 pulgadas (20'3×15'2 cm.). En la espalda estaba la tercera, de 14×4 pulgadas (35'5×10'1 cm.) que protegía los riñones, el hígado y, mediante una proyección  de 5 pulgadas (12'7 cm.) en el borde superior, una porción de la columna vertebral. En total apenas pesaba 3,5 libras (1'58 kg.) incluyendo los atalajes y las fundas de lona, llegándose a fabricar nada menos que 200.000 unidades que fueron distribuidas entre el ejército, la marina y unidades especiales. Sin embargo, prácticamente no se usó porque resultaba molesta de llevar, restaba movilidad y producía dolorosas rozaduras. En resumen, un churro de armadura. Sin embargo, sirvió como punto de partida a Grow por una razón bastante simple: la armadura británica no valía para hombres que tuvieran que moverse, pero los tripulantes de un bombardero se movían más bien poco o nada y, por otro lado, el peso era un tema secundario tanto en cuanto unos kilos extra en hombres que combatían sentados o de pie con poco sitio para moverse dentro del avión no era lo mismo que un soldado de tierra cargado hasta las trancas de armas, munición y equipo que debía correr, saltar, arrastrarse, etc. 

Chaleco M1 fabricado por la Wilkinson. Obsérvense las diferencias
con el mismo modelo fabricado en USA que aparece más abajo
Grow no perdió el tiempo y se puso en contacto con la Wilkinson Sword Co. Ltd. de Londres para que fabricaran los prototipos que había ideado y que en realidad se parecían más a una brigantina de finales de la Edad Media ya que el "flak suit" (traje antiaéreo en referencia a la flak, la artillería antiaérea alemana), como inicialmente fue denominada esta armadura, era un chaleco de lona con el interior forrado de chapas cuadradas de acero de 5 cm. de lado y 1 mm. de grosor que, a su vez, estaban recubiertas por un forro interior de algodón. En octubre de 1942, el general Spaatz, comandante de la 8ª Fuerza Aérea, aprobó la fabricación de diez unidades para pruebas, cantidad que poco después se aumentó a las necesarias para dotar a las tripulaciones de doce B-17. Los chalecos fueron entregados en marzo del año siguiente, y las pruebas resultaron enteramente satisfactorias por lo que el general Ira Eakes, que había relevado a Spaatz el mes de marzo anterior, ordenó la fabricación de chalecos para cubrir al menos el 60% de las tripulaciones de la unidad bajo su mando. Se enviaron a Estados Unidos varios de ellos para estudiar su producción en masa mientras que la Wilkinson, lógicamente con una capacidad de producción muy inferior, siguió elaborando unidades para ir saliendo del paso hasta un total de 600 chalecos. 

Aspecto de un chaleco M1 desprovisto del forro interior para mostrar las
chapas de acero solapadas. Como se vio en una entrada dedicada a las
armaduras de escamas, este efecto de solapamiento hacía que hubiese
zonas en que el grosor de la armadura se multiplicase por cuatro
Las muestras llegaron a destino en el mes de julio, siendo puestas en manos del personal del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York que, como recordaremos, tuvieron bastante protagonismo en la fabricación de multitud de prototipos de cascos y armaduras para infantería durante la Gran Guerra bajo la dirección de Bashford Dean. El Departamento de Artillería, del que dependía el desarrollo del proyecto, promovió igualmente el estudio de un prototipo de casco presentado por Grow para las tripulaciones y basado en el mismo problema que había propiciado la aparición de los chalecos: un tercio de las heridas mortales se producían en la cabeza.

El modelo inicial, denominado como "Flyer's Vest M1" (Chaleco de Aviador M1), estaba formado por dos partes construidas con un sistema similar a los chalecos fabricados por la Wilkinson, con chapas de acero Hadfield de 5×5 cm. Se unían por los hombros mediante cuatro broches, dos en cada lado, que permitían quitarse la armadura dando un simple tirón de la lengüeta roja que vemos en la foto. Dicha lengüeta separaba el cierre del cinturón que ajustaba el chaleco al cuerpo, y al mismo tiempo tiraba de dos cintas de lona que, como se puede apreciar, estaban unidas a las hombreras. Se introducían por unos ollados para impedir que se engancharan en cualquier parte. De ese modo, en caso de necesidad bastaba dar el tirón de la lengüeta para que el chaleco se dividiera en dos partes y cayera por su propio peso.

Hay que tener en cuenta que estas armaduras se vestían con el bombardero en vuelo sobre toda la impedimenta de los tripulantes, desde los trajes térmicos al paracaídas. Su peso, 17 libras y 6 onzas (7'87 kilos) no solo serían una molestia en caso de tener que saltar del avión, sino que incluso podría suponer un riesgo por el peso extra. Así pues, este sistema permitía liberarse del chaleco en un periquete por si había que salir de naja con los motores ardiendo o el piloto y el copiloto hechos puré por un impacto directo de un proyectil de la Flak. En las fotos vemos la secuencia. La de la izquierda muestra el instante en que un artillero tira de la lengüeta, y en la de la derecha vemos como el chaleco cae de inmediato, dejando al descubierto el arnés del paracaídas, el chaleco salvavidas, el tubo de oxígeno, etc. Las fotos nos dan además una imagen bastante exacta de la cantidad de chismes en los que un tripulante podía engancharse al moverse dentro del avión, motivo por el que las cintas de desenganche iban ocultas bajo el chaleco, como ya comentamos antes. 

El M1 era usado por artilleros, navegantes, operadores de radio y bombarderos ya que por su ubicación en el avión podían ser alcanzados desde cualquier ángulo. En total se fabricaron 338.780 unidades de esta armadura que, a la vista de los numerosos testimonios que se fueron recopilando, salvaron mogollón de vidas. Como complemento, especialmente para los artilleros, se diseñaron dos delantales que protegía la parte baja del abdomen, las ingles y la parte superior de los muslos. En la foto de la izquierda podemos ver el aspecto del M3, un modelo de forma triangular destinado sobre todo a los artilleros situados en torretas o posiciones de espacio reducido. Como vemos, como estaba unido al chaleco mediante tres correas con broches, y su peso era de 4 libras y 14 onzas (2'2 kilos). La foto de la derecha muestra un artillero de costado (waist gunner, artillero de cintura los llaman los yankees) en acción con el modelo M4, de forma rectangular y mayor tamaño ya que por su posición en el interior del aparato disponía de más espacio. Este delantal pesaba 7 libras y 2 onzas (3'75 kilos) por lo que, en caso de usar estos delantales en el M1, el peso total de la armadura ascendía a  10'07 y 11'62 kilos respectivamente. Hasta el final de la contienda se fabricaron un total de 142.814 unidades del M3, y 209.144 del M4. No escatimaron, las cosas como son. Además, hay que tener en cuenta que la práctica totalidad de estas armaduras fueron enviadas a Europa ya que en el Pacífico el riesgo de palmarla a causa de la artillería antiaérea japonesa era muy inferior.

Para los pilotos y copilotos se fabricó el M2, un chaleco que solo protegía la parte delantera del cuerpo ya que los asientos estaban blindados. Su aspecto era muy similar al M1 y con el mismo sistema de liberación, pero la parte trasera no estaba acorazada por lo que su peso era muy inferior, solo 7 libras y 13 onzas (3'53 kilos). Y para mejorar su protección en los bajos y partes pudendas, que no era plan de volver a casa olvidándose de los restregones con Mary Jane en el asiento trasero del Chevrolet de daddy, se fabricó la "Flyer's Groin Armor M5" (Armadura de Ingles para Aviadores M5). En la foto de la izquierda podemos ver su aspecto por la parte interna de la misma. Constaba de tres piezas separables, dos para los muslos y una central que se metía entre las piernas como si de un braguero se tratase para conservar la máquina de la testiculina en buen estado. La foto de al lado muestra a un piloto con su chaleco M2 complementado con la M5. Este aditamento pesaba 15 libras y 4 onzas (6'9 kilos), el doble que el chaleco, por lo que el peso total del conjunto ascendería a 10'44 kilos de nada. La producción de la M5 alcanzó un total de 109.901 unidades.

Artilleros de costado de un B-24. El que aparece en segundo término lleva
el chaleco M1 y el delantal M3. El otro va de inmortal por la vida y solo
lleva, al igual que su colega, el casco M3
A comienzos de 1944 ya se habían distribuido estas armaduras entre la 8ª y la 9ª Fuerza Aérea, y poco después se pudo ampliar a la 12ª y la 15ª. Ojo, no se entregaban a nivel individual, sino que cada tripulante retiraba una del almacén y la devolvía a su regreso, por lo que con los 13.500 ejemplares que se habían fabricado en los escasos meses transcurridos desde octubre del año anterior, cuando fueron declaradas como reglamentarias, había de momento para cubrir las necesidades de ambas unidades. Con todo, el Departamento de Artillería no se conformó con los buenos resultados obtenidos con la M1 y la M2 más sus respectivos complementos, sino que siguió investigando para mejorarlas, sobre todo en lo referente al peso sustituyendo el acero de los modelos iniciales por aluminio y el forro de algodón por nylon. Muchas de las pruebas que se habían llevado a cabo durante la Gran Guerra habían demostrado que, curiosamente, había tejidos que tenían una especial capacidad para "atrapar" las esquirlas de metralla e incluso proyectiles de pequeño calibre. Se pudo comprobar que una plancha de seda con un peso de 1 libra por pie cuadrado (454 gramos por 0'09 m²) ofrecía una resistencia satisfactoria a la metralla a velocidades inferiores a los 460 m/seg., o sea, una velocidad superior a la de la metralla y esquirlas procedentes de los proyectiles antiaéreos que detonasen a más de 30 metros del aparato. 

Chaleco T46. Su apariencia era la misma que la
de su predecesor de acero
Cuando se pusieron a desempolvar viejos expedientes que llevaban archivados desde 1918 recuperaron estos datos y empezaron a probar con otros materiales ya que era imposible disponer de las cantidades de seda necesaria para las armaduras (recordemos que los paracaídas debían fabricarse sí o sí con este material), encontrando que el nylon podía suplirla con bastante eficacia usando varias capas en el forro interno de los chalecos y sus accesorios. Así pues, se sustituyeron las placas de acero Hadfield por otras de una aleación de aluminio de 3×5 pulgadas (7'62×12'7 cm.) y su correspondiente forro de nylon. El fragmento de metralla podría atravesar el aluminio, pero el impacto le haría perder su velocidad de forma que sería detenido sin problema por la capa textil. Al final, y según los testimonios de los que pasaron por esa experiencia tan desagradable, el sujeto solo acusaba un golpe capaz de derribarlo e incluso dejarlo aturdido unos instantes, pero las consecuencias serían un hematoma bien gordo, acaso alguna costilla rota o, a lo sumo, una herida superficial. Eso sí, las armaduras no obraban milagros, y si lo alcanzaba un proyectil de los gordos o un fragmento de un antiaéreo detonado a escasa distancia, adiós muy buenas. No obstante, se dieron casos de tripulantes alcanzados por proyectiles de 20 mm. que, al estallar contra el chaleco, se convirtieron en miles de partículas de metralla que no llegaron a atravesarlo, sino que solo produjeron los efectos anteriormente descritos. Naturalmente, el afectado sentía algo parecido a si le hubiese atropellado un camión, pero bueno... Así, los modelos fabricados con aluminio pasaron a denominarse como T46 en lugar del M1, T55 por el delantal M3, T56 por el M4 y T57 por la armadura de ingles M5. Sus pesos se vieron obviamente reducidos de forma proporcional por la sustitución del acero por aluminio.

Bueno, ya me he enrollado bastante, así que dejamos los cascos para el siguiente artículo. Con este seguro que podrán sorprender a sus cuñados que hayan visto 18 veces "Memphis Belle" y les dejan la jeta a cuadros cuando les den detalles sobre el tema.

Hale, he dicho

Fotograma de "Memphis Belle", dirigida en 1990 por Michael Caton-Jones y en la que se recrea la vigésimo quinta y última
misión del famoso B-17. La peli, aparte de las obligadas alusiones patrioteras, familieras y demás chorraditas sentimentaloides  a las que son tan aficionados los yankees, nos permite ver con todo lujo de detalles como se desenvolvían los atribulados tripulantes dentro del aparato. De hecho, media película transcurre en el interior del mismo. En la imagen vemos a los dos artilleros de costado protegidos con sus chalecos M1 y los delantales M3. Por debajo se atisba el arnés del paracaídas. Por cierto, obsérvense los enormes cajones de madera para la munición que también se aprecia en la
foto donde vemos a un artillero flotando sobre vainas de 12'70 mm. Con estas cajas se ahorraban tener que reponer
munición en vuelo, que como está mandado se acababa cuando el malvado as nazi se abalanzaba contra uno de ellos

18 comentarios:

dani dijo...

Una cosa hay que reconocerles a los yankees, siempre han cuidado de sus soldados todo lo que han podido.
Interesantísimo artículo. Recuerdo un capítulo de una serie de TV en la que a unos aviadores del USMC destinados en el Pacífico les mandaban ponerse unos chalecos protectores, pero estos no querían porque decian que les quitaba mucha movilidad. Quizás fuera una licencia artística.

Ismael dijo...

No tenía ni la menor idea de que las tripulaciones de bombarderos hubiesen llevado armaduras corporales, el día de hoy no ha pasado en vano definitivamente.

¿A que obedecerá la práctica universalidad de las protecciones corporales hoy en el ámbito militar?, ¿será que los materiales ya permiten mejores prestaciones y/o disponibilidad? ¿cambios en las amenazas a enfrentar?, ¿cambios en la valoración de la integridad del personal?

Hablando de artilleros de bombarderos durante la Segunda Guerra Mundial, a modo de curiosidad hace poco me topé con esta curiosa película de adiestramiento en dibujos animados para estos combatientes:

https://www.youtube.com/watch?v=DWYqu1Il9Ps

CURA UT UALEAS

Amo del castillo dijo...

Hace ya bastantes años leí una curiosa anécdota que no puedo detallarle a fondo porque ya no recuerdo bien los detalles de la misma, Sr. Dani pero, grosso modo, iba de que a un mandamás tedesco le ofrecieron un pastel que habían cogido, junto a sacas de correos y demás envíos, de un avión de transporte yankee derribado. El mandamás abrió la caja del pastel y se quedó estupefacto al comprobar que aún estaba un poco caliente, o sea, que el tiempo transcurrido desde que la mummy del yankee lo había enviado hasta su llegada a destino era de una brevedad que ya quisieran los de SEUR. Terminaba la anécdota con un comentario del mandamás diciendo que en ese momento tuvo clarísimo que Alemania perdería la guerra porque un país con medios para enviar un simple pastel a un guripa con tanta premura era más de lo que ellos podían digerir. Ignoro su nivel de fiabilidad pero, en todo caso, no deja de ser una muestra de lo que vuecé comenta. Más aún, ya ve como hoy día son capaces de enviar un ataque aéreo que cuesta varios millones solo para acabar con un moro encaramado en una azotea con un AK-47 solo para que sus sonrientes muchachos puedan seguir avanzando por una calle sin tener que preocuparse de subir al edificio a neutralizar al malvado moro.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Por cierto, lo de la licencia artística es lo más probable porque, como comento en el artículo, en el teatro de operaciones del Pacífico este tipo de armaduras prácticamente no se usó

Otro saludo

Amo del castillo dijo...

Imagino, Sr. Ismael, que la universalidad de las protecciones corporales, más antiguas que la tos, obedecen simplemente al interés porque a uno no lo dejen en el sitio. Hace 2000 años te mataban de una cuchillada, y hoy día de un tiro, así que se ponen los medios para impedirlo dentro de lo posible.

En cuanto al vídeo que muestra, hay mogollón de ellos para todo tipo de adiestramientos. No deja de ser curiosa la mentalidad tan infantil de esta gente, que recurrían a dibujos animados propios de críos para explicar como matar al prójimo. Por cierto que hay uno, este con personajes reales, donde se ve que para seleccionar a los artilleros recurrían a algo tan básico como el tiro al plato. O sea, se partía de sujetos con la habilidad natural para "adelantar el disparo" aunque no hubiesen tirado al plato en sus puñeteras vidas. Y no imagina lo enjundioso del adiestramiento porque, como comento en el artículo, la gente cree que con una ametralladora se le acierta a todo y de eso nada. A ver si lo encuentro y le paso el enlace

PAX TECVM

baskerbill dijo...

Como ya sabe, casi nunca comento, pero es que casi me caigo de la silla descojonado cuando he leído lo de "Dios maldiga a Hearts". Por lo demás como siempre, impresionante.

David dijo...

Interesante entrada, desconocía que las tripulaciones de bombarderos llevasen chalecos antimetralla.
Lo de recurrir a dibujos animados de estilo infantil para enseñar a adultos tiene un buen motivo: Todo se aprende mejor cuando te causan algún tipo de emoción, seguramente ver a soldados reales y serios realizando demostraciones no sería tan efectivo para retener a largo plazo. Por ej yo aún recuerdo el vídeo de "duck and cover" que ví hace años, en el que salía una tortuga metiéndose en su caparazón ante una explosión atómica.

Amo del castillo dijo...

No es la primera vez que maldigo al famoso y taimado magnate yankee, Sr. Barkerbill. Al cabo, Hearst y sus mentiras nos costaron Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Dios lo maldiga ad secula seculorum, amén, qué carajo.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

No sabría decirle, Sr. David. He visto otras películas de adiestramiento en las que se recurría a personas de verdad y no a dibujos. En todo caso, los dibujos ciertamente provocan emociones, pero en los críos. De hecho, yo hace ya muchísimos años que dejé de ponerme triste cuando matan a la madre de Bambi.

Respecto a los chalecos de aviadores, tienen más relevancia de lo que imagina porque fueron el germen de los chalecos antifragmentación modernos. La cosa es que mucha gente confunde antifragmentación con antibalas, y son cosas distintas con una apariencia similar. Me lo apunto para largar una filípica sobre el tema un año de estos.

Un saludo y gracias por su comentario

Langsdorff dijo...

Por cierto, ¿qué se sabe de producción Hanks/Spielberg sobre la octava fuerza aérea?
Sería una miniserie tipo Band of Brothers / The Pacific. Presupuesto inicial 500 kilos. Hace tiempo que se anunció el proyecto pero luego ya no se ha sabido nada.

Saludos.

Amo del castillo dijo...

Pues ni idea, Sr. Langsdorff. Es más, ni siquiera tenía noticia de ese proyecto

Un saludo

Unknown dijo...

La escena del pastel pertenece a la película "La batalla de las Arenas" , rodada en España.

Javier dijo...

Permitate que le robe esta información tan suculenta para aliñar a mi malvado cuñado en esta tarde de domingo para que se piense el volver el próximo finde semana, no vaya a ser que le vuelva a dejar con cara de tonto con nueva información que usted publique a lo largo de esta semana, jejejeje

Amo del castillo dijo...

Ni idea, Sr. desconocido, no he visto esa peli. Supongo que tomarían el dato histórico y lo plasmarían en el guión, digo yo...

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Robe, robe, Sr. Javier, no se prive. Todo sea por humillar bonitamente a los cuñados en general y al suyo en particular.

Un saludo y no dude en ensañarse con él hasta el infinito y más allá

Motzkor dijo...

Acabo de terminar de leer lo que creo que son todos los artículos sobre armaduras en el siglo 20. Muy buen trabajo, como siempre muy instructivos y amenos.

Aunque lo he buscado expresamente puede que se me haya pasado, hay algún artículo sobre armaduras Ruso/Sovieticas? Las vi usadas en una representación sobre la batalla de Ponzan de 1945 por zapadores que entre otras cosas rodaban barriles de combustible llenos de explosivos contra las murallas para derribarlas al mas puro estilo de la batalla del Abismo de Helm. Es interesante su historia

http://sovietguns.blogspot.com/2014/01/soviet-body-armour.html?m=1

Motzkor dijo...

Por cierto leyendo sobre los chalecos construidos como brigantinas y protecciones solapadas me ha venido a mente el Dragon Suit Yankee. Aquella armadura de escamas moderna que parecía que se iba a comer el mundo pero desapareció por una razón tan facil de solucionar como que el aglutinante de los discos de cerámica no envegecia bien
Podían haber usado otro tipo de fijadores, colas u otros tipos de cerámicas ya testadas y en el mercado.
Alguien sabe algo sobre la verdadera razón del fracaso?
Un saludo y sigue así!

Amo del castillo dijo...

Ya indagaré, Sr. Motzkor

Un saludo