lunes, 23 de diciembre de 2019

Curiosidades: el sable Patton


Varios soldados de caballería mostrando sus espadas modelo 1913. La foto nos permite apreciar el generoso tamaño del
arma, así como su nada despreciable longitud

El teniente Patton en sus comienzos
Dilectos lectores, otro año que se va al carajo. Parece que fue ayer cuando exclamé esa misma frase pero, como digo siempre, el tiempo es el enemigo inexorable del hombre y, a medida que pasan los años, corre a más velocidad, maldita sea mi estampa. Bueno, cuestiones temporales aparte, ya sabemos que estas espeluznantes fechas navideñas se prestan para que los cuñados y demás familia política se nos incrusten en el sacrosanto hogar para arrasar con la despensa y la bodega, así que conviene tener material preparado para lograr que se les atragante el mazapán que devoran con fruición o, mejor aún, les de un chungo por una repentina subida de tensión y se los tengan que llevar a urgencias echando leches antes de que les estalle una arteria de sus mínimas seseras. Para lograrlo, nada como el tema de hoy: el sable de Patton. Sí, el Patton de siempre, el arrogante, despótico, belicoso, a veces estrafalario y con aires de mariscal prusiano George Smith Patton Jr. que, aunque pueda resultarnos extraño, fue el que diseñó la última espada reglamentaria para la caballería yankee, o sea, algo así como el Puerto-Seguro a la americana.

El cadete Patton en el año de su graduación
Generalmente, es mucho más conocida la vida de este sujeto durante su intervención en la 2ª Guerra Mundial, donde se dedicó a pelearse con todo bicho viviente incluyendo aliados y colegas y a odiar a Montgomery como si fuera cuñado en primer grado, pero de sus andanzas durante su estancia en la academia de West Point y sus primeros pasos en la milicia ya no estamos tan versados a pesar de que, aunque no nos suene de nada, el furibundo George ya destacaba por aquellos tiempos. Obviamente no vamos a detallar pelos y señales su vida, de la que hay información sobrada en la red, sino solo de los hechos que lo llevaron a diseñar la espada modelo 1913 y a cambiar de cabo a rabo todos los conceptos teóricos u prácticos sobre el empleo táctico de la caballería y su arma reglamentaria del ejército yankee. Bueno, al grano...


Sable modelo 1860
En los albores del siglo XX, los mandamases del ejército decidieron que ya iba siendo hora de ir buscando un sustituto a su viejo sable modelo 1860 con el que habían hecho la guerra civil y masacrado mogollón de probos indígenas desuella-cráneos. En 1906 se aprobó un modelo que, básicamente, era igual al anterior con la diferencia de que las guarniciones eran de acero en vez de bronce. Los yankees habían preferido desde siempre el sable a la espada a pesar de que, como pudimos ver en las entradas dedicadas a la espada de caballería de línea, estas últimas eran mucho más eficaces a la hora de escabechar enemigos. Quizás porque durante su guerra particular con los malvados rebeldes esclavistas del sur la caballería no llegó a ser un arma decisiva y, del mismo modo, porque contra los indios era absurdo lanzar una carga ya que eran más contundentes las armas de fuego, el caso es que no contemplaban las tropas a caballo como en Europa, donde las unidades de caballería de línea resultaban devastadoras a la hora de romper las filas enemigas con sus cargas estribo contra estribo y armados con grandes espadas. Porque hay que tener en cuenta un detalle: el jinete que empuña un sable necesita espacio para golpear, lo que impide cargar en orden muy cerrado. De ahí que fuese el arma empleada por húsares y caballería ligera en general, cuyo uso táctico habitual era la exploración, como escaramuceros o para perseguir al enemigo en fuga. 

El francés Mas Latrie (izda.) enfrentándose a Patton (dcha.) en las
Olimpiadas de Estocolmo
Bien, ese era el panorama en USA en aquel momento. Y mientras tanto, el inefable George se graduó en West Point en 1909 como 2º teniente de caballería. No fue un cadete especialmente brillante ya que alcanzó el puesto 46 de 103, pero lo que le faltaba de enjundia le sobraba de ímpetu. Su primer destino fue el 15º Rgto. de Caballería, acantonado en Fort Sheridan, en Illinois. Nuestro hombre no solo era belicoso y tal, sino un consumado deportista y un apasionado tirador de esgrima, afición que le venía de crío por su pasión por las armas blancas, así como de armas cortas y largas. Tanto era así que fue el primer militar yankee que tomó parte en unas Olimpiadas, concretamente las celebradas en Estocolmo en 1912 en la modalidad de penthatlon moderno, una competición que abarcaba cinco disciplinas: tiro con pistola a 25 metros, esgrima, natación en una distancia de 300 metros a estilo libre, carrera de caballos en 800 metros y una carrera de 4 km. campo a través. Quedó en 5ª posición de 42 participantes si bien logró el tercer lugar en esgrima al imponerse a un gabacho que en aquel momento era campeón del mundo. Como vemos, a George se le daba bien el tema de las espadas. Si no hubiera sido por su polémica actuación en la disciplina de tiro al blanco (usó un revólver del .38 en vez del .22 y perdió puntos que se colaron por el mismo agujero), donde quedó en el 21º puesto, habría vuelto al terruño con alguna medallita para enaltecer aún más su ego.

El teniente Patton, convertido de la noche a la mañana en
el cerebro gris de la caballería norteamericana
Tras su periplo olímpico decidió que lo aprendido en la academia estaba ya más trasnochado que Drácula, así que se propuso aprender a fondo las teorías europeas acerca del uso de la espada/sable de caballería aprovechando que en Estocolmo había conocido a los mejores espadachines del mundo. Así pues, aprovechando el viaje, conoció al sargento mayor Charles Cléry, maestro de armas e instructor de esgrima de la Escuela de Caballería de Saumur, en Francia, con el que pasó dos semanas ilustrándose a base de bien. Los yankees, fieles seguidores en tantas cosas de sus antiguos paisanos británicos (Dios maldiga a Nelson), habían adoptado desde siempre sus conceptos militares, y uno de ellos era el uso del sable en la caballería, o sea, un arma para herir de filo. Sin embargo, las enseñanzas de Cléry fueron totalmente reveladoras para nuestro hombre, y asumiendo que la caballería gabacha era la mejor del momento había tomado buena nota de cómo ya en su día el enano corso (Dios lo maldiga cienes y cienes de veces) había sido siempre un denodado defensor de la espada. Tenía claro que un sablazo mataba poco, pero una estocada medianamente bien colocada era fatal de necesidad, y al decir medianamente bien entiéndase una cuchillada en cualquier sitio del tronco ya que interesaría el corazón, los pulmones, el hígado o el estómago, todos puntos vitales aunque los efectos tardasen un poco más o menos en hacerse notar. El mismo enano insistía a sus jinetes en que no perdiesen el tiempo cortando, sino que diesen estocadas. 

Postal coloreada que muestra una unidad de caballería en Fort Riley
De vuelta en el terruño es destinado a Fort Myer, y Patton trajo la lección tan bien aprendida que en enero de 1913 publicó de forma anónima un sesudo artículo en el Army and Naval Journal, la revista de defensa más influyente en los Estados Unidos por aquel tiempo. El artículo, titulado "El uso de la punta en el manejo de la espada" llamó rápidamente la atención de los mandamases, y sus razonamientos eran lo bastante sólidos como para que se plantearan tener en consideración las opiniones de un joven teniente, cosa rara, por no decir excepcional, en cualquier ejército. Incluso tuvo la oportunidad de exponer sus tesis ante la Junta de Jefes de Estado Mayor con una espada de coracero gabacho que había adquirido en París y que, por lo que se ve, causó una profunda impresión en el personal. De hecho, en junio de aquel mismo año se le autorizó a volver a Saumur para perfeccionarse en la teoría y la práctica del manejo de la espada de caballería con Cléry. A su vuelta a finales de septiembre fue destinado a Fort Riley, en Kansas, donde se tenía previsto iniciar un curso de seis meses para ilustrar a un suboficial de cada regimiento en las nuevas técnicas tras ser nombrado "Master of the Sword" (Maestro de la Espada).

Dos guripas aprendiendo los rudimentos de la esgrima con sus espadas
modelo 1913
Básicamente, las teorías de Patton podían resumirse en que un jinete armado con un sable no podía aprovechar la velocidad del caballo como parte del poder ofensivo del conjunto animal-soldado. Para golpear con el sable había que frenar, el golpe era predecible y podía ser detenido o desviado por el soldado, y en caso de enfrentarse a otro jinete armado con una espada, tenía todas las de perder porque, mientras el del sable perdía tiempo en preparar y descargar el tajo, su enemigo lo habría pasado de lado a lado con un simple movimiento estirando el brazo. Por otro lado, el jinete armado con espada podía ofender al enemigo a más distancia. Solo era necesario que se inclinase hacia adelante siguiendo la línea del cuello del caballo con el brazo estirado y la mano girada de forma que el dorso quedase mirando hacia arriba, quedando de esa forma protegida por la cazoleta ante los golpes y bayonetazos del enemigo. La espada debía quedar situada a la altura de las orejas del caballo para que, caso de ser atacado por el lado izquierdo, poder cambiar de posición rápidamente. Pero tras todo el tocho de teoría, que incluía formas de defenderse de enemigos situados en cualquier posición incluyendo la espalda, la doctrina de Patton se resumía en una frase: "Cabalga contra un hombre para matarlo, y si fallas pasa a otro moviéndote en línea recta con la intención de atravesar a tu oponente". O sea, avanzar sin desviarse ni enzarzarse a sablazos para acabar con un enemigo mientras sus colegas te rodeaban y te cosían a bayonetazos o te volaban los sesos sin más historias. 

Bien, así fue grosso modo como se gestó la adopción del modelo propuesto por Patton que, todo hay que decirlo, era un arma soberbia y muy bien concebida. Veámosla con detalle:


El largo total del arma era de 105,4 cm., de los que 89,5 corresponden a la hoja de doble filo, y su peso alcanzaba los 1.247 gramos. Como podemos apreciar, una larga acanaladura la recorre desde el recazo hasta 12 cm. antes de la punta. El ancho máximo es de 3 cm. y el espesor de 7,6 mm. En la unión con la cazoleta lleva un guardapolvo de cuero. Puede que algunos se pregunten qué sentido tenía fabricar una hoja de doble filo si estaba destinada a herir de punta. Había dos razones: una, para que siempre quedase la opción, caso de no quedar otro remedio, de poder herir de filo. La otra, más importante, para extraerla con más facilidad del cuerpo del enemigo. Había yankees, como pasa en todas partes, a los que las innovaciones les producían sarpullidos, y alguno que otro argüía que, en el momento de clavar, el encontronazo podía partir la muñeca o dislocar el hombro del jinete por no tener tiempo de extraer la hoja debido a la velocidad del caballo. Patton refutaba esa teoría alegando que el herido caería como un pelele, no solo por la herida, sino por el enorme empuje que suponía la punta de una espada con la energía cinética imprimida por caballo y jinete, por lo que bastaba tirar de ella a medida que avanzaba. No obstante, y para mayor seguridad e impedir que la hoja quedara trabajada, el filo y la mitad superior del contrafilo estaban afilados de verdad. O sea, que si te metían esa cosa por el pecho te seccionaba todo lo que pillara a su paso. Veamos la empuñadura...


Estaba formada por una cazoleta de acero de generosas dimensiones y provista de tres acanaladuras. Su grosor era de 1 mm. El lomo, que podemos verlo desmontado en la parte superior izquierda, era una pieza de acero cuadrillado donde se fijaba la hoja y la cazoleta mediante un tornillo. En un extremo podemos ver un óvalo destinado a apoyar el pulgar. Las cachas estaban fabricadas de caucho endurecido negro cuadrillado a razón de 13 rayas por pulgada, y se fijaban mediante dos tornillos pasantes. La forma bulbosa del extremo de la empuñadura facilitaba el agarre, equilibraba el arma e impedía que saliese despedida de la mano al clavar. Por último, alrededor del lomo podemos ver el fiador, una tira de cuero corrediza con dos trabillas del mismo material para ajustarla a la muñeca del jinete. Veamos a continuación las vainas...

La figura A muestra la versión de acero niquelado fabricada para oficiales y movidas castrenses donde había que salir guapos en la foto. La figura B es el modelo convencional del que se fabricaron tres versiones similares. Estaban hechas con madera de nogal tratada con aceite y albayalde, forrada con una capa de cuero y una más de lona impermeabilizada de color caqui o verde de tejido tubular para que no precisase de costura. Como vemos en ambos modelos, están provistas de un brocal- más grande en el modelo de tropa- y una contera, en ambos casos pavonados. Además, esta vaina podía usarse como mástil para las tiendas de campaña. Las figuras C1 y C2 presentan el aspecto del anverso y el reverso de la vaina provista de su atalaje para colgarla de la silla. El largo tirante que vemos fijado en el centro era para graduar la inclinación de la misma. Recordemos que los yankees, contrariamente a lo habitual en los ejércitos europeos, no llevaban la espada pendiendo de la parte trasera izquierda de la silla, sino cruzada bajo la pierna del jinete, en este caso la derecha en vez de la izquierda. Con dicho tirante la ajustaban hasta darle el grado de inclinación deseado. Por último, en la figura D vemos otra versión provista de una funda con una piqueta destinada a clavarla en el suelo para inmovilizar al caballo. Como accesorio disponían de una pequeña hoja de pala que usaba como mango dicha piqueta.

En la foto de la izquierda podemos ver a un penco militar con la silla, arreos y la espada tal como se ha explicado. No parece que fuese un sitio especialmente cómodo para desenvainar una espada de semejante tamaño y, por otro lado, me ha sido imposible localizar ningún dato o foto del lado opuesto de la silla que permitiera saber qué era lo que llevaba a la izquierda, aunque intuyo que, al igual que en el caso de los coraceros gabachos de principios del siglo XX, dejaban ese lado reservado a la carabina. Sea como fuere, en esa posición el jinete tendría que auparse sobre los estribos para poder sacar hacia adelante una hoja de casi 90 cm. de largo.

La espada resultó tan convincente que se ordenó a la Springfield Armory la fabricación de la misma, produciéndose entre 1913 y 1918 35.000 unidades. Las marcas de esta serie inicial podemos verlas en la foto de la derecha. En primer lugar vemos en el recazo las siglas del fabricante, S A flanqueando la bomba llameante del arma de artillería. Debajo aparece el año de fabricación. En la otra cara se punzonaba el emblema de los United States y el número de serie. Posteriormente y a raíz de la entrada en guerra de los yankees, entre 1918 y 1919, se encargaron otras 93.000 espadas a la firma Landers, Frary y Clark, que fueron marcados con las letras L F C y las fechas de 1918 o 1919, pero sin número de serie. Recordemos que en tiempo de guerra era habitual no dar pistas al enemigo sobre el origen, cantidad o fabricante del equipo militar.

En 1914, Patton redactó un pequeño manual de apenas 20 páginas titulado "Sabre Exercise" (Ejercicios con sable), donde aparecía un breve pero intenso programa de adiestramiento para la tropa en el que se instruía al personal en el manejo de la espada, tanto a pie como a caballo. Este manual fue reeditado varias veces e incluye incluso un modelo de maniquí para aprender a acuchillar con propiedad a los enemigos. El monigote tenía un cilindro de arpillera de unos 25 cm. de diámetro por 50 cm. de alto con una bolsa de arena colocada en el interior de unos 20 kilos de peso para que oscilara pero no volcara con las estocadas. El cilindro estaba relleno de paja bien prensada, y para fijarlo al suelo se aseguraba el soporte mediante piquetas. Aunque parezca fácil, lograr acertar en un blanco de ese tamaño aupado en un caballo lanzado a galope tendido requería de muchas horas de entrenamiento.

Por último, aquel mismo año y en respuesta a una solicitud de la Junta de Caballería, Patton propuso crear una prueba a modo de examen práctico para obtener una insignia que señalaba a los hombres especialmente diestros. Obviamente, esto no era más que un acicate para estimular al personal, que eso de lucir quincallería en la guerrera siempre ha gustado a los militares y emociona mucho a las señoritas en edad de merecer en los actos de sociedad. La prueba consistía en atacar diez monigotes satisfactoriamente y saltar un obstáculo de 5 pies de altura (152 cm) en un determinado tiempo. Solo los dos mejores clasificados de cada unidad podían obtener la anhelada chapa que los certificaba como matarifes de primera clase y la prueba solo se celebraba una vez al año, así que el personal se moría de ganas por pasarla exitosamente para lucir la dichosa chapa que, como vemos, está formada por una espada sobre la palabra swordsman (espadachín).

Sin embargo, y a pesar del interés mostrado por todos en general y por Patton en particular, su estupenda espada jamás llegó a entrar en acción. Durante sus conflictos con Méjico no hubo ocasión de propiciar alguna carga para darle un estreno adecuado, y cuando se largaron a la vieja Europa se encontraron con que las espadas ya solo valían para cortar boniatos. Las ametralladoras y la artillería se habían hecho las dueñas del campo de batalla hacia ya tres largos años. Y mientras tanto, más de 125.000 espadas empezaban a enmohecerse en las maestranzas militares hasta que en 1942 fueron declaradas obsoletas y dadas definitivamente de baja salvo contados ejemplares destinados a paradas y demás movidas castrenses. ¿Que qué fue de ellas? El destino que tuvieron no pudo ser más triste: sus hojas fueron troceadas para aprovechar el acero y fabricar cuchillos de combate como el que vemos en la foto, obtenido de un ejemplar fabricado por la Springfield Armory en 1918. Se fabricaron miles y miles de estos cuchillos con las formas más varipopintas que, como no podía ser menos, también son codiciados objetos de colección hoy día.

Patton durante la expedición punitiva
contra Pancho Villa en 1916. Se quedó
con las ganas de ver su espada en acción
Como colofón añadir solo que en 1916 la Junta de Caballería propuso a Patton fabricar una variante de su espada con la hoja curva. El colérico George se puso hecho una fiera y mandó un informe de seis páginas a doble cara echando sapos y culebras, así que la hipotética modificación quedó en agua de borrajas. El hombre se quedó con las ganas de ver a su criatura chorreando sangre por las acanaladuras, por lo que cabe suponer que nació con unos cien años de retraso porque se lo habría pasado pipa en Eylau o algún matadero similar.

Bueno, no creo que se me haya olvidado nada especialmente importante, así que vale por hoy. Que les sea leve y escondan bien las llaves de la despensa.

18 comentarios:

FURTIVO dijo...

La expresion correcta no es cerebro gris, sino eminencia gris, apelativo con el que se conocia al Padre José, consejero en la sombra el Cardenal Richelieu.
No es necesario que publique ésto.
Sólo es una aclaración.

Amo del castillo dijo...

Lo sé, Sr. Furtivo, pero es una de esas expresiones chorras que me gusta emplear. Total, el cerebro es grisáceo, dicen, pero tenerlo no implica ser ninguna eminencia. En cualquier caso, le agradezco su interés por avisar.

Un saludo

Rafa Baeza dijo...

Saludos, Sr. Amo del Castillo

Muy interesante esta entrada. Cuando habla de armas blancas, lo borda.

Una pregunta, ¿esta espada tiene algo que ver con las espadas roperas?

Amo del castillo dijo...

Nada, Sr. Rafa. En lo único que se parecen es que ambas estaban concebidas para herir de punta. Sírvase bichear este enlace y vuecé mismo podrá sacar sus propias conclusiones.

https://amodelcastillo.blogspot.com/2012/12/la-espada-ropera.html


Un saludo y gracias por su comentario

dani dijo...

Magnífico artículo. De Patton siempre se ha dicho que tenía magníficos padrinos allí donde iba. ¿No hubo algo de esto en este caso? Porque parece un poco raro que a un mero teniente le hicieran tanto caso.
Había una película sobre la expedición punitiva en la que los yankees atacaban un rancho en el que estaban unos villistas. Y lo atacaban dando una carga de caballería, pero usando sus colts 1911. Me imagino que fue una licencia histórica.

JorgeL dijo...

Por cierto, el pentatlón moderno fue ganado por Jim Thorpe, un deportista norteamericano de ascendecia india que fue la gran figura de esos juegos. Otro personaje famoso le debe en parte su carrera a Thorpe, ya que en un juego de fútbol una jugada defensiva de este le produjo una dislocación de rodilla a Eisenhower, que destacaba hasta entonces por sus habilidades deportivas, lo cual lo obligó a centrarse en lo militar en vez de seguir una carrera deportiva como tenia pensado. Llegó a ser general de cinco estrellas y presidente de los Estados Unidos.... y toda su vida siguió admirando a Thorpe.

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, Patton estaba bien relacionado por su posición social aparte de que ya sabe que los yankees le dan mucho bombo a los que destacan en algún deporte, aunque sea el sillónball. Quiero recordar la peli esa que menciona pero, aunque no ando muy puesto en lo de Villa y tal, no sería raro que usaran las pistolas. Contra tropas armadas con fusiles de repetición no servía ya de gran cosa hacer uso de la espada o, en este caso, el sable.

Un saludo

Lan dijo...

La película de la carga creo que es Llegaron a Cordura , sucede al comienzo. Con Cary Cooper y Rita hayworth.
Gracias por el blog.
Un saludo

Amo del castillo dijo...

Muy curiosa su aportación, Sr. Jorge. Lo que es el destino...

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Así es, Sr. Lan. He bicheado en mi filmoteca y es en esa peli donde sale la carga con pistolas. Pero es una licencia de lo más licenciosa, porque cargar contra una fuerza enemiga parapetada en un edificio es, no solo suicida, sino totalmente inservible. En fin, ya sabemos que el cine no se distingue por su rigor.

Un saludo y gracias por su aportación

Josemi dijo...

Muy curioso esto de Patton, sabia que habia participado en unos juegos olimpicos pero habia oido que como esgrimista.

Ojo, amigo Jorge. En aquella epoca habia 2 tipos de pentatlon. Por un lado, habia un pentatlon clasico, que pretendia ser similar al de la antigua grecia, y que consistia en correr, saltar, lanzar javalina y disco, es decir, cosas atleticas. Tambien ya existia el decatlon mas o menos como ahora. Jim Thorpe gano las 2 cosas, que eran similares.

Por otro lado, habia un pentatlon moderno, inventado por el propio Baron de Coubertain, que pretendia reunir la cualidades militares del siglo XIX: tirar con pistola y espada, cabalgar, nadar y correr. Este es el deporte en que participo Patton.

El pentatlon clasico no duró mucho en el programa de los juegos, ya que era redundante con el decatlon. El pentatlon moderno es un deporte que sigue todavia. A los organizadores de juegos olimpicos les encantaria cargarselo, ya q es un deporte sin popularidad y que no aporta ingresos pero si muchos problemas logísticos. Pero se topan con la "larga tradicion olimpica" y con que lo invento el propio Baron Coubertain.

Amo del castillo dijo...

Gracias por su aportación, Sr. Josemi

Un saludo

Draugkarak dijo...

Sin lugar a dudas un arma preciosa. Supongo que debe ser bastante difícil de conseguir a este lado del Atlántico.

Curiosa la historia de la participación de Patton en las Olimpiadas; conocía la anécdota de la prueba de tiro, pero desconocía que hubiese vencido en esgrima al campeón del mundo de ese momento. Un personaje muy peculiar Patton.

Aunque más peculiar me ha parecido Jim Thorpe, el cual desconocía completamente, y al que rápidamente he asociado con el personaje de ficción Flash Gordon...he estado curioseando por internet pero no he encontrado referencia en el que se haga mención a una posible inspiración del personaje de ficción en la persona real. Triste historia la suya para una persona tan brillante deportivamente y que alcanzó tales logros...quizás si hubiese sido un WASP, hubiese tenido otro desenlace más feliz.

Amo del castillo dijo...

Ya sabemos que los "líderes del mundo libre" son tan asquerosos como para usar a un negro o un indio para que les gane medallas y luego no les dejaban mear en los retretes de blancos, Sr.Draugkarak pero, ¿qué se puede esperar de un anglosajón, salvo arrogancia y despotismo?

Pereruizdesantillana dijo...

Ya que esta es la última entrada que dedicó a hablar sobre sables espero que no le moleste que le exponga en ella una duda acerca de un sable en concreto que,aunque no es el tratado en su artículo, confío en que pueda y tenga a bién resolver dados sus más que evidentes conocimientos acerca de estos temas.

Recientemente, durante el trascurso de la limpieza de una pequeña casilla en una finca de mi familia, hallé entre cachivaches y desperdicios varios un antiguo y deteriorado
sable. Tras buscar por la web información a cerca de aquella arma, descubrí que se trataba de un sable de oficial de infantería prusiano modelo 1890. El problema reside en que el pomo del sable que encontré en la finca parece como de plástico y, al estar este partido se puede apreciar que está hueco también. Así pues ¿es posible que utilizaran ya a finales del siglo XIX este material para hacer armas? porque a mi se me antoja algo chapucero y de mala calidad. No es un plástico como el que podemos encontrar en cualquier juguetillo del chino, sino algo de mayor calidad y robustez pero me hace pensar que se podía tratar de una falsificación o algo por el estilo. Disculpe las molestias.

Le adjunto algunas imágenes del hallazgo por si tiene a bién echarle un ojo:

https://photos.app.goo.gl/YoSm45uhUDqn1or59

https://photos.app.goo.gl/Ju4dmn6wJ3GC5FbP8

https://photos.app.goo.gl/8e4YrRxxgNM5i2t89

Amo del castillo dijo...

Obviamente, los plásticos estaban por inventar, o sea, que deseche esa idea, Sr. Perezruiz, aparte de que el plástico no se oxida. Tampoco le extrañe que el pomo sea hueco ya que se trata de una pieza de fundición fabricada así para que las cachas pudieran quedar embutidas en el mismo. Por cierto, el modelo es del año 1889, no 1890, y fue reglamentario hasta 1918. Solo hay una cosa que no me cuadra:

Las guarniciones eran de latón, y las de su sable son obviamente de hierro a la vista del óxido que presenta. Tampoco puede ser de calamina porque esta no se oxida. Al parecer, se fabricaron sables con los escudos de otros estados alemanes cuyas guarniciones sí eran de hierro, pero el suyo en concreto muestra el águila prusiana y en las cachas el anagrama con las iniciales W II de Guillermo II, y ese modelo era de latón. De hecho, el anagrama de las cachas sí es de latón.

En fin, si tiene un imán a mano compruebe si, en efecto, las guarniciones son de hierro. Por cierto, el último que lo envainó lo hizo al revés. El escudo de la guarnición debe quedar hacia fuera, y la anilla cuadrada de la vaina para el fiador hacia dentro. Una pena que haya llegado a ese estado de degradación, es una bonita pieza. Sea como fuere, si su duda es solo lo del pomo hueco, ciertamente estaba fabricado así independientemente del material que usaran.

Por lo demás, no se corte a la hora de preguntar lo que quiera. Si está en mi mano solventarle cualquier duda ya sabe que no me supone ningún inconveniente.

Un saludo

Pereruizdesantillana dijo...

Muchas gracias por su respuesta, señor amo. Su sabiduría nunca defrauda. Efectivamente, tras realizar la prueba del imán, ha quedado claro que las guarniciones son de hierro. Navegando por internet he encontrado otro ejemplar que, hasta donde he llegado a ver, es idéntico al mío:

https://articulo.mercadolibre.cl/MLC-496273424-antique-espada-prusianaoficial-de-infanteriamodelo-1889-_JM

Amo del castillo dijo...

Me da la impresión de que esos ejemplares de hierro debieron ser producidos al final de su vida operativa. El hierro es más barato que el latón y, por lo que se ve, ni se molestaban en pavonarlo, sino que pintaban las guarniciones o, al menos, así parece en otra foto que vi durante mi búsqueda anterior. Tampoco presenta el forrado de lija de la empuñadura, que imagino suprimirían para abaratar aún más así que no sería raro que fuesen sables fabricados durante la Gran Guerra. La cosa sería saber cómo leches ha ido a parar ese sable a su finca familiar. Prusia queda un poco lejos, digo yo...

Un saludo