lunes, 18 de julio de 2011

Armamento medieval: Anexo a la daga. Partes de la hoja

Mea culpa. A veces no me doy cuenta y uso terminología que a muchos les suena a chino. Así pues, ahí planto un croquis con las diferentes partes de la hoja, así como sus diversas formas.


A: Espiga. Es la parte que va embutida en la empuñadura. Para fijarla a la misma se remachaba su extremo una vez que salía a través del pomo.
B: Recazo. Es la parte de la hoja que queda sin vaciar.
C: Mesa. Una hoja podía estar vaciada a una, dos, tres o incluso más mesas. Lo habitual en armas de un solo filo era vaciarlas a una mesa, como se ve en la hoja de la izquierda, similar a la de un simple cuchillo de cocina. Si era de doble filo, lo habitual era a dos mesas, como se ve en la segunda hoja empezando por la izquierda. Pero también podían ser vaciadas a tres mesas, como vemos en la hoja siguiente, o incluso a más.
D: Lomo. El lomo solo lo tendremos en hojas vaciadas a una mesa.
E: Estaba en Babia y me he saltado la E.
F: Contrafilo. En las hojas vaciadas a una mesa y, por ello, dotadas de un solo filo, era habitual afilar una porción del lomo desde la punta hacia atrás, generalmente un tercio del mismo a fin de facilitar el clavado.
G: Vaceo. El vaceo era una o varias acanaladuras destinadas a aligerar de peso la hoja, así como hacerlas estructuralmente más resistentes. Surgieron a partir del siglo XVII, con la aparición de las espadas roperas. Eso de que los vaceos era para que entrase aire en la herida y provocar una gangrena terrible es una chorrada muy extendida, especialmente los que, como yo, hicimos la mili y mirábamos las pavorosas acanaladuras de la bayoneta del CETME. Nada de aires y nada de gangrenas. ¿Acaso hacen el vacío en un quirófano cuando te abren en canal para hacerte una operación? Y la gangrena no la produce el aire, sino que es un proceso infeccioso producido por la falta de asepsia en la herida.

Bueno, supongo que con estas breves explicaciones quedarán más claros ciertos términos. Y si alguien no se aclara, que no se corte y lo diga, que nadie nace sabiendo. He dicho.


Cine histórico: GLADIATOR

Causó sensación en su día esta película dirigida en el año 2000 por Ridley Scott. Doce nominaciones a los premios Oscar, de los que ganó cinco, entre ellos el de mejor película, pasta gansa de recaudación y un mito para los amantes del cine peplum, hasta el extremo de que los frikis de turno hicieron que los fabricantes de réplicas de yelmos y cosas así pusieran a la venta el extraño casco que usa el protagonista en sus combates en el anfiteatro. A ello, unir todo el merchandising al que dio lugar en forma de videojuegos, muñequitos para el nene, etc., etc., etc...
Ridley Scott, al menos en las pelis que le he visto, suele ser muy dado a cuidar con gran detalle la ambientación histórica. Quizás su mejor trabajo en ese sentido, a mi modo de ver, fue Los duelistas, una película de 1977 basada en una novela de Joseph Conrad que, bajo mi punto de vista, tiene los duelos a espada más realistas que se han filmado jamás, muy lejos de esas vistosas y enrevesadas coreografías sobre esgrima que la industria de Hollywood nos ha regalado durante décadas.

Sin embargo, en Gladiator, o sus asesores históricos estaban en Babia, o se rindió al vil mercantilismo de siempre, cosa que tampoco entiendo porque, respetando la historia real, se podía establecer una buena trama, aun contando con personajes ficticios. No voy a hacer una sinópsis de la película porque ya nos la sabemos todos de memoria, así que al grano, que tiene mogollón de errores de todo tipo. Empecemos por los históricos, si bien no mencionaré como es lógico a los ficticios, como el mismo protagonista, ya que Máximo Décimo Meridio no existió jamás. Bueno, vamos a ello...

Incorrecciones históricas:

El emperador Marco Aurelio muere en Germania a manos de su hijo, Cómodo. Falso. Marco Aurelio murió en Vindobona, la actual Viena, en el año 180 d.C. posiblemente de fiebres tifoideas o viruela mientras realizaba los preparativos para llevar a cabo una invasión hacia el este del imperio, en la zona que actualmente correspondería a la actual Chequia más o menos.
Cómodo, heredero del imperio, muere en el Coliseo a manos de Máximo. Más falso aún. Se sabe que Cómodo era muy aficionado a los ludii gladiatori, y que incluso llegó a participar en numerosos combates, obviamente trucados. Pero Cómodo, que en lo que sí coincide con la película es en que estaba como un cencerro y tenía muy mala leche, murió en Roma en 192, cuando contaba 31 años de edad, como consecuencia de una conspiración. Fue envenenado por su propia amante, Marcia, pero pudo vomitar el veneno a tiempo. Lo remató uno de sus libertos, un tal Narciso, que lo estranguló mientras se bañaba. Por cierto que, según los bustos que se conservan de su persona, guardaba bastante parecido con su padre y, al igual que él, usaba barba. O sea, no corresponde al personaje lampiño de la película
Lucila, la hermana de Cómodo, es una atractiva viuda enamoradilla de Máximo. También falso. Annia Aurelia Galeria Lucila, viuda de Lucio Vero y de Claudio Pompeyano (enviudó por dos veces), murió diez años antes que su hermano, en 182, en la isla de Capri, donde había sido desterrada por haber participado en varias conspiraciones contra él. Fue asesinada por orden de Cómodo. Por cierto que tampoco era la virtuosa matrona romana que muestra la película sino una mujer bastante dada a los vicios y las depravaciones sexuales.
El senador Graco, interpretado por Derek Jacobi, se pone al frente de la conspiración contra Cómodo. Va a ser que no, que todos los senadores de la familia de los Gracos fueron personajes notables un siglo antes, pero no hubo ningún senador Graco en esa época.



Incorrecciones de ambientación:

La testera del caballo de Máximo. Monumental error. Los romanos no usaron nunca ese accesorio, aparecido a finales de la Edad Media.
En la batalla inicial, el ejército romano dispara contra el enemigo con onagros y balistas. Falso. Las máquinas que aparecen eran usadas en los asedios. En las batallas campales, el ejército romano se ceñía a su tradicional orden táctico, en el que la infantería llevaba el peso del combate con el apoyo de la caballería y de las tropas auxiliares. Eso sí, queda muy molón eso de las vasijas llenas de brea chocando con los árboles y esparciendo fuego a su alrededor. No voy a entrar en los errores de la disposición táctica de las tropas, porque eso sería rizar el rizo por parte de los que hicieron la peli y, salvo cuatro pirados obsesivos como yo, dudo que nadie se haya percatado.
El armamento de los legionarios es muy correcto salvo, incomprensiblemente, en el yelmo que usan. Es un error que nunca he entendido como cometieron. Ahí pongo dos imágenes de las galeas usadas por la infantería (izquierda) y la caballería romanas (centro) en esa época. Las diferencias básicas entre uno y otro es que, como se ve, las yugulares del de caballería cubrían las orejas, y que carecía de la nervadura frontal de protección. El que aparece en la película, a la derecha, es enteramente falso. Aparte de eso, la caballería no usaba la lorica segmentata de la infantería, como aparece en la película, sino la lorica hamata, o sea, una cota de malla, menos rígida que la primera y más adecuada para montar y combatir a caballo. Añadir que la espada usada no eran tampoco el gladius hispaniensis de la infantería, sino la spatha, de morfología similar pero con la hoja más larga.


Las sillas de montar, el eterno gazapo. No sé por qué a estas alturas aún siguen usando sillas actuales, si bien las cubren para que no den mucho cante. La silla romana era muy peculiar. En vez de los típicos arzones, disponía de cuatro perillas, dos delante y dos detrás, situadas a los lados a fin de favorecer la sujección del jinete con las piernas, ya que carecían de estribos.
Y la sempiterna capa, que no falte. Aunque en esta película la tropa va sin la típica capita roja, el mismo Máximo lleva una hecha con pieles. Jamás usaban capas para combatir por razones obvias. Cualquier enemigo podía tirar de la misma, derribándote al suelo o desmontándote del caballo. El ejército romano usaba un capote de grueso algodón o lana encerados para protegerlos del frío y el agua, pero nunca lo usaban en combate. Su color es tema de profundos debates entre los recreacionistas porque, a pesar de que esta gente dejaban constancia de todo, se les olvidó mencionar si iban teñidas o no para mayor desconcierto de los aficionados a la exactitud y el rigor histórico. En todo caso, muchos se inclinan a pensar, y me incluyo en esa opinión, en que iban en su color natural. Los tintes valían caros, y más aún el usado para dar color púrpura, que se sacaba de un gasterópodo marino llamado murex brandaris, o sea, primos hermanos de las cañaíllas que nos comemos en los chiringos playeros. Para un gramo de tinte hacían falta 9.000 bichos de estos nada menos.
Por otro lado, la capa que usan al inicio tanto Marco Aurelio como Cómodo aparece en azul, cuando debería ser púrpura, el color de la realeza.
Y las mangas largas y los pantalones cortos. Entre los romanos, la manga larga estaba considerada como algo poco viril, propio de afeminados. Sólo estaba socialmente permitida a los ancianos y los críos. En cuanto a los calzones hasta las rodillas que aparecen, estos solo eran usados por la caballería por meras cuestiones prácticas que, por ser tan obvias, no voy a redundar en ello. Solían fabricarse de piel, que era un material más resistente y soportaba mejor los roces con la silla de montar.
El tatuaje de Máximo. Primera noticia que tengo de que el tattoo ya estaba de moda, en plan "Amor de madre" cuartelero o, peor aún, "Paquita te quiero". Los romanos no se tatuaban, eso era costumbre de bárbaros, y aún así estos se pintaban el pellejo con temas tribales y tal.
Los gladiadores. En general están bien recreados salvo alguna que otra fantasía para darles más morbillo, como uno que aparece con un mangual enorme, otro con un yelmo con forma de cabeza de jabalí cornudo, o la rodela metálica que usa Máximo en su primer combate.

Bueno, creo que no me dejo nada atrás. En todo caso, es una película que fue un hito en su momento, dejando claro que las "pelis de romanos" aún podían dar mucho de sí. Muy notables fueron su espectacularidad y sus efectos especiales, especialmente la recreación del Coliseo. En la red dan cuenta de algún gazapillo más, como algún que otro tipo despistado paseando en vaqueros por la escena, pero es una buena peli para echar la tarde del domingo en buena compañía poniéndose hasta las cejas de palomitas. He dicho.