viernes, 11 de noviembre de 2011

Armamento medieval: El escudo vikingo



El escudo vikingo, por sus peculiaridades, se merece una entrada para él solito. Aunque su morfología de que pensar que se trataba de una simple rodela, como las que se usaron más avanzada la Edad Media, su fabricación, guarniciones e incluso su forma de usarlo difiere enormemente de estos últimos. Antes de nada, hay que especificar que, aunque la mayor parte de la información de que disponemos sobre estos escudos procede del ajuar funerario de Gokstad, conviene tener en cuenta que las dimensiones de estos son superiores a las de un escudo normal de guerra. Estos escudos funerarios, de algo más de 90 cm. de diámetro, pueden inducir a error acerca del tamaño de los usados en combate, de menor diámetro. He querido aclarar este punto antes de proseguir ya que hay bastante información gráfica sobre estos escudos, y más de uno se puede liar si los toma como los mismos que se usaban en la vida cotidiana. Dicho esto, comencemos...


En el dibujo de la izquierda tenemos el típico escudo vikingo. Se trata de una rodela de alrededor de 60 cm. de diámetro, fabricada con madera. Como se ve en la parte que muestra el reverso, los listones, generalmente 7 u 8, están colocados perpendicularmente a la manija, del mismo modo que un broquel. El grosor de estos listones, al parecer, no era uniforme, siendo más espesos por la zona central que por los extremos. Su parte más gruesa oscilaba por el centímetro de espesor, y la más delgada unos 5 ó 6 mm. Como se ve, se trata de un escudo más bien ligero, todo lo contrario que los añejos scutum usados por las legiones romanas, o los más antiguos hoplones griegos.


Los listones de madera, generalmente de abeto o tilo, no iban machihembrados, sino unidos con algún tipo de pegamento resinoso. Para afianzar la unión bastaba la larga manija, la cubierta de cuero, que no siempre se usaba, y el aro de refuerzo, metálico o de cuero, en todo su contorno. También se usaban esa especie de grapas que, unidas unas a otras en todo el perímetro del escudo, contribuían a reforzarlo, especialmente contra los golpes de filo, así como para unir el forro de cuero a la estructura de madera. En definitiva, su método de fabricación iba encaminado a hacerlo más flexible, y con ello resistir mejor los golpes del enemigo, cediendo pero sin romperse, y absorbiendo con más facilidad los golpes de armas contundentes.


También podían ir provistos, además de la manija, de dos pletinas a ambos lados para reforzar la unión de los listones, como se ve en el dibujo de la izquierda. Lógicamente, estas guarniciones podían ser tanto de hierro como de bronce. Como se ve, el único punto de agarre del escudo es la manija central, quedando un hueco para la mano que va cubierto por un umbo metálico en su parte exterior. Carece de sujeción para el brazo, así como de tiracol para colgarlo del cuello, accesorios estos que ya se estudiaron profusamente en las entradas dedicadas a los escudos bajo-medievales. Más abajo se explicará el motivo de esta peculiar forma de agarre.



En la ilustración de la derecha se pueden ver varios tipos de umbos. Todos ellos, fabricados con hierro, ofrecían suficiente protección a la mano que quedaba bajo los mismos, ya que su grosor oscilaba entre los 3 y los 5 mm., mientras el diámetro solía rondar los 15 cm. La unión al escudo se llevaba a cabo mediante remaches de hierro que, dependiendo de la solapa de cada umbo, se distribuyen de diferente forma en los mismos, pudiendo ir de tres en tres o, como en el segundo empezando por la izquierda, por todo su contorno. La sección de estos umbos era ovoidal por lo general, a fin de repeler con más facilidad los golpes dirigidos a ellos. En cuanto a la decoración de estos escudos, solían ir pintados con espirales, cuadrantes, con animales como dragones o leones, en cruz, o con motivos rúnicos. En todo caso, esta decoración se solía basar en colores vivos, quizás también para ser visibles cuando iban colgados en las bordas de sus naves ya que, al parecer, el color usado en cada ocasión indicaba las intenciones de sus ocupantes, siendo el rojo indicador de ir en son de guerra, y el blanco para la paz. Por cierto que muchos de estos motivos fueron adoptados por los normandos en sus escudos de cometa, especialmente las espirales.

Conforme hemos visto, el escudo usado por los vikingos era ligero, con un tamaño adecuado para cubrir el torso, y con un sistema de agarre que, aunque era menos resistente que los usados posteriormente, como contrapartida le daban una mayor manejabilidad. Sin embargo, no estaban concebidos para uso individual, sino para formar muros de escudos. Este tipo de formación táctica, que posteriormente usaron, por ejemplo, los huscarles sajones en Hastings, era similar a la testuda romana. Los componentes de la primera línea solapaban sus escudos unos con otros, cubriendo entre 1/4 y la mitad del escudo de al lado. Apoyando la contera de la lanza en el suelo, apuntaban sus moharras hacia el pecho de los caballos enemigos caso de venir contra ellos una carga. La segunda fila enarbolaba sus lanzas por encima de la primera fila, formando así un verdadero erizo muy difícil de traspasar o romper. Caso de verse rodeados, adoptaban una formación en círculo, uniendo todos los escudos y formando así un muro circular, también erizado de lanzas, capaz de hacer frente a cualquier ataque proveniente desde cualquier dirección, formación esta bastante práctica sobre todo cuando estaban en manifiesta inferioridad de efectivos respecto al enemigo.

En cualquier caso, este tipo de escudo vio su fin hacia el siglo XI, cuando el escudo de cometa, más resistente, pesado, y con una sujeción más fiable, relegó al olvido al antiguo escudo circular que, si acaso, sólo se siguió usando para cuestiones ceremoniales y enterramientos. Un escudo cuyo único punto de agarre era la mano podía ser fácilmente desviado de un hachazo o incluso hacerlo salir despedido, dejando a su usuario literalmente vendido al enemigo, por lo que fueron evolucionando hacia otro tipo de escudos, más aptos para el uso individual y dejando de lado su tradicional muro de escudos hacia otro tipo de formaciones tácticas más flexibles.

En fin, esto es lo más relevante sobre este tema, así que, he dicho...

2 comentarios:

Unknown dijo...

Hola, conozco este blog desde hace poco y este tema es bastante antigüo, pero podías hacer un artículo sobre el famoso muro de escudos vikingo, según varios historiadores, Rolf Warming entre ellos, el escudo vikingo no estaba hecho para aguantar en un muro.

Amo del castillo dijo...

Bueno, Sr. Borja, actualmente se ha puesto de moda revisar toda la historia e intentar corregir como sea teorías que se han considerado válidas durante décadas, en muchos casos más por meros intereses mercantilistas que por un verdadero interés por descubrir la verdad. En cualquier caso, y en referencia a su comentario, he buscado en qué consistían las teorías del tal Warming de cuya existencia, debo reconocerlo, no tenía ni idea. Pero este señor, a la vista de lo que he visto en la red, no niega la existencia del muro de escudos, sino que afirma que usaban el escudo como arma para golpear con el canto del mismo al enemigo, lo cual es una técnica más antigua que la tos que ya usaban los romanos y, cabe suponer, otros pueblos muy anteriores. Al cabo, un escudo es un objeto contundente y pesado que puede producir lesiones de extrema gravedad.

En resumen, me temo que este tema es el enésimo intento de rebuscar algo con que dar que hablar para, a posteriori, hacer documentales para Canal Historia o Dicovery Channel y publicar algún que otro libro. Desde que el calvo aquel hizo aquella serie de documentales sobre armamento antiguo con su grupo de colegas que no habían cogido una espada en su vida creo que más de uno intenta forrarse con estos temas que, ciertamente, resultan muy atractivos a mucha gente.

Un saludo y gracias por su comentario