Bueno, estimados seguidores, si el otro día contamos una curiosidad curiosa aérea, pues hoy tocan curiosidades curiosas sobre carros de combate, chismes estos que contienen mogollón de chorraditas que pasan desapercibidas aunque las veamos constantemente y nunca nos hayamos preguntado qué son y para qué sirven. Veamos...
Estoy seguro de que han visto cienes de fotos del T-34 y del KV-1, y dudo mucho que no hayan reparado en esos pequeños discos en los laterales de la torreta, cada uno con una mínima rendija encima. ¿Saben qué puñetas son? Po mu fási. Son troneras por donde sacar el cañón de una pistola para repeler malvados enemigos que se aproximaban por los flancos. La rendija era, simplemente, para localizar al fulano y apuntarle de mala manera. Ese disco era en realidad la parte exterior de un tapón de forma troncocónica del mismo largo que el grosor de la coraza, y era retenido por un pasador. Cuando se liberaba, caía hacia fuera quedando sujeto por una pequeña cadena. Una vez repelido el malvado enemigo, se tiraba de la cadenita, el tapón volvía a su sitio y se aseguraba con el pasador. Pasemos a otra...
Observen la foto A. Corresponde a la rótula de la ametralladora de proa de un Sherman. ¿No echan nada en falta? Seguramente no, porque esta chorradita suele pasar desapercibida. Bien, la cosa es que no hay ningún orificio para el visor del fulano que maneja la máquina. En la foto B sí podemos verlo en un Tiger, y en la C en un T-34/76. En ambos casos, como en casi todos los carros de combate, la ametralladora estaba provista de un visor para que el tirador pudiera saber dónde leches tiraba. En la foto D tenemos al de un M-13/40 italiano manejando las dos máquinas emplazadas en la proa, una pareja de Bredas modelo 38. Como ven, el italiano tiene la frente pegada a un tope acolchado sobre el visor para no darse coscorrones con el movimiento del vehículo. Ahora, la pregunta: ¿y cómo leches apuntaban los ametralladores de los Sherman? Pues de ninguna forma. No podían apuntar. Se limitaban a corregir el tiro con la ayuda de la munición trazadora, observando por el periscopio giratorio M-6 instalado en la escotilla. En resumen, si el tirador veía un objetivo, primero tenía que disparar una ráfaga y, según la trayectoria de las trazadoras, mover la máquina hasta lograr colocar los disparos sobre el blanco. Un poco absurdo, ¿no? Bien, prosigamos...
Seguramente, esta la sepan hasta los críos de teta, pero también es posible que haya algún cuñado que aún no sepa de qué va la cosa. En la foto de la izquierda pueden ver al famoso SS-Haupsturmführer Michael Wittmann, as superlativo de la maquinaria acorazada del ciudadano Adolf hasta que lo achicharraron junto a su tripulación en agosto de 1944. La superficie de su Tiger aparece recubierta de una textura estriada llamada zimmerit, una pasta con el aspecto de mortero con que se recubrían los carros y cañones autopropulsados entre agosto de 1943 y septiembre de 1944. La misión del zimmerit era impedir que los enemigos adosaran a los carros minas magnéticas. Era una pasta compuesta de sulfato de bario, acetato de polivinilo disuelto al 50% con benceno para darle la textura pastosa, pigmento ocre, sulfuro de zinc y serrín. Una vez aplicada una capa de entre 1 y 5 cm. de espesor se le daba la textura, que podía ser el estriado de la foto izquierda- la más frecuente- o bien una cuadrícula con punteado interior del Panther de la derecha. Finalmente, se aceleraba el proceso de secado calentándola con sopletes, evaporando el benceno y dándole una dureza notable. El invento, desarrollado por la Chemische Werke Zimmer & Co., era bastante eficaz, pero se dejó de usar porque se extendió una falsa creencia: ardía como la yesca. Y aunque se comprobó que era falso, nunca más se usó. Por cierto, el zimmerit nunca se aplicaba en el frente, sino directamente en las fábricas. Veamos más...
Como ya sabemos, los T-34, los los KV-1 y sus distintas versiones y derivados llevaban en la parte trasera del casco tres depósitos cilíndricos con capacidad de 90 litros cada uno. Se instalaba uno en el costado izquierdo y dos en el derecho. Con esos 270 litros extra más los 575 almacenados en el interior, el T-34/85 de la foto podía alargar su autonomía hasta, aproximadamente, los 300 km. circulando por carretera, con un consumo de "solo" 2'7 litros por kilómetros. Hoy día, al precio que está el gasoil, un lleno costaría unos 1.300 pavos dependiendo de la gasolinera. Bien, la cosa es que los depósitos exteriores no estaban conectados con el motor o los depósitos interiores para ir rellenando. De ser así, bastaría un impacto en esos cilindros para que el fuego se extendiera al interior y reventara literalmente el vehículo. De ahí que se usaran como los famosos jerrycans, o sea, para rellenar trasvasando el gasoil con el vehículo parado y manualmente. Otra...
Para conducir un T-34 había que estar bastante cachas. Esos chismes, con su construcción básica y burda, no disponía de unos mandos suaves y tal, sino todo lo contrario. En la foto tenemos una vista trasera del puesto de conducción, que básicamente coincidía con el de un automóvil salvo que, en vez de volante, tenía las dos típicas palancas. Entre ellas vemos tres pedales- embrague, freno y acelerador- y, marcada con la flecha colorá, la palanca de cambios, 4 +1 para los T-34/76 y 5+1 para el T-34/85. Hasta aquí, nada nuevo salvo por un detalle. Para accionar las palancas que embragaban las ruedas había que ejercer una tracción de 60 kilos nada menos. De hecho, en muchos casos los pilotos tenían que soltar una de ellas para mover la otra con las dos manos. Debían acabar con los brazos un poco doloridos. Por cierto, y aprovechando la foto, a la derecha se ven los tambores para la ametralladora Degtyarev DT27, la cual estaba provista de una bolsa de lona para recoger las vainas servidas y no dejar el suelo de vehículo lleno de miles de ellas. Sigamos...
Los Tiger también estaban provistos de troneras anti-malvados pero, como no podía ser menos, con unos acabados mucho más finos que los soviéticos. En la foto A podemos ver su aspecto. Consistía en un disco bien gordo atornillado al casco y con una ranura destinada más a hacer fuego en sentido vertical que horizontal. En la foto B la podemos ver por dentro. Para abrir o cerrar la tronera se giraba un disco interior tal como vemos en la imagen. Aunque carecía de visión directa sobre el posible atacante, la cúpula del jefe de carro abarcaba un campo de 360º alrededor del vehículo, y el tamaño de la tronera permitía el uso de subfusiles además de simples armas cortas. En las versiones iniciales, estas troneras se instalaban en ambos costados. Posteriormente, como vemos en la foto C, la del lado derecho se eliminó para instalar una escotilla de escape que, además, venía bastante bien para expulsar las vainas servidas del cañón de 88 mm., que eran bastante grandes y no era plan de dejarlas dando bandazos en el interior de la cámara de combate. Y una más, que ya me duele la puta cabeza, para variar...
Recuerdan esa escena, ¿no? Pertenece a la batallita final de la aclamada película "Salvar al soldado Ryan", cuando el valeroso y taciturno capitán Miller introduce el cañón de su Thompson por el visor del piloto de un Tiger con la intención de hacerle mucho daño. Bien, pues es el enésimo camelo cinematográfico que pretenden colar a los cuñados y a los que no están duchos en la materia. ¿Creen que los tedescos iban a poner en liza un carro cuyo piloto podía ser escabechado en un periquete o, peor aún, ser puesto fuera de combate metiendo por ahí una simple granada de mano. Bueno, ponó. El visor en cuestión estaba protegido por un cristal antibalas laminado de 90 mm. de grosor que, obviamente, una bala del .45 ACP del Thompson no podía ni arañar. El conjunto consistía en cinco cristales embutidos en una carcasa de acero de 2'5 mm. con un separador de goma más otro cristal más fino al final, por el lado interior. Aparte de eso, si se fijan en la estructura exterior, la parte superior del visor se podía bajar desde dentro, estrechando el mismo en caso de verse sometido a un fuego muy intenso ya que, en un momento dado, un cascote de metralla podría astillar o romper el cristal. En ese caso, podían sustituirlo por otro nuevo ya que llevaban repuestos a bordo, pero lo cierto es que lo que vemos en la película es una simple chorrada para entusiasmar a la peña y nada más. Por cierto que si las cosas se ponían verdaderamente chungas, el piloto cerraba totalmente el visor frontal y se valía del que llevaba en la escotilla.
Bueno, criaturas, vale por hoy. Ya seguiremos y tal.
Hale, he dicho
CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM







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