Una de las muchas cosas que me gustan del país vecino es la enorme cantidad de pueblecitos minúsculos que tiene en su geografía. No es como en la Andalucía, la Extremadura o La Mancha, donde las extensiones son enormes y de pueblo a pueblo hay un chorro de kilómetros, y dichos pueblos suelen ser de una tamaño respetable.
Lógicamente, no todos esos villorrios son dignos de verse. De hecho, se puede decir que la mayoría de ellos son dos filas de casas a cada lado de la carretera y poco más. Sin embargo, hay algunos en los que parece que nos hemos metido en un túnel del tiempo. Las casas son las mismas de hace tres o cuatro siglos y, salvo las ventanas de aluminio que suelen verse, el resto permanece tal cual. Es más, bastantes de ellos conservan intacto su perímetro amurallado, y en su interior no puede circular tráfico pesado simplemente porque no caben por la puerta de la muralla. Son pueblos tranquilos, silenciosos, apacibles... Se ven pocos críos porque la gente joven se ha largado a las capitales a buscarse la vida, y los vecinos son en su mayoría gente mayor. Apenas circulan coches, puedes patearlos sin temor a que te arrolle una furgoneta, y si te apalancas en un bar a degustar un zumo de cebada o una bica se detiene el tiempo. Yo, que soy de naturaleza apacible y amante de la paz absoluta, me deleito en grado sumo cuando visito uno de esos lugares y, de hecho, me tengo jurado que si me toca la Primitiva (no pierdo la fe), me piro a uno de esos pueblos, si no a vivir para siempre, sí al menos a pasar largas temporadas. En fin, ahí dejo algunas fotillos que a cualquiera que, como yo, sea amante del sosiego, le pondrán los dientes largos. No me digan que no molaría una bestialidad vivir en una de esas casitas:
Chulos, ¿eh? En sitios así, el estrés es tan desconocido como la nieve en el Sáhara. Y encima, el nivel de vida permitiría largarse con una jubilación de 1.000 pavos y vivir como un archiduque. Si alguno tiene tiempo para darse un garbeo por el país vecino, que tome nota e inspeccione: Monsaraz, Belmonte, Idanha-a-Velha, Évora-Monte, Linhares, Pinhel, Castelo Rodrigo, Castelo Mendo, Monsanto, Sortelha, Marvão... Fliparéis en colores, criaturas. Eso sí, al que le vaya la marcha, las discotecas y antros similares, mejor que ni aparezca por esos lugares. Le dará una depresión de caballo probablemente.
Hale, he dicho...






