viernes, 25 de enero de 2013

Los pretorianos




Hay términos que, a lo largo de la historia, hacen fortuna y acaban aplicándose por sistema a cosas con las que se pretende asemejarlos. Uno de ellos es precisamente éste, pretorianos, que casi siempre por desconocimiento  se asocia a regímenes tiránicos ya que en el imaginario popular están unidos a los emperadores más degenerados y como fríos ejecutores de sus matanzas. Hasta hay libros dedicados a las SS alemanas en los que se asocia al siniestro cuerpo negro con estos guardias palaciegos. Y el cine, como siempre, también ha puesto su granito de arena para causar esta confusión. ¿Quién no recuerda al malvado Tigelino de QVO VADIS, con su anacrónica perilla y haciéndole la pelota a todas horas a Nerón? Pero, en realidad, los guardias pretorianos lograron convertirse por sí mismos en una fuerza determinante en cuestiones políticas y, más que ser cómplices del capricho y las arbitrariedades de determinados emperadores, fueron en muchos casos los causantes y protagonistas de multitud de vicisitudes que influyeron en el curso de la historia, incluyendo el asesinato de no pocos césares.



Octavio Augusto
Sin embargo, el origen de esta unidad no fue la de guardia personal de los emperadores. Al parecer, fue a lo largo del siglo I a.C. cuando se crearon grupos de guardias seleccionados entre los componentes del ejército para proteger a los praetores, de donde tomaron el nombre. En los difíciles años en que Roma se vio sumida en guerras civiles, no era precisamente una insensatez rodearse de una guardia de hombres fieles. Con todo, fue Augusto el que decidió que ese tipo de unidad era bastante aconsejable de potenciar y mantener para vigilar su palacio y disponer en la ciudad de una fuerza militar selecta para casos de necesidad. Recordemos que, ya desde tiempos de la república, la presencia de tropas armadas dentro del núcleo urbano estaba terminantemente prohibida. 


Constantino
Así pues, los pretorianos formaron parte de la historia de Roma variando el número de cohortes en servicio dependiendo del emperador de turno hasta que Constantino los disolvió en el año 312 tras la batalla junto al puente del río Milvio, en la que derrotó a Majencio y sus pretorianos tras tener una visión celestial que le dijo aquello de IN HOC SIGNO VINCES (Con éste signo vencerás, lo que hizo convertirse al cristianismo al emperador, como todos ya sabrán). Tras su victoria acabó con la controvertida y selecta unidad y mandó derribar la muralla oeste del castra praetoria, un descomunal campamento amurallado ubicado al NE de la población, junto al Campo de Marte.





Reclutamiento


Castra praetoria
Servir en una cohorte pretoriana era especialmente atractivo ya que, aparte de tener mejor paga que un legionario, no se veían obligados a tener que largarse de Roma durante años o, posiblemente, de por vida. Por otro lado, lógicamente, era mucho más apetecible hacer guardias en palacio a verle la jeta pintada de azul a un britano cabreado que estaba deseoso de rebanar pescuezos romanos. Para acceder a la guardia pretoriana era preciso cumplir los mismos requisitos físicos que para ingresar en el ejército (véase la entrada sobre el reclutamiento), firmando un compromiso de 16 años y con un stipendium de 720 denarios, o sea, más del triple de lo que ganaba un legionario. Aparte de su paga estaban, como ya se comentó, las gratificaciones o donativum que les hacían algunos emperadores al llegar al poder para ganarse su fidelidad, o bien cuando las cosas se ponían un poco complicadas y había que aplacar los belicosos ánimos del personal. Por otro lado, la gratificación que recibían al cumplir sus años de servicio también era superior a la del ejército regular, alcanzando los 5.000 denarios contra los 3.000 de un legionario. 

Como ya se puede suponer, había bofetadas para ingresar en el cuerpo, y no sólo por hombres naturales de Roma, sino también de la Hispania, de Etruria, la Umbría, el Lacio, Macedonia, etc. Por lo tanto, era necesario ir muy bien recomendado o pertenecer a un estrato social alto. Una vez admitido pasaba a ser un probatus y debía pasar por el mismo periodo de instrucción que en el ejército, tras lo cual era destinado a una cohorte y empezaba a desempeñar su oficio. 

El equipo militar


Signifer y cornicem pretorianos
Aunque se les suele representar con el yelmo ático y coraza musculada, como se ve en la foto de cabecera, parece ser que ésto es más bien producto de una cuestión estética al estilo helenístico, dando así una imagen idealizada de estas tropas cuando se les representaba en monumentos y demás. En realidad, su equipación era la misma que la del ejército, usando el mismo tipo de yelmos, lórigas, etc. que los legionarios. En lo único que se diferenciaban de éstos era en que los signiferi (abanderados) y los cornicines (cornetas) llevaban sobre el yelmo una cabeza de león en vez de las de oso o de lobo habituales en las legiones. Por otro lado, cuando escoltaban al emperador en el interior de la urbe iban vestidos de paisano con la habitual toga alba, portando una espada discretamente oculta bajo la toga. 






El servicio


Optio y pretoriano
Las perspectivas de ascenso iban en función de los méritos y las influencias de cada cual. A lo primero que podía llegar era a inmune, cargo que se lograba tras unos pocos años de servicio. Ser inmune implicaba ejercer trabajos de tipo administrativo, olvidándose así de las pesadas guardias y escoltas. A continuación estaban los grados que podríamos comparar con el de los actuales suboficiales, y cuyo stipendium era el doble: optio, el ayudante del centurión, tesserarius, el encargado de recibir la contraseña, la cual era dada personalmente por el mismo emperador, signifer, o principalis. Éstos últimos recibían al término de su compromiso el rango de evocati augusti, lo que les permitía dos opciones: una, pasar a formar parte del funcionariado civil, desempeñando cargos administrativos en la ciudad. Y la otra, ascender a centurión y ser trasladado a una legión del ejército regular. Como podemos ver, las salidas laborales de los pretorianos eran siempre mucho más jugosas que los miembros de las legiones, por lo que se comprenderá el interés del personal en formar parte de esta elitista unidad.



Insignia de la guardia pretoriana.
El escorpión lo tomaron como
emblema por ser el signo del
zodiaco de Tiberio
Otros, obviamente con muchísima más influencia que el resto, lograban ascender a centurión dentro del mismo cuerpo. Pero el sueño dorado de cualquiera era lograr la prefectura, cargo éste que, además de estar reservado para los hombres más influyentes y con más apoyos de tipo político, era optativo sólo para los equites. Como es lógico, ser el prefecto del pretorio era algo que quedaba reservado para los estamentos superiores, que no era plan de poner a un bárbaro a desempeñar semejante cargo. Sirva como ejemplo Lucio Aelio Sejano que, nombrado por Tiberio, se convirtió prácticamente en el mandamás de Roma cuando el emperador se largó a Capri a bañarse en su piscina con críos a su alrededor. Eso sí, Sejano se pasó siete pueblos y acabó fatal. 





Diploma
Como colofón a éste breve resumen, ya que para ahondar en el tema habría que hablar de las distribución de la guardia pretoriana a lo largo de los mandatos de cada emperador, comentar que a la lista de privilegios que tenían habría que añadir el que cuando se retiraban, se les entregaba un diploma, documento comparable a la cartilla militar que te daban al licenciarte, y que consistía en dos láminas de bronce. En dicho diploma, aparte de la consideración de licenciado, se concedía al poseedor la legalización del matrimonio con su pareja, así como el reconocimiento de los hijos habidos con ella. Recordemos que a los legionarios les estaba vedado casarse, pero los pretorianos, aunque vivían en su campamento, tenían permitido de forma tácita tener familia ya que, además, habitaban en la misma Roma. 

Bueno, ya está.

Hale, he dicho...

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