Por norma se suele pensar que los hispanos no participaron en las Cruzadas tanto en cuanto ya tenían la suya propia con el infiel en casa. El constante estado de guerra en la península desde que Tariq ibn Ziyad al-Layti desembarcó en Gibraltar en abril de 711 hizo que la inmensa mayoría de los esfuerzos, tanto humanos como económicos, se encaminasen a expulsar a los invasores, si bien la cosa se demoró solo un poco más de la cuenta. Total, qué son casi ocho siglos en la inmensidad del tiempo... Pero eso no fue obstáculo para que algunos nobles y caballeros, que igual se aburrían como galápagos por estos lares, decidieran largarse a combatir a Tierra Santa ya en épocas tan tempranas como la predicación de la Primera Cruzada por el papa Urbano II. Así pues, de los reinos hispanos partieron diversos contingentes a lo largo del tiempo y, como está mandado, dieron bastante guerra al infiel. Pero como suele pasar, tenemos cierta tendencia a olvidar bastantes cosas notables de nuestra historia, así que esta entrada irá dedicada a realizar un breve resumen de los hispanos que participaron en tan sonado "conflicto cultural" o "choque de civilizaciones", como dirían los amantes de las frases altisonantes pero más huecas que el cráneo de los políticos, o sea, los mismos políticos.
En todo caso, conviene tener en cuenta que las crónicas de la época no son en modo alguno exactas, y conviene cotejar diversas fuentes ya que, por ejemplo, algunas dan por cierto que el infante don Ramiro de Navarra participó en la Primera Cruzada cuando, en realidad, en aquella época estaba de casorio con una de las hijas de Rodrigo Díaz. Con todo, hay constancia de que otros hidalgos y ricoshombres sí participaron en el evento bélico, por lo que dejo una relación de varios de ellos como muestra de que, en efecto, hubo hispanos en las Cruzadas.
Rodrigo González (c. 1078-1144)
Ricohombre castellano, miembro de la poderosa casa de Lara, anduvo a las malas con el rey Alfonso VII desde el advenimiento al poder del mismo. Tras constantes conflictos con el monarca, fue desposeído de las tenencias y señoríos que ostentaba y ante el mal cariz que estaba tomando la situación optó por exiliarse en 1136 a Tierra Santa. No hay datos que permitan conocer con exactitud las andanzas de este hombre. La Chronica Adefonsi Imperatoris menciona que hizo construir un castillo en Torón, al sur del Líbano, el cual entregó al Temple tras pertrecharlo. Sin embargo, dicho castillo fue edificado en 1105 por Hugo de Saint Omer, por lo que o es simplemente un camelo o, quizás más posiblemente, Rodrigo González se unió a su guarnición durante su periplo por tierras lejanas, ya que esta fortificación constituía por sí misma un señorío y tenía una gran importancia estratégica. En cualquier caso, tras un tiempo indeterminado retornó a Castilla sin lograr hacer las paces con Alfonso VII, por lo que se puso al servicio del conde de Barcelona, después del rey de Navarra y, por último, del emir de Valencia, donde contrajo la lepra. Finalmente retornó a Tierra Santa, donde acabó sus días.
Pedro González (¿?-1130)
Hermano del anterior, fue alférez real de Alfonso VI entre 1088 y 1091. En 1095 se une a la hueste de Raimundo de Saint-Gilles, IV conde de Tolosa, de donde provendrá con seguridad el mote de "el Romero" con que se le conoció. Participó en el cerco de Antioquía (octubre 1097-junio 1098), en el que se distinguió salvando de una muerte segura al conde de Flandes cuando éste cruzó un pontón en llamas y se vio rodeado de enemigos, acudiendo en su ayuda Pedro González y un caballero francés llamado Drongo de Miramonte. Tras la muerte del conde de Tolosa en 1105, Pedro González retornó a Castilla, donde se vio envuelto en los mismos conflictos que su hermano. Puesto al servicio del rey de Aragón, murió durante el cerco a Bayona en un combate singular con Alfonso Jordán, hijo precisamente de su anterior señor durante las Cruzadas.
Golfer de las Torres
Caballero castellano, participó al parecer en el cerco de Antioquía al servicio de Raimundo de Saint-Gilles, IV conde de Tolosa. Quedó constancia de un enfrentamiento en solitario contra cinco sarracenos, de los que mató a tres y puso en fuga a los otros dos, apoderándose de sus monturas. Debido a ello, los defensores salieron en espolonada a darle un escarmiento mientras los cristianos acudieron en tromba a defenderle, lo que dio lugar a un enfrentamiento en el que los musulmanes salieron derrotados. Así mismo, en otra ocasión salvó a su señor el cual estaba rodeado de enemigos y sin posibilidad de salir vivo del brete. Golfer acudió en su ayuda junto a otro caballero, dando muerte a un caudillo musulmán en la refriega.
Guillem Ramón (1068-1095)
Conde de Cerdanya y de Berga, al parecer formó parte de la hueste del conde de Tolosa. No debió darle tiempo a batallar mucho, ya que murió el mismo año en que partió a Tierra Santa como consecuencia de una herida de flecha. De lo que sí tuvo ocasión fue de emparentar, ya que en los escasos 27 años que vivió le dio tiempo de casarse tres veces nada menos. Recibió el apodo de "Jordán" por haber muerto en Tierra Santa.
Guitardo (¿?-1113)
Conde de Rosellón, señor de Vallespir y tenente del castillo de Colibre. Sobrino del anterior, partió en 1095 junto a él con la hueste del conde de Tolosa. No hay constancia de sus hechos, sino solo la referencia de que era un esforzado caballero. Menos da una piedra, ¿no?
Arnaldo Valgario
Ricohombre catalán, tenente de las fortalezas de Flix, Conques, Figarola, Vallbert y Calaf. Marchó a Siria en 1116, no habiendo constancia de sus hechos.
Aznar Garcés
Ricohombre navarro. Partió hacia Tierra Santa en 1094, dejando escrito en su testamento que legaba sus posesiones en Oteiza al monasterio de Leire en caso de que su único hijo muriera sin descendencia. Previamente, en 1070 ya había donado a la abadía de Irache un monasterio ubicado en Arriezo llamado de Santa María de Eza. Es evidente que entre donaciones y cruzadas debió ir al Cielo de cabeza, y que los curas estarían con él locos de contento por su generosidad.
Fortún y Sancho Íñiguez
Hidalgos navarros. La fecha de partida de Sancho se ignora, si bien fue anterior a 1097 ya que en ese año su hermano Fortún donó al monasterio de Leire los siervos de gleba que poseía en San Vicente de Olaz, así como las tierras y viñas que poseía en el momento de su partida, especificando que, caso de que él muriera y su hermano Sancho volviera sano y salvo, deberían darle a él su parte. Caso de no volver ninguno de los dos, todo quedaría en propiedad de los frailes. Se sabe que Sancho sí retornó, ya que hay documentación sobre sus chanchullos con el clero en 1104.
Mir Gombal
Hidalgo aragonés natural de Ribagorza, en 1096 vendió a don Lupo, obispo de Roda, su castillo de Canalillos para obtener fondos con que juntar una pequeña mesnada y poder llegar a Tierra Santa. Todo sea por lograr la salvación eterna, amén.
Y como colofón, una breve relación de algunos más por no enrollarmeen demasía: Bodino de Estella, Arnaldo Alamán, Sancho Fortuñones, García Luiar, Fernando de Trava, Pedro Mir, Ramón Folch, Guillem Jofre, Pedro Guerao, Guillem de Canet, etc.
Finalmente, conviene reseñar que el mismo papa Urbano desaconsejó a los monarcas hispanos participar en la Cruzada tanto en cuanto el envío de efectivos a Palestina podía debilitar las fronteras de sus reinos y provocar un peligroso avance musulmán en la península, por lo que se puede decir que los que tomaron parte en esta épica expedición lo debieron hacer más bien a título personal como ex-voto y, de paso, aparte de cumplir con la peregrinación, rebanar pescuezos agarenos, de forma que así se aseguraban más la gloriosa entrada en el Cielo y tal.
Bueno, ya está.
Hale, he dicho...


10 comentarios:
Ahí falta el "Caballero Verde", que no se sabe quién era pero del que queda claro,por algunos comentarios, que era español y que se hizo famoso en el sitio de Acre.
Vaya por Dios, cómo he podido olvidarlo...
Interesentísima entrada. He de reconocer que mis conocimientos sobre el asunto eran nulos y, nuevamente, Señor Amo del Castillo, nos enriquece compartiendo los suyos.
Y me he reído mucho con esta frase: "Es evidente que entre donaciones y cruzadas debió ir al Cielo de cabeza, y que los curas estarían con él locos de contento por su generosidad".
Saludos
Es que, según he podido constatar, la inmensa mayoría de estos sujetos donaban todo su patrimonio antes de largarse a morir heroicamente por la cruz. Es pues evidente que el clero tenía acojonado en grado sumo al personal, así como el hecho de que lo del infierno se lo creían a pie juntillas. Por otro lado, debían tener plena conciencia de ser unos pecadores de tomo y lomo para irse a la otra punta del mundo a diñarla rodeado de desiertos, alacranes e infieles y habiendo regalado previamente todos sus bienes a la Iglesia.
En fin, cosas veredes, Sr. Austrohúngaro. Un saludo y gracias por su comentario
Qué extraño que nunca ningún papa haya llamado a una cruzada para liberar la península. Y más teniendo en cuenta que la posición del resto de Europa estaba en peligro de ser invadida si los bereberes decidían el avance a través del Pirineo (aunque el reino de los francos sufrió algunas incursiones no fueron determinantes). Además, como usted menciona, el papa Urbano estaba muy al tanto de este peligro al desalentar a los monarcas hispanos a partir hacia Tierra Santa.
¡Saludos cordiales, estimado señor!
En realidad si hubo cruzadas en la península, reconocidas como tales por el Papado. Así como también hubo otras muchas en territorio europeo contra paganos (en el báltico) y herejes variados (albigenses). Incluso, contra Reyes desobedientes al papado (Como la convocada por el Papa Martín IV contra Pedro el Grand, Rey de Aragón)
Por ejemplo, la batalla de las Navas de Tolosa está encuadrada en la cruzada del Rey Alfonso VIII, declarada por Inocencio III)
El asunto es que esas cruzadas eran más de "caracter local", no como las grandes empresas para retomar Tierra Santa, que por algo era "Santa".
Un saludo.
Ciertamente, Sr. Mariano, como bien dice el Sr. Ahskar, varias operaciones en la península a lo largo del tiempo obtuvieron bula de cruzada por parte del papado a fin de fomentar la participación en las mismas. La misma toma de Sevilla fue considerada como cruzada, y acudieron caballeros de toda Europa. Lógicamente, coligo que más le atraía el sustancioso botín que los beneficios espirituales, pero bueno...
Un saludo a ambos
Perfecto, no sabía de esos datos que los dos me aportan.
¡Saludos cordales y gracias!
Yo no llamaría "local" a las cruzadas peninsulares. Vale que no requerían cruzar el mediterráneo en los desplazamientos, pero los despliegues, terrenos ganados y ganancias no tenían nada que envidiar a los de ultramar. La fiesta que montó Alfonso VIII en 1212 para aplastar a los almohades no fue un guateque cualquiera. Señora CRUZADA con bula, ultramontanos, decenas de miles de combatientes que llegaron a recorrerse un tercio de la península tras aplastar uno de los ejércitos más poderosos de los muslines. lo que pasa es que como no se apuntaron los ingleses, los francos se marcharon a traición porque les venían mal las condiciones peninsulares, y los únicos que se cubrieron de gloria fueron los malignos españoles en general, pues de la historia global se borra y punto. Que mucho más mérito tiene el fracaso de tierra santa por el simple hecho de ser una empresa prácticamente anglo-francesa.
De cualquiera de las maneras, estupendo artículo señor Amo, me fascina especialmente de los personajes expuestos los caidos en combates singulares. Costumbre que ha día de hoy se ha perdido completamente y que a mi parecer es el máximo exponente del espíritu caballeresco, "the chivalry"como lo dicen los sajones.
Un saludo!
Aparte de lo que acertadamente ha expuesto el Sr. Trancos, conviene recordar una cosa que tiene gran importancia para comprender el por qué de las cruzadas: el verdadero motivo o, al menos, uno de los más importantes por el que se predicó la primera cruzada no fue liberar el santo sepulcro ni nada similar. De hecho, los musulmanes solían ser bastante tolerantes con los peregrinos y tal. Así pues, la cosa iba encaminada por otros derroteros, concretamente darle un motivo a la impetuosa y levantisca nobleza centro-europea, especialmente a la franca, para que se largasen bien lejos en busca de conflictos y dejasen de incordiar en el viejo continente. Una nobleza atestada de segundones ansiosos de poder y dinero, obligados por las normas jurídicas de la época a verse sin blanca o enviados a beaterios y que no paraban de incordiar y de provocar conflictos civiles. La creación de los estados francos de ultramar sirvió básicamente para eso.
Sin embargo, en las guerras peninsulares la cosa era bien distinta. Aquí no se trataba de darle desahogo a segundones con ínfulas de grandeza, sino de echar al mar a la morisma, y para ello no se escatimaron medios durante siglos. El verdadero peligro no estaba en Palestina, demasiado lejos en aquellos tiempos para temer algo de aquella gente, sino en la península. Recordemos que los agarenos estuvieron a punto de ir más allá de los Pirineos.
Un saludo
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