sábado, 31 de mayo de 2014

Gladius hispaniensis, su origen



El gladio está indefectiblemente asociado a la imagen del legionario romano. De toda su panoplia es indudablemente la pieza más conocida, hasta el extremo de que en los atrezzos de las películas es la única con la que no se suelen equivocar. Actualmente, muchas empresas dedicadas a la fabricación de réplicas comercializan multitud de gladios más o menos aproximados a la realidad, y hasta venden gladios de plástico para que los nenes se den estopa a base de bien jugando a romanos buenos y romanos malos.

Gladio tipo Mainz
Las teorías sobre el origen del gladio son, como es habitual en estos temas, de lo más variadas. A lo largo del tiempo, historiadores de todos los pelajes se han aventurado a afirmar de manera categórica que sus hipótesis son las acertadas en base a estudios más o menos acertados. Hay de todo, desde la afirmación del inglés Horace Sandars que afirmaba en 1913 que los romanos no habían copiado ninguna espada hispana, lo cual es una memez digna de un inglés (Dios maldiga a Nelson) ya que fueron los mismos romanos los que señalaron el origen español de su principal arma, a los estudios más recientes en los que, sin poner en entredicho que el gladio era un arma extraída de la panoplia hispánica, se devanan los sesos preguntándose en qué momento y cual era en concreto la espada que los romanos adoptaron. En todo caso, lo cierto es que aún no se ha llegado a ninguna conclusión definitiva por lo que el tema sigue abierto a debate. Así pues, el objeto de esta entrada será comentar las hipótesis más relevantes ya que algunas de ellas no son dignas de mención, como las del memo inglés u otras que ya han quedado claramente obsoletas o han sido rebatidas sin ningún género de dudas, como la que proponía que, en realidad, el término HISPANIENSIS no hacía referencia a una tipología originaria de la Hispania, sino a la tecnología empleada para la manufactura de las falcatas y espadas de antenas propias de la Península.

Polibio y Tito Livio son los que nos han legado las referencias históricas en lo tocante al empleo por parte del ejército romano de una espada originaria de la Hispania. Polibio, aunque hace uso indistintamente de los términos MACHAIRA y XIPHOS, en todo momento concreta que se trata de espadas hispanas, por lo que tanto MACHAIRA como XIPHOS son utilizados como sinónimos de espada, no como referencia a ambas tipologías. Además, especifica que estas espadas eran capaces de herir tanto de filo como de punta, y que hacia el primer cuarto del siglo II a.C. ya era usada por los HASTATI. Pero, ¿cuándo tuvieron conocimiento los romanos de las espadas hispanas?

Cannas
Quizás la teoría más acertada es la que indica que fue en Cannas, durante la Segunda Guerra Púnica. En esta batalla, celebrada el 2 de agosto de 216 a.C. en las cercanías de la ciudad homónima, al sudeste de Italia, las tropas romanas sintieron en sus propias carnes los terribles efectos de las espadas esgrimidas por las tropas hispanas que combatían como mercenarios junto a los cartagineses de Aníbal. Como todos sabemos, Cannas supuso la más aplastante derrota sufrida por Roma en toda su historia, pero al menos tuvieron la capacidad de tener en cuenta las armas con las que sus enemigos los habían barrido del campo de batalla. Y una de ellas fue precisamente la espada hispana que había sido capaz de despedazar literalmente a los legionarios que tuvieron la mala suerte de enfrentarse a los hispanos.

Hasta aquel momento, el ejército romano usaba una espada de tradición helenística, como casi todo en su cultura. Hablamos del XIPHOS, una espada griega de hoja pistiliforme cuyo aspecto podemos verlo en la ilustración de la izquierda. Esta espada tenía una buena capacidad de clavada; el último tercio de la hoja en forma triangular era ideal para abrirse paso entre las defensas corporales, y su sección en diamante para darle más rigidez se adaptaba perfectamente a la forma de combatir romana, similar a la falange griega. Este tipo de formación no permitía al infante golpear, por lo que solo se requería una buena capacidad de estocada. Y, por otro lado, hasta aquel momento tampoco habían tenido que enfrentarse a enemigos armados de espadas que ofrecieran unas características muy diferentes a las de ellos incluyendo las espadas galas de aquella época no eran válidas para herir de punta ya que, según Polibio, se doblaban y quedaba inutilizadas. 

Pero la espada con la que tuvieron que enfrentarse en Cannas no solo producían unas tremendas heridas de punta gracias a su ancha hoja, sino que los golpes de filo podían separar un brazo del tronco a la altura del hombro o cortar una cabeza de un tajo sin problemas. ¿Y qué espada era esa? Pues hablamos de dos tipologías que podrían haber estado presentes en Cannas. Una de ellas la tenemos a la derecha: una espada de frontón. Su hoja es totalmente diferente a la estilizada morfología del XIPHOS que vimos arriba. En este caso, es una hoja ancha, de unos 6 cm., también levemente pistiliforme pero provista de varias estrías. Es además una hoja enteriza (véase la entrada referente a los puñales de frontón), lo que le da una enorme robustez y el conjunto tiene el peso necesario para ser muy efectiva a la hora de herir de filo. A eso debemos añadir la tecnología usada por los iberos para su elaboración, muy superior a la de cualquier otro pueblo occidental de aquella época. Aparte de la espada, en la ilustración vemos el armazón de la vaina, así como la apariencia del conjunto con dos moharras de lanza transportadas en la misma tal como era habitual.


La otra opción, que por cierto es la aceptada por la mayor parte de los estudiosos en la materia, es la que vemos a la izquierda. Se trata de espadas de antenas con hoja triangular y varias acanaladuras. Estas espadas, que ya estudiamos en una entrada anterior, fueron posiblemente las que apiolaron a miles de romanos en la nefasta jornada de Cannas, y las que demostraron que los XIPHE usados por ellos no eran enemigos para las terribles espadas iberas. La Suda bizatina (una enciclopedia escrita hacia el siglo X) lo dejó claro: "Tienen [las espadas celtiberas] una punta eficaz y doble filo cortante. Por lo cual los romanos, abandonando las espadas de sus padres, desde las guerras de Aníbal cambiaron  sus espadas por las de los iberos". 

Esta que vemos en la ilustración de la derecha otra candidata a ser considerada la antecesora del gladio: la espada de Arcóbriga. Es una espada de antenas atrofiadas provista de una robusta hoja pistiliforme. Las anillas de suspensión de la vaina se adaptan perfectamente al sistema romano mediante tahalí para llevarla colgando del costado derecho, de forma que no tenga que exponer el brazo al enemigo a la hora de desenvainarla. Los celtiberos, aunque también usaban tahalí, la portaban en el costado izquierdo ya que al llevarla muy inclinada, casi horizontal, podían realizar un desenfunde muy rápido y aprovecharlo para lanzar un tajo al enemigo. En todo caso, y aunque como digo muchos consideran esta tipología como la más aproximada al gladio, tampoco hay unanimidad al respecto. En realidad, no hay nada claro y, cada vez que parece haberse llegado al final del túnel, alguien aparece con nuevos datos que hacen retornar las dudas y vuelta a empezar. Y llevamos así más de cien años, que no es  moco de pavo.

Curiosamente, la última candidata oficial para ostentar el honor de ser el padre del gladio es la espada que vemos a la izquierda. Y digo curiosamente porque se trata de una espada tipo La Tène que dejó de usarse hacia el siglo III a.C. Sin embargo, por sus características es la que más se asemeja al gladio usado en tiempos de la República ya que, no lo olvidemos, una vez adoptaron el arma los romanos lo evolucionaron conforme a sus necesidades. Así pues, tenemos un arma con una hoja de filos paralelos, de unos 60 cm. de largo y válida tanto para herir de filo como de punta. ¿Cómo pues una espada que ya era historia cuando los romanos se enfrentaron con los mercenarios hispanos fue la que les inspiró para tomarla como arma reglamentaria? Pues la única explicación válida que se da es que debía tratarse de una espada que fue evolucionando en manos de los hispanos y que tuvo de ese modo una vida operativa más larga a pesar de que la tipología original ya había pasado a la historia hacía décadas.

De hecho, han aparecido ejemplares asignados a este tipo en Delos (Francia) y en la Península cuya morfología es la misma que la de los primeros gladios republicanos documentados. La única variación notable radicaba en las vainas, ya que las romanas estaban fabricadas con láminas de madera reforzadas con cantoneras y el brocal era lineal mientras que las espadas La Tène tenían un pasador para el cinturón (la de la ilustración que muestro lo llevaría en la parte trasera) y el brocal se adapta a la forma curvada de la cruceta. 

En fin, dilectos lectores, esto es lo que hay de momento. Que el GLADIVS HISPANIENSIS fue una espada originada en la Península y adoptada por los romanos es un hecho incuestionable a mi modo de ver. Otra cosa es saber exactamente cual fue de entre todas las tipologías presentadas como más probables pero lo que sí está claro es que la calidad y la tecnología hispana en la fabricación de armamento estaba en aquella época muy por encima de los que dos siglos más tarde serían los dueños del mundo conocido. La Suda bizantina comenta respecto a eso que los romanos "...también adoptaron la fabricación [de las espadas hispanas], pero la bondad del hierro y el esmero de los demás detalles apenas han podido imitarlo".

Bueno, se acabó.

Hale, he dicho...