domingo, 3 de mayo de 2015

Pandataria, el gulag del imperio






A los que con cierta asiduidad hayan leído algo sobre los primeros emperadores romanos puede que les suene de algo esta isla pero a los que no, pues lo más probable es que no tengan la más remota idea de su existencia. No obstante, la isla de Pantaria fue elegida por el destino para convertirse en el enclave preferente a la hora de alejar de Roma a los miembros de la familia imperial cuyo comportamiento causaba ataques de ansiedad o de ira a los controvertidos césares, y para los causantes del enojo augusto ver salir de sus bocas el nombre de Pandataria debía causarles una congoja superlativa. Y no ya por el hecho de verse alejados de la populosa urbe que regía el mundo conocido y los placeres mundanos que tanta delectación les proporcionaba sino porque, en realidad, ser facturado a la isla podía ser el primer paso para partir de este mundo con una moneda en la boca para pagar a Caronte el paseo por la laguna Estigia y pasar así a formar parte de la nómina de los manes familiares. Así pues y ya que en su día tuvo unas connotaciones tan chungas, creo que merece la pena darla a conocer a aquellos que no tengan noticia de ella.


Situación geográfica de las Islas Pontinas.
Pandataria es la que aparece como Ventotene
Pandataria es el topónimo latinizado del término Pandoteira, nombre original dado por los griegos a una de las islas que componen el archipiélago de las Pontinas, un grupo de seis pequeñas islas volcánicas situadas en el Golfo de Gaeta, a solo 46 km. de la costa italiana. Es una isla un tanto birriosa, de forma alargada en sentido NE-SO de solo tres kilómetros de largo por 800 metros de ancho. Ni para una ruta de senderismo para perezosos, vaya. En todo caso, los que eran enviados allí tenían más cosas de las que preocuparse que del ínfimo tamaño de la puñetera isla. Según estudios realizados en la misma la presencia humana en ella se remonta a épocas tan remotas como la Edad de Bronce y, de hecho, incluso existe una leyenda en la que se afirma que en aquellos lejanos tiempos la isla estaba unida al continente mediante un brazo de tierra y que albergaba un reino mítico llamado Tyrrenia. En cualquier caso, la cuestión es que su uso debía estar más bien encaminado a servir de refugio a los navíos que costeaban en aquella época la península itálica ya que, por su posición geográfica, no se veía afectada por los vientos del noroeste y de poniente causantes de los naufragios en aquella zona y que alejaban a los barcos de sus rutas. 



Villa de Punta Eolo, en el extremo NE de la isla.
Las ruinas están datadas hacia finales del siglo
I a.C. y estaba destinada como residencia para
los exiliados de la familia imperial.
Pandataria no era en modo alguno el típico islote desértico y asqueroso que el imaginario popular suele adjudicar a todas las islas que han servido de prisión. Antes al contrario, ya era explotada por los romanos y había en ella una pequeña población dedicada a la agricultura ya que su suelo es al parecer bastante fértil, dándose bien el cultivo tanto de cereal como de viñas. Sir William Hamilton, el marido de la infiel lady Hamilton que se encamó con Nelson (Dios lo maldiga por siempre jamás, amén), siendo embajador en el reino de Nápoles se dio un garbeo por allí en agosto de 1785 y, entre otras cosas, dio cuenta de ese detalle concretando que aquel año se habían producido 70 butts (medida equivalente a 120 galones, o sea, 31.795 litros) de vino y 2.000 tomoli de maíz (el tomoli era una medida de volumen para áridos que variaba enormemente de una zona a otra. En este caso sería el tomoli napolitano de 55,32 litros. También era una medida de superficie). Como vemos, una producción nada desdeñable para aquella época en una isla de apenas 1,54 km². En definitiva, Pandataria no era el peñón solitario que más de uno habrá imaginado. No obstante, para personas habituadas a la vida en Roma, en un palacio rodeado de esclavos y gozando de una vidorra dedicada por entero al divertimento, las fiestas, los juegos circenses, el teatro, los conciertos y el larguísimo et cétera que daba de sí el vivir en el corazón del mundo de aquella época y, encima, siendo de la familia imperial, ser enviado a una isla en el quinto pino con unos cuantos esclavos y sin más pasatiempo que contemplar a las gaviotas debía resultarles tan deprimente como a un político tener que dimitir por ladrón pese a "tener una inquebrantable fe en la justicia", frase por cierto muy común  en estos terribles tiempos entre la clase política, como si el hecho de repetirla a todas horas como un loro les eximiera de tener que pasar por el juzgado.


Vista aérea de la isla desde el extremo SO. Como se ve,
es totalmente inaccesible salvo por el puerto.
En cuanto a su orografía, la isla forma una meseta que desciende suavemente en dirección NE, estando prácticamente toda ella circunvalada por elevados acantilados y siendo la parte más baja del terreno el único lugar donde se podía desembarcar, lo cual venía de perlas para impedir fugas no deseadas. En el año 29 a.C. fue cuando Augusto se fijó en Pandataria como un sitio idóneo para quitarse de en medio ciudadanos non gratos, ordenando acondicionar el extremo NE de la isla para alojamiento de huéspedes forzosos, en el lugar llamado hoy día Punta Eolo. Recordemos que su finalidad era enviar allí miembros de la familia imperial, así que tampoco era plan de dejarlos bajo un chamizo playero sin más, por lo que en el año 2 a.C. ya estaban terminadas las obras precisas para tal finalidad. De hecho, el mentado sir William Hamilton dejó constancia que, durante su periplo isleño, pudo contemplar los restos de una lujosa villa con unos baños en los que había un fragmento de mosaico donde se leía en un bajorrelieve la siguiente inscripción: HAC IN IVLIA AGVS. F., o sea, algo así como "aquí estuvo Julia, hija de Augusto". 


Uno de los pecios
La obra de mayor envergadura que se llevó a cabo en la isla fue la construcción de un puerto artificial que, además de permitir el tráfico marítimo, sirviera de refugio a los barcos que circulaban por la zona. Los romanos, habituados a las obras a lo bestia, no se acoquinaron por tener que remover la friolera de 60.000 m² de toba volcánica a fin de crear una angosta cala perfectamente protegida contra los vientos y el oleaje. Dicho puerto tenía una profundidad de 3 metros y permitía el acceso de naves de hasta 35 metros de eslora. Y debía tener un tráfico nada desdeñable ya que en 2009 se encontraron cinco pecios repletitos de mercancías, con ánforas llenas de aceite y garum, así como metales en lingotes. Uno de los barcos llevaba un cargamento formado íntegramente por morteros (MORTARIVM  en latín).



Vista cenital de la isla. Dentro del óvalo verde tenemos Punta Eolo con su villa residencial. En el detalle de la derecha,
marcado de rojo, está el puerto romano, único punto accesible hasta la construcción en tiempos modernos del dique
que protege el puerto actual situado en Cala Rossano. La isla disponía de una cisterna y un acueducto para la
distribución de agua. A la derecha se ve el islote de Santo Stefano, separado apenas 1.600 metros de Ventotene.
Casi en el centro se atisba la prisión con forma de herradura.














La prisión de Santo Stefano. Es siniestra de cojones, ¿eh? El que fuera
presidente de la república italiana, Sandro Pertini, fue huésped de la
misma gracias a una invitación personal de Mussolini.
En la Edad Media, la isla de Pandataria se vio despoblada debido a los constantes ataques de piratas berberiscos y demás escoria náutica y, además, empezó a ser renombrada con su topónimo actual, Ventotene, al parecer en referencia a los fuertes vientos reinantes en la zona. El advenimiento de los borbones a la corona de Nápoles en la figura de Felipe IV supuso un pequeño renacimiento de la isla con la creación de una población dedicada a la ancestral agricultura de antaño. Añorante de su pasado carcelario, en el cercano islote de Santo Stefano se creó una prisión que estuvo operativa hasta hace 30 años y que fue profusamente utilizado por Mussolini para tener a buen recaudo a sus enemigos políticos. El edificio fue proyectado por Francesco Carpi, y las obras concluyeron el 26 de septiembre de 1795, siendo destinado inicialmente a los condenados a cadena perpetua. Al parecer, en su cementerio no hay lápidas ni nada que indique en qué lugar reposar los restos de los que entregaron la cuchara en la puñetera isla. Solo había una inscripción que decía así: Aquí termina la justicia de los hombres, aquí comienza la de Dios. Acojona, ¿que no?Actualmente, Pandataria, o Ventotene, con sus alrededor de 800 habitantes es un destino turístico ideal para gente que busca sitios apacibles donde perderse unos días del mundanal ruido y ponerse de marisco hasta las cejas para, al volver a casa con el Síndrome Post-vacacional en grado III Severo, poder darse de baja por tener el ácido úrico por las nubes. Ah, por cierto... otro huésped de Santo Stefano fue Altiero Spinelli, considerado como uno de los padres fundadores de la Unión Europea y que escribió durante su estancia en la isla el llamado Manifiesto de Ventotene, en el que auguraba una Europa federal lo que, en cierto modo, se ha cumplido.

Bueno, esta es grosso modo la historia de nuestra isla. Solo resta mencionar a los principales huéspedes de Pandataria.



Julia, hija de Augusto y conocida como Julia la Mayor para diferenciarla de su hija Vipsania Julia, uno de los cinco retoños que dio al gran Marco Vipsanio Agripa, el inseparable compañero de su padre Octavio Augusto y artífice de muchas de sus victorias. Anteriormente estuvo casada con Marco Claudio Marcelo y, tras la muerte de Agripa, la architaimada Livia se las ingenió para que su hijo Tiberio repudiara a su mujer Vipsania Agripina para que se casara con la desconsolada Julia, lo cual le favorecía como candidato a ser el heredero de Augusto. Lo malo es que Julia era extremadamente golfa y se encamaba con todo el que se le ponía a tiro, dándole una higa que fuese un patricio o un musculoso BALNEATOR. Cuando sus devaneos fueron descubiertos por su padre, cosa que ya era vox populi en toda Roma, se agarró tal cabreo que la mandó a hacer gárgaras a Pandataria por perdida, por pendona y por ponerlo en evidencia. Según Suetonio, se enfadó tantísimo que incluso se planteó liquidarla, y su vergüenza llegó a tales extremos que durante mucho tiempo no quiso tener trato con nadie. A tanto llegó su oprobio que, al enterarse de que el cómplice de los devaneos de su hija, un liberto por nombre Febo el cual se había ahorcado para evitarse ser enviado a que las fieras lo filetearan bonitamente en el anfiteatro, dijo que "... preferiría ser su padre a serlo de Julia". Al enviarla a Pandataria ordenó expresamente que fuera privada del consumo de vino y de cualquier comodidad mundana y, naturalmente, que bajo ningún concepto se le acercara ningún hombre ya fuese esclavo, liberto o libre salvo que contase con su autorización personal y expresa. Cabe suponer que esto fue el peor castigo que tuvo que soportar la fogosa Julia durante su exilio, el cual duró los cinco años que tuvieron que transcurrir hasta que a su venerable progenitor se la pasó el berrinche. No obstante y a pesar de ser su única descendiente, Augusto jamás la perdonó. La llamaba su cáncer


Julia Vipsania Agripina, hija de la anterior y conocida como Agripina la Mayor para distinguirla de su hija del mismo nombre. Esta nobilísima hembra, mujer del gran Germánico, prototipos ambos de las virtudes más encomiables del imperio, fue curiosamente la que dio al mundo una de las proles más degeneradas que se puedan concebir ya que fue la madre del enloquecido Gaio Calígula, de la mentada Agripina la Menor, madre que fue de Nerón y dotada de unos perversos instintos y de Julia Livila, las cuales cometían incesto con su depravado hermano y eran también bastante golfas y dadas a los asuntos turbios. Por su matrimonio con Germánico, sobrino carnal de Tiberio y, al mismo tiempo, su hijo adoptivo, estaba emparentada directamente con el césar. Sin embargo, sus sospechas acerca de la relación de este con la muerte de su venerado marido le supuso convertirse en víctima de las iras del desmedido Tiberio, que cada día estaba más rarito y con una mala leche fastuosa. Total, que entre las sospechas de una y el odio acérrimo del otro, la cosa terminó fatal porque el cruel Tiberio la mandó azotar por un centurión, el cual hasta le saltó un ojo de un latigazo, y la mandó a Pandataria porque, entre otras cosas, era muy querida en Roma y el ambiente se estaba calentando entre la plebe a causa de sus denuncias sobre la muerte de Germánico, el cual era venerado por el pueblo como pocos lo habían sido. A su llegada a la isla se negó en redondo a comer, por lo que fue obligada a ello por orden de Tiberio. No obstante, al final se salió con la suya porque, al parecer, era tenaz como una mula. Tras su muerte fue incinerada allí mismo y solo volvió a Roma metida en una urna cuando su hijo Calígula logró hacerse con el trono.


Claudia Octavia, hija del controvertido Clau-Clau-Claudio y de la lasciva Valeria Mesalina, muy conocida por su insaciable lujuria. Claudia fue casada con Nerón por motivos, caber suponer, similares a los que hicieron posible el matrimonio de Tiberio con Julia: facilitar el ascenso al poder de Nerón ya que este, hijastro de Claudio, estaba celosamente controlado por su posesiva y asfixiante madre, la taimada e incestuosa Agripina la Menor (hija mayor de la Agripina que acabamos de ver y, por ello, hermana de Calígula). Nerón, que era muy joven cuando se casó con una Octavia de apenas 13 años, se puso muy contentito por la boda y la celebró con grandes fastos, juegos y demás saraos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que el memo de Nerón se encoñó enormemente con Popea Sabina, considerada como una de las más donosas hembras de Roma la cual, como está mandado, se encargó de calentarle el cerebro a Nerón para que enviase a la infeliz Octavia a contar nubes a Pandataria acusada de adulterio, lo cual demuestra que el césar tenía una jeta de granito ya que el adúltero era él. No obstante, también la repudió por estéril, cosa que cabreó al personal hasta tal extremo que Nerón, muy dado a putear a destajo, hizo saber al pueblo que echaría a Popea y se volvería a casar con Claudia. Al saberse, la gente se echo alborozada a la calle a festejarlo, momento que aprovechó el alevoso césar para ordenar que tropas armadas de palos salieran a dar una soberana tunda a los probos ciudadanos. A fin de eliminarla para siempre de su lista de preocupaciones, ya que era muy popular en Roma y la plebe se estaba cabreando por el trato dado a la pobre hija de Claudio, envió a la isla a su liberto Aniceto, ejecutor de todas las canalladas que tramaba. El tal Aniceto fue enviado a finiquitar a Octavia, a la que cortó las venas y remató metiéndola en una bañera con agua muy caliente cuando apenas tenía 22 años, el 8 de junio de 62, tras lo cual le cortó la cabeza para presentársela a la bella pero malvada Popea para deleite de la muy guarra y alevosa. Doce días después del deceso de Octavia, Nerón se casó con ella, la cual no podía imaginar que no tendría un destino mucho mejor ya que, apenas tres años más tarde, murió estando preñada como consecuencia de una patada en la barriga propinada por el mismo Nerón. Según Suetonio, fue debido a un avenate por querer ausentarse del circo a causa de las molestias que sentía. Gneo Domicio Ahenobarbo, el padre biológico de Nerón, afirmó que de Agripina y él solo podía nacer un monstruo, con lo cual queda claro que debía tener el don de la premonición porque engendró a un auténtico y verdadero hideputa.

Julia Livia, también conocida como Livila y por ello tocaya de su tía carnal, perteneciente a la nefasta progenie de Agripina la Mayor y Germánico (vaya familia, carajo). Livila, que se las gastaba como el resto de sus hermanos, fue enviada a una de las islas Pontinas, posiblemente a Pandataria, por su hermano Calígula por haber formado parte de un complot para quitarlo de en medio y poner en su lugar a su cuñado y, de paso, amante Marco Emilio Lépido. Como vemos, los Claudios eran un clan con los mismos principios éticos y morales de un político de pro. Tras el deceso de Calígula, cosido a puñaladas a causa de otro complot, pudo retornar a Roma. Sin embargo, en esta ocasión se topó con la venenosa Mesalina la cual pudo por fin ponerla en evidencia al cometer adulterio con Séneca. He olvidado decir que estaba casada con Marco Vinicio, un cónsul que no tiene nada que ver con el protagonista de QVO VADIS. En fin, a causa del flagrante adulterio, su tío Clau-Clau-Claudio la desterró, esta vez se sabe seguro que a Pandataria, donde murió de inanición por orden suya con 24 años. Fue la única que pasó por Pandataria dos veces, todo un récord como podemos ver.


Julia Vipsania Agripina, la inefable y peligrosísima Agripina la Menor tampoco se libró de una estancia en el Pandataria's Resort haciendo compañía a su hermana Livila por los mismos motivos: verse metida en un complot para derrocar a su aberrado y enloquecido hermano. Al igual que Livila, la muerte de Calígula le permitió regresar a Roma si bien en su caso, en vez de seguir complicándose la vida, optó por nadar y guardar la ropa. Había enviudado un año antes de dar término a su estancia en Pandataria ya que Gneo Domicio había muerto en el año 40, por lo que a su vuelta al mundo se veía solita y con solo la compañía del monstruo que había engendrado. Por ello, optó por casarse con Gaio Salustio Pasieno, un noble de alcurnia, del cual también enviudó al cabo de seis años. Su meta fue emparentar con su tío Claudio para convertir al perverso Nerón en césar y, gracias a ello, ser la cortara el bacalao a la sombra de su hijo. Su final es merecedor de una entrada en exclusiva porque no pueden vuecedes imaginar lo que tuvo que pasar Nerón para liberarse de la tutela de su odiosa y dominante mamá.


Flavia Domitila, al parecer sobrina de Santa Flavia Domitila, esposa del cónsul Flavio Clemente. Es la excepción que confirma la regla porque esta mujer, en vez de ser una depravada y una golfa como las anteriores huéspedes de Pandataria, no solo era decente sino que incluso fue perseguida abjurar del paganismo. Según parece, la pareja se convirtió al cristianismo durante la persecución de Domiciano, con el que incluso estaban emparentados. Y como suele ocurrir con las vidas de los primeros mártires cristianos, su historia está tan novelada y tergiversada que creo que lo mejor es no molestarse en separar la verdad del mito ya que se me antoja, además de complicado, carente de utilidad ya que en este caso se trata solo de relacionar a los huéspedes de la isla. En cualquier caso, parece ser que la santa fue remitida a la isla de Ponza, en donde fue martirizada en el año 95, mientras que a la Flavia que nos ocupa la facturaron a Pandataria. Con todo, insisto en que la existencia de este personaje es un tanto cuestionable, las fuentes que la citan no concuerdan en general y, en definitiva, carecen del rigor de las citadas anteriormente. No obstante, he querido dejar constancia de este posible y peculiar huésped de la isla.

Bueno, si alguna vez van de viaje a Nápoles, además de ir a Capri como hace todo el mundo aprovechen y se dan un garbeo por Pandataria. Supongo que merecerá la pena al ser un sitio tan cargado de historia.

Hale, he dicho


Vista aérea de las ruinas de la villa de Punta Eolo. A la vista de los acantilados que la rodean, coligo que
no debía ser fácil escaparse de allí.

2 comentarios:

diseno total dijo...

buen atìculo , serìa interesante conocer

Amo del castillo dijo...

Celebro que haya sido de su interés

Un saludo