martes, 2 de febrero de 2016

Bayonetas de cubo




Sí, ya sé que en su día se habló de las diversas tipologías de bayonetas incluyendo las de cubo. Sin embargo, no se explicó nada acerca de sus diversas morfologías, su proceso de fabricación, etc. Así pues, al grano, que para luego es tarde. Empezaremos con el proceso de fabricación, si bien conviene echar antes un vistazo a la ilustración de la derecha, en la que podemos ver los cuatro pasos necesarios para montar una bayoneta en el fusil. Como podemos apreciar, de arriba abajo, en primer lugar se emboca el cubo con el cañón y se desliza el punto de mira a través de la ranura. Una vez haga tope al final de la misma, se gira un cuarto de vuelta a derecha y se empujará de nuevo por la siguiente ranura hasta que, finalmente, quede bloqueado en el cañón. Mientras se mantuvo este sistema, las bayonetas debían quedar ancladas a un costado del cañón ya que la baqueta del fusil impedía otra disposición que no fuera esa.

En cuanto a su manufactura, como ya supondrán vuecedes, estas armas tenían menos mecanismos que un chupete. Básicamente, podemos decir que se componían de dos piezas: el cubo y la hoja. No obstante, algunos modelos tenían una argolla en la embocadura del cubo a modo de refuerzo, cerrando la ranura por donde entraba el punto de mira. Las bayonetas de cubo de aquella época, al carecer de resortes de retenida, debían encajar perfectamente en el cañón ya que, de lo contrario, se moverían constantemente e incluso podían desprenderse del mismo, lo que en plena batalla era muy irritante. En la ilustración superior tenemos los dos tipos de cubos más habituales. El de la izquierda es el más básico, y es un simple manguito con su ranura para el punto de mira sin más historias. Aunque era el menos fiable, muchísimos modelos reglamentarios en diversos países estaban fabricados con este sistema. El de la derecha presenta una argolla ovoidal denominada nariz, en cuyo interior tenía una entalladura o puente por donde entraba el punto de mira. De ese modo se impedía que el cubo, debido a su uso constante, se abriese, lo que haría aún más inseguro el armado de la bayoneta en el fusil. 

Por ese motivo se introdujo un nuevo sistema que podemos ver a la derecha. Además de la nariz se añadió una abrazadera o anilla con una morfología similar. Su finalidad era asegurar el punto de mira que, al pasar por el puente de dicha abrazadera, permitía el giro de esta, bloqueando de ese modo el cubo al cañón de una forma mucho más sólida y fiable. El tornillo que vemos en la abrazadera en cuestión no tenía otra finalidad que regular la presión de la misma para que permitiese el giro pero no que bailase sobre el cubo. O sea, que no era para quitarlo o ponerlo en su lugar ya que eso era imposible una vez unido dicho cubo a la hoja, ni tampoco para fijar de forma permanente la bayoneta al fusil. En la parte superior de la imagen podremos ver con más detalle la apariencia de la nariz una bayoneta que, en este caso, su puente presenta un corte con aristas. La forma del puente dependía de la sección del punto de mira, como es lógico.

No obstante, aunque lo habitual era que las ranuras de engarce fueran rectilíneas formando ángulos de 90º, algunos modelos usaban un sistema de ranura helicoidal, o sea, que obligaba a efectuar un suave giro de un cuarto de vuelta a la bayoneta durante la secuencia de armado en el fusil. A la izquierda tenemos un ejemplo, en este caso perteneciente al modelo 1854 del ejército austriaco que, además, dispone de una anilla encajada entre dos resaltes. Estos detalles evidencian que se trata de un arma muy bien terminada, y no como otras muchas que veremos más adelante que, la verdad, ofrecen unos acabados de lo más birrioso.

En esa otra ilustración vemos la secuencia de montaje de una bayoneta. El cubo y la hoja han sido forjados por separado, recibiendo cada pieza el temple adecuado. Al parecer, las hojas no se templaban en exceso, supongo que para impedir su rotura en combate a la vista del mal trato que recibían. De ese modo, antes de partirse se doblarían. Así pues, una vez terminadas las dos piezas se unían mediante soldadura. Algunos modelos presentaban en el codo una pequeña base como la que aparece en la ilustración para hacer la unión más sólida. Otras, por el contrario, tenían el codo unido al cubo sin más. La misión del codo no era otra que mantener la hoja a una distancia del eje axial del cañón que permitiera la recarga del fusil sin desollarse los nudillos más de la cuenta la atacar la carga con la baqueta. Por otro lado, se pretendía también preservar dentro de lo posible la hoja de los restos de pólvora que salían con el disparo. Recordemos que la pólvora negra es muy higroscópica y, por ese motivo, favorece la oxidación del metal.

En lo tocante a la sección de las hojas, la más frecuente fue por norma la triangular. La cara superior era siempre plana para que los dedos no se dañasen al cargar el arma, mientras que las dos caras inferiores podían ser lisas o con vaceos para aligerarla de peso y darle más resistencia. En el centro tenemos una bayoneta con la hoja de sección cruciforme, morfología esta que perduró en el tiempo hasta el siglo XX con, por citar un par de ellas, la Rosalie francesa y la del Mosin-Nagant ruso. Por último aparece una hoja de cuchillo convencional, perteneciente a modelo 1859 del ejército austriaco. Obviamente hubo algunos modelos más bastante escasos y que apenas tuvieron difusión, provistos de hojas con anchuras desproporcionadas o las formas más peculiares, pero en esta ocasión nos centraremos en las tipologías habituales.

En lo referente a las terminaciones, como ya comentaba más arriba, en muchos casos vemos ejemplares pésimamente acabados, con claras señales de las herramientas usadas para fabricarlas. Donde más se aprecia esta falta de cuidado es precisamente en la ranura del cubo, que suelen presentar las marcas de la segueta con que la cortaron, así como de la lima con que les dieron forma, si bien de manera muy burda. Los ejemplos que vemos a la derecha son una muestra palmaria de lo dicho. Pertenecen a modelos británicos y norteamericanos, y en los óvalos rojos se pueden apreciar perfectamente las marcas antes citadas. De hecho, las ranuras ni siquiera están bien alineadas ni tienen una anchura uniforme, así que no parece que se tomasen muy a pecho darle al producto final un acabado razonablemente decente. Del mismo modo, se ven incluso casos en los que el interior del cubo ni siquiera es cilíndrico, por lo que al pardillo que le tocase una de esas las pasaría putas para armarla en su fusil.

Por último, conviene mencionar las vainas. Puede que muchos den por sentado que las bayonetas de cubo iban siempre fijadas al fusil, pero no era así. De hecho, todas disponían de su correspondiente vaina y su tahalí, piezas estas que, como no salen en las películas, son prácticamente desconocidas. Sin embargo, según podemos ver en la foto de la izquierda, había modelos de diversos tipos. De hecho, la lista sería larguísima por lo que no me queda otra que mostrar solo esos ejemplos como más representativos. Las vainas solían fabricarse de cuero, y en algunos casos con brocal y contera de bronce. Unas, como la que aparece en segundo lugar por la derecha, iban cosidas directamente al tahalí, el cual quedaba unido al cinturón o disponían del suyo propio, en muchos casos fabricado de tela de lino tal como aparece la reconstrucción de la izquierda, ideado para portarlo en bandolera. Otras, como la de la derecha, tenían una presilla para fijarlas o quitarlas del cinturón con rapidez. En el caso de las fundas para las bayonetas españolas, se fabricaban de cuero con el interior de costillas de madera para  darles rigidez. Como guarniciones tenía una contera y un brocal provisto de botón para sujetarla al tahalí, de forma que su aspecto sería similar al modelo que aparece en el centro de la foto.

En fin, con esto queda explicado, si bien de forma somera, lo más básico de este tipo de bayonetas. No obstante, con lo dicho se puede abarcar prácticamente la totalidad de las tipologías más habituales, así que para cuestiones más enjundiosas ya hablaremos en mejor ocasión con más detenimiento sobre determinados modelos.

Hale, he dicho