lunes, 1 de febrero de 2016

Bricolaje armero: Hachas de combate egipcias 2


El eximio Faraón de Camas salvajemente agredido por un hitita que, para
colmo de males, también era antitaurino. En todo caso, la contundencia
del hacha épsilon que le arrebató al faraón para apiolarlo queda patente.

Bueno, prosigamos. Hoy veremos como fabricar la otra tipología molona y fácil de estas hachas milenarias: las denominadas como épsilon debido a su supuesto parecido con esa letra del alfabeto griego, igualita que un 3 escrito al revés. Esta es un poco más difícil que la que vimos en la entrada anterior o, mejor dicho, más tediosa de fabricar, pero nadie dijo que las cosas tuvieran siempre que ser fáciles, digo yo...



Las medidas están basadas en ejemplares originales, pero cada cual puede
fabricarlas del tamaño que quiera, faltaría más.
Bien, los ingredientes principales son los mismos que los usados para fabricar la tipo D: el palo, que será igual en ambos casos, y la chapa de bronce o latón. En esta ocasión podremos prescindir de las tiras de piel ya que la fijación al mango se llevará a cabo mediante remaches pasantes, y la tira de lino o arpillera será necesaria para impedir que la sangre y los restos de cerebro del cuñado de turno hagan que nos resbale de la mano homicida. Estas hachas fueron contemporáneas a las tipo D, o sea, tuvieron su máxima difusión durante el Reino Medio, y suelen aparecer en los bajorrelieves de la época en manos de las tropas de infantería. Estas solían combinarlas con mazas y khopesh, lo que indica que buscaban ante todo dejar fuera de combate a los enemigos al primer envite con un solo pero definitivo golpe. De esta tipología tenemos dos formas bien diferenciadas, las cuales podemos ver en la figura superior. Según podemos apreciar, la que aparece arriba es más larga y menos curvada, mientras que la otra es justo lo contrario, más corta y curvada.

Los orificios de fijación los dejaremos para más tarde
Estas hachas no estaban unidas al mango mediante tiras de cuero, sino con remaches, según avancé antes. Lo suyo es que fuesen de latón, y se pueden fabricar partiendo de una fina barra de dicho material. Unos 3 mm. de diámetro serán más que suficientes. En las tiendas de modelismo son fáciles de encontrar de diversos calibres pero, caso de no tener ninguna cerca de casa, pues se recurre a clavos del diámetro deseado y santas pascuas. Lo más tedioso será en este caso recortar la chapa debido a los entrantes de la hoja. Como con una sierra de calar no será posible, habrá que recurrir a un taladro provisto de una broca de 5 ó 6 mm. e ir perforando la chapa con santa paciencia tal como vemos en la figura superior. Sí, es un coñazo, pero no queda otra. Una vez recortada la chapa se afina el corte a golpe de lima y quedará perfectamente. Ah, lo olvidaba... Antes de perforar hay que marcar los sitios donde haremos cada orificio con un granete ya que, de no hacerlo así, la broca resbalará y nos saldrá un puñetero churro. Si no tenemos granete ni ganas de compra uno (en realidad son muy baratos), pues recurrimos a una puntilla bien aguzada.

Una vez terminada la hoja llegará el turno del mango. Haremos tres cajas o mortajas donde irán alojados las tres lengüetas de la hoja. Recordemos que se pueden hacer con un formón o, caso de no disponer del mismo, con un destornillador al rojo. Insisto en lo que ya comenté en la entrada anterior: estas cajas deberán tener unas dimensiones tales que la hoja entre justa, sin holguras. Si nos pasamos, podemos rellenar el espacio sobrante con pasta de madera o, si no queremos gastar los dos eurillos que vale el tubo, nos la fabricaremos nosotros mismos con serrín procedente del mango mezclado con cola blanca. Queda como un cuerno de duro, lo juro. Ponemos la pasta con ayuda de una pequeña espátula o algo similar y esperamos a que se seque. Finalmente, hacemos los agujeros para los remaches, que para que nos queden parejos podemos fabricar una plantilla con cartulina. Luego colocamos la hoja e, introduciendo la broca por los agujeros que hemos hecho, perforaremos el metal con cuidado de que no nos desviemos y deformemos el agujero del lado opuesto del mango.

Colocamos los remaches, que habremos cortado de forma que sobresalgan unos 2 mm. por cada lado, y remacharemos golpeando por los bordes para deformarles la cabeza. Luego lo podremos repasar con una lima fina para que queden bonitos y tal. Ojo, que para remachar como Anubis manda hay que apoyar el lado opuesto del remache contra una superficie dura, como la cabeza de un martillo grande, un tornillo de mesa o, si no disponemos de nada parecido, un puñetero adoquín que podremos obtener robándolo por la cara de alguna obra. Una vez colocados los remaches y debidamente repasados, solo nos resta terminar la empuñadura con la tira de lino/arpillera y sanseacabó. En la figura superior vemos el aspecto que tendrían estas hachas una vez terminadas (terminadas bien, se entiende, no si salen como una birria), y una transparencia con el encaje de la hoja en el mango.

En fin, dilectos lectores, espero que estas sugerencias bricolajeras les sirvan, no solo para blandirlas ante las atemorizadas jetas de parientes gorrones, sino para deleitarse, solazarse y regodearse tanto en su elaboración como en su contemplación en algún lugar preferente de la casa: chimenea del salón, delante del inodoro mientras acudimos a la llamada de la naturaleza, o incluso en el recibidor como señal de aviso a sableadores, predicadores mormones, testigos de Jehová y demás ciudadanos palizas de que uno no se anda con tonterías. 

Hale, he dicho

¡Al ataquerrrrlllllll!