domingo, 7 de febrero de 2016

Monografías: el SCUTUM romano. Orígenes




Por regla general, cuando se hace referencia al escudo usado por las legiones romanas lo primero que se viene a las mentes del personal es la conocidísima tipología semi-cilíndrica. De hecho, cualquiera que se deleitase en sus años jóvenes con las maravillosas aventuras de Astérix, Obélix y los irreductibles galos de su aldea en la Armórica conoce esos escudos y, ciertamente, los personajes creados por René Goscinny y Albert Uderzo han servido para difundir entre la chavalería multitud de detalles que, en muchos casos, incluso han sido un acicate para que cantidad de mozalbetes se afanen en aprender más sobre ese período de la historia. En cualquier caso, la cuestión es que esa tipología en concreto ni fue la primera, ni la única ni tampoco la más usada por las legiones, así que dedicaremos esta pequeña monografía a dar un repasillo a los entresijos de esta pieza de la panoplia romana que, sin duda, fue determinante a la hora decidir muchas de sus victoriosas campañas a lo largo y ancho de su vasto imperio.


Figurita de bronce datada hacia el
500 a.C. que representa un hoplita
etrusco. Como vemos, usa armadura
de lino, aspis y grebas. Solo los perso-
najes pudientes podían permitirse una
panoplia semejante.
Como es de casi todos sabido, el armamento usado por el ejército romano era un compendio de plagios. Gente práctica hasta la médula, no se preocupaban de inventar nada al respecto, prefiriendo adoptar las armas de las naciones enemigas que, a su parecer, podían serles de utilidad o darles un mejor rendimiento. El yelmo y la loriga eran de origen celta, la espada y el puñal de infantería eran hispanos, y el escudo primigenio estaba basado en los utilizados en el mundo helénico, de quienes los romanos fueron fieles herederos culturales en muchos aspectos. Porque, originariamente, los escudos empleados por la pujante tribu itálica- así como los samnitas, sabinos, oscos y etruscos- eran básicamente los mismos que los aspis usados por los hoplitas griegos, así como su forma de combatir en falanges, o sea, en orden cerrado. Sin embargo, en una sociedad en la que los ciudadanos eran llamados a las armas cuando era preciso y además tenían que costearse su propio armamento, solo los más pudientes podían permitirse el elevado costo que suponía adquirir un escudo al estilo griego. Por otro lado, debían procurar que el tipo elegido fuera lo más eficaz posible ya que, precisamente por su carencia de medios económicos, su protección dependería exclusivamente de su escudo al no poder pagar las corazas de bronce al uso en aquella época. 



De ahí que los menos pudientes se equiparan con escudos fabricados con madera y cuero, dejando de lado las láminas de bronce y las abrazaderas empleadas en los aspis griegos. Por otro lado, se buscaba que fuesen de un tamaño tal que les permitiese cubrir el máximo posible de sus anatomías para ofrecer el menor blanco posible a los enemigos ávidos de desparramar sus vísceras en el campo de batalla. Un ejemplo lo tenemos en la ilustración de la derecha, donde aparece una de las tipologías más primitivas, que podríamos datar hacia el 500- 400 a.C., y que correspondería a los usados por los ciudadanos más pobretones. Se trata de una pieza fabricada con listones de madera, posiblemente de sauce o álamo, pegados unos a otros y con una longitud de alrededor de 1 metro. Para darle consistencia al conjunto se ha reforzado por su cara interna con dos listones transversales, y ha sido forrado con una capa de cuero o lino fijada al escudo mediante pequeños clavos por el reverso del mismo. La pieza más significativa es el umbo central, fabricado con bronce y que protege la mano que empuña la manija, habiendo desaparecido la abrazadera típica de los aspis. Por último conviene señalar la imagen que ofrecemos del perfil de este modelo, que acusa una leve curvatura. El motivo de esta no es otro que aumentar la superficie a cubrir del cuerpo del portador del escudo ya que los aspis solo protegían de forma eficaz el costado izquierdo, quedando el derecho más expuesto y a merced de la defensa que le proporcionaría el escudo del camarada situado a su derecha. 


Pero como siempre ha habido clases, los ciudadanos con más medios económicos se procuraban piezas de más calidad, como es lógico. A la izquierda podemos ver un ejemplo que, al igual que el anterior, ha sido fabricado siguiendo el mismo proceso y con materiales similares. Sin embargo, su morfología y dimensiones son distintas, así como el umbo y la SPINA central que parte en dos la superficie del escudo. En este caso hablamos de una pieza hexagonal de un largo que permitiría cubrir a su portador desde las rodillas hasta el cuello aproximadamente, con un perfil curvado que tiende a envolverle. El umbo está provisto de una especie de cresta en el centro con la que el escudo ya no solo es un arma defensiva, sino también ofensiva. Un golpe en plena jeta podría dejar fuera de combate a cualquier enemigo aprovechando además el peso de este ejemplar y, para mejorar aún más su capacidad defensiva, el refuerzo vertical llamado SPINA tiende a desviar hacia los lados cualquier proyectil lanzado contra él: piedras, glandes, flechas o dardos. Esta SPINA, que se convirtió en una pieza característica de los escudos romanos hasta la aparición del tipo semi-cilíndrico, estaba fabricada con madera y se fijaba al escudo mediante clavos.

Según algunos autores, el origen de esta morfología estaba en los escudos usados por samnitas y sabinos, los irreconciliables vecinos de los romanos. Otros, por el contrario, afirman su naturaleza celta. Sea como fuere, la cuestión es que esta morfología se generalizó por sus incuestionables cualidades, pasando a ser el escudo normalizado de la infantería. A la derecha vemos un detalle de la misma procedente de una SITVLA de bronce que formaba parte del ajuar funerario de una tumba de la necrópolis de Arnoaldi, y está datada hacia el 450 a.C. Curiosamente, este ejemplo tan primitivo ya muestra lo que sería la panoplia habitual de los legionarios de siglos posteriores, formada por el yelmo, el escudo y dos jabalinas además de la espada. En este caso, dicho escudo es rectangular.


A la izquierda podemos ver una reconstrucción de otra tipología samnita basada en una descripción de Livio, en la que afirmaba que era el de uso habitual entre su infantería hacia el año 300 a.C. Se trata de una pieza trapezoidal en la que, a la vista de su estrecha SPINA, el agarre debía ser aún mediante abrazadera y manija según se aprecia en la imagen del reverso. El motivo de esta morfología obedece a un intento de aumentar la protección del pecho, mientras que su parte inferior más estrecha facilitaba al parecer el movimiento del combatiente. El origen de este modelo es incuestionable ya que aparece en diversas representaciones artísticas de la época, e incluso se puede ver en un bajorrelieve hallado en Venafro (Italia) datado hacia el 50 d.C. Dicho bajorrelieve representa a unos gladiadores samnitas, uno de los cuales porta un escudo de este tipo.


Con todo, los umbos se convirtieron en un complemento de las SPINÆ y fueron desde aquella época una parte inseparable de los escudos romanos hasta tiempos de Augusto. Como es lógico, la mano que empuñaba dichos escudos debía estar debidamente protegida para no tener que ver los dedos tomando camino por otro lado, así que se elaboraban piezas lo suficientemente sólidas como para resistir los desaforados golpes propinados por los bárbaros de toda índole y provistos de armas sumamente contundentes. A la izquierda tenemos varios ejemplos que corresponden a las morfologías habituales, siendo el primero de la izquierda de la fila superior el que se impuso en primer lugar entre los escudos de la infantería. Las aberturas situadas en los extremos superior e inferior tenían como finalidad dar cabida a la SPINA. En lo tocante a los materiales empleados, eran por norma el hierro y el bronce, obteniendo una única pieza mediante batido. La fijación al escudo se llevaba a cabo mediante remaches pasantes, lo que permitía su sustitución en caso de necesidad sin tener que complicarse mucho la vida.

Pero aparte de los umbos que hemos visto en el párrafo anterior, sin adornos de ningún tipo, en los museos se conservan bastantes ejemplares de otros sumamente lujosos, hallados en muchos casos formando parte de ajuares funerarios. Sus niveles de acabado y el delicado trabajo que presentan ha hecho pensar que se pueden tratar de piezas votivas o procedentes de escudos de parada como los utilizados por los EQVITES en sus alardes durante las ejecuciones de la HIPPIKA GYMNASIA, opinión esta que me parece bastante creíble tanto en cuanto estas piezas están datadas en la época imperial, precisamente cuando tenían lugar estos ejercicios ecuestres. En la foto superior mostramos dos piezas a modo de ejemplo, demasiado elaboradas y caras para que cualquier dacio  o germano cabreados los chafaran bonitamente.

Como colofón a esta primera parte, que hoy es domingo y no estoy para darle mucho a la tecla, comentar un detalle acerca del término SCVTVM. Este palabro no se usaba para designar una tipología determinada, como muchos suelen creer, sino que era como denominaban de forma genérica a los escudos de la misma forma que hacemos nosotros, reservando determinados términos para tipos concretos como, por ejemplo, los broqueles, las tarjas o las adargas. Así pues, SCVTVM era como un romano llamaba a cualquier escudo, tuviera la forma que tuviera. Según Marco Terencio Varrón, el término deriva de la palabra SECTURA, que significaba cortado. Ello se debía a que los escudos se fabricaban con cantidad de madera cortada en piezas pequeñas- como ya veremos en su momento-, y jurovos que no seré yo el que discuta al insigne polígrafo.

En fin, vale por hoy. Mañana, más

Hale, he dicho

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La foto es un buen ejemplo de como un uso inteligente del escudo lo convertía en un elemento defensivo de lo más
versátil. Esa muralla erizada de aguzados PILA era prácticamente infranqueable hasta para los germanos más
feroces hasta las cejas de farlopa.