lunes, 8 de febrero de 2016

Monografías: el SCUTUM romano. Evolución 1


Fragmento del altar de Domicio Enobarbo, datado en el
siglo I a.C., que muestra el tipo de escudo usado en tiempos
de la República por la infantería romana
Cómo odio los lunes, carajo... En fin, prosigamos. 

Según vimos en la entrada anterior, los probos ciudadanos de la ínclita Roma acabaron adoptando un tipo de escudo de origen samnita según la opinión más extendida. Su morfología podemos observarla en la imagen de la izquierda, en la que aparecen dos legionarios portando sendos escudos de forma oblonga provistos de una SPINA central idéntica a la del escudo trapezoidal que mostramos en la entrada anterior. Obviamente, los romanos tomaron la idea del ejemplar samnita para, a continuación adaptarlo a sus necesidades en función de la forma de combatir de sus legiones. Veámoslo por partes:



A la derecha tenemos una reconstrucción del mismo con las proporciones de la descripción que Polibio hizo del escudo reglamentario, en la que especificaba que se trataba de una pieza convexa con una altura de 118 cm. y una anchura de 74. La curvatura era de 10 cm. La cara externa se cubría primeramente con lienzo, y después con piel de vacuno. Según podemos observar, está provisto de un umbo metálico y de SPINA, si bien inicialmente dicho umbo, tal como se aprecia en los del altar de Domicio Enobarbo, era una pieza de madera.


A la izquierda tenemos una figura que muestra una vista en sección de ese tipo de umbo el cual, junto a la SPINA, formaba un conjunto de tres piezas. Obviamente, la madera no podía ofrecer una protección similar a la que proporcionaban el bronce o el hierro, y de ahí el fabricar umbos de metal que cubrieran el de madera y cuyo aspecto podemos ver junto a la figura anterior, así como su apariencia una vez colocados en el escudo. Además se añadieron dos protecciones en los bordes superior e inferior en forma de cantoneras de bronce remachadas al escudo. La finalidad de estos añadidos estaba muy clara: el superior debía protegerlo de los tajos de las armas enemigas, y el inferior del uso cotidiano cuando se apoyaba en el suelo, a lo que convendría tal vez añadir que, aunque no estaba concebido para ello, podría también servir para golpear las canillas o los pies de los enemigos. El borde metálico unido al peso del escudo garantizaría, además de un berrido atroz por parte del damnificado, una fractura de tibia que dejaría fuera de combate al más pintado. Por lo demás, disponía de dos anillas en el reverso donde se fijaba una correa de transporte la cual debía ser eliminada a la hora de entrar en combate, ya que no se aprecia la misma en las representaciones artísticas que han llegado a nuestros días.


Relieve que muestra a los llamados
"Guerreros de Estepa", aparecido
en esa población sevillana. Ambos
portan sendos escudos de época
republicana sin decoración
En lo referente a la decoración de estos escudos hay división de opiniones. Vegecio afirmaba que cada cohorte pintaba diferentes signos en sus escudos, y que cada legionario ponía en el reverso su nombre, así como el número de cohorte y centuria donde servía. Este último detalle ha sido tenido en cuenta en la recreación que vimos más arriba. No obstante, Polibio, que se molestó en hacer una descripción tan detallada del escudo de infantería romano y además era contemporáneo al mismo, no mencionó nada respecto a cuestiones decorativas. Por otro lado, Sexto Julio Frontino narraba una anécdota según la cual Escipión  el Africano, durante el cerco a Numancia, se quejaba de como un legionario había decorado primorosamente su escudo mientras que no había prestado tanta atención a su espada. Obviamente, eso no demuestra que esa práctica fuera común y, en todo caso, a mi parecer, lo más lógico es que se pintara la cubierta del escudo de determinados colores en función de la unidad con meros fines identificativos, pero sin adornos de ningún tipo. Sea como fuere, en la reconstrucción que he hecho de esta tipología me he permitido poner una cabeza de Medusa y que cada cual opine lo que tenga a bien porque, de momento, nadie puede afirmar nada al respecto en un sentido u otro.


Bien, cuestiones estéticas aparte, la cosa es que el legionario del período republicano estaba equipado con un escudo concienzudamente fabricado- de eso ya hablaremos en su momento-, diseñado para dar un rendimiento óptimo y, aunque manejable, muy pesado precisamente por el sistema de elaboración seguido. En reconstrucciones llevadas a cabo por Connolly inspiradas en el único ejemplar original de la época (imagen suprior), hallado en 1900 en Kasr al-Harit (Egipto), se ha concluido que pesaba unos 10 kg., que no es moco de pavo. Hablamos de un escudo de 128 cm. de alto por 63,5 de ancho que los sufridos legionarios debían acarrear permanentemente sobre sus personas colgado en la espalda con la correa de transporte cruzando horizontalmente el pecho, o empuñado por la manija cuando entraban en combate, lo que nos indicaría que estos hombres poseían una fuerza notable gracias al constante ejercicio. Si alguien lo duda, que se ponga a hacer filigranas con una bombona de Butano vacía, que pesa 12,5 kilos, y nos cuente qué nota en el brazo al cabo de solo cinco minutos. 


¿Cómo poder manejar con soltura un escudo tan pesado? Según Vegecio, entrenando al personal con escudos fabricados con trenzados de ramas de sauce que pesaban el doble de uno normal, o sea, manejando un escudo de unos 20 kilos nada menos. Cabe suponer que estos sujetos debían tener unos brazos similares a los del increíble Hulk ese, porque manejar un trasto de ese peso solo con el esfuerzo de la muñeca y la presa de la mano izquierda no creo que sea apto para el hombre moderno. Además, Vegecio añade que el entrenamiento con dicho escudo, así como con una espada de madera también el doble de pesada que un gladio normal, se llevaba a cabo dos veces al día, por la mañana y por la tarde. En la figura superior hemos recreado un escudo de entrenamiento que, como vemos, consta de un entramado de ramas finas con una cubierta de cuero cosida al mismo. Para sujetarlo va provisto de una rudimentaria manija atada a la estructura de ramas ya que, obviamente, aquí no se podrían usar remaches.


Bien, este era el escudo reglamentario de la infantería hasta el siglo I a.C. No obstante, como ya se anunció en la entrada anterior, no era el único modelo en uso. Los músicos y los porta insignias de cada legión estaban exentos de acarrear por los vastos dominios del imperio el enorme y pesado escudo de sus camaradas ya que bastante tenían con ir cargados con sus instrumentos y las insignias de cada unidad. Así pues, y para no quedar indefensos, estaban equipados con una PARMULA, una pequeña rodela como la vemos en la ilustración superior. Las PARMULÆ, según se ve en las fotos de la derecha, pertenecientes a la Columna de Trajano, las transportaban colgadas en el costado izquierdo, bajo el brazo. Eran piezas bastante ligeras en comparación con sus hermanos mayores, estando fabricadas con listones de madera recubiertos de cuero. Todo el escudo está canteado con bronce para reforzarlo de cara a los golpes de los enemigos, así como para darle más solidez al conjunto. El ejemplar recreado en la imagen corresponde a la época de César, y en el centro presenta un umbo circular fabricado de hierro que permitía asestar demoledores golpes en las jetas enemigas durante los cuerpo a cuerpo. En este caso sí procede decorar el anverso del escudo ya que en esa época se había generalizado esa costumbre. Las alas y los rayos eran por lo general símbolos bastante recurrentes en aquel período, así como añadir el nombre, el número o el animal que representaba a una determinada legión.


Concluiremos la entrada de hoy haciendo mención a las fundas protectoras que se usaban para preservar los SCVTA de las inclemencias del tiempo y la suciedad durante las marchas y los acantonamientos. Los romanos, gente pragmática hasta la médula, tenían claro que un escudo no era precisamente barato, y que había que preservarlo todo lo posible salvo cuando llegaba la hora de combatir. Para ello, eran guardados en unas fundas de cuero que cubrían todo el anverso y se cerraban en el reverso mediante un cordón pasado por un dobladillo, y bien embadurnadas con grasa animal eran totalmente impermeables. En la ilustración vemos dos reconstrucciones de estas fundas. La de la izquierda corresponde a la de una PARMULA, mientras que la de la derecha muestra la parte trasera de un escudo de infantería. Todas las fundas eran iguales, o sea, el mismo tipo para todos los SCVTA, adaptándose solo a su forma.

Bueno, para ser lunes abominable ya me he enrollado bastante. Mañana sigo, que aún queda bastante por contar.

Hale, he dicho

Continuación de la entrada pinchando aquí

Ciudadanos recreacionistas ambientados en la época de la República. La foto nos permite tener una clara idea del
generoso tamaño que alcanzaban sus SCVTA, así como el elevado nivel de protección que proporcionaban a las tropas.