martes, 26 de abril de 2016

El almete italiano


Hace ya bastante tiempo se dedicó una entrada sobre este tipo de yelmos tan molón que, como se comentó, podríamos decir que era la culminación tecnológica de todos los diseños creados para proteger los aristocráticos cráneos de sus propietarios. Así mismo se estudiaron las dos variantes de los mismos, si bien no en profundidad sino de una forma más generalista. Así pues, creo que no estaría de más profundizar en la que tuvo más difusión durante su larga vida operativa ya que tuvieron bastante aceptación, aparte de en Italia, en España, Francia e Inglaterra. De hecho, los arneses provistos de almetes que se conservan en las diversas armerías de estas naciones son mayormente de manufactura italiana, exceptuando las fastuosas piezas tedescas adquiridas por el césar Carlos que, fiel a sus orígenes germánicos, solía tirar más para su tierra. Por cierto, una aclaración antes de proseguir: el hecho de que un arnés fuese de estilo italiano no quiere decir que necesariamente estuviera fabricado en Italia, ya que en los centros armeros de Europa proliferó este estilo de la misma forma que hoy día se fabrica la ropa siguiendo la misma moda en todas partes. Un ejemplo sería el ejemplar que vemos en la foto superior, manufacturado en Flandes hacia 1500.


A modo de recordatorio echemos un vistazo a a imagen de la derecha, en la que vemos las diferentes partes que constituían uno de estos yelmos. Por norma eran cinco: la calva, con su larga lengüeta trasera donde se apoyaban cada una de las dos yugulares, el casquete frontal que daba forma a la parte superior de la ocularia y, finalmente, el visor. Aparte, lógicamente, estaban las piezas de menudeo como bisagras, aldabillas, tetones, etc., así como su peculiar varaescudo colocado en la nunca y cuya disposición y uso ya se estudiaron detalladamente en la entrada que se dedicó en su momento al sistema de fabricación de estos yelmos y que pueden vuecedes consultar aquí.

La pieza con una datación más antigua que se conserva pertenecía según Ewart Oakeshott a la armería de los Trapp, en el castillo de Churburg para, posteriormente, ser adquirida por un coleccionista particular. Dicho ejemplar, que podemos ver en la foto de la izquierda, está datado según qué autor entre 1410 y 1430, y su manufactura es atribuida al armero milanés Petrolo da Fagnano. Una de sus características más señaladas es la peculiar forma de asegurar el cierre, que hemos recreado sobre la foto original. Esta consistía en una tira de cuero o tela fuerte que circunvalaba el cuello del yelmo para asegurarlo con una corregüela que era anudada en el cogote. De la hilera de orificios de vemos en el borde inferior de la yugular se fijaba un camal de malla destinado a proteger el cuello sin restarle movilidad. O sea, que se podría decir que este almete era en algunos aspectos similar a los bacinetes de pico de gorrión y los klappvisier pero, curiosamente, en este caso está desprovisto de visera ya que no hay rastro de la existencia de goznes o bisagras que lo sustentaran. En definitiva, este curioso almete contenía rasgos propios de diversas tipologías, como si fuese una especie de compendio de lo fabricado hasta aquel momento.


Otro ejemplar también bastante temprano es el que vemos a la derecha y que ya presenta alguno de los rasgos que definen por norma los almetes. Esta pieza, atribuida al milanés Balzarino da Trezzo y datada entre 1420 y 1430, muestra la hilera de tetones perforados para cerrarlo mediante una corregüela que, en este caso, debería además tener su correspondiente camal de malla ya que no se observan perforaciones en el borde inferior del yelmo. Como elementos, digamos, ajenos a esta tipología, tenemos por un lado la peculiar forma de peine del visor, y por otro el cierre delantero efectuado mediante una palometa. Este almete, que actualmente no conserva el visor que hemos añadido para mostrar cómo sería su apariencia original, debía estar concebido para justar o combatir a pie ya que, eliminando dicho visor tal como se hacía con los bacinetes, permitía a su dueño un mayor campo visual sin el inconveniente de dejar el rostro desprotegido.

A lo largo del segundo cuarto del siglo XV se generó el almete tal como lo conocemos, conviviendo con el bacinete de pico de gorrión hasta aproximadamente 1450, cuando esta tipología empezó a caer en desuso ya que los almetes brindaban una protección muy superior en todos los sentidos. En la figura A tenemos el que sería el diseño más primitivo, que se caracterizaba por su carencia de forma en el mentón y por que la abertura para el rostro era más pequeña en comparación a sus sucesores. Por otro lado, el cierre mediante corregüelas desaparece a favor de un sistema de tetones implantado en la parte delantera y por detrás, donde las yugulares se fijaban a la estrecha lengüeta curvaba que descendía desde la calva. La figura B presenta una tipología posterior, en la que ya se empieza a dibujar, si bien aún de forma discreta, una leve curvatura en la zona del mentón que, además, aumenta el ángulo de deflexión de esa zona para desviar con más facilidad los lanzazos, tajos, etc. dirigidos a la cara. Así mismo, la parte del cuello ya no cae recta hacia abajo, sino que presenta un saliente cuya misión era detener o desviar los golpes de espada y demás armas de corte que impactasen en los laterales para que no acabaran en el hombro.

El visor es una pieza que merece un par de observaciones. Según vemos en la foto de la derecha, la parte superior estaba terminada formando un ángulo respecto al conjunto de la pieza para, tal como se muestra en las flechas, desviar hacia arriba cualquier objeto punzante, especialmente flechas o virotes, impidiendo de ese modo que penetren por la ocularia. Lo mismo tenemos en el borde del yelmo, que ofrece un saliente con idéntico cometido. Otro detalle a tener en cuenta es la pequeña argolla que remata el pasador del visor, lo que ha hecho pensar a más de un autor que, tal como se hacía con los bacinetes, estos pasadores podrían ir provistos de una cadenilla para no perderlos cuando se removía el visor a la hora de combatir a pie. No obstante, conviene señalar que nunca ha aparecido ningún bacinete provisto de este tipo de pasador con las cadenillas de marras. Por último, tengamos en cuenta otro detalle prácticamente común en esta tipología, y es el orificio situado en la calva, destinado a alojar un vástago que actuaba de soporte para las cimeras.

Dicho soporte lo podemos ver a la izquierda. El sistema de anclado era asaz ingenioso, y permitía una fijación bastante sólida en el orificio que vemos en la vista superior de la calva de un almete. Básicamente era una barra de hierro cuyo tercio inferior se dividía en tres, actuando las dos partes laterales como resortes. Al final del todo se practicaban unas muescas para el bloqueo de la pieza. A la hora de colocar el vástago se apretaban los resortes antes citados y se introducían por el orificio de forma que coincidiese con la muesca del mismo para, a continuación, girarlo 180º y soltar ambos resortes. La pieza quedaba sujeta al yelmo tal como vemos en la imagen de perfil. La rosca superior era para fijar la cimera. En la imagen superior mostramos un detalle de "La Batalla de San Romano", de Paolo Uccello, en la que se ven varios hombres de armas cada uno con su correspondiente cimera. Lógicamente, la longitud de la barra estaba condicionada por el diseño de la cimera.

Sin embargo, a pesar de su espléndido diseño, el almete italiano tenía un punto flaco, y era la unión entre las yugulares, especialmente por la parte delantera. Un golpe propinado con un arma contundente podría en un momento dado doblar una de ellas y abrir el yelmo, por lo que empezó a generalizarse el uso de barbutas- una combinación de gorguera y gola- como la que vemos en la ilustración de la derecha. Estas piezas de refuerzo tenían su origen en las usadas en los torneos, colocadas delante del yelmo para impedir que un lanzado en plena jeta le hundieran al personal el yelmo y las muelas. Pero las barbutas de torneo protegían solo la parte izquierda del rostro ya que por ahí vendría el golpe del adversario, así que a alguien se le ocurrió fabricar ejemplares de guerra que protegían ambos lados. Como vemos, no solo cubrían la parte inferior del yelmo, sino también el cuello y la parte superior del pecho. Sus launas estaban articuladas y se fijaban mediante una o, más raramente, dos correas que se abrochaban generalmente al lado izquierdo mediante hebillas. Al parecer, el varaescudo de la nuca tenía la misión de proteger esta correa de los tajos propinados por detrás. Si se partía ésta, obviamente la barbuta se iba a hacer puñetas. Para levantar el visor, observemos que tenían en el borde superior derecho una muesca donde encajaba un tetón que permitía subirlo o bajarlo con facilidad. Este detalle delataría a cualquier almete que tuviera previsto el uso de una barbuta.

Caso de no usar barbuta, la defensa del cuello quedaba encomendada a un camal de malla que, tal como se comentó al principio, podía ir fijado a la tira de cuero que cerraba el yelmo o bien, como en el caso de la foto de la derecha, a una lámina de hierro perforada que previamente había sido unida al yelmo mediante remaches. Las flechas marcan los tetones perforados que cerraban este almete mediante un simple cordón o una fina tira de cuero. En este caso se prescindía del varaescudo ya que no tenía mucha utilidad que digamos. Y como todo tiene sus pros y sus contras, mientras que la barbuta impedía mover la cabeza en cualquier dirección que no fuese hacia el frente- recordemos que, al cabo, era un accesorio proveniente de los torneos- el camal de malla dejaba una total libertad de movimientos a la cabeza. Lógicamente, se podían añadir bajo el mismo protecciones adicionales como un manto de obispo que, para los que no lo recuerden, eran unas golas de malla muy tupidas, fabricadas con anillas muy pequeñas y generalmente en una proporción de 6 a 1, lo que las hacía más espesas que la habitual de 4 a 1. En la foto superior derecha se puede ver un soberbio ejemplar conservado en la Colección Wallace de Londres.

La evolución de estos yelmos tampoco supuso cambios notables en su aspecto general. Aparte del antes citado respecto al aumento del perfil en la zona del mentón, se crearon piezas como la que vemos a la izquierda, en las que la articulación del visor quedaba oculta de forma que un tajo no pudiera alcanzarla y lo arrancase. También se aumentó el tamaño del crestón y el brocal del cuello para desviar golpes. Y, por último, el visor se hizo aún más agudo, en forma de pico de gorrión, muy adecuados para escupir hacia los lados cualquier objeto punzante. Como detalle a tener en cuenta, observemos que el ventalle solo está perforado por el lado derecho, norma esta que era habitual para no debilitar el lado opuesto que es por donde provenían los golpes salvo que el enemigo fuese zurdo, cosa que en aquella época debía escasear más que cervecerías en el Sáhara debido a que se corregía al personal desde muy críos, pensando que era una "desviación" impropia de hombres. De hecho, esta absurda costumbre ha perdurado hasta no hace demasiados años.

Por último, comentar otro par de detalles. Por un lado, los orificios que algunos solían tener en los laterales para mejorar la audición. Estos orificios solían estar distribuidos de forma circular, y en muchas ocasiones rodeados de algún grabado geométrico. Recordemos que los almetes eran unos yelmos que se ajustaban mucho a la cabeza, por lo que la posición de estos orificios debía estar perfectamente calculada para que no perdieran su utilidad. El otro detalle radica en la posición del portaplumas que, al carecer de espacio para colocarlo en la nuca, su ubicación habitual en cualquier yelmo, se fijaban en la parte trasera izquierda tal como vemos en la foto. ¿Que por qué en la izquierda? Pues para que el plumerío no estorbase en un momento dado al manejar la espada o la lanza, empuñadas con la derecha como era habitual. 

Un close helmet. O sea, un almete de diseño alemán por
mucho que los british le den otro nombre
En fin, esto es lo que ha dado de sí el tema. Con todo, como ya se comentó en alguna entrada anterior, este emblemático yelmo aún perduró hasta finales del siglo XVI y comienzos del XVII, y ya sin uso bélico hasta tiempos tan tardíos como el siglo XVIII cuando a los monarcas de la época les daba por posar armados de punta en blanco, como en los tiempos de sus bisabuelos. En cuanto a la versión alemana, que es denominada por los ingleses (Dios maldiga a Nelson) como close helmet (yelmo cerrado) cuando en realidad es un almete con un sistema de apertura distinto y algunas diferencias más, ya hablaremos otro día.

Hale, he dicho