miércoles, 26 de junio de 2019

Armamento de los sharpshooters. Colt Revolving Rifle 1855


Sharpshooter de Berdan armado con un rifle
revólver Colt mod. 1855
Bueno, como complemento a la entrada anterior daremos cuenta de los modelos usados por estos probos homicidas ya que, al cabo, eran las herramientas para cumplir su cometido en el campo de batalla. Como recordaremos, Berdan se inclinó inicialmente por el Springfield 1855, un mosquete de percusión bastante eficiente, pero bastó que le echase la vista encima de Sharps 1859 de Truman Head para que cambiara de opinión en un periquete y, a continuación, volver a cambiar de parecer e inclinarse por el Colt revólver 1855. En cierto modo, y a pesar de su carácter voluble, hay que reconocerle a Berdan su interés por dotar a las tropas de la mejor arma disponible, y no solo por su solidez o su disponibilidad, sino por su precisión y que, por otro lado, en un ejército donde cada unidad solicitaba un arma diferente los quebraderos de cabeza del testarudo y conservador general Ripley debían ser de antología independientemente de que su obsesión por rechazar todo lo que fuera una novedad rayaba en lo patológico. Del Sprinfield no hablaremos tanto en cuanto las 750 unidades requeridas inicialmente por Berdan no se llegaron a distribuir, así que nos quedamos con las dos que usaron ambos regimientos desde enero de 1862 en que se entregaron los Colt hasta el final de la contienda.

El cadete George A. Custer con un Colt Root
hacia 1859. La foto nos permite apreciar el
reducido tamaño del arma
El rifle Colt era en realidad una versión en arma larga del revólver modelo 1855 diseñado por Elisha K. Root, superintendente, ingeniero y presidente de la firma tras la muerte de Colt en 1862. El diseño original consistía en una pequeña arma de bolsillo denominada oficialmente como Colt model 1855 Sidehammer Pocket Revolver, o sea, "Colt de Bolsillo con Martillo Lateral modelo 1855", también conocido como Colt Root por su creador. Se fabricó solo en calibres .28 y .31, propios de la típica arma de defensa personal que no abultaba mucho y destinada a disparar a bocajarro a cualquier indeseable cuñados incluidos. Sus calibres, un tanto birriosos, tenían no obstante potencia de sobra para dejar seco a cualquier a corta distancia, y más si se le metía un tiro en plena jeta. ¿Que cómo de un revólver tan poca cosa surgió un rifle de grueso calibre? Pues básicamente por dos motivos, a saber: uno, fue el primer revólver de Colt de armazón cerrado- posteriormente los fabricaron de armazón abierto, menos sólidos y más proclives a desajustarse con el uso- y, por otro, fue el primero que tenía la típica palanca de recarga situada bajo el cañón, lo que permitía acelerar este proceso ya muy lento de por sí. 

El martillo lateral obedecía a una mera cuestión de diseño: el eje que sujetaba el tambor al armazón sobresalía por detrás para permitir la extracción del primero y, por otro lado, era la pieza que permitía que este girase ya que la leva del martillo no actuaba sobre el tambor, como es habitual, sino sobre una pieza dentada colocada al principio del eje. En el detalle podemos ver el tambor de un rifle al que se le está sacando el eje. La flecha marca la rueda dentada sobre la que actúa la leva. En la foto inferior otra flecha señala el tornillo prisionero que bloqueaba el eje y que había que remover para poder sacarlo y desmontar el tambor. En sí, el Colt Root era un arma básica, sólida, fiable y, como todo lo que salía de los talleres de la Colt, bien acabada. Este diseño se aprovechó para fabricar una serie de carabinas de seis disparos orientadas tanto al mercado deportivo como militar en calibres .36- el calibre usado por las armas cortas de la armada- y .44- ídem del ejército- más una escopeta de calibre 10, esta con un tambor para cinco tiros por razones obvias. Y también destinado exclusivamente para el ejército se fabricó otra versión en calibre .56, acorde con el de las armas largas de uso militar y con un tambor para cinco disparos. Este fusil fue la primera arma de repetición reglamentaria del ejército americano.

Bien, ahí tenemos a la criatura. Se trata pues de un arma de calibre .56 con una longitud total de 140 cm., un cañón de 90 cm. y un peso de 4'8 kilos. Como se puede apreciar, es la típica arma concebida para uso militar provista de su baqueta, en este caso solo para limpiarla ya que la carga se efectuaba con la palanca tradicional, y una sólida cantonera de hierro. Estaba bien fabricada y tenía una precisión más a aceptable hasta aproximadamente los 500 metros. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que las tropas empezaron a cabrearse y a protestar con bastante vehemencia. Pero antes de llegar a eso veamos algunos detallitos mecánicos que siempre vienen bien para mejor compresión del arma que tratamos...

En la foto de la izquierda vemos el armazón con el tambor. Las flechas nos indican qué es cada pieza y para qué sirve. La naranja señala el eje del tambor. Como se puede ver, la pieza está moleteada para facilitar su agarre y extracción. La dos flechas rojas son los tornillos prisioneros que bloquean el eje. En el revólver era solo uno, pero el rifle necesitaba dos. La flecha verde señala el pasador de retenida de la palanca de carga, y la azul la chaveta que sujetaba el guardamanos al armazón metálico. Como vemos, el tambor no es liso, sino que el espacio entre las recámaras está alveolado para aligerarlo de peso. El círculo que aparece sobre el guardamonte es simplemente donde se aloja el tornillo que sujeta el martillo. En el detalle podemos ver mejor el alza de librillo del arma. La fija era para 100 yardas, la de la izquierda para 300, y la grande para 500. 


Veamos ahora como se desmontaba el tambor.

Foto A: Se han extraído los dos tornillos prisioneros, quedando libre el eje del tambor.

Foto B: Antes de proceder a la extracción había que poner el martillo en posición de seguro para no bloquearlo ya que en estado de reposo estaría apoyado contra una chimenea. Una vez colocado en la posición de seguro se tiraba del eje.

Foto C: Ya lo hemos extraído. La flecha señala un rebaje que tiene el eje por dos lados. Eran para que se encajasen en el interior del tambor, haciendo que ambas piezas girasen al mismo tiempo cuando se amartillaba el arma y la leva empujaba el disco dentado del eje,

Foto D: El pequeño orificio señalado sobre el armazón era un escape para evitar una explosión del arma. ¿Cuándo podía suceder esto? Simplemente porque una bala se quedase dentro del cañón. En el fragor del combate era frecuente no darse cuenta de que, por una carga defectuosa, la bala no saliese del ánima, así que al disparar la siguiente recámara se creaba un pico de presión que podía reventar el tambor y producir severos daños en la anatomía del que manejaba el arma.

En cuanto a las bayonetas que podía usar, aunque como sabemos inicialmente Berdan no contemplaba el uso de este tipo de armas, al final tuvo que admitir su error porque los escamuceros precisaban de ellas. 


Foto A: Bayoneta de cubo modelo 1855. Fue la reglamentaria para las tropas de la Unión hasta 1865, con más de millón y medio de unidades fabricadas por la Springfield Armory y subcontratas a firmas particulares. Su hoja, de sección triangular, tenía una longitud de 46 cm. y la longitud total de 53'3 cm. La sujeción al cañón se hacía con el anillo de presión que vemos en el cubo.

Foto B: Espada bayoneta modelo 1855 con empuñadura de bronce y hoja de yatagán de 55 cm. de largo recorrida por una generosa acanaladura desde el recazo hasta la punta. La longitud total era de 67 cm. Para poder montar esta bayoneta hubo que añadir en los fusiles una ranura de engarce en el lado derecho del cañón (detalle inferior). 

Horace Cleveland (1814-1900)
Curiosamente, desde su aparición fue un arma que tuvo desde apasionados defensores y denodados detractores. En su obra editada en 1864 "Hints to Rifleman" (Consejos para fusileros), Horace William Cleveland, un afamado arquitecto paisajista al que, además, le gustaba lo de pegar tiros, cuenta que estando en posesión de uno de estos rifles efectuó con él más tres mil disparos sin que se notara ninguna merma en la precisión o el ajuste del arma, logrando agrupaciones de diez impactos  en apenas 9 pulgadas (23 cm.) a 200 yardas (183 metros) usando miras abiertas. Ciertamente hablamos de una precisión más que aceptable, pero hay que considerar por otro lado que cuando el ciudadano Cleveland pasaba el rato disparando contra una diana no le acechaban varios malvados esclavistas sureños deseando coserlo a cuchilladas con sus bayonetas, y tampoco se veía en la necesidad de recargar a toda prisa o de arratrarse por el fango, el polvo o las piedras. Y, por otro lado, tras elogiar debidamente el arma hace referencia a lo que fue su punto flaco que, curiosamente, el autor considera como un defecto pasajero sobradamente solventado por la firma.

Nos referimos a las descargadas accidentales de las recámaras laterales del tambor cuando la que estaba enfrentada al cañón disparaba. Este problema, que se ha citado ya en varias ocasiones, era habitual en todos los revólveres de avancarga debido a que los gases incandescentes de la deflagración de la pólvora se colaban entre las balas y la paredes de las recámaras laterales iniciando la carga y produciéndose el disparo simultáneo de una, dos o incluso todas al mismo tiempo, con los efectos que podemos imaginar. Si se disparaba un revólver convencional solo se notaba un retroceso bestial- generalmente tres disparos simultáneos- y, en caso de que se disparasen todas las recámaras, la bala de la que estaba justo debajo impactaría contra el empujador de la palanca de carga, fragmentándose y salpicando con fragmentos de plomo. Pero como la mano del tirador estaba detrás y por debajo, pues la cosa solo quedaba en el susto. Pero si se disparaba un rifle provisto de este sistema la cosa variaba. Pero eso lo explicaremos más adelante. De momento, bástenos saber que Cleveland afirmaba categóricamente que, aunque en la primera versión que salió al mercado era ciertamente un problema habitual, este había sido corregido de forma que "...tal accidente puede decirse que es una imposibilidad". A todo ello añadía que "...no hay un arma que sea tan segura al transportarla" porque, como era habitual en los revólveres, además de la posición habitual de seguro tenían unas ranuras entre las chimeneas, de forma que colocando el martillo en su posición más baja, como de disparo, quedaba bloqueado por dichas ranuras. Véanse las mismas en la foto de la derecha.

Hans Busk (1815-1882)
A la opinión favorable de Cleveland se unía la de Hans Busk, autor de "The Rifle and How to Use It", "El rifle y como usarlo", publicado en 1858. Busk era un súbdito del gracioso de su majestad que, aparte de licenciarse en derecho, fue el fundador de los "Voluntarios", una especie de milicia civil que fomentaba la formación de clubes de tiro para adiestrar adecuadamente al personal y que en caso de invasión pudieran sumarse a la defensa del suelo patrio. Busk recogía en su obra diversas opiniones de algunos militares que elogiaban las excelencias del Colt 1855. Por ejemplo, el coronel May, miembro de un comité científico del ejército americano para testar el arma, afirmaba que "...teniendo en cuenta no solo el rifle Sharps, sino todos los que han sido usados por la caballería en los últimos veinte años, considero el Colt muy superior a ellos en todos los aspectos". A todos los elogios que recopilaba Busk en su obra añadía de cosecha propia una idea bastante buena que, por cierto, nadie tomó en consideración, y que consistía en efectuar una pequeña modificación en el sistema de extracción del tambor para, una vez agotada la munición y en caso de no disponer de tiempo para recargarlo, se pudiera sustituir rápidamente por otro cargado. Sí, lo mismo que se ve en la escena del duelo final de la peli esa de "El jinete pálido". Y la cosa es que la idea en sí era cojonuda, porque si a cada soldado se le proporcionaban dos o tres tambores podrían desplegar una potencia de fuego nunca vista en aquella época. El Colt podía realizar cinco disparos en menos que canta un gallo, pero cuando llegaba el momento de recargar daba tiempo a que el gallo cantara siete romanzas de zarzuela antes de concluir todo el proceso a pesar de que los cartuchos de papel lo agilizaban bastante. Sea como fuera, la cosa es que no fue tenida en cuenta, como suele pasar con las buenas ideas.

Bien, aparte de las flores que le echaban al rifle, era evidente que el problema de las descargas simultáneas existía, y que la Colt era consciente de ello porque en el mismo manual de uso ya plasmaba una serie de consejos para evitarlo. El primero era procurar mantener la munición poco menos que impoluta para impedir que hubiera polvo en la bala en el momento de recargar. ¿Que qué importancia podía tener un poco de polvo? Mucha al parecer ya que esa capa micrométrica de mugre sería eliminada por los gases de la deflagración, introduciéndose en la recámara cargada como avanzamos antes. El segundo era usar munición sin golpes o deformaciones para que el encaje en la recámara fuese perfecto de forma que la sellara literalmente. De hecho, cuando se carga un revólver de avancarga se usa munición con alguna milésima de pulgada más de calibre para que, al ser introducida en la recámara, el borde de esta "recorte" una finísima anilla de plomo que garantiza que la bala entra con el calibre exacto y que selle la misma. Pero cualquiera que haya disparado con estas armas sabe que ni por esas, y que como no se selle con grasa o cera la recámara las probabilidades de que se produzca una descarga simultánea son bastante elevadas, y de eso doy muuuucha fe. Más aún, Colt tenía tan claro que ese accidente era factible que en el mismo manual del arma, editado en 1858, ya recomendaba a sus usuarios que no colocaran la mano izquierda por delante del tambor al apuntar, sino en el guardamonte, tal como vemos en ese grabado extraído del citado manual. Para facilitar el apoyo se diseñó un guardamonte provisto de dos espolones donde se ajustarían los dedos índice y pulgar que vemos en el detalle, pero esa forma de sujetar el arma, que puede que muchos hayan visto en los concursos modernos de tiro con arma larga, no es precisamente viable para un uso militar, y casi imposible estando tumbado. 

En resumidas cuentas, que empuñar el arma de la forma tradicional tal como vemos que hace el probo ciudadano recreacionista de la foto era tener todas las papeletas para, además de sentir un fuerte culatazo, contemplar estupefacto como dos o tres dedos de la mano izquierda se acababan de ir al carajo si bien muchos darían gracias al Altísimo por ello ya que era preferible volver a casa con un cacho de mano menos que no volver, o volver con la anatomía aún más averiada. Y a este más que evidente problema se sumaba otro como consecuencia de la munición defectuosa o de la evidente pérdida de ajuste que pudiera ir sufriendo el arma con el uso y el traqueteo cotidiano. No era otro que peligrosas esquirlas de plomo que a veces se producían al pasar la bala del tambor al cañón. En un arma en buen estado esto es prácticamente imposible, entre otras cosas porque, para evitarlo, el ánima se abocardaba unas milésimas que facilitaban el paso de la bala, pero cuando el bloqueo del tambor se producía con esas milésimas ya pasadas era cuando alguna esquirla podía producir algunas heridas que, aunque leves y de escasa peligrosidad, no dejaban lógicamente de ser una molestia más.

Palanca de carga en su posición más atrasada, con el empujador apoyado
en la bala de la recámara inferior. Un sistema un poco cutre para sujetar
un arma, pero mejor eso que perder la mano
Algunos tiradores optaban al parecer por usar como asa la palanca de carga previamente basculada, quedando así la mano fuera de peligro en caso de producirse una descarga simultánea. Hubo oficiales que incluso pensaron que lo más sensato era cargar una sola recámara, dejando el resto vacías para evitar riesgos. Como es evidente, esto era una gilipollez superlativa porque no tenía mucho sentido gastarse los 45 dólares que costaba el Colt para que diera el mismo rendimiento de un Springfield de 15 dólares. Pero el personal disparaba estos rifles con verdadero miedo por este preocupante "efecto secundario". El soldado Thomas Preston, del 2º Rgto. de Sharpshooters, señalaba en 1862 que "...a menudo he visto a los chicos sacarse esquirlas de plomo del cuello y la cara. No hace mucho, a un compañero de la compañía G se le dispararon tres recámaras a la vez, perdiendo los dedos índice y pulgar.(...) Pero todavía dicen (los oficiales) que es un arma segura. Si el Sharps es más mediocre, lo queremos". 

Una muestra de la mugre que puede llegar a acumularse en
una chimenea tras apenas 20 disparos
Y al ya mencionado riesgo para la salud que suponía disparar con el Colt hay que añadir que su mantenimiento era más complicado y, muy importante para un arma cuyo funcionamiento dependía de una pieza móvil, la limpieza debía ser rigurosa y constante. ¿Por qué? Cualquiera que haya disparado con armas de avancarga sabe que la pólvora negra deja enormes cantidades de residuos de una consistencia pegajosa que se acumulan en todas partes. De hecho, y eso se ha comentado varias veces, bastaban una docena de disparos para que ya costase trabajo introducir la bala por el cañón, de ahí la norma del ejército de suministrar balas un poco sub-calibradas para retrasar en lo posible ese efecto cuando aún se usaban armas de ánima lisa. Bien, pues esos residuos también afectaban, y de forma notable, a las piezas móviles hasta el extremo de que llegaban a bloquear el tambor o, como poco, llegar a tener que ayudarse con la mano izquierda para obligarlo a girar mientras se amartilla con el pulgar de la derecha. En resumidas cuentas, que el Colt podía ser estupendo para plantarse en un apacible prado, poner unas dianas y pasar la tarde pegando tiritos poniendo buen cuidado en sellar las recámaras con una buena mezcla de cera y sebo y pasando la baqueta cada cinco tiros. Pero en un campo de batalla donde el más mínimo problema o interrupción podía significar la diferencia entre la vida y la muerte es comprensible que el personal estuviera deseando perder de vista a los dichosos Colts por los que Berdan movió cielo y tierra, pasó por encima de Ripley, que al cabo era el que llevaba la voz cantante, y fue capaz de convencer al mismo Lincoln para que ordenara a Ripley la adquisición inmediata de las unidades solicitadas para sus regimientos.

En cuanto a la munición, el Colt disparaba un cartucho de papel nitrado convencional de la época. Como vemos en la foto, se suministraba en paquetes de cinco cartuchos "fabricados expresamente", o sea, no se trataba de munición reglamentaria del ejército ya que los Springfield eran de calibre .58. No obstante, y con la inveterada costumbre de los anglosajones de denominar un calibre cuyo diámetro real es diferente, el proyectil Minié de calibre .56 era en realidad de .583 pulgadas con un peso de 490 grains. De ese modo se pretendía obtener una mayor compresión de la bala al ser introducida en la recámara para aminorar los "efectos secundarios". Por lo demás, el cartucho contenía una carga de 45 grains de pólvora que, según las estimaciones más entusiastas de los apologistas de Colt, le permitía alcanzar objetivos a una distancia de 680 yardas sin pérdida de precisión, lo que más que optimismo era un camelo monumental. La longitud total del cartucho era de 1 ⅞ de pulgada, o sea, 47,6 mm., y no era preciso morder el papel para verter la pólvora en cada recámara. Bastaba con introducirlo entero, atacarlo con la palanca de carga y, a continuación cebar la chimenea con su pistón. Al ser el cartucho de papel nitrado bastaba la chispa del pistón para que ardiera de forma instantánea y con él la carga de pólvora.

Escaramuceros en plena acción. Para romper la línea enemiga no solo debían
aportar elevadas dosis de testiculina, sino el máximo posible de potencia de
fuego. Para eso el Colt era el arma ideal sino fuera por la munición que usaba
que, al cabo, era la verdadera responsable de los disparos simultáneos
Bien, grosso modo así era el primer fusil distribuido entre los sharpschooters de Hiram Berdan. El día que las tropas lo perdieron de vista se pusieron todos muy contentitos y tal porque cada vez que se disponían a dar de baja un enemigo no sabían si también tendrían que dar de baja uno, dos dedos o la mano entera, así que no les tomaron lo que se dice cariño. No obstante, los tiradores de Berdan no fueron sus únicos usuarios. En total se adquirieron entre 4.400 y 4.800 que acabaron siendo vendidos como surplus a un precio simbólico de 42 centavos, lo que para un arma que costaba en origen 45 dólares fue un despilfarro de antología. Y dicho todo esto, ¿acertó Berdan con la elección o, por el contrario, metió la pata hasta el fondo? En mi opinión, el Colt era un arma ideal para escaramuceros que precisaban desplegar una gran potencia de fuego durante sus acciones, e igualmente válido para tiradores de precisión que no necesitaban agotar la munición del tambor, sino ir recargando cada vez que disparaban dejando las cuatro recámaras como reserva por si había que repetir el disparo o se veían sorprendidos por un ataque enemigo. Para hacer de él un arma redonda solo necesitaba una cosa: un cartucho metálico, que ya existían. Si se hubiesen suministrado con ese tipo de munición habrían sido devastadores porque hablamos de un arma que, en circunstancias normales y con cartuchos de papel, desplegaba una potencia de fuego cinco veces superior a la de un mosquete monotiro. Por lo tanto, si hubiesen usado cartuchería metálica con una velocidad de recarga inferior al minuto esa potencia de fuego se multiplicaría de forma exponencial.

Pero la Colt no se preocupó de modificar el modelo, quizás porque veían más prometedor a nivel comercial las armas cortas. Berdan ya solo pensaba en el Sharps de retrocarga que, aunque seguía siendo un arma monotiro, su cadencia era de hasta 10 dpm y sin el inconveniente de un proceso de recarga largo como un purgatorio, como era el caso del Colt. Y, por último, el arma estaba ya tan desprestigiada entre las tropas que hicieran lo que hicieran con él seguramente nadie querría saber nada de ellos. 

En fin, ya'tá.

Hale, he dicho



Fotograma de la cinta "El tren de las 3:10 a Yuma" (2007) de James Mangold. La escena muestra uno de los malos
malosos con un Colt 1855 provisto de un visor de sharpshooter. Está entretenida, pegan mogollón de tiros y tal...

8 comentarios:

CSF dijo...

Estimado amo. Estoy seguro que un magnifico cinefilo como usted recordara El Dorado.
El arma que emplea el ayudante del cheriff Bull (Harris Hunnicutt) creo que es precisamente un rifle Colt de tambor modelo 1855 ¿no?.

Mi padre (QEPD) que también tiraba con avancarga hacia lo mismo, protegía las recamaras de su revolver, una copia italiana de un Reminfton en calibre 32, con un tapón, ademas de no cargar nunca la tope las recamaras, ya que decía que para hacer un agujero en un papel casi bastaba con la capsula.

Amo del castillo dijo...

La verdad es que no se distingue bien si se trata de una carabina de caballería con el guardamanos modificado o la versión en calibre 10 de escopeta. Me inclino más por lo primero porque la escopeta lo tenía más corto y rematado por un casquillo de bronce.

Lo de lo llenar a tope las recámaras de los revólveres es habitual porque no hace falta tanto para disparar a 25 metros. Las miras suelen venir calibradas de origen para 50-75 metros, de forma que con una carga inferior más un relleno de sémola para crear una cámara de compresión adecuada viene a dar lo justo para apuntar a la base del negro si bien es habitual tener que meterle la lima al punto de mira para afinarlo más. Lo que sí le digo es que solo con la potencia del pistón se queda la bala dentro del ánima. Doy fe. Por cierto, a Bull lo interpreta Arthur Hunnicutt, no Harris Hunnicutt.

Un saludo y gracias por su comentario

dani dijo...

Magnífico artículo.
Una oportunidad más de un gran progreso, que se queda en promesa por algún "pequeño" problema técnico.
De todas formas en esa época las cosas avanzaban que era una barbaridad.
Pero solo 4.000 fusiles en un ejército de cientos de miles de hombres, obviamente no iban a suponer una gran diferencia.
En la batalla de Chicamagua hubo un regimiento yankee que usaba un arma de repetición, yo creía que era esta, pero con solo 4.000 producidos me da la impresión de que tuvo que ser otra distinta. Por cierto, dicho regimiento se quedó sin munición y para repeler el último ataque confederado justo tenían una bala para cada fusil (o rifle).

Amo del castillo dijo...

El tema de las armas de repetición fue motivo de intensos debates entre los mandamases hasta tiempos de la Gran Guerra, Sr. Dani. Se consideraba que poner en manos de un soldado bastante acojonado un arma de ese tipo podía suponer quedarse sin munición en menos que canta un gallo, y que la disciplina de fuego era vital para impedirlo. Un ejemplo lo tenemos en el Lebel, que aunque tenía un cargador tubular para ocho cartuchos disponía de un dispositivo que lo bloqueaba para poder recargar como si fuera un arma monotiro, o sea, introduciendo los cartuchos uno a uno cada vez que se accionaba el cerrojo. Solo en caso de necesidad era cuando se permitía abrir fuego a discreción.

En la época que nos ocupa, pues ya puede imaginar lo que sería entregar a un paleto recién sacado de la granja un fusil que podía disparar cinco tiros en segundos. Así pues, el terrible dilema era ese: fomentar las armas de repetición con el riesgo que conllevaba el hacer un mal uso de ellas o, por el contrario, dedicar más tiempo al adiestramiento de las tropas a cambio de multiplicar la potencia de fuego hasta extremos que serían imposibles de soportar por el enemigo. Hoy día, cuando vemos a las tropas cargados como mulos con cargadores a porrillo nos parece lo más natural del mundo, pero hace 150 años era una cuestión que traía de cabeza a los mandamases, y además con motivos sobrados para ello.

Un saludo

Ismael dijo...

Excelente entrada.

Un arma que me parece muy pero muy bonita, casi como sacada de alguna ficción "steampunk", no me imaginaba todos los problemas con que llegó a prestar servicio, como bien dice, hubiera sido increíble verlo con cartuchos metálicos y tambores extraíbles.

Sobre la reticencia de los militares al fuego rápido, he leído que incluso en el fusil estadounidense M14 en los 60`s el fuego automático era una opción secundaria que se activaba solo con una llave que cargaban los jefes de pelotón (aunque supongo que sería también cosa del gran poder del cartucho) en una época donde los soviéticos optaban por apretar a fondo el gatillo y preguntar después.

CURA UT UALEAS

dani dijo...

Bueno lo de cargar munición "encima" siegue siendo debatido. Solo los yankees llevan grandes cantidades. En España la ordenanza es cinco cargadores. Uno en el arma y cuatro en el portaequipo. Luego los soldados en misiones internacionales se buscan la vida para poder llevar más. Incluso comprando cargadores por su cuenta.

Amo del castillo dijo...

Nunca he tenido noticia de eso que comenta sobre los M-14, Sr. Ismael. Lo que sí sé es que el prototipo inicial, si mal no recuerdo, no tenía selector de tiro, o sea, solo contemplaba el disparo automático. Posteriormente y con evidente sentido común se le añadió dicho selector para tirar también en semi-automático.

Un saludo y gracias por su comentario

Amo del castillo dijo...

En España la ordenanza marca cinco cargadores porque no se ven un día entero patrullando por territorio hostil con 500 talibanes deseando cortarlos en filetes, Sr. Dani. En Vietnam pronto aprendieron a cargar, no solo con cargadores a porrillo, sino con cajas de munición extra. Nadie se la juega llevando encima apenas 150 cartuchos, que básicamente es casi la misma dotación de hace un siglo con los añejos Mauser.

Un saludo y gracias por su comentario