domingo, 20 de septiembre de 2026

STURMHAUBITZE 42 Sd.Kfz. 142/2

 

Prototipo del Sturmhaubitze 42 construido sobre un SutG. III Ausf. E por la Alkett en marzo de 1942. Está armado con un le.FH. 18 (leichte Feldhaubitze 18, obús ligero de campaña mod. 18) L/28 de 105 mm. Un chisme bastante persuasivo

StuG. III F/8 perteneciente al StuGAbt. 901. Como vemos,
está equipado con las Winterketten para poder moverse con
razonable facilidad en la inmensidad de una estepa nevada.
Sin los StuG. III, la invasión a la Santa Madre Rusia habría
sido mucho más breve de lo que fue

Como hemos ido viendo en los tres últimos artículos dedicados al StuG. III, estos chismes sufrieron una serie de modificaciones tanto en su armamento como en su uso táctico. Desde su entrada en servicio en 1940 hasta 1942, los modelos A al E estaban armados con el cañón KwK 37 L/24 de 75 mm. con la misión de dar apoyo artillero cercano a las unidades de infantería. Sin embargo, cuando llegó la hora de hacer frente a los carros del padrecito Iósif las cosas variaron. Los bolcheviques, a pesar de las enormes pérdidas que sufrieron al comienzo de la Operación Barbarroja, no paraban de fabricar T-34 y KV-1 y, lo que era peor, sus tripulaciones pésimamente entrenadas estaban aprendiendo a una velocidad inquietante. Mientras tanto, los tedescos disponían solo de los Pz.Kpfw. III y IV para hacerles frente, y de los dos, solo el IV tenía opciones de salir airoso de un encuentro salvo que se encontrasen con los torpes del batallón. El tiempo apremiaba, la industria tedesca estaba a tope, y hacía falta algo verdaderamente eficaz para contener a los bolcheviques mientras que el Tiger y el Panther salieran de la cocina, por lo que echaron mano del sufrido, barato y bien blindado StuG. III, le pusieron un cañón más potente y cubrieron el expediente con los modelos F, F/8 y G, que estuvieron batiéndose el cobre hasta que el ciudadano Adolf se voló los sesos mientras mordía una cápsula de cianuro cuando celebraba su noche de bodas con frau Eva Hitler, de soltera Braun, en el bunker de la Cancillería.

Sin embargo, los tedescos ya habían previsto tiempo antes reforzar el armamento del StuG. III. Y no para enfrentarse a los bolcheviques, ni pensando en que la industria y el material del padrecito Iósif podría superarlos, sino por una mera cuestión de evolución propia de cualquier ejército con un mínimo de sentido común. Lo que vale para hoy quedará obsoleto mañana, por lo que desde hoy ya debemos ir preparando el sustituto para pasado mañana. Así surgió el Sturmhaubitze 42 (obús de asalto 42), al que se le asignó el código de armamento Sd.Kfz. 142/2. Veamos como se gestó este chisme...

Le.F.H. 18 en el frente ruso. Obsérvese la plataforma de
madera del emplazamiento para evitar que se hunda en
el barro
A mediados de 1941, cuando la Wehrmacht había iniciado la Operación Barbarroja, el Waffen Prüfen 6 (Oficina de Diseño Automotriz) publicó una lista de proyectos pendientes. Ojo, esto no implicaba el diseño urgente de nuevos modelos, sino un mero proceso por el que se estudiaban, sin prisa pero sin pausa, los distintos artefactos que sustituirían en un plazo de tiempo más o menos corto a los que ya estaban en funcionamiento. Entre ellos figuraba un vehículo denominado Sturmgeschütz Leichte Feldhaubitze (cañón de asalto con obús de campaña ligero) que, en teoría, debería sustituir al Stug. III armado con el L/24. Su misión sería la misma: dar apoyo cercano a la infantería, destruir búnkeres, posiciones fortificadas, edificios, etc., pero armado con un cañón más potente. El arma elegida fue el leichte Feldhaubitze 18 (le.FH. 18) de 105 mm., un obús ligero de campaña fabricado por la Rheinmetall-Borsig que entró en servicio en 1935, mostrándose como un arma muy eficaz, fiable y de la que se construyeron miles de unidades.

El le.FH. 18 se mostró increíblemente versátil. En la foto vemos
uno de ellos como cañón autopropulsado montado sobre el
chasis de un carro Hotchkiss H35 capturado a los gabachos
En diciembre de 1941, el 
Waffen Prüfen 6 encargó a la Rheinmetall-Borsig la adaptación para instalarlo en un vehículo, mientras que la Daimler-Benz se hizo cargo del diseño de dicho vehículo. Los de la Daimler no se devanaron mucho los magines. Ya que el StuG. III estaba más que probado, se limitaron a acoplar el obús modificado por la Rheinmetall y santas pascuas. Total, lo único que había que hacer era replantear la capacidad de los pañoles y plantar en el suelo del vehículo el obús con su cuna sobre su nueva cureña. Para ello, se echó mano inicialmente de un SutG. III mod. E que ni siquiera era nuevo, sino un chasis reutilizado de los que se enviaban a Alemania para su puesta a punto. Una vez terminado el diseño del nuevo obús se ordenó la construcción de 12 unidades de prueba que debían entregarse más tardar en febrero de 1942, mientras que los de la Daimler terminaban de rehacer el vehículo. La entrega, como está mandado, se demoró un poco.

Vista lateral trasera del primer prototipo
A medida que la Rheinmetall iba terminando los obuses y la Daimler los chasis, eran entregados a la Alkett, que se encargaría del montaje. En marzo tuvieron terminado el primer ejemplar, que es el que aparece en la foto de cabecera. Como vemos, aún no tiene instaladas las planchas de 30 mm. extra en el frontal, por lo que el blindaje que lleva es el original de 50 mm. Se desconoce el motivo, aunque cabe suponer que la Alkett estaría un poco bastante desbordada por las demandas del frente, porque en mayo solo se habían completado otras cuatro unidades, y no fue hasta el 2 de octubre cuando, finalmente, se pudo presentar al ciudadano Adolf una de las seis unidades que se habían podido entregar por esa fecha. Previamente, en un 
Führerprotokoll fechado el 22 de septiembre, el ciudadano Speer, Ministro de Armamento además de arquitecto preferido del régimen, había mantenido un parlamento con el amado líder en el que éste, haciendo gala de su habitual sagacidad, comentó que, en vista de cómo se estaba desarrollando la guerra en Stalingrado, era necesario poner en liza antes de dos semanas un vehículo provisto de un arma capaz de derribar un edificio en un pispás, siendo lo de menos su movilidad o el alcance del arma. Lo importante era que estuviera bien blindado, y que tuviera un cañón bien gordo. Propuso, mira por donde, que lo ideal sería un StuG. III. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que el ciudadano Adolf ya tenía noticia de los prototipos fabricados por la Alkett, porque semejante mamerto no era precisamente clarividente.

Uno de los nueve StuH. 42 enviados al frente ruso. Como
vemos, ya incluía el blindaje de 80 mm., soldado en este caso,
así como las Winterketten
Así pues, cuando el 2 de octubre se presentó el vehículo, el amado líder se mostró entusiasmado. Se le veía poderoso, con una reducida silueta que colocaba la boca de fuego a apenas 155 cm. de altura sobre el suelo, y su obús de 105 mm., archiprobado en combate, lo suficientemente potente como para mandar al paraíso bolchevique a todos los hijos del padrecito Iósif que, ocultos entre los escombros y edificios en ruinas de Stalingrado, impedían a sus valerosos homicidas apoderarse de aquel significativo enclave de una puñetera vez. Por lo tanto, ordenó que el 10'5 cm. leichte Feldhaubitze auf Sturmgeschützwagen 42, Sturmhaubitze 42 para los amigos o, más cortito aún, StuH. 42, entrase en producción ya, y añadió que se debían fabricar como mínimo 24 unidades al mes. Por cierto que la Alkett optó por hacer uso de chasis del StuG. III modelo G, mucho más adecuado que el E, que ya estaba bastante obsoleto. Una orden del ciudadano Adolf era ley si no se quería acabar colgado de un gancho en Plötzensee, de modo que el personal se puso las pilas. A finales de mes se entregaron tres unidades más, y las tres restantes en noviembre. El mismo mes de octubre, las nueve unidades disponibles se enviaron echando leches a la 3ª batería del StuGAbt. 185, entrando en combate al sur de Leningrado sin dar tiempo de decir ni hola.

Bien, así fue la gestación y el parto del StuH. 42, que dio bastante guerra. De hecho, la Alkett entregó un total de 1.299 unidades más la docena de prototipos, una cifra no precisamente desdeñable, y muy superior a la de otros modelos del StuG. III salvo el G. El vehículo no sufrió prácticamente ninguna modificación: mismo motor, misma transmisión, mismo todo, salvo la cureña del obús y el pañol de munición. Porque un problema que tenía el arma era que, como muchas piezas de artillería, usaba munición separada, uséase, se cargaba primero el proyectil y luego se introducía una vaina reutilizable que contenía saquetes con distintas cargas. Se usaba una u otra en función del alcance deseado, lo que era bastante práctico para la artillería convencional, pero no para un vehículo que, la mayor parte de las veces, efectuaba tiro directo, retrasaba y complicaba el proceso de carga y requería más espacio para estibar la munición. En la foto vemos a varios probos homicidas reamunicionando su carro con proyectiles Sprenggranate 38, una munición rompedora de alto explosivo que pesaba 14'81 kg., de los que 1'38 eran trinitrotolueno. Era, porcentualmente, el tipo de proyectil más usado por el StuH.42. En el detalle vemos las vainas de acero, que se servían en cajas de cuatro unidades con una determinada carga. Se suministraban seis Ladung (carga) distintas, con capacidad para alcanzar desde 4.000 a 10.600 metros. La dotación total de proyectiles era de 36 unidades, independientemente de que las tripulaciones siempre procurasen hacer sitio para dar cabida a algunos más.

En cuanto al cañón, su capacidad de giro horizontal era de 10º a cada lado, y el vertical iba desde -6ºa +20º. Para el tiro directo se usaba un periscopio Sfl.ZF 1a, mientras que para el tiro indirecto se recurría a una mira panorámica Rundblickfernrohr 36 (Rbl.F. 36). El cañón se suministró con hasta tres tipos de freno de boca distintos hasta que, a partir de septiembre de 1944, se eliminaron definitivamente. Al parecer, no se debió a problemas de suministro, sino ante la perspectiva de emplear munición subcalibrada. En la foto tenemos un ejemplo con todo tipo de extras, incluyendo tramos de cadena de refuerzo, el Schürzen y un detalle importante: hasta el final de la producción se alternaron manteletes convencionales o el Potblende de fundición. Así mismo, la Alkett fue entregando al principio vehículos con chasis de recuperación y, en menor grado, nuevos. Las tripulaciones echaban pestes cuando recibían los chasis reciclados ya que, al cabo, eran unidades que habían retornado a Alemania más o menos perjudicadas, y en muchos casos habían reparado, por ejemplo, el tren de rodaje pero el motor, aunque revisado, tenía mogollón de horas de funcionamiento, por lo que las posibilidades de fallar eran más elevadas. Posteriormente se fueron enviando vehículos con chasis y componentes
 nuevecitos y todos contentos.

StuH. 42 petado de probos homicidas en algún lugar del
frente ruso
En fin, criaturas, con esto concluimos la saga del StuG. III, aunque el que hemos mostrado hoy era una variante del modelo original. Añadir solo que a principios de 1943 se añadieron tres StuH. 42 en cada batería, que originariamente estaban formadas por seis StuG. III más el del mandamás de la unidad. Así pues, cada Sturmgeschütz Abteilung (batallón) estaba formado por siete StuG. III y tres StuH. 42. Por lo tanto, el batallón contaba con un total de 30 vehículos más el del comandante de la unidad. Total, 31 carros. Ojo, estos batallones dependían del arma de artillería, y eran asignados en su totalidad o en parte a la unidad que se terciase en cualquier momento, ya fuera de infantería, ingenieros o acorazada. Y añado: cualquier lector que haya aterrizado en este artículo sin haber leído los referentes al Stug. III, le recomiendo que se de un rato y les eche un vistazo ya que se han omitido detalles importantes en lo referente a los chasis por no repetirlos, sobre todo en lo referente al StuG. III Ausf. G del que surgió el Sturmhaubitze 42 Sd.Kfz. 142/2.

Bueno, ya'tá.

Hale, he dicho

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CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Surmhaubitze 42 de pre-producción fabricado sobre un chasis del StuG. III Ausf. G. Lleva el blindaje extra de 30 mm. atornillado en el frontal, escudo para la ametralladora y el faro Notek en el centro del glacis. Es chulo a rabiar, ¿qué no?

martes, 15 de septiembre de 2026

STURMGESCHÜTZ III. MODELOS F-G

 

StuG. III Ausf. F de la primerísima hornada, armado con un StuK. 40 L/43 de 75 mm. Su aspecto ya se aleja un poco de sus predecesores armados con el L/24

La sustitución del L/24 por un cañón más largo implicó bastante más cosas que una mejora en la potencia de fuego del StuG. III. De hecho, podríamos decir que, casi sin querer, se construyó un vehículo nuevo usando casi la totalidad de un modelo anterior y, lo más relevante, con un uso táctico totalmente distinto para lo que fue creado. Sí, no levanten la ceja que se levanta cuando uno se extraña de algo. No voy a reventar la historia antes de empezar pero, a medida que avancemos, verán que no estoy desbarrando. Precisamente por esta serie de cambios es por lo que he preferido dividir la descripción de los modelos del StuG. III en dos partes, una para los comprendidos de la A a la E y otra para los de la F a la G. Bueno, vamos al grano con el correspondiente

INTROITO

Tres T-34/76 atascados en una ciénaga. Sus tripulantes no
se detuvieron al ver atascarse al primero, sino que fueron
todos del cabeza al lodazal uno tras otro
Como ya avanzamos en el articulillo anterior, a raíz de la invasión al cortijo del padrecito Iósif, los tedescos no tardaron en comprobar que los T-34 y los KV-1 eran bastante correosos, y que para eliminarlos había que olvidarse de freírlos a un kilómetro de distancia. Y, ojo, la constatación de esta desagradable certeza no solo afectó al StuG. III, sino también a los Pz.Kpfw. III y IV que nutrían el grueso de las divisiones acorazadas. El primero, armado con un KwK. 36 de 37 mm., y el segundo con el mismo L/24 del Stug. III, tuvieron muy claro que su armamento no podía penetrar las corazas enemigas fácilmente. Más aún, el de 37 mm. prácticamente no hacía ni cosquillas a los monstruos soviéticos salvo que los impactasen por la zaga, y el L/24 solo era efectivo a distancias cortas, o sea, medio kilómetro como máximo. En los primeros meses de la invasión, los StuG. III y demás carros de combate tedescos lograron aniquilar cantidades ingentes de carros enemigos, pero no por su superioridad material, sino por el magnífico adiestramiento de las tropas tedescas, que ya llevaban dos años de guerra y daban por hecho que aquello sería un paseo militar. Por el contrario, los hijos del padrecito Iósif estaban in albis, su preparación era nula, su logística más trasnochada que Drácula, y sus mandos, unos incompetentes de tomo y lomo pero más comunistas que nadie, avanzaban hacia el suicidio porque le tenían más miedo a los comisarios del NKVD que a los tedescos. 

Pero, que conste, que nadie piense que los mandamases del Generalstab des Heeres eran tan miopes como para no dar por sentado que su material no quedaría obsoleto en un período de tiempo relativamente corto, y el Abwehr dirigido por el almirante Canaris los tenía perfectamente informados de los avances del ejército soviético. De hecho, la famosa purga de 1937 que acabó con la flor y nata de los altos mandos del Ejército Rojo no fue sino una hábil maniobra de intoxicación pergeñada entre el Abwehr y el RSHA del ciudadano Heydrich para descabezar al futuro enemigo aprovechando la desconfianza patológica del padrecito Iósif. A la izquierda tenemos a la víctima principal, el mariscal Mijaíl Nikoláievich Tujachevski, verdadero genio militar con cuya desaparición el ejército Rojo perdía su elemento más valioso, tanto que se apuntó el ciudadano Heydrich por cierto. En resumen, que antes de iniciar la Operación Barbarroja ya estaban planificando cómo mejorar el armamento disponible, teniendo en cuenta que la capacidad industrial alemana, aunque de una eficacia proverbial, también tenía sus límites, y eso sin mencionar la escasez de materias primas.

Versuchsfahrzeuge (vehículo de pruebas) armado con un cañón
Krupp L/41 sobre un StuG. III en el campo de maniobras
de Jüterbog. Este chisme era el germen de la nueva serie
En fin, que con la invasión en el Frente del Este en marcha, durante la segunda mitad de 1941 los magines de los ingenieros tedescos echaban humo porque se enfrentaban a una serie de dilemas, y uno de ellos lo tuvieron con el StuG. III. ¿Qué cuál era el dilema? Pues uno bastante chungo, aunque no lo parezca. El ejército alemán tenía la imperiosa necesidad de disponer de vehículos capaces de vulnerar las corazas de los carros soviéticos, y actuaban contra reloj. El Tiger no entraría en servicio hasta 1942, y el Panther aún tardaría otro año más, de modo que había que echar mano de lo disponible. Y en el caso que nos ocupa, pues tenían un vehículo diseñado originariamente como apoyo a la infantería ya probado sobradamente en combate con muy buenos resultados, que era barato y del que podían disponer de chasis en cantidad en el momento en el que los Pz.Kpfw. III fueran retirados del servicio. Solo había que cambiar el cañón por uno más potente y llevar a cabo las modificaciones necesarias para adaptarlo al modelo E, el último de la serie en aquel momento. ¿Qué conllevaba este cambio? Pues lo que les hizo levantar la ceja: ganarían un cazacarros a costa de perder un cañón de asalto muy a pesar de la infantería, que se iba a ver estirando los modelos armados con el L/24 diseñado para darles apoyo artillero. Sí, el cañón largo también servía para lo mismo, pero los mandamases preferían enviar el nuevo modelo a detener a los carros rusos, porque los untermenschen, como los llamaba despectivamente el ciudadano Adolf, no eran tan untermenschen como imaginaba, y no tardaron mucho en ponerse al día en cuestiones de estrategia y a darles para el pelo a los invasores. Fin del INTROITO.

StuG. III Ausf. F Sd.Kfz. 142

Las pruebas se efectuaron sobre un StuG. III Ausf. E al que se hicieron mínimas modificaciones para emplazar el nuevo cañón y, ya bastante avanzada, en junio concretamente, se eliminaron los faros, quedando solo el Notek que fue cambiado de sitio. Del guardabarros izquierdo se cambió al centro del frontal del casco. La producción, que en este modelo la llevó a cabo la Alkett, dio comienzo a finales de marzo de 1942. Sin embargo, su cometido como vehículo anticarro ya había puesto de manifiesto que el blindaje era escasito, de modo que el ciudadano Adolf tomó buena nota y, en mayo de aquel año, cuando apenas habían pasado dos meses del comienzo de la producción, ordenó aumentar el espesor de la zona frontal hasta los 80 mm., lo que convertía al modelo F en uno de los carros mejor blindados del momento. Para ello, se añadieron plancha de 30 mm., bien soldadas o, más frecuentemente, atornilladas. En la foto de la izquierda podemos ver claramente las zonas donde se añadió blindaje, fijado con gruesos tirafondos. El fotógrafo captó el momento en el que un 
Sd.Kfz. 252 de reamunicionamiento reponía la dotación de proyectiles del carro. Por cierto que entre el cañón y el blindaje extra el peso subió hasta las 23'2 Tm. Como todas las series mantuvieron la misma planta motriz, el Maybach HL 120 TRM, las prestaciones disminuyeron en lo tocante a la velocidad y la autonomía.

En cuanto al arma principal, aunque inicialmente fue la Krupp la encargada del diseño del nuevo cañón, en noviembre de 1941 se canceló el proyecto, que quedó en manos de la Rheinmetall-Borsig. No se devanaron mucho la sesera, porque optaron por la vía rápida en vista de que no paraban de meterles prisa. Tomaron el Pak 38 de 50 mm. destinado a mejorar el armamento del Pz.Kpfw. III y lo aumentaron de tamaño. El resultado fue el Pak 40 L/46 de 75 mm. Sin embargo, ese chisme no cabía en la cámara de combate del StuG. III, y su munición era demasiado grande para manejarla en un espacio tan reducido, de modo que hubo que hacer una serie de modificaciones. Ante todo, hubo que reducir el recorrido del retroceso, para lo cual se acortó la vaina de la munición y, por ende, la carga de proyección, lo que además permitía estibarla y manejarla cómodamente. Por otro, se cambió la posición de los cilindros de los frenos de retroceso, que se colocaron en la parte superior del arma. Y, por último, se acortó tres calibres la longitud de la caña. El resultado 
lo tenemos a la derecha: el Sturmkanone 40 L/43 o, de forma abreviada, StuK. 40. En la foto podemos apreciar además el visor Sfl. ZF. 1a, el asiento del tirador unido al cañón y un cesto de lona para recoger las vainas servidas. El ángulo de tiro vertical iba desde los -6º a +20º, y el lateral era de 10º hacia ambos lados. Con todo, este cañón solo equipó a las 120 primeras unidades ya que pronto se puso en producción una versión idéntica pero con el cañón de 48 calibres de largo, que obviamente proporcionaba una velocidad de salida mayor.

En lo tocante a la munición, era similar a la del L/24, aunque obviamente engarzada en las vainas para el L/43. Por reseñar las dos más habituales tenemos:

7'5 cm. Sprenggranate 34 (Sprgr. 34), el proyectil de alto explosivo que ya vimos anteriormente y que estaba destinado a destruir vehículos ligeros, fortificaciones e hijos del padrecito Iósif.

7'5 cm. Panzergranate 39 (PzGr. 39), munición perforante con ojiva balística capaz de perforar 82 mm. de coraza con una inclinación de 30º a una distancia de 1.000 metros, 72 mm. a 1.500 metros y 63 mm. a 2.000 metros. Este proyectil ya podía tener a raya a los T-34, cuyos modelos iniciales tenían un frontal de 47 mm. y la torreta 65.

Al cambiar el tamaño del proyectil hubo que modificar los pañoles de munición para dar cabida a las 44 unidades que portaban los modelos anteriores. No obstante, en fases posteriores de producción se pudo ampliar hasta las 54 unidades. Además, al parecer era bastante habitual que la tripulación eliminase cualquier elemento superfluo para poder estibar más munición. La metamorfosis del StuG. III en cazacarros requería de mucha más munición que la del vehículo de apoyo original, porque no era raro que, para dejar listo de papeles a un KV-1, hubiera que dispararle 4 o 5 cañonazos, y a veces incluso más.  En la foto de la izquierda vemos un StuG. III Ausf. F reamunicionando en el sector de Leningrado. En este caso, el guripa aúpa una caja con tres proyectiles 
PzGr. 39. Obsérvese la gran cantidad de equipo estibado en la trasera del vehículo, costumbre que se convirtió en algo muy habitual y que hace las delicias de los modelistas, que dan rienda suelta a su imaginación para añadir en sus maquetas chismes de todo tipo, desde bidones de gasofa a botijos trianeros, cajas de manduca, eslabones de cadena, muchas lonas y pijadas por el estilo.

Modelo F con el cañón L/48
Pasemos al casco. Como ya hemos dicho, el F era un E, pero con un cañón más gordo. Prácticamente no se hicieron modificaciones en el mismo salvo las necesarias para adaptar un arma de mayor tamaño. En el techo se añadió un ventilador (flecha colorá) para evacuar la gran cantidad de humo que salía de la recámara cada vez que se efectuaba un disparo y, como vemos en la foto, se añadieron también dos soportes en la parte trasera de los guardabarros para llevar dos parejas de ruedas de repuesto. Aparte de eso, las tripulaciones siguieron añadiendo hormigón en los huecos situados a los lados del cañón. En cuanto al armamento secundario, se mantenía el mismo del modelo E: la MG-34 sin escudo ni nada por el estilo con una dotación de 8 tambores de 75 cartuchos, los dos subfusiles MP-38 o MP-40 y las doce granadas de mango. En septiembre de 1942 se dio por terminada la serie, que satisfizo con creces las expectativas puestas en ella. En total se alcanzó un total de 366 unidades y se acometió la producción de la siguiente, donde se implantaron las mejoras surgidas durante la vida operativa del modelo F.

StuG. III Ausf. F/8 Sd.Kfz. 142/1

Con este modelo ocurrió algo similar a lo que vimos en el C y el D, eran prácticamente el mismo salvo por las escasas modificaciones efectuadas en el modelo posterior. El motivo de no ser el modelo G y ponerle la barra con el 8 se debió a que, en este caso, se cambió el chasis base, usando el del 
Pz.Kpfw. III Ausf. J, cuyo numeral era "8 Serie/Z.W.". La Alkett puso en marcha la fabricación del F/8 en el mismo mes de septiembre de 1942, y en la foto de la izquierda podemos ver algunas de las modificaciones más significativas. Como se puede apreciar, la parte trasera del nuevo chasis permitía una prolongación del espacio destinado al motor, lo que permitía una notable mejora en la ventilación del mismo. Esto vino bastante bien para las unidades que operaban en el Frente Oriental, donde las bajas temperaturas congelaban el aceite y el agua. Para remediarlo se instaló un sistema de transferencia de agua caliente con un conector. Además, se abrió un hueco en la plancha trasera para la instalación de un Schwungmasse, un arranque de inercia a base de manivela que evitaba dejar las baterías fritas para arrancar en frío cuando hacía un frío de cojones. Aparte de esto, las ruedas de repuesto fueron cambiadas de sitio, pasando de los guardabarros al casco, y las antenas de radio se instalaron fijas, en vez de abatibles como eran anteriormente. 

Otro añadido, si bien no duró mucho tiempo cuando se dieron cuenta de que no resultaba especialmente útil, fue una rejilla protectora en el hueco del periscopio del tirador. En la foto de la derecha se puede apreciar con claridad. En teoría, la rejilla impediría que algún malvado se encaramase en el vehículo y colase en su interior una granada de mano, pero supongo que nadie tuvo esa ocurrencia y acabaron retirándolas. Lo que sí fue más frecuente es el freno de boca esférico con una sola cámara de expansión que ya se había introducido en el modelo anterior por ser mucho más barato que el de dos cámaras a pesar de que era mucho más efectivo, pero ya sabemos que cuando se anda corto de pasta hay que aviarse con lo que sea.

En diciembre de 1942, cuando la fabricación del F/8 estaba ya a punto de concluir, se introdujo a modo de prueba un detallito que los cargadores, como artilleros de a bordo, agradecieron enormemente. El añadido fue algo tan simple como un escudo para poder hacer fuego con la ametralladora de defensa cercana con un mínimo de protección. La verdad es que nunca he entendido como unos primates tan meticulosos como los tedescos tardaron tanto en poner algo tan chorra como una chapa gorda para que no dejaran tieso al abnegado cargador/artillero del vehículo. El escudo era más básico que la sesera de un político, como vemos en la foto. Consistía en una chapa abatible de 10 mm. de grosor con una abertura rectangular sin ningún tipo de soporte para la máquina. Simplemente se sacaba el cañón por ella y se apoyaba sobre la chapa. Encima de la abertura vemos un asa para ponerla en posición, y en el borde superior aparece una pieza donde se podía encajar la ametralladora para uso antiaéreo, aunque obviamente su eficacia para este fin era sumamente cuestionable. El escudo aparece bloqueado contra la escotilla con el gancho plano que vemos a la izquierda. Cuando fuese necesario, bastaba desbloquearlo, empujar el escudo hacia adelante y cerrar la escotilla.

Vista delantera del F/8 en la que podemos ver las chapas de
30 mm. extras atornilladas al casco y el faro Notek en el centro
del glacis, con las luces laterales ya eliminadas 
Poco más podemos añadir sobre este modelo que, de hecho, en muchos casos es complicado de diferenciar con su predecesor ya que los modelos F que eran enviados para reparar o poner a punto a retaguardia o a Alemania regresaban al frente con las mejoras que ya se habían implantado en el F/8. En diciembre de 1942 cesó la producción, que alcanzó los 250 ejemplares y marcó el camino para la siguiente versión, la G, que fue con diferencia la más numerosa de todas.

StuG. III Ausf. G Sd.Kfz. 142

A medida que avanzaba el año 1942 quedó claro que los hijos del padrecito Iósif estaban aprendiendo demasiado pronto a sacar provecho a sus máquinas y, para hacerles frente, el grueso de las divisiones acorazadas lo formaba el Pz.Kpfw. IV y, en menor medida, el III. El poderoso Tiger acababa de salir del horno, y el Panther aún estaban en la cocina. Así pues, no les quedaba otra que echar mano a lo disponible para hacer frente a los carros soviéticos si no querían verse de vuelta a la Gran Alemania con el rabo chamuscado. Los modelos F y F/8  ya mostraron su eficacia contra los T-34/76 y los KV-1, con cuyo cañón de 75 mm. los podían mandar al paraíso comunista a un kilómetro sin problemas, mientras que ellos eran un objetivo muy difícil de batir a la misma distancia gracias a su escasa altura. Y, como guinda del pastel nefasto, los bombardeos Aliados no paraban de entorpecer la industria tedesca, por lo que tenían cada vez más complicado, no ya la producción en sí de carros de combate, sino la fabricación de componentes chorras como cojinetes o tuercas.

Pz.Kpfw. III Ausf. J armado con el KwK. 39 L/60 de 50 mm.
Rusia marcó el ocaso de estos carros
Así pues, y en vista de como estaba el patio, era evidente de que el 
Pz.Kpfw. III estaba ya un poco bastante obsoleto a pesar del cañón de 50 mm. que sustituyó al antiguo de 37 mm. Y no ya porque el de 50 mm. no bastaba para dejar fuera de combate a los monstruos bolcheviques, sino porque los cañones de los monstruos bolcheviques los atravesaban como manteca de gorrino ario. De la suma de estos factores surgió un concepto novedoso: tenemos mogollón de Pz.Kpfw. III que no valen para nada, pero cuyos chasis podemos aprovechar para fabricar cantidades industriales de StuG. III mejorados para enviarlos a las divisiones acorazadas y actúen como carros sin ser carros, sino cazacarros, y la infantería que se avíe con lo que tiene porque, de lo contrario, nos dan las del tigre. Así, en diciembre de 1942, cuando se detuvo la producción del F/8, dio comienzo la del modelo G, que no era un apaño como lo que vimos con el C y el D o el F y el F/8. El G salió de las fábricas con una casamata totalmente renovada, con mejoras notables para convertir el StuG. III en un enemigo aún más temible para el Ejército Rojo. Y para poner en liza mogollón de malvados artefactos aniquiladores de comunistas, la fabricación se puso en manos de la Alkett y la Maschinenfabrik Niedersachsen-Hannover, MIAG para los amigos. Esta última no empezó la producción hasta febrero de 1943, mientras que la Alkett la inició en diciembre del año anterior. Veamos los detalles...

Escotilla de escape del conductor situada en el glacis.
Obsérvense las robustas bisagras y los dos cierres
El chasis y la suspensión permanecieron prácticamente invariables. Por problemas de producción, hasta mayo de 1943 no pudieron empezar a montarse placas de una sola pieza de 80 mm. de grosor en el frontal, si bien no fue posible estandarizar este blindaje porque, simplemente, no daba para todos. Por lo tanto, hasta prácticamente el final de la guerra hubo que seguir con el sistema anterior: añadir una chapa de 50 mm. atornillada o soldada. Sea como fuere, la placa donde se encontraba el visor del conductor permaneció con el añadido de 30 mm. ya que, como recordaremos, el Fahrersehklappe 50 estaba concebido para un espesor de blindaje de 50 mm., por lo que si se hubiese usado una placa enteriza de 80 mm. habría que haber rediseñado el visor completo. Por cierto que, como vemos en la foto, la chapa extra anuló el periscopio KFF. 2 que permitía cerrar el visor de vidrio.

StuG. III Ausf. G montando las Winterketten
La suspensión solo sufrió un pequeño cambio, también a causa de la progresiva escasez de materias primas: se eliminaron las llantas de goma de las ruedas de retorno, dejando ruedas enteramente de acero. Cualquiera pensará que era un ahorro birrioso, pero ya se pueden hacer una idea del extremo de carestía que a aquellas alturas de la guerra estaba ya la Gran Alemania. Y para solventar los constantes atascos provocados por la nieve y la temible Rasputitsa, el piélago de fango que se formaba con el deshielo y que era capaz de atrapar hasta a una libélula de medio gramo de peso. Como ya sabemos, la anchura de las cadenas del StuG. III se amplió hasta los 40 cm. que, obviamente, no eran suficientes en Rusia. Para remediarlo, se montaron dos tipos de cadenas: por un lado estaban las Winterketten (cadenas de invierno), que era una cadena convencional a la que se añadía entre cada eslabón una extensión. Este añadido llevaba una aleta para aumentar su poder de tracción. Sin embargo, al no ser una pieza solidaria con el eslabón, era fácil que se deformasen o se perdiesen al golpear piedras, troncos o cualquier obstáculo. Mucho más eficientes eran las Ostketten (cadenas del Este) ya que, en este caso, la extensión formaba parte integral de cada eslabón, por lo que resultaron mucho más resistentes y duraderas en las peores condiciones.

Pasemos a la casamata, que es donde se llevaron a cabo los cambios más significativos. Si comparamos el gráfico del modelo F con el G, vemos que las extensiones laterales que se implantaron en el modelo E se alargaron, ocupando gran parte de cada costado, anulando la mirilla lateral del conductor. El escaso espacio que quedó disponible se usó para instalar una pequeña tronera para asomar el cañón de un subfusil. Este aumento del espacio interior vino bastante bien para alojar munición extra. En el modelo G, la dotación de proyectiles era de 54 unidades, pero se podían acomodar hasta 70 gracias a esta ampliación. La munición era la misma empleada en los modelos anteriores, pero para que podemos hacernos una idea del notable aumento de gasto en su misión como cazacarros, basta el siguiente dato: la provisión por vehículo que debía disponer cada unidad dotada con los mismos era la siguiente: 150 de alto explosivo, 108 de perforantes, 30 perforantes con núcleo de tungsteno y 12 fumígenos. Por otro lado, al cambiarse la compleja angulación del techo por otra más simple, el extractor de humo se trasladó a la parte trasera de la casamata. 

Pero lo más significativo fue la sustitución de la escotilla del mandamás, compuesta por dos simples planchas, por una cúpula decente, que le permitía una visión de 360º sin arriesgarse a que le volaran la tapa de los sesos. Veamos la foto 1: Esta cúpula estaba provista de siete periscopios protegidos por una cubierta blindada. Era giratoria, por lo que el mandamás podía sacar su periscopio de tijera con la escotilla abierta (foto 2) o por el pequeño portillo de la escotilla (foto 3) y controlar todo lo que sucedía alrededor. No obstante, por problemas de producción, entre octubre de 1943 y agosto de 1944 los vehículos que se suministraron salieron de fábrica con las escotillas fijas. Como vemos, la parte exterior de la cúpula era una trampa para proyectiles, por lo que los tripulantes protegían esa zona con lo que pillaban: trozos de cadena, hormigón o trozos de hierro soldados. Este defectillo se solventó en octubre de 1943, añadiendo el deflector que marca la flecha colorá. Incluso se enviaron a las unidades provistas del modelo G para que ellos mismos las soldaran. La flecha amarilla señala otra innovación consistente en un portillo deslizable para el periscopio del tirador, eliminando así la irritante abertura que, de una forma u otra, siempre permaneció abierta. El portillo estaba conectado al cañón, por lo que cuando este giraba en sentido horizontal se deslizaba a un lado u otro, acompañando el movimiento del periscopio que asomaba por el hueco.

La innovación más tardía de la casamata se añadió en octubre de 1944. Era una pijada puramente germánica que, a lo tonto a lo tonto, solventó mogollón de averías cuando no había a mano carros de recuperación. En la foto de la derecha lo podemos ver. El invento consistía en los soportes para sustentar un bastidor para una grúa de pluma de 2 Tm. Si el carro sufría una avería gorda, bastaba con que acudiera un camión taller que montaba la grúa y, en un rato, podía desmontar la cubierta y sustituir cualquier pieza pesada, incluyendo el absolutamente incombustible motor Maybach que movió estos chismes desde el principio hasta el fin. Ya saben que, en muchas ocasiones, es más viable cambiar el motor y llevarse el averiado para repararlo tranquilamente en retaguardia. Del mismo modo, la grúa podía facilitar la sustitución de cualquier pieza pesada. Una vez solventado el problema, se desmontaba, el camión taller salía pitando y el StuG. III volvía a dar estopa a los hijos del padrecito Iósif.

Modelo G con todas las innovaciones, incluyendo un trinquete
para el cañón introducido en julio de 1944 para evitar que se
desalinease respecto a la mira durante el transporte
Pasemos al armamento. El modelo G estaba armado con el mismo cañón que el F/8, el StuK 40 L/48 de 75 mm. Sin embargo, su montaje en la casamata presentaba otra trampa para proyectiles, y no era otra cosa que la gran caja rectangular que protegía el freno del retroceso. Esto se solucionó a partir de noviembre de 1943 sustituyendo esta pieza por un mantelete de fundición de formas curvas apodado Potblende (mantelete de olla), aunque el nombre más extendido es el de Saukopfblende (mantelete de cabeza de cerdo), apodo que, al parecer, nunca llegaron a usar los tedescos. A principios del año siguiente se diseñó e implementó una ametralladora coaxial para mejorar la defensa cercana, que siempre había sido el punto débil del StuG. III, cuyo orificio de salida hemos marcado con la flecha colorá. También se añadió una batería a cada lado con tres tubos lanzadores para botes de humo. Sin embargo, este invento no entusiasmó al personal ya que se dieron bastantes casos en los que la munición de armas ligeras impactaba en los tubos, activaba los botes y la humareda que salía los cegaba a ellos mismos. Total, que o los quitaron o pasaron de llevarlos cargados. 

La guinda del pastel se añadió junto a la ametralladora coaxial: una Rundumfeuer como la del Hetzer instalada en la escotilla del cargador. Para el que no se acuerde, era un montaje que permitía el tiro por control remoto desde dentro del vehículo, y cuyo único inconveniente era que, para recargar, había que asomar al menos las manos y cambiar el tambor de 75 cartuchos que alimentaba la máquina. En la foto podemos ver el montaje a falta de la ametralladora. Como se puede apreciar, para abrir la escotilla había que girarlo 90º a un lado u otro, lo que también era un poco coñazo, pero mejor disparar a cubierto que no jugarse los germánicos pellejos del personal. En cualquier caso, para ver su manejo se den un garbeo por el articulillo del Hetzer, donde aparece un dibujito muy chulo que lo muestra con toda claridad.

Y para concluir, solo nos queda dar cuenta del Schürzen, las emblemáticas placas de blindaje lateral que usaron profusamente los Pz.Kpfw. III y IV, así como los StuG. III y IV y otros chismes menos relevantes. Antes hemos visto alguna foto, pero ahora conoceremos sus entresijos si bien, todo hay que decirlo, este añadido era más básico que los mecanismos de un botijo. Pero, antes de nada, ¿por qué se pusieron estos chapones? Por unos enemigos alevosos con muy mala leche. Y no, no eran los carros soviéticos, sino los fusiles anticarro PTRD-41 y PTRS-41, ambos de calibre 14'5 x 114 mm. Esos chismes disparaban munición con núcleo de acero endurecido o de tungsteno, y a 100 metros podían perforar los 30 mm. del blindaje lateral del StuG. III. Obviamente, un hijo del padrecito Iósif bien camuflado podía hacer un aguardo y, a la primera ocasión, soltarle un balazo a uno de estos carros y dañar el motor, partirle una rueda o colarse en la cámara de combate y hacer una escabechina dentro. De ahí lo de aumentar la protección con el 
Schürzen que, con sus 5 mm. de espesor, ya no lo ponía tan fácil. Este añadido constaba, en el caso del StuG. III, de cuatro placas provistas de asas que se colgaban de un bastidor provisto de enganches triangulares y rectangulares, como vemos en el gráfico de la izquierda. Y, ya puestos, no solo protegían de los fusiles anticarro, sino que aminoraba notablemente los efectos de los proyectiles de alto explosivo o de cargas huecas. Se empezaron a suministrar durante la primavera de 1943, y se enviaron además 350 juegos de faldones al Frente Oriental para que los colocaran en los vehículos que los precisasen.

Bueno, criaturas, no creo que olvide nada relevante. Añadir solo que la producción del modelo G, como ya se anticipó, fue la más numerosa. La Alkett terminó la guerra con un total de 5.573 vehículos entregados, y la MIAG con 2.653, lo que hace un total de 8.226. Como está mandado, hay división de opiniones y algunos autores atribuyen algo más, mientras que otros se quedan en algo menos pero, en cualquier caso, oscilaron por las 8.000, que no es moco de pavo.

Y a todo esto... ¿se quedó la pobre infantería huérfana, sin sus vehículos de apoyo artillero? Pues no. Pero de eso hablaremos otro día porque este articulillo ha quedado ya un tanto extenso y no me gusta alargarlos demasiado, que hacen la lectura pesada. 

Hale, he dicho


CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Ocultando el monstruo para una emboscada. Obsérvense los tramos de cadena como protección añadida tanto al frontal del glacis como del lado derecho de la casamata. En la parte superior se aprecia un buen relleno de hormigón para deflectar proyectiles enemigos