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Zapadores tedescos del Bon. von Brauch nº 3 ante la entrada del túnel de acceso a una mina. La barrena del fulano del centro era para colocar cargas destinadas a destruir túneles enemigos |
Hasta los cuñados y primos lejanos más despistados conocen esa foto, tomada por el teniente Ernest Brooks a cosa de medio kilómetro de distancia. Sin embargo, a pesar de la apocalíptica explosión, que abrió un cráter digno de un meteorito gordo- unos 135 metros de diámetro por 24 de profundidad- solo vaporizó a 30 tedescos que estaban justo sobre la mina. Les salió carísima a los british (Dios maldiga a Nelson) su matancita. Por otro lado, cuando surge el tema minero, la mayoría de los primates debatientes solo mencionan la citada mina de Beaumont-Hamel y/o la de Lochnagar, pero no se han enterado de que el inicio de la Batalla del Somme la marcaron en realidad la detonación de 19 minas cavadas por las compañías de tuneladores, y que desde 1915, tanto tedescos como gabachos (Dios maldiga al enano corso) como british llevaban ya detonadas cientos y cientos de minas, y que después del Somme siguieron detonando cientos y cientos de minas. No lo sabían, ¿verdad? Pues ya lo saben, panda de impíos. Ahora, la pregunta de rigor:
- Oiga, ¿pero eso de las minas no era más que para rendir fortificaciones?
Pozí, pero una fortificación puede adoptar múltiples formas, incluyendo líneas defensivas protegidas por alambradas más espesas que medio litro de caldo con dos kilos de Maizena, y con mogollón de probos homicidas armados con cosas muy dañinas como ametralladoras, morteros de trinchera, granadas de mano e incluso fusiles. Más aún, la Gran Guerra ha sido el conflicto en el que más minas se cavaron, y con diferencia, hasta el extremo de poder hablar de una auténtica guerra subterránea. Así pues, para ponernos en contexto, comencemos con el
INTROITO
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Castillo del Huevo, en Nápoles. Al trabajo de la cava se sumó el hecho de que está ubicado en un estrecho istmo, por lo que solo había un angosto pasillo donde fabricar la mina |
El minado como forma de expugnación castral es más antiguo que la tos. No se sabe quién lo ideó, ni cuándo se puso en práctica el invento, pero tiene más años que la vid de Noé. En su día dedicamos una entrada sobre el tema cuya lectura recomienda ya que, al cabo, son las abuelas de las minas del siglo XX. Estas minas, como sabemos, consistían en un túnel que llevaba hasta los cimientos de una torre o muralla, tras lo cual se cavaba una cámara de hornillo entibada, se petaba de materiales combustibles y se le metía fuego. Cuando el entibado se quemaba, el peso del edificio hundía la cava, provocando el colapso del mismo. Su descendiente, la mina explosiva, fue un invento español, como ya explicamos en su día. La propagación de la pólvora en la Europa permitió a su inventor, Pedro Navarro, mandar a hacer gárgaras un lienzo de muralla del castillo del Huevo, o castel dell'Ovo, como prefieran, el 12 de junio de 1503. Desde ese momento, las minas fueron un elemento cuasi obligado en los asedios a fortificaciones pirobalísiticas cuando el fuego de mortero y obuses no lograban abrir una brecha. En sí, el sistema era igual al anterior: túnel hasta los cimientos pero, en vez de petar la cámara de hornillo con material combustible, pues lo petaban con toneles de pólvora, lo sellaban con puntales y sacos terrenos y lo detonaban con una salchicha. El minado se convirtió pues en una ciencia.
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| Entrada a una mina durante la Guerra de Secesión norteamericana |
Solo a partir de la segunda mitad del siglo XIX la mina fue cayendo en el olvido, y sus técnicas empezaron a desaparecer de los manuales militares. La evolución de la artillería pesada y su devastador poder destructivo permitió abrir brechas en las murallas sin necesidad de enterrar en vida a un ejército de topos, teniendo como escenarios la Guerra de Secesión (1861-1865) entre malvados esclavistas y bondadosos segregacionistas, y en la Guerra de Crimea (1853-1856). En este conflicto, el asedio a Sebastopol a manos de los british y los gabachos, cavaron una mina de 190 metros de longitud para abrir una brecha en el baluarte del Mástil, pero los hijos del padrecito Aleksándr Nikoláyevich Románov, Alejandro II para los amigos, les chafaron el invento a los enemigos, cavando 20 contraminas cargadas con entre 550 y 2.000 kilos de pólvora, más otra cargada con 4 Tm. cavada a 15 metros de profundidad. A partir de ahí, las minas fueron cayendo en el olvido hasta que, en 1915, el estancamiento del frente y la creación de líneas defensivas que requerían bombardeos masivos de artillería pesada que, por otro lado, no garantizaban para nada la ruptura del frente, hizo que el personal desempolvara los viejos manuales para iniciar una guerra que tenía lugar, en vez de en las trincheras, en la tierra de nadie, donde transcurrían kilómetros de verdaderos laberintos de minas y contraminas. Ya nos hemos hecho a la idea, ¿no? Entonces,
fin del INTROITO
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| Artillería pesada british ablandando las posiciones tedescas |
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| Alambradas tedescas. ¿Creen que alguien podría pasar por ahí sin sufrir algunos arañazos? |
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| Zapadores tedescos. Estos probos homicidas cavaban túneles con la destreza de un topo. Obsérvense los respiradores, imprescindibles para no asfixiarse dentro de la zapa |
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| Zapador british con el respirador Proto. En la jaula llevaban un ratón o un canario para detectar la presencia de monóxido de carbono |
El artífice de estas unidades fue el teniente coronel John Northon-Griffiths, un diputado del parlamento e ingeniero que, además, era contratista y se encargaba de obras en el alcantarillado. Este fulano contactó con Kitchener planteándole el reclutamiento de currantes apodados como "clay-kickers", literalmente "pateadores de arcilla", probos topos especializados en cavar túneles a una velocidad endiablada, y encima de forma bastante silenciosa. En el dibujito podemos ver como trabajaban. Se colocaba de espaldas sobre una tabla con un pequeño asiento y un travesaño para los hombros, por lo que le daban el nombre de cruz. Apoyaba la pala que vemos en el detalle contra la pared, empujaba con los pies y se desprendía un cacho de tierra que su cuñado iba retirando. Un tercero la ensacaba y, valiéndose de un pequeño carro, la sacaba del túnel. Y abramos un inciso con una cuestión técnica: el nivel freático de Flandes estaba casi en la superficie, por lo que bastaba profundizar pocos metros en el pozo del que partiría la mina para que se anegase de agua. No podían iniciar el túnel hasta que no encontraban arcilla seca, y aquí era donde los "clay-kickers" iniciaban su intervención. Era pues imprescindible la presencia de ingenieros de minas y geólogos para saber qué terreno se iban a encontrar, así como el método a seguir en cada caso para poder cavar sin llevarse sustos. Pero de las técnicas cavatorias y el utillaje para ello ya hablaremos con más detalle en otro articulillo, descuiden...
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| Miembros de una unidad de asalto en pleno avance. Estos probos homicidas eran especialmente eficaces a la hora de ocupar los cráteres de las minas y hacerse fuertes en ellos |
En fin, esta forma de guerra subterránea se mantuvo hasta 1917, si bien en determinados sectores perduró hasta prácticamente el final de la contienda. El subsuelo de la tierra de nadie se convirtió en un laberinto de kilómetros de minas y contraminas de ambos bandos, y cada cual recurría a lo segundo en el momento en que notaban que los enemigos habían empezado lo primero. De hecho, hasta se recurría a cavar minas falsas en plan escandalosillo para despistar, de forma que los enemigos iniciasen la contramina en esa dirección mientras que la real avanzaba en el más absoluto silencio por otro lado. En otras ocasiones, mina y contramina se cruzaban, dando lugar a escabechinas subterráneas muy desagradables o a la colocación de petardos en las paredes para provocar el derrumbe del túnel vecino. Hablamos de que una galería principal tenía por lo general una altura de alrededor de metro y medio de altura como mucho, y un metro o menos de anchura. A eso, sumar el calor, el agobio y el aire asquerosillo que introducía en el túnel un compresor. En fin, algo muy desagradable. Para hacernos una idea, basta echar un vistazo a la foto de la izquierda, donde vemos a dos zapadores tedescos embutidos en un túnel donde no cabe ni el mango del pico. Y a medida que se avanzaba había que entibar la galería, no le diese al malvado suelo por desplomarse sin avisar.
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| British saliendo de sus posiciones en dirección a la matanza el 1 de julio de 1916 |
Bueno, criaturas, creo que ya tendrán una idea de qué iba la cosa subterránea. En otro articulillo ya hablaremos con detalle de las técnicas y medios empleados para convertirse en topos homicidas.
Hora de merendar.
Hale, he dicho
PETRVS SANCHODICI DELETVS EST













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