miércoles, 3 de agosto de 2011

Técnicas constructivas II: El mampuesto

La piedra de buena calidad no abunda en muchas zonas de la Península. Donde más fortificaciones he visto constuidas con buena sillería de granito ha sido en la mitad norte de Portugal, donde hay en cantidades industriales. Pero en enormes extensiones del territorio, como que no. Obviamente, en aquellos tiempos no era fácil y, mucho menos, barato, cortar la piedra y acarrearla a kilómetros (bueno, millas o leguas para hablar con propiedad...) de distancia. Como ya comenté en la entrada anterior, los constructores cristianos no eran precisamente proclives al uso del tapial, prefiriendo siempre que fuera posible los materiales líticos para levantar sus edificios. Así pues, en caso no haber piedra granítica o caliza, las más usadas, pues se echaba mano a la que hubiere, o incluso se reutilizaba la de edificios anteriores, en aquel momento en ruinas.


De esa forma se construyeron multitud de fortificaciones, a base de mampuesto. El mampuesto no era más que cantería burda unida con mortero de cal y arena. Como se ve en el gráfico en sección de la izquierda, se levantaban dos paramentos, de entre 30 y 40 cm. de grosor cada uno) con un espacio entre ellos destinado a ser rellenado con tierra o tierra mezclada con mortero, e incluyendo en esa mezcla cantería menuda y/o los fragmentos de las piezas defectuosas que salían de los alfares cercanos a fin de darle consistencia. Esa cerámica ha permitido a los estudiosos en la materia datar con mucha precisión este tipo de obras, así como añadidos construidos en épocas posteriores. Como ya sabrá más de uno, la tipología de los diferentes tipos de cerámica varían en forma, composición, color, etc., de una época y cultura a otra. Bueno, la cuestión es que dichos paramentos que, en total, contando el relleno, solían tener un grosor de dos varas (alrededor de 168 cm.), se rellenaba como se ha explicado antes, colmatando la tierra con agua y pisones. De ese modo se obtenía una muralla mucho más resistente que si estuviera construida con tapial y, muy importante, tenía trabazón con las torres de flanqueo se que repartían por su perímetro.

Dependiendo del tipo de suelo se recurría a levantar directamente los paramentos. Por ejemplo, si era directamente sobre piedra, no requería ningún tipo de cimentación. Si, por el contrario, era un suelo menos consistente, se construía una zapata formada por tres o cuatro hiladas de sillares, como aparece en el gráfico superior. Alguno dirá que me contradigo, que si no había piedra de calidad en las cercanías no se podía recurrir a este material. No, no me contradigo. Lo que ocurre es que, para esos casos, sí se optaba por acarrarla desde donde fuera preciso. Obviamente, no era igual de costoso transportar la necesaria para una zapata que para todo el castillo.
Al igual que en el caso del tapial, también se solía recurrir a sillería esquinera en las torres para darles más consistencia. La parte interna, como ya se explicó en la entrada dedicada a las torres, era enteramente maciza por lo general hasta la altura del adarve. Este sistema de construcción era más lento que el tapial. Había que ir adaptando cada hilada de cantos, rellenando los huecos entre ellos con abundante mortero y lajas de piedra y, además, esperar a que la argamasa se secara ya que, en caso contrario, el peso del relleno podría reventar los paramentos. Hay que tener en cuenta que 1 m3 de este tipo de relleno podía superar, dependiendo de su composición, la tonelada y media de peso. Una vez alcanzada la altura deseada, se ensolaba el adarve para facilitar el tránsito por el mismo. Los materiales podían ser diversos: guijarros, lascas de piedra, una simple capa de mortero o el sempiterno y socorrido ladrillo de adobe, colocado a soga y tizón o a espiga.
Finalmente y, al igual que ocurría con el tapial, era habitual enlucir los paramentos con una gruesa capa de mortero de cal a fin de preservarlo de los agentes meteorológicos. Si os fijáis detenidamente cuando visitéis algún castillo construido con mampuesto, puede que encontréis restos de enlucidos en algunas zonas. En cuanto al tipo de piedra, pues la que hubiera más a mano. Veamos algunos ejemplos...


La foto de la derecha corresponde a la alcazaba de Silves, en Portugal. En este caso se recurrió a un mampuesto a base de piedra de gres rojo que, igualmente, se usó para la sillería esquinera y las puertas. Obsérvese que, en este caso, se van alternando hiladas gruesas con otras más finas para mantener igualada la altura de los paramentos. Los parapetos y almenados han sido restaurados no hace muchos años. En este caso, afortunadamente, el arquitecto de turno tuvo el sentido común de reconstruirlos con el mismo tipo de piedra. Cualquier otro le habría plantado una barandilla horrible o, lo que es peor, ladrillos de cara vista. No es coña, hay quien los ha empleado aunque parezca increíble.


En la foto de la izquierda podemos ver la torre del homenaje del castillo de Lousã, en Portugal. En este caso, está enteramente construido con pizarra. La puerta de la torre, de sillería de mármol, es la única piedra de todo el edificio que no es pizarra, de la que se compone incluso la gruesa zapata sobre la que se asienta, en este caso para nivelar el terreno, ya que todo el castillo está edificado sobre un afloramiento pétreo muy irregular de esta misma composición y, obviamente, de donde obtuvieron el material para edificarlo. La pizarra es una piedra muy blanda, fácilmente erosionable, de modo que ya es un milagro que el castillo haya llegado a nosotros.


El que vemos a continuación es el de Santa Olalla de Cala, en Huelva. Este castillo es de construcción castellana. Concretamente, fue mandado erigir por Sancho IV en 1293 debido a la cantidad de bandidos que infestaban la comarca. O sea, fue más bien un castillo policial que militar propiamente dicho. En este caso, está edificado sobre un afloramiento rocoso muy alargado y estrecho en dirección norte-sur, que le da al edificio una peculiar fisonomía. Como se ve en la imagen, no cuenta con sillería esquinera ni zapatas debido a la solidez del firme sobre el que se asienta. La única sillería que hay en el edificio la podemos encontrar en su puerta de acceso. Las puertas de torres, aspilleras y demás aberturas son de ladrillo de adobe, material que también se usó para los frisos que se ven en la foto. En todo caso, es difícil concretar este punto con exactitud tanto en cuanto el castillo fue usado como cementerio hasta principios del siglo XX, y no ha sido restaurado hasta hace unos cuatro años, por lo que, a pesar de que la restauración ha sido poco agresiva, es evidente que el edificio ha debido perder con anterioridad muchos de sus elementos originales. De hecho, los paramentos interiores parecían un queso de Gruyère con tanto nicho.

Bueno, creo que con estos tres ejemplos ya se hará el personal una idea clara del tema. Podría seguir mencionando castillo tras castillo, ya que cada uno de ellos tendrá unas características particulares en lo referente al mampuesto usado en su edificación, pero creo que queda bastante claro que, de forma básica, lo que regía era el tipo de piedra disponible y la composición del suelo para iniciar su construcción. Como colofón, concretar que pueden verse castillos de mampuesto en los que se recurrió a hiladas de ladrillo para nivelar los paramentos, si bien de eso ya hablaré en una entrada dedicada al sillarejo, que es donde solía ser más frecuente. Hale, he dicho.



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora sí entiendo la diferencia entre tapial y mampuesto, aunque sigo teniendo algunas dudas.
Voy a seguir reventándome los tobillos...
P.F.

Luis Bernardez dijo...

Estimado Amo del castillo, he descubierto su blog y llevo varios dias leyendo sin parar tan interesantes temas, sin embargo este me toca de cerca, y me permito, con su permiso realizar una pequeña aclaración al respecto de las rehabilitaciones que se ven por esto y otros lares. En concreto cuando usted se refiere a la alcazaba de Silves.
Desde mis escaso conocimientos le informo de que existen diversas corrientes en lo que a rehabilitación y restauración del patrimonio se refiere, una de ellas pretende que la rehabilitación sea lo más fiel al original de forma que no se distinga de la misma, la otra por contra pretende que se distinga claramente la parte original de la restaurada, de ahí que en algunos casos se vea la mexcla de la piedra original con piezas ceramicas que completan la parte que falta en el conjunto.

Amo del castillo dijo...

Ya tengo constancia de ambas corrientes, Sr. Bernardez. Pero una cosa es reconstruir una muralla de sillería a base de tapial para diferenciar lo antiguo de lo nuevo, y otra perpetrarla con elementos anacrónicos por completo e incluso modificando la morfología original, sin reponer, por ejemplo, parapetos, almenados, etc.

A lo largo de mis visitas castilleras, que han sido muchísimas, he tenido ocasión de ver de todo: desde fortificaciones perfectamente restauradas con los materiales originales, a vilmente masacradas con la adición de puertas de cristal, barandillas de acero, escaleras metálicas, etc.

En definitiva, yo me inclino por las rehabilitaciones fieles al original. Es como si uno se compra un caserón del siglo XVIII y va y le pone las ventanas de aluminio. Una bellaquería, ¿no?

Un saludo y gracias por su aportación

Luis Bernardez dijo...

Sr Amo del Castillo, veo que esta al tanto en lo que a rehabilitaciones se refiere, hacia mensión a ello, porque no es conocido por mucha gente.
Personalmente me inclino por la recreación fiel al original como indica usted, sim embargo entiendo tambien que la otra corriente. Dicho esto al igual que usted he visto autenticas barbaridades.
Al caserón del siglo XVII pongale usted ventanas de madera al menos.
gracias a usted por la respuesta a los comentarios de este post un poco enterrado en el tiempo.

Amo del castillo dijo...

Pues yo no acabo de entender la otra corriente, Sr. Bernardez. Y más si es usada para desvirtuar totalmente el conjunto del monumento en cuestión. Un ejemplo: compra vuecé en un anticuario una mesa Luis XV y resulta que tiene una pata rota. Lo lógico sería buscar un ebanista cualificado para que fabricase una absolutamente fiel a la original ya que, de lo contrario, su maravillosa mesa que le ha costado un dineral quedaría como un adefesio. Así pues, ¿por qué se gastan cifras de varios ceros en cargarse literalmente un monumento y dejarlo tan irreconocible que solo un mínimo público con los conocimientos necesarios sería capaz de imaginar como fue en la realidad?

Ya sabemos por donde van los tiros en estos casos, Sr. Berbardez: el "experto" paniaguado de turno, el regidor municipal que no sabe un carajo de nada pero sí sabe mucho de recibir comisiones, etc...

Un saludo y gracias por su comentario

Luis Bernardez dijo...

Yo como habia escrito en mi anterior comentario, entiendo y respeto la otra vertiente. Una vez más ha dado usteed en el clavo, a mi humilde entender, al indicar que se usa en algunos casos para desvirtuar el conjunto en lugar de ponerlo en valor, no ya aplicado a castillos, si no a cualquier otro tipo de edficaciones. Desconozco si estos dos tipos de puntos de vista se aplican tambien a la restauración de objetos, si recuerdo haber visto alguna estatua con algun "remiendo" de yeso o material similar (supongo que por no poder averiguar como era el original en ese caso en concreto), en cuanto a los muebles me pareceria casi un sacrilegio el no restaurarlo fielmente al original.
En cuanto a los tiros, creo que me ha leido usted el pensamiento, de todas maneras es de justicia alabar a, vamos a dejarlo en equipos (incluyendo regidores, y técnicos de diversos campos) que si tiene la sensibilidad suficiente como para hacer el trabajo bien y no meterlos en el saco de son todos iguales. Desgraciadamente parece que en los tiempos que estamos el trabajo bien hecho, o al menos la buena voluntad para realizar una tarea no están bien valorados.

Amo del castillo dijo...

Hoy día, Sr. Bernardez, vivimos rodeados de una sociedad aborregada que contempla impasible como los "expertos" aniquilan el patrimonio artístico y arquitectónico porque, simplemente, les da una soberana higa y no saben un carajo de otra cosa que no sea ver partidos de fútbol a destajo o culebrones a todas horas. Y como los que protestamos somos una gota en el océano, pues los "expertos" hacen y deshacen con el placet de los solones de turno que solo piensan en trincar. Es lo que hay.

Un saludo y gracias por su aportación