jueves, 16 de febrero de 2012

Mitos y leyendas: el cartucho de fogueo de los piquetes de ejecución




Antes de nada, debo decir que no he tenido nunca la posibilidad de leer algún reglamento al respecto. Al parecer, no es un tema que a los ejércitos le guste airear demasiado, pero me da la impresión de que es una leyenda urbana en base a los razonamientos que expongo más abajo.

El fusilamiento ha sido el método de ejecución tradicional en todos los ejércitos del mundo desde el siglo XVIII y, en tiempos modernos, también como método de la justicia civil en varios países como Estados Unidos, China, etc. En lo tocante a la milicia se ha considerado siempre una muerte honrosa el hecho de ser pasado por las armas, e incluso en los códigos de justicia militar de varios países se reservaba la infamante horca para determinados delitos cometidos por personal militar fuera del ámbito castrense. En cualquier caso, todos hemos oído alguna vez hablar de eso de que uno de los fusiles con que se va a llevar a cabo un fusilamiento va cargado con un cartucho de fogueo a fin de "liberar" de responsabilidad al personal que forma parte del pelotón. Y, la verdad, me parece una chorrada por lo siguiente:



Primero, comentar cómo es y cómo funciona un cartucho de fogueo. El cartucho de fogueo carece de proyectil, por lo que la vaina solo contiene la pólvora, quedando esta cerrada de varias formas tal como vemos en la foto: a la izquierda tenemos una vaina con el gollete crimpado, a continuación un cartucho con la bala de madera, muy frecuente hasta hace pocos años, la cual se pulveriza en el momento del disparo. El siguiente es moderno, fabricado enteramente de plástico salvo el culote de la vaina. El último tiene una bala falsa crimpada que, al disparar, se abre dejando salir los gases de la deflagración. Es el mismo sistema que muestra el primer cartucho. O sea, se trata de un cartucho cuya única misión es hacer ruido cuando se disparan salvas o como propelente para las granadas de fusil, caso este último que omitiremos ya que no viene a colación.

Pero además de hacer ruido, el cartucho de fogueo se diferencia claramente de los reales en dos detalles, a saber: uno, que no producen retroceso. El retroceso del arma no lo provoca la deflagración de la pólvora, sino un principio de física denominado "acción y reacción", y tiene lugar cuando la bala sale impulsada por la boca de fuego. A más peso de bala, más retroceso aún cuando usemos un cartucho del mismo calibre. Y dos, su detonación es mucho menos sonora que los de fuego real porque, en estos últimos, además del estampido de la pólvora, tenemos el que produce la bala al romper la barrera del sonido. Obviamente, el oído humano no es capaz de diferenciar ambos sonidos, pero cuando se efectúa un disparo se producen dos: el de la deflagración de la pólvora y el de la bala cuando sale por la boca de fuego a más de 331 metros por segundo (la velocidad del sonido es un término relativo que depende de la temperatura ambiente y la altitud)

Aclarado el funcionamiento y los efectos de este tipo de munición, al soldado que en teoría le toca en suerte el fusil cargado con un cartucho de fogueo lo detectaría rápidamente de varias formas:

1: Cuando se da  la voz de "carguen", puede ver al abrir el cerrojo que el cartucho no es real.
2: En el caso de que se omita ese paso por estar ya cargadas las armas y solo se ordene apuntar y disparar, la ausencia de retroceso o la presencia del mismo delatará de inmediato al que dispara si lo ha hecho con un cartucho de fogueo o real.
3: Por el sonido no podría detectarlo en una descarga cerrada de varias armas al unísono, pero solo con lo señalado en el punto anterior basta y sobra para notar que se está disparando con un cartucho de fogueo.

O sea, que para un soldado habituado a disparar, cargar el fusil con uno de esos cartuchos carece totalmente de sentido. En cuanto dispare, sabrá si el arma que le han dado estaba cargada con munición real o de fogueo, así que, como digo, eso del "cartucho liberador de responsabilidad" me suena a leyenda. Si alguien tiene constancia de que esa práctica figure en algún reglamento de algún ejército, su aportación será muy de agradecer. Ah, y queda un detalle final: si por lo general los pelotones de ejecución están formados por voluntarios, ¿qué sentido tiene liberar a nadie de la responsabilidad si acude de buen grado a participar en la ejecución? Y, concluyendo, si fuese forzado le bastaría con fallar el tiro a posta. Siempre se puede alegar nerviosismo y tal, digo yo.

Hale, he dicho...