viernes, 8 de febrero de 2013

Los hospitalarios. Orígenes






Como me consta que el tema de las órdenes militares despiertan bastante interés entre mis lectores, vamos a extendernos un poco más en ésta apasionante temática, más allá de los manidos templarios que, por obra y gracia de la pseudo-literatura sensacionalista, están más de moda que hablar por el móvil hasta bajo la ducha. Así pues, hoy hablaremos sobre la otra gran orden nacida a raíz de las cruzadas: la Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén. Antes de nada, veamos sus orígenes...


La ciudad de Amalfi en la actualidad
La historia de la orden se remonta a tiempos anteriores a la predicación de la Primera Cruzada por el papa Urbano II durante el concilio de Clermont en noviembre de 1095. Su germen estuvo en los mercaderes de la ciudad italiana de Amalfi, que mantenían un próspero comercio con Oriente Medio desde hacía años y, además, gozaban del monopolio del transporte de peregrinos a Tierra Santa. En aquellos tiempos fundaron un hospicio para albergue de peregrinos que, con el paso de los años, fue ganando fama hasta que en el año de 1080 se pudieron incluso permitir la ampliación de sus instalaciones con la creación de uno para hombres y otro para mujeres. Su fundación se atribuye a un tal Gerardo, luego canonizado, que en 1113 recibió una bula del papa Pascual II en la que se le menciona como tal y titulada "Geraudo instituri ac praeposito Hirosolimitani Xenodochii". Sin embargo, en aquel momento ni era una orden militar ni nada semejante, sino una simple organización de ayuda a los peregrinos financiada mediante limosnas recolectadas principalmente en Italia, lugar de origen de los mercaderes de Amalfi.


Bula fundacional de la orden
La Primera Cruzada supuso un gran impulso a la organización caritativa liderada por Gerardo la cual, por sus buenos oficios, recibió jugosas limosnas y beneficios por parte de los nobles que acudieron a la cruzada, lo que permitió a su sucesor, Raimundo de Provenza aumentar las instalaciones del hospicio hacia 1120. Fue éste personaje el que redactó la primera regla, acogiéndose a la orden benedictina, en la que detallaba las obligaciones y demás de los religiosos y enfermeros del hospicio, en el que se llegaron a atender a 2.000 peregrinos al año. Fue precisamente la necesidad de dar protección a estos peregrinos lo que motivó la creación de la orden que, inicialmente, era un simple grupo de hombres armados que daban escolta a los mismos desde su desembarco en Tierra Santa hasta Jerusalén y viceversa y nutridos por cruzados y turcoples. Su indumentaria consistía en un hábito y un manto negros, propios de la orden benedictina, ornado por una cruz paté blanca. Sus medios e influencia, cada vez mayores, permitieron a la naciente orden hacerse con el control de varios hospicios más, aparte de la creación de otro en Utrech con el fin de acoger a los peregrinos procedentes de Centroeuropa. 


Krak de l'Ospital, en Siria
Una organización tan vasta necesitaba medios económicos para mantenerse, así que fundaron comandancias y bailiatos en Europa Occidental a fin de recavar fondos para el mantenimiento de sus instalaciones en Tierra Santa. Esto hizo que el cada vez mayor contingente militar no se limitara solo a su misión inicial de dar escolta a los peregrinos, sino que empezaron a formar parte de los ejércitos de los estados cruzados y a participar de forma activa en las luchas por mantener Tierra Santa bajo control cristiano. Del mismo modo, en los reinos peninsulares su influencia creció considerablemente siendo, junto a otras órdenes militares, uno de los pilares para la reconquista del territorio y gozando de grandes prebendas por parte de los monarcas hispanos con la donación de tierras y tenencias de fortalezas. Sus posesiones alcanzaron en el siglo XIII nada menos que 19.000 casas en Europa, más 140 posesiones y siete fortalezas en Tierra Santa, siendo quizás la más conocida el krak de l'Ospital (más conocido hoy como el krak des Chevaliers o de los Caballeros), una impresionante fortificación donada a la orden por Raimundo III, conde de Trípoli. Como colofón a éste breve resumen sobre sus orígenes, comentar que los hospitalarios fueron los últimos en resistir el avance otomano en San Juan de Acre hasta la caída de la ciudad en 1291, tras lo cual se retiraron a Chipre a fin de seguir conteniendo el cada vez más pujante avance musulmán en el Mediterráneo. Pero eso ya lo dejaremos para otra entrada, donde se dará cuenta de, digamos, la segunda era de la orden.


Hospitalario mediados
siglo XII
En cuanto a la organización de la misma, habría que diferenciar dos épocas diferentes. En sus primeros tiempos, para ingresar en la misma sólo era necesario ser un hombre libre y disponer de los medios económicos para costearse su equipo. Como vemos, nada que ver con los templarios que, aparte de tener que pertenecer a la nobleza, la orden costeaba la panoplia de cada caballero. Como condiciones suplementarias era preciso ser hijo legítimo,  estar sano, con una fe por encima de todo comentario y no tener deudas contraídas. La edad no era impedimento ya que los más jóvenes eran destinados a Tierra Santa, mientras que los hombres de más edad eran enviados a las encomiendas y bailiatos de Europa. Estas condiciones permanecieron durante los siglos XII y XIII. Sin embargo, a partir de 1260 se dio preferencia a la captación de miembros de la baja nobleza ya que estos donaban sus bienes a la orden. Del mismo modo, las condiciones para ser admitidos se hicieron más estrictas aunque se permitía el ingreso de hombres casados siempre y cuando sus mujeres consintieran en ello, e incluso se les permitía vivir juntos.


Confrater
Una de las condiciones que se hizo más severa fue la admisión de miembros que habían pertenecido a otras órdenes, lo que en muchos casos suponía dar cabida a hombres que posiblemente habían sido expulsados por contravenir las reglas de su orden. Así mismo, estaba especialmente penada la simonía, ya que bajo ningún concepto se toleraba el ingreso mediante sobornos. Finalmente, se estableció el grado de sargentos, al igual que los templarios, para dar cabida a hombres sin rango. Había dos tipos: los sargentos de armas o caravaneros, destinados a cuestiones militares, y los sargentos de servicio, con obligaciones de tipo administrativo. No eran en si rangos de más categoría entre ellos, sino simplemente tenían misiones distintas y hacían la misma vida en sus encomiendas. De hecho, su indumentaria era la misma que la de los caballeros, el hábito negro. Como recordaremos, los templarios sí diferenciaban a los sargentos con una indumentaria de otro color, generalmente el pardo o el negro.

Hermanas hospitalarias
Un caso aparte eran una serie de miembros que no eran hospitalarios de pleno derecho, o bien que optaban por unirse a la orden de forma eventual. Por un lado estaban los donats, nobles que participaban en las acciones de la orden con sus propios medios económicos. Por otro estaban los confraters, seglares generalmente de la alta nobleza que se unían a la orden, pero sin pertenecer a la misma. En estos casos, la indumentaria era de color rojo con la cruz paté blanca para diferenciarlos de los miembros de pleno derecho. Por último, comentar que siguieron contando con los servicios de turcoples y mercenarios si bien, como es lógico, era bajo pago de una soldada y no pertenecían a la orden. 

Bueno, con lo dicho podemos hacernos una idea de los entresijos de la orden. En posteriores entradas ya iremos profundizando en los detalles.

Hale, he dicho...






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