jueves, 18 de julio de 2013

Curiosidades: La espada de caballería más larga jamás usada


Húsares alados polacos

Es más que probable que muchos piensen que las espadas más largas usadas por la caballería de todos los tiempos eran las espadas roperas, cuyas hojas oscilaban alrededor del metro de longitud. Pero no, no fueron las más largas, y eso que ya se nos hace un poco cuesta arriba imaginar como se puede esgrimir con soltura y ligereza un arma de semejantes dimensiones aunque su peso no alcanzara el kilogramo. 

Las más largas de todas las habidas y por haber fueron unas espadas usadas por los húsares alados polacos que, como ya he comentado en otra entrada anterior, eran una verdadera armería ambulante, portando tal diversidad de ferralla letal como ningún combatiente ha llevado encima. Recordemos que, aunque los húsares se asocian por norma a la caballería ligera, en el caso que nos ocupa, único en Europa, era justamente al contrario: los húsares alados eran la caballería pesada polaca. Y entre su amplia panoplia se encontraba la descomunal espada de la que hablaré hoy: la koncerz.



Recreacionista blandiendo un panzerstecher
Hay cierta discrepancia, como pasa siempre, acerca del origen de esta peculiar espada. Mientras unos afirman que está inspirada en un arma de origen turco, otros afirman que proviene del panzerstecher alemán, un estoque de generosas dimensiones y de hoja muy rígida ideado para perforar las lórigas del enemigo. Es lo que en España se llamó, además de estoque, desmallador. En todo caso, en lo que sí hay consenso es en que el ejército polaco la adoptó hacia el siglo XVI. Así pues, dependiendo del enemigo a batir, los húsares alados se podían permitir echar mano del arma más adecuada, cosa que, en realidad, muy pocos combatientes en la historia se han podido permitir, las cosas como son.



Palasz del siglo XVII. Como se puede apreciar, arma una robusta hoja
que guarda gran parecido con las usadas por la caballería de línea años
después
Así pues, si se trataba de llevar a cabo una acción contra milicianos mal armados y peor defendidos, usaban el szabla, el sable típico de los países del este. Dicho sable lo llevaban pendiendo del costado. Era, por así decirlo, el arma personal. Si se trataba de infantería en toda regla, metían mano a la palasz, una espada todo uso con hoja de doble filo, recta y ancha, apta para herir tanto de corte como de filo. La longitud de su hoja oscilaba por los 100 cm. de largo. Finalmente, si había que enfrentarse a enemigos bien armados y provistos de lorigas o similares, era la hora de desenvainar las  koncerzi. Ahí la tenemos: toda una señora espada, ¿no?




O incluso un estilete a lo bestia, creado para perforar sin problemas la loriga más espesa. Su hoja rígida, de sección triangular o cuadrangular, solo estaba concebida para clavar. Si observamos su empuñadura, se trata de un diseño que permitía enfilar al enemigo estirando el brazo, convirtiéndose en una prolongación del mismo. ¿Que cuánto media ese chisme? Pues entre 130 y 160 centímetros por lo general. O sea, la estatura de muchos hombres de aquella época (1,60 mt.) o poco menos. Sin embargo, a pesar de su aspecto descomunal, no era en modo alguno un arma pesada. De hecho, la palasz mostrada más arriba era más masiva, mientras que la koncerz rondaba los 600-800 gramos lo que no es nada del otro mundo, y menos para una espada de estas dimensiones.


Húsar empuñando su koncerz. Su
descomunal tamaño se aprecia
a la perfección
Dependiendo de su acabado variaba el precio, como ya podemos suponer. Una koncerz provista de una vaina normal reforzada con tiras de cuero costaba 7 florines y 5 zlotych, mientras que una con vaina reforzada con piezas de metal asciende a tres zlote. Aunque en pleno siglo XVII se establecían los mismos precios para una koncerz y una palasz, 90 groszy (unos 25 gramos de plata de buena ley), parece ser que, por norma, las espadas que nos ocupan eran siempre más caras a igualdad de acabados. Aunque inicialmente su uso no estaba generalizado, ya en el siglo XVII estaba totalmente expandida. Así pues, los húsares debían portar tres espadas, por lo que dos de ellas debían ir obligatoriamente unidas a la silla. Por lo tanto, la koncerz fue situada bajo el lado izquierdo de la silla de montar, pasando por debajo de la rodilla. Para tal fin, como vemos en la foto superior, la vaina iba provista de dos argollas que permitían sujetarla a una correa ideada para tal fin. Para facilitar el desenvaine quedaba con una inclinación de unos 45º, y su longitud hacía obligatorio extraerla de la vaina con dos movimientos: en primer lugar, uno empujando hacia las ancas del caballo para ganar espacio y, a continuación y dando un fuerte tirón, desenvainarla poniendo buen cuidado en no herir al animal.



En el dibujo se aprecia perfectamente la koncerz
bajo la pierna del jinete, así como su
enorme longitud
En cuanto a su uso táctico, como ya he dicho estaba limitado exclusivamente a clavar. Su longitud impedía usarla a pie, para lo cual era mucho más práctico el sable, y parece ser que era habitual entre los húsares más veteranos empuñarla en las cargas en lugar de la kopia, la lanza reglamentaria de este cuerpo, para cuyo manejo era necesario estar en muy buena forma física. Así pues, cuando el brazo ya no tenía la fuerza de antaño, nada mejor que una espada increíblemente larga y, al mismo tiempo, tan ligera que en manos de un húsar experto debía tener una capacidad letal escalofriante. En todo caso, una vez llegado al contacto con el enemigo y desecha la carga, la koncerz tenía una utilidad más bien escasa, por lo que era el momento de envainarla y meter mano a la temible palasz, que podía llegar a pesar el doble que la koncerz, pero que además de herir de punta propinaba unos tajos capaces de cercenar un brazo con el impulso de un estornudo.

En fin, espero que les haya resultado amena esta breve pero intensa entrada que, de paso, nos ha permitido conocer una espada que superó con creces a todas las usadas antes y después por la caballería del mundo mudial.

Y tranquilos, que no echo en olvido la segunta parte de la Línea Maginot, pero es que estos calores me tienen el seso nadando en su propio jugo. Espero poder publicarla antes del lune, pero mientras tanto pueden vuecedes recrearse con esta desconocida y, a la par, majestuosa espada. 

Bueno, voy a meterme un rato bajo el grifo.

Hale, he dicho...


Versiones de la koncerz de Turquía (arriba) y Hungría (abajo)






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