lunes, 7 de octubre de 2013

La sombra de las banderas






Desde antes de los tiempos de Cristo, los ejércitos tuvieron la necesidad de hacer uso de símbolos o distintivos que los representaran e identificaran. Estos símbolos, aparte de servir para que las tropas no se confundieran de bando en plena batalla y degollasen a sus cuñados sin querer, contenían un elevando componente espiritual y de hermandad entre los que combatían arropados por dicho símbolo. Defenderlo era defender al camarada de al lado, perderlo era una desgracia y una terrible deshonra, verlo caer en manos del enemigo implicaba la derrota. Por ostentarlo y conservarlo con honor han muerto millones y millones de hombres a lo largo del tiempo, y en tiempos de paz eran y son guardados en los lugares más seguros dentro de acuartelamientos y campamentos. La bandera es el símbolo de una unidad, de un ejército, de una nación. Todos la honran y la veneran, y hasta los monarcas inclinan sus coronadas testuces ante ella.

Pero también servían para advertir al enemigo de que el ejército propio tenía muy mala leche, que se mearían en sus calaveras y entrarían en su territorio a  sangre y fuego, les violarían a sus parientas, hermanas e hijas, capturarían a sus hijos y cuñados como esclavos, degollarían bonitamente a sus bondadosas abuelas y no les dejarían una migaja de pan que llevarse a la boca. De hecho, ¿cuántos ejércitos han dado media vuelta en pleno campo de batalla solo por ver ondear la bandera de tal guerrero, hueste o monarca?

Y, naturalmente, nunca estaba de más decorar las banderas con algo que indicara al enemigo que uno no estaba por la labor de ser benevolente, sino todo lo contrario: calaveras o fieras de terrible aspecto, que sobre eso se podría escribir un libro relacionando la simbología banderil con la psicología. Pero hoy no toca hablar de las neuras bélicas del personal, sino de los diferentes tipos de banderas que han sido y son en el mundo occidental y, por mera invasión cultural, en el oriental ya que, al fin y al cabo, ha sido Occidente el que ha llevado la guerra a todos los confines de la Tierra. Veamos pues el origen y morfología de las más importantes, que aunque muchos piensan que son la misma cosa, pues no lo son y hay mogollón de ellas...


El lábaro. Casi con seguridad, el LABALVM o lábaro es una de la banderas más antiguas que existen. Aunque muchos indican que el primer lábaro lo usó Constantino decorado con el crismón tras su victoria sobre Majencio en el puente Milvio, en el año 312 , hay constancia gráfica de que ya era utilizado desde mucho antes. De origen romano, su etimología es bastante confusa si bien es la opinión más extendida el que proviene de LABORVM, trabajo, si bien yo no veo mucha relación entre el trabajo y las banderas, la verdad. Hay otra versión que, aunque parezca más peregrina, no por ello deja de tener incluso más lógica. Aparece en el diccionario de Terreros, y dice que lábaro proviene lau-baru, un término que en la ignota lengua de los vascones significa "cuatro cabezas" ( no se una papa de vascuence, así que no lo puedo corroborar), y que era el estandarte de guerra de los cántabros el cual, arrebatado en combate por las tropas de Augusto y expuesto como trofeo, acabó dando nombre a la enseña imperial. 



A la derecha tenemos el reverso de un denario de Constantino en el que podemos ver al emperador con dos lábaros los cuales tienen forma de VEXILLVM, que era una bandera cuadrada que pendía del asta verticalmente, sustentada por un travesaño acoplado a la tela. En el lábaro de Constantino se sustituyó el águila que habitualmente remataba la VEXILLVM por una corona de oro. Otros lábaros iban remados con el crismón, viéndose en la tela el retrato del emperador. Al portador del lábaro se le denominaba LABALIFEVM.



La insignia. Se trata también de una bandera de origen romano. Su uso nació por la necesidad de que las tropas supieran en todo momento donde estaba su unidad, no se fueran a despistar y tomaran camino a casa alegando pérdida circunstancial de orientación espacial, síndrome muy habitual que se da en las batallas y se confunde generalmente con la cobardía. La insignia era un VEXILVM decorado con un animal insigne, como el lobo o el caballo, y de ahí su nombre. Hoy día se usa, aparte de como palabra genérica, para designar a las pequeñas banderas que ondean en los buques de la armada con el rango del oficial que los manda. A la izquierda podemos ver un probo ciudadano recreacionista que actúa como VEXILLARIVS, de la III cohorte pretoriana, unidad que usaba como símbolo el escorpión que aparece en la bandera.



El pendón. Aparte de designar a las ciudadanas de escasa moral y poco sentido de la decencia, el pendón se empezó a usar en la Edad Media para identificar a las milicias concejiles y las mesnadas de los ricoshombres. Precisamente, ser un señor "de caldera y pendón" denotaba ser un noble poderoso ya que disponía de medios económicos para formar una mesnada, o sea, levantar pendón, y alimentarlos a su costa, lo que era obviamente representado con la caldera. Este utensilio de cocina aparece precisamente en los escudos de armas de muchas casas nobiliarias, empezando por los Guzmán. El pendón era una bandera más larga que ancha, de pequeño tamaño y que en todo momento iba en manos de un abanderado que permanecía junto al que mandaba la mesnada de turno, ya fuera adalid o el noble que la levantaba. Hincar el pendón en el suelo tras una jornada de marcha señalaba el final de la etapa y el lugar donde se acamparía esa noche. El término proviene del francés medieval penon. Arriba a la derecha tenemos a varios caballeros entre los cuales destaca el que aparece en primer término, el cual porta un pendón en el que lucen tres calderas. Debía ser un noble forrado de pasta seguramente...



En tiempos de Alfonso X ya se designan diferentes tipos de pendones, cada uno para un uso o identificación concretos. Por un lado, estaban los pendones posaderos, "que son aquellos que son anchos contra el asta y agudos facia los cabos, ... e los llevan las huestes que van a correr las posadas", que eran los encargados de buscar alojamiento para la tropa o bien señalar el lugar más adecuado para la acampada. Usaban también ese tipo de pendón las huestes o mesnadas compuestas por entre cincuenta y cien hombres a caballo. Las compuestas por diez o menos debían llevar un pendón más ancho que largo en proporción de uno a tres, y que eran denominadas precisamente con el término que hoy día usamos de forma genérica para estos objetos: bandera. A la izquierda tenemos algunos ejemplos para mejor comprensión. Arriba tenemos tres banderas, y abajo tres pendones. 




El estandarte. También de origen medieval, hay diversas opiniones acerca de su etimología. Según la RAE, el término proviene del francés medieval estandart, que a su vez viene del franco stand hard, mantenerse firmes. Otros dicen que viene del latín EXTENDERE, que se despliega o extiende. En cualquier caso, ya hay constancia de la existencia de los estandartes en el siglo XV, concrétamente en tiempos de Enrique IV, el pitopáusico y voluble hermano de Isabel, la que quería ser esposa y madre antes que reina según el trailer de esa serie televisiva a la que ya dediqué una entrada tiempo ha. Aunque en sus primeros era una bandera usada tanto por la infantería como la caballería, a partir del siglo XVI acabó siendo una enseña típica de esta última. A la derecha podemos ver a un portaestandarte (que no abanderado) de la caballería española en Cuba. Como se puede apreciar, el estandarte es más pequeño que las actuales banderas de infantería por razones obvias, ya que una de estas últimas harían complicado e incluso peligroso cabalgar a lomos de un resabiado penco militar. 



La bandera. Aparte de la primitiva acepción que vimos más arriba, el verdadero esplendor de las banderas tuvo lugar a partir de la creación de los tercios, que para identificarse mejor en los campos de batalla usaban unas banderas enormes y chulísimas de la muerte. Por cierto que este tipo de bandera se propaló por toda la Europa ya que el retorno a las añejas formaciones en falange propugnado por Maquiavelo se impusieron en el arte militar del Renacimiento. El origen del palabro es, según la RAE, banda, en referencia a grupo de personas, o sea, una banda como unidad militar pero sin las connotaciones chungas que la palabra banda tiene hoy día. 



Las banderas renacentistas eran bastante grandes, cuadradas o levemente rectangulares siendo más largas que anchas, de más de cuatro metros por 3,5 por lo general. Las había para identificar compañías, batallones y coronelías, siendo el fondo de un diseño al gusto del maestre de campo pero conservando siempre en primer término de forma obligatoria las aspas de Borgoña, emblema de la monarquía hispana de los Austrias. Estas banderas, según vemos en los cuadros y tapices de la época, iban montadas en picas y permanecían en todo momento en el centro del cuadro formado por una compañía, batallón o tercio. Ahí podemos ver algunos ejemplos de esas banderas cuya sola visión, en su época, provocaba en los enemigos de España severos movimientos peristálticos con la consiguiente y repentina necesidad de evacuar inmediatamente, o sea, cagalera atroz. 



El guión. Como ya podemos suponer, guión viene de guía. Surgió en la Edad Media como enseña del monarca, la cual era portada por los denominados pajes de guión. Estos guiones solo se usaban durante la guerra a fin de que las tropas supieran en todo momento donde se encontraba la persona regia (supongo que si dejaban de verlo de repente era señal de que se había largado echado leches del campo de batalla dejando a su gente en la estacada). En caso de no estar el rey presente, sólo el que comandaba la hueste podía hacer uso de este tipo de bandera a modo de representante del monarca. Era una bandera pequeña, cuadrada, "de cuatro o cinco palmos cuadrados" y que era también bastante útil para identificar al rey cuando este se sumía en la vorágine de la batalla totalmente cubierto por la armadura y, por ello, imposible de identificar. Para ello, el paje de guión permanecía siempre junto a su señor. La imagen de arriba muestra el caballo vacío y el guión del reino de Mallorca en las exequias de Carlos I. En este caso, es un tal don Gonzalo Chacón el que actúa como paje de guión.




Ya en tiempos modernos, el guión tomó otras acepciones diferentes. Una se refiere a los pequeños banderines que usan los coches oficiales para el rey, el príncipe o los altos mandos del ejército. Otra, más antigua, se refiere a los guiones de machete usados por los cabos de escuadra para que la tropa no se despistase mucho tanto en las maniobras como en el campo de batalla. Puede que más de un lector se haya percatado en algunas paradas militares como un soldado colocado al final de su sección lleva uno en su bayoneta. También se llaman actualmente guiones a las pequeñas banderas cuadradas correspondientes a unidades determinadas a nivel de regimiento o compañía. A la izquierda tenemos el guión moderno para los almirantes de la armada española. Finalmente, aclarar que los banderines son guiones que, en vez de ser cuadrados, son triangulares. Su uso es el mismo para unos que para otros.

Bueno, estas son los principales tipos de bandera. A continuación detallo algunos más que actualmente han caído en desuso, pero que conviene recordar:


Oriflama. Era el estandarte real en Francia, si bien en España también se usa como sinónimo un tanto poético de bandera. Esta en concreto era un estandarte bastante largo y terminado en tres puntas. El palabro viene de AVRVM, oro, y de FLAMMA, llama, por el efecto visual que producía al ondear siendo sus colores el dorado y el rojo.


Flámula. Similar al anterior pero de pequeño tamaño y terminado en dos puntas que parecen que llamean. Solemos verlas sobre todo en los grabados de navíos del siglo XVIII.

Gonfalón o confalón. Estandarte o bandera tres veces más largo que ancho y terminado en dos puntas. Su forma era progresivamente triangular. 

Grímpola.  Bandera que se colocaba en las sepulturas.

Bueno, estas son las acepciones banderiles más relevantes. Para saber más, echan mano vuecedes al diccionario de sinónimos porque sino me puedo tirar un mes si se trata de reseñarlas una a una. 

Es hora del aperitivo, así que me piro. Ojo, mi "aperitivo" no consiste en un zumo de cebada heladito y una tapita de algo con mucho colesterol y grasas saturadas, sino en una manzana asquerosa. Llevo ya demasiadas manzanas asquerosas en el cuerpo. Tengo ya complejo de Adán. Quiero jamón, coño. Y chorizo del bueno. Y... y...

Hale, he dicho... 



Dulce remembranza de tiempos pasados... Ay...




2 comentarios:

Manuel Almansa González dijo...

Magnífica entrada. Magno blog.

Considéreme parte de su mesnada, maestro!

Amo del castillo dijo...

Muy agradecido vos quedo, Sr. Manuel. Es un placer alistarlo en nuestra pequeña pero belicosa hueste.

Un saludo y gracias por su comentario