domingo, 24 de noviembre de 2013

La Banda Morisca V. El castillo de Utrera






Prosigamos... Hoy, que para eso es domingo y tal, toca hurgar en el pasado del castillo de Utrera, el cual podríamos decir que era quizás el de más importancia junto al de Morón en la Banda Morisca. En su día ya le dediqué una entrada a la infamante perpetración que se a cometido con el edificio, si bien no se hizo mención a su historia. Así pues, hoy se hablará de la misma así como del gran protagonismo que tuvo a lo largo de los siglos XIV y XV. En fin, vamos al ajo...



Plano de Utrera del siglo XVIII. Su aspecto
no debía ser muy diferente del que tendría
cuatro siglos antes.
De entrada, hay que especificar un detalle importante, y es que el castillo que se conserva actualmente no es de origen árabe como se afirma en el letrero informativo que se puede ver a la entrada del recinto. Una de dos, o no saben una papa del tema, o piensan que poner eso de que fue moro le da más valor. En todo caso, lo que sí es cierto es que las crónicas no mencionan ningún castillo cuando Utrera se rindió a las tropas castellanas a raíz de la caída de Sevilla el 23 de noviembre de 1248. Solo se hace referencia a que Utrera era un poblamiento que disponía de una torre para su defensa, pero nada más. En el repartimiento de 1253 tampoco se especifica nada sobre alcaidías o tenencias de ningún castillo, sino solo la relación de caballeros a los que fueron adjudicados sus correspondientes donadíos. En total se donaron cantidad de yugadas de buenas tierras de labor, que es sabido que la Campiña sevillana es una de las más fértiles del mundo mundial.





Puerta de la Villa, situada al sur de
la muralla. La podemos ver en la parte
inferior del plano
El error, por decirlo de alguna forma, que se cometió en Utrera fue justamente lo que se evitó a toda costa, y no fue otra cosa que permitir a la población musulmana permanecer en sus casas mientras que, por otro lado, se comenzaba la repoblación castellana. Eso de dejar al enemigo en casa no tardó en provocar nefastas consecuencias, como se pudo ver apenas catorce años después a raíz de la revuelta de los mudéjares de 1264, a los que se unieron los moros de Utrera, Jerez, Arcos y Lebrija apoyados por Al-Ahmar, el otrora fiel vasallo y amigo de Fernando III. Solo se libró de la escabechina el castillo de Matrera que, como se comentó en la entrada dedicada a este castillo, fue defendida por los calatravos al mando de su comendador frey Alemán. Por cierto que tanto en el "Epílogo de Utrera" de Pedro Román Meléndez como en el "Memorial de la Villa de Utrera" de Rodrigo Caro se menciona que la torre que defendía la población fue defendida también por este tal frey Alemán, cosa que creo se trata de un error porque dudo que tuviese el don de la bilocación. Por otro lado, en ninguna parte se menciona que Utrera hubiese sido dada en tenencia a la orden de Calatrava, cosa que sí se sabe de Matrera. Sin embargo, otros autores citan que Alfonso X hizo diversas donaciones a la orden en Osuna por su defensa de la ciudad, de lo que colijo que, en realidad, lo que pudo ocurrir es que un contingente de calatravos al mando de este frey Alemán partiera desde Matrera a Utrera a fin de someter la rebelión. Esto cuadra más, ¿no? En fin, hay cosas que se pierden en la memoria del tiempo y no se puede tener certeza absoluta de las mismas.



Postigo de la Misericordia
A partir del fin de la dichosa rebelión en 1266 es cuando bien pudo edificarse o potenciarse la torre que se mencionaba anteriormente, dando así una mejor protección a la ciudad.  La cosa es que en 1331 dicha fortaleza ya debía existir tanto en cuanto se cita que el Concejo hispalense donaba 200 maravedises al año a la iglesia de Santiago de Utera como pago por los servicios prestados a la gente del castillo en forma de administración de los Santos Sacramentos y de enterramiento en dicha parroquia. Durante muchos años, su única misión fue la misma que las de otras fortalezas de la Banda Morisca: poner coto a las algaras y razzias de los moros de Ronda, que eran auténticas moscas cojoneras. De hecho, Utrera era por norma el punto de reunión de las tropas que se juntaban desde diferentes concejos para hacer frente a estas cabalgadas, o bien para entrar a saco en la frontera para devolver la visita a los moros. Es más, fue precisamente ante el castillo de Utrera donde se reunieron las huestes castellanas y portuguesas, aliadas en esta ocasión para hacer frente al sultán de Fez y al rey de Granada en la famosa batalla del Salado, celebrada el 30 de octubre de 1340 y que supuso una aplastante derrota a los moros. 



Foto de principios del siglo XX que muestra el aspecto
del castillo en aquella época. Paradójicamente es mucho
mejor que el que presenta hoy día
Pero aún le esperaban a Utrera terribles sucesos. En 1368, aprovechando la guerra civil entre don Pedro y el Trastámara, Muhammad al-Gani, emir de Granada, entró a saco en tierras castellanas y, entre otras ciudades, se apoderó de Utrera tras un cruento asalto que comenzó por la cerca urbana y acabó en el castillo, el cual fue desmantelado para impedir su defensa posterior. Toda la población fue reducida a la esclavitud y el caserío quemado y arrasado. O sea, que dejaron Utrera convertida en un solar los moros malditos. De ahí posiblemente surja la teoría de que el castillo que actualmente conocemos se construyese ex novo, y no se trate de una reconstrucción del anterior. Y como ya me estoy alargando más de la cuenta y los sucesos que acontecieron posteriormente no atañen a su misión como castillo de frontera, sino debido a los conflictos entre las grandes casas nobiliarias en tiempos de Enrique IV e Isabel I, pues cerramos ya la parte tocante a la historia del castillo para entrar en sus aspectos morfológicos y demás. Veamos pues...



A la derecha tenemos un plano del castillo que, como vemos, es de planta trapezoidal. Su diseño se parece muchísimo a los de Las Aguzaderas y El Coronil, lo que me induce a pensar que, tal como comentaba arriba, su construcción debe datar del último cuarto del siglo XIV, tras haber sido desmantelado el anterior edificio en 1368. El recinto tiene 52 metros de largo y 33 por el lienzo suroeste, el de mayor longitud. Lo defendían cinco torres de flanqueo y estaba unido a la cerca urbana aunque en su época estaba totalmente exento, o sea, sin casas adosadas a sus murallas. En el ángulo norte, tal como vemos en el plano, había un pozo mientras que en el patio de armas, aproximadamente en el centro del mismo, hay una reconstrucción de lo que podía ser un aljibe si bien dicha reconstrucción es tan pésima que solo podemos conjeturar. Igual se trata de algún túnel de escape que daba a una poterna situada en el flanco noroeste actualmente tapiada y que daba a extramuros de la cerca urbana.



Su fábrica, tal como vemos en la imagen de la izquierda, es una mezcla de diversas técnicas. La foto 1 muestra el relleno del paramento de la muralla noroeste, fabricado a base de cantería burda colmatada con arena y cal. La foto 2 pertenece al lienzo sureste y, como salta a la vista, es un tapial. En este caso, consta de mortero de cal y arena mezclada con restos cerámicos y cantería menuda. Por todo el edificio abundan los remiendos hechos de cualquier forma y con los materiales más diversos, desde repellados a base de cemento a ladrillos, todo ello mezclado con el simulacro de tapial amarillo aplicado en algunas zonas cuando se perpetró la "restauración". Así pues, el conjunto no puede presentar peor aspecto tanto por lo avanzado de su estado ruinoso como por la pésima consolidación llevada a cabo. Aparte de esto, el grosor de los muros es actualmente de 160 cm., lo que apoya también la teoría de que sea una construcción ex novo castellana ya que esta medida o múltiplos de la misma es la habitual en las fortificaciones cristianas, ya que la longitud de la vara castellana de la época era de 83 cm. O sea, el grosor de los muros equivalen a dos varas.



La foto de la derecha corresponde a una extraña dependencia situada en el ángulo norte del recinto, bajo el saliente de la muralla que se aprecia en el plano. Aparte de la porquería que lo inunda todo, las pintadas, los restos de mallazo de obra y las dos bocas como de alcantarilla que están cegadas y cuya misión ignoro, el cometido de esta cámara se me antoja bastante enigmático por la descontextualización llevada a cabo en la misma. Solo se me ocurre que podría tratarse de un almacén o una dependencia para la tropa. Si alguien tiene una idea mejor, que se manifieste.



A la izquierda aparece el ángulo oeste del recinto, el cual fue "reconstruido" en la última "restauración" perpetrada ya que estaba totalmente derruido. Como vemos, toda similitud con el diseño original es pura coincidencia, y eso que hay abundante documentación gráfica en la que se podrían haber informado antes de edificar esa cosa más parecida a la caseta de un transformador de Endesa que a un torre de flanqueo. El "experto" que la planificó debió hacerlo tras un atracón de mejillones con moquillo, supongo...



A la derecha podemos ver los rebotaderos del flanco noroeste. Al estar ese lado de la muralla apoyado en la ladera del cerro en el que se yergue, casi se podría decir que los paramentos lo que hacen es recubrir la tierra del talud. Dichos paramentos están en un estado francamente deplorable, con grandes zonas en las que se ha perdido por completo. Solo falta un invierno abundante en lluvias para que el agua arrastre el talud terrizo y ocurra algún desastre. Luego, los politiquillos de turno empezarán a echarse la culpa unos a otros para, al final, irse de rositas, como es habitual en la Hispania. 



Como colofón, veamos el edificio de más importancia que, como podemos suponer, es la torre del homenaje, que es cuasi gemela a la del castillo de las Aguzaderas como podemos comparar en la foto de la izquierda. Se trata de una potente torre de 11,90 x 11,35 metros y una altura de 19 sin contar la merlatura inexistente. En cada uno de sus flancos dispone de matacanes que se apoyaban en tres ménsulas de doble bocel. La puerta de acceso a la torre, situada a nivel del suelo, presenta en el dintel dos modillones abocelados idénticos a los que tenemos en Las Aguzaredas y, al igual que la torre de dicho castillo, conserva restos de canecillos en las esquinas que soportaban cuatro escaraguaitas. Su fábrica es de sillería de piedra arenisca tanto en la zapata inferior como en las esquinas, siendo el resto de mampuesto que fue recubierto con una capa de mortero en la "restauración" realizada en 2010 que, de paso, ocultó las marcas de cantería que habrían resultado bastante reveladoras a la hora de compararlas con las de Las Aguzaderas, Lopera, Águila o El Coronil. Pero, claro, si las dejan a la vista sería menos emocionante indagar, ¿no? 



A la derecha tenemos un plano de las cámaras de la torre. En la planta baja, al igual que en Las Aguzaderas, las únicas entradas de luz son la puerta y una saetera. Sus muros son de unos 240 cm. de espesor, o sea, el equivalente a tres varas castellanas. La caja de la escalera, también como en el castillo citado asciende en el grosor del muro que, en ese caso, llega a los tres metros para darle cabida. Actualmente y tras la "restauración", en la azotea han instalado unas horribles barandillas de acero con cristal que, por desgracia, no podrán ser robadas porque dicha torre siempre está cerrada salvo cuando hay un grupo que la quiera visitar. 



Bueno, esta es, de forma muy resumida, la historia y la descripción de nuestro castillo de hoy. Ignoro si los solones utreranos tienen planificadas más perpetraciones, pero si es así hay que darse prisa en ver lo que queda del castillo antes de que lo conviertan en un centro de interpretación del mostachón autóctono o algo similar.

Hale, he dicho...