lunes, 13 de enero de 2014

La caballería auxiliar en Roma



Ciudadano recreacionista pasando el fin de semana
haciendo de AVXILIA
Vamos a descansar un poco de tanta ametralladora, que esos chismes hacen un ruido bastante irritante. Así pues, damos un salto atrás de varios siglos y hablaremos un poco de la caballería auxiliar romana, que es un tema bastante interesante. Al grano pues...

Hasta prácticamente el siglo I d.C., la caballería en Roma se nutría exclusivamente de los EQVITES o caballeros, sujetos pertenecientes a una clase social denominada ORDO EQVESTER. Debido a ello, la caballería era un cuerpo muy elitista, y no solo por pertenecer sus miembros a un estamento superior sino también porque, según era norma en el ejército romano, además de pagarse de su bolsillo el equipo también debían adquirir la montura con todos la silla y todos sus arreos. Como ya podemos imaginar, esto solo estaba al alcance de las clases pudientes. Con el paso del tiempo y la progresiva ampliación de los dominios del imperio, los EQVITES fueron perdiendo su ardor guerrero y prefirieron quedarse en Roma dedicándose a la política y los negocios, que era más descansado y más rentable que acabar desollado vivo por una caterva de germanos cabreados. Y, por otro lado, los plebeyos preferían servir en la infantería, no siendo especialmente dados a eso de combatir a caballo. 



Así pues, los romanos, pueblo ante todo pragmático, decidieron que no sería mala idea reclutar entre los pueblos sometidos de su imperio hombres con los que nutrir su caballería. Y ciertamente no les faltó personal porque, además de una buena paga, al término de su contrato de 25 años les era otorgada la ciudadanía romana con los beneficios que ello conllevaba. Y además, entre los pueblos bajo el dominio de Roma no faltaban buenos jinetes, especialmente entre las tribus germanas, galas e hispanas. De ese modo, todo aquel que quisiera labrarse un oficio en el servicio de las armas, que tuviera entre 18 y 23 años, que midiera un mínimo de 1,73 metros y, obviamente, supiera montar a caballo, solo tenía que presentarse ante los encargados del reclutamiento y pasar un reconocimiento médico llevado a cabo por los físicos del ejército los cuales, tras comprobar el buen estado de salud del candidato, le daban el visto bueno. Tras firmar su contrato por 25 años recibía un estipendio para los gastos de viaje en concepto de dietas o VIATICVM y se largaba a paso ligero a presentarse en su unidad. Una vez llegado a destino se presentaba al DECVRIO de su TVRMA, juraba fidelidad al emperador y le era entregada una pequeña placa de plomo llamada SIGNACVLVM la cual, como en las chapas de identificación actuales, aparecían su nombre y unidad para poder ser identificado si la palmaba como un héroe y su jeta no quedaba reconocible. El SIGNACVLVM se portaba en una pequeña bolsa de cuero colgando del cuello si bien nadie ha dejado escrito qué pasaba si su dueño perdía la cabeza en combate. Sería el "soldado desconocido", supongo...



Lorica scamata similar a las usadas
por la caballería
La caballería romana estaba formada por ALÆ al mando de un PRÆFECTVS ALÆ, estando cada ALÆ formada por 16 o 24 TVRMÆ de 30 hombres al mando de un DECVRIO y un subalterno denominado DVPLICARIVS.  Las ALÆ formadas por 16 TVRMAÆ eran denominadas QVINGENARIA, y las de 24 MILLIARIA, con 512 y 768 efectivos en cada caso. Los mandos, está de más decirlo, eran prácticamente todos romanos. Y no solo por meras cuestiones de fiabilidad, sino porque para ascender era preciso tener una serie de conocimientos que, por lo general, los AVXILIA no tenían, empezando por saber leer y escribir. Así pues, los reclutas se encontraban con la brutal disciplina del ejército en la que los jefes repartían estacazos a diestro y siniestro, y se veían obligados a entrenar durante todo el día. Inicialmente, se les enseñaba a montar de un salto en un caballo de madera con todo el equipo, cosa que no era tan fácil como parece porque tardaban lo suyo en hacerlo con  propiedad sin acabar dándose una costalada. Una vez dominaban la monta en el caballo de madera tenían que aprender a hacerlo en uno de verdad y, para más emoción, en movimiento. Todo esto, repito, armado de pies a cabeza y con la lanza y el escudo en la mano.



La silla de montar romana era bastante peculiar. Como vemos en la imagen, tenía cuatro cuernos o CORNICVLVM cuya finalidad era, por un lado, disponer de buenos asideros para auparse de un salto ya que carecían de estribos; y por otro, eran inmejorables para afianzar los muslos y las rodillas y no caerse al primer trote. Estas sillas estaban fabricadas con madera recubierta de grueso cuero y, al parecer, eran de origen germano, siendo adoptadas en tiempos del gran Gaio Julio César, el cual se percató enseguida de la utilidad de las mismas. La bolsa alargada que pende de la silla es la PHARETRA, una especie de carcaj que contenía tres IACULÆ, que eran unos dardos arrojadizos muy adecuados para hostigar al enemigo a distancia. Bajo la silla, el caballo lleva un TAPETVM de lana para protegerle el lomo de roces. Estos caballos no eran precisamente de gran alzada, estando la preferida entre los 140 y 150 cm. aproximadamente, si bien se requería que fuesen animales fuertes y bien musculados. Los romanos solían importarlos de todas partes del imperio, siendo al parecer bastante apreciada una variedad de origen celta, así como los procedentes de Arabia y el Líbano. El precio por el que el ejército se basaba para la compra de estos animales oscilaba por los 125 denarios.


Entrenando y tal...
Así pues, el recluta se veía todo el día bajo el dominio absoluto del EXERCITATOR o instructor, que les enseñaba el manejo de las armas a caballo, a montar y desmontar en cualquier circunstancia y a realizar todas las maniobras que se requerían en combate. Así mismo, tres veces al mes debían realizar una marcha de 20 millas romanas (32 Km.) que no eran en modo alguno un agradable paseo, sino todo lo contrario ya que el DECVRIO les obligaba a realizar constantemente ejercicios ecuestres de todo tipo y, naturalmente, cabalgando campo a través, nada de caminos cómodos y apacibles. A veces, incluso debían ser capaces de atravesar cursos fluviales armados de punta en blanco y, agarrados al caballo, cruzar el río sin perder la formación. Todo ello a cambio de una STIPENDIA anual de 262 denarios en tiempos de Augusto. Obviamente, con el paso del tiempo la paga fue subiendo, como está mandado. De la paga se detraía una serie de cantidades en concepto de alimentación, de forraje para el caballo y, al alistarse, el recluta debía pagarse la vestimenta y las armas como ocurría en el ejército regular. Cuando vencía el contrato y se licenciaba, o bien si era apiolado en combate, el ejército le recompraba el equipo o, caso de muerte, lo enviaba a su familia. También se les detraían de la paga 4 denarios para, caso de fallecimiento, proporcionarle un entierro como Júpiter, o Tutatis, o el dios de turno, manda.

En cuanto al equipo, la indumentaria era muy similar a la usada por el ejército, si bien con algunas diferencias en lo tocante al armamento. Veamos cuales eran...



El casco.  Como vemos en la ilustración de la derecha, su morfología variaba  de forma ostensible respecto a los usados por la infantería. Como ya vimos en las entradas dedicadas a estos, la parte  trasera iba provista de un amplio cubrenucas cuya finalidad era proteger tanto esa zona del cuerpo como los hombros. Sin embargo, esta pieza se mostró como un grave peligro para un jinete ya que, en caso de caer del caballo, podía fracturarle el cuello fácilmente. Así mismo, se aumentó la protección en la cara con unas yugulares más amplias que, además, cubrían las orejas. El tercero por la izquierda es un tipo E, un yelmo introducido en el siglo II d.C. que, como vemos, iba reforzado con dos crestones transversales y una visera al estilo de los cascos de la infantería. Estos refuerzos no tenían otra finalidad que proteger mejor la cabeza de los tajos de espadas que, al ser el yelmo de bronce, podían hendirlo en un momento dado. El primero por la derecha es un yelmo de decurio provisto de su penacho distintivo.



El calzado. La caballería usaba las mismas CALIGÆ que la infantería, haciendo uso de calcetines de lana o VDONES si el clima lo requería. El único aditamento eran unos pequeños acicates que se colocaban como cualquier espuela, o sea, mediante una correa de cuero si bien en este caso formaba parte integrante de la sandalia. Estos acicates se fabricaban de bronce o hierro, y su pequeño tamaño obedecía a que, ante la ausencia de estribos, el jinete cabalgaba con los talones pegados a los ijares de su montura, no precisando pues las enormes espuelas que se usaban cuando se montaba a la brida en la Edad Media. 


La espada. El gladio reglamentario en el ejército se quedaba corto para combatir a caballo así que, fieles a su regla de adoptar las armas enemigas que se adaptasen mejor que las propias a sus necesidades, la caballería hacía uso de una espada de hoja larga copiada a los celtas. Estas espadas o SPATHÆ, eran muy parecidas en su morfología a las usadas en la Edad Media, con filos paralelos, una longitud entre 64 y 91 cm. y una anchura de entre 4 y 6. La SPATHA era un arma perfectamente diseñada para herir de filo y de punta y, por su tamaño y peso, podía infligir heridas bestiales en enemigos que, en muchos casos, iban totalmente desprovistos de armamento corporal defensivo y, a veces, incluso medio desnudos. Arriba tenemos una réplica de una espada de caballería que nos permitirá hacernos una idea de su aspecto. Por lo demás, los jinetes la solían portar pendiendo de un tahalí en el costado derecho del cuerpo, supongo que para auparse en el caballo impulsándose con la pierna derecha.



Las lanzas. Al contrario que la infantería, los jinetes hacían uso de unas lanzas con moharras en forma de hoja de laurel ideadas para acuchillar y no para penetrar escudos como era el caso del PILVM de los legionarios. A la derecha podemos ver en la fila inferior una serie de ejemplares de estas LANCEA las cuales iban montadas en astas de alrededor de 180 cm. de longitud, con lo cual podemos suponer que la forma de usarlas era lanceando al enemigo tras el contacto o durante la persecución. Por lo general, cada jinete iba armado con dos de estas armas. Las moharras de la fila superior son las IACULÆ que se mencionaron anteriormente y que, como vemos, eran dardos de punta piramidal, en este caso destinadas a perforar los escudos del enemigo. 



El escudo. También era diferente al enorme SCVTVM usado por la infantería. En este caso portaban el CLIPEVS, un escudo plano de forma oval o hexagonal de tamaño más reducido y, por ello, más ligero y manejable, destinado simplemente a proteger el costado izquierdo del jinete mientras combatía. Estos escudos estaban fabricados con tres capas de tiras de madera de abedul unidas con pegamento, estando cada capa pegada a la anterior en sentido perpendicular para evitar alabeos y para darle más resistencia. Los cantos estaban reforzados con tiras de bronce y en el centro iba provisto de un umbo que protegía la mano al empuñarlo por la manija que llevaba tras el mismo. En cuanto a la protección corporal, usaban las lórigas de malla y de escamas ya que la de láminas o lorica segmentata privaba de movilidad a los jinetes. 

Bueno, básicamente con lo dicho ya nos podemos hacer una idea de como funcionaban las tropas auxiliares de caballería. Y como es la hora de merendar, pues me largo.

Hale, he dicho...