jueves, 8 de mayo de 2014

La espada jineta




Con esta son ya 702 las entradas publicadas y, aunque parezca mentira, aún no he dedicado una sola a las armas andalusíes. Bueno, pues lo soluciono ya. Al grano pues...

Uno de los muchos tópicos que la ciudadanía da por rigurosamente cierto es que los andalusíes, moros o como queramos llamarlos usaban alfanjes, o sea, esas elegantes espadas de hoja curva que aparecen en el imaginario popular pendiendo del costado de la morería. Sin embargo es el enésimo bulo que, por repetido, se da por cierto sin motivo ni razón porque los árabes en general y los andalusíes en particular usaban espadas de hoja recta, talmente como las de sus enemigos cristianos. Estas espadas, por su alta calidad y sus lujosos acabados fueron objeto de codicia de sus enemigos. Los talleres granadinos que las producían tenían el deber religioso de dar a sus armas un nivel de calidad superior ya que, según ordenaba Allâh por boca del profeta, todos los artesanos debían preocuparse por que sus manufacturas fueran acabadas de forma irreprochable, norma que era vigilada por los amines y almotacenes, celosos funcionarios que vigilaban al personal para que no diesen gato por liebre a los seguidores del profeta. Pero, ¿cuál era su origen?

Zenêtï benimerín
Según las "Crónicas de Alfonso el Sabio" y la "Quasida de Ibn Saif", el 13 de mayo de 1275 desembarcó en Tarifa Abu Zayân enviado por el califa Utman I en ayuda del reino granadino. Iba al mando de los guerreros zenêtï (jinetes) de la tribu bereber de los Banu Merin (benimerines), los cuales tenían una forma de cabalgar y combatir que llamó poderosamente la atención a sus correligionarios peninsulares. Estos zenêtï montaban a caballo en sillas de arzones muy altos y con los estribos muy cortos, lo que les permitía una gran capacidad de maniobra a lomos de sus ágiles y pequeños caballos árabes. Iban armados con unas peculiares espadas de hojas largas con las que eran bastante diestros y tanto fascinaron a los andalusíes que en poco tiempo adoptaron tanto la espada como la forma de montar. Hablamos pues de cabalgar a la jineta o gineta, corrupción fonética de zeneta', y la espada que usaban tomó el nombre de los guerreros que las introdujeron en la Península: así surgieron las espadas jinetas. 

Lo más peculiar de su aspecto era indudablemente su empuñadura. Ésta iba provista de un generoso pomo esferoidal o discoidal rematado por un botón cónico o facetado. Su tamaño no tenía otro objeto que hacer la espada más manejable y equilibrada. La empuñadura, con un acusado ahusamiento, era muy pequeña buscando con ello un agarre que encajara perfectamente en la mano. Y lo más característico, sus arriaces extremadamente curvados, con la parte superior generalmente lobulada y los extremos corriendo paralelos a una hoja levemente ahusada de generosas dimensiones. Su longitud oscilaba por los 90 cm., un grosor de 5 mm. y una anchura entre 40 y 90 mm., con una amplia acanaladura que le daba flexibilidad y resistencia que se prolongaba aproximadamente hasta la mitad o los dos tercios de la longitud de la hoja. La punta no era muy aguzada sino más bien lo contrario, tendiendo a la redondez. 

O sea, estamos hablando de una espada de caballería bajo el mismo concepto que el aplicado en Europa: hojas largas y anchas, de doble filo, sección lenticular y generosa acanaladura. Esto se traduce en la típica arma destinada a herir de filo desde lo alto de un caballo, propinando tremendos tajos aunque sin excluir la posibilidad de herir de punta. En cuanto al origen de su empuñadura, parece ser que proviene de una tipología sasánida que también se desarrolló en espadas bizantinas entre los siglos VIII y X. Se fabricaban espadas jinetas de guerra y de ceñir, si bien estas últimas eran perfectamente válidas para combatir ya que sus hojas no desmerecían en nada a la calidad de las de guerra. Estas solían tener la empuñadura de azófar, una aleación de cobre y zinc, o bien de marfil o maderas nobles como el ébano. El que fueran de guerra no quiere decir que careciesen de motivos decorativos, como vemos en la imagen de la izquierda. Aparte de los típicos motivos florares se incluían las consabidas proclamas coránicas como "La gloria es de Allâh", "El imperio perfecto" o "La gloria permanente".

Las hojas se elaboraban con un alma de hierro que les diera flexibilidad y capacidad para golpear sobre superficies duras sin que saltasen como el cristal, mientras que la superficie era de acero para disponer de un filo duradero. Era un sandwich, como dicen ahora, de dos caras de acero unidas mediante calda a un núcleo de hierro y conocido entre los árabes como mudhakkar. Pero el acabado más lujoso era el jawhar o damasquinado que todos conocemos y que daban a las hojas una resistencia superior. Obviamente, estas hojas solo estaban al alcance de hombres ricachones y sus empuñaduras, acordes a la hoja, eran verdaderas obras de arte de la orfebrería. A la derecha tenemos las empuñaduras de dos espadas de lujo, la de Boabdil y la de su suegro Aliatar, el alcaide de Loja. Ambas tienen empuñaduras de marfil tallado y los extremos de los arriaces están decorados con prótomos de animales. La de Aliatar en concreto lleva dos elefantes cuyas trompas curvadas le dan el típico acabado a este tipo de empuñadura. Otro acabado muy habitual eran los dragones, al parecer por ser esta decoración la misma usada por Mahoma en su espada conocida como Dhu'l-Faqâr, lo que aumentaría el valor simbólico de esta tipología de armas.

Otra de sus particularidades es, como se aprecia en la imagen de cabecera, que al estar envainadas el arriaz parece tener forma circular. Esto era debido a que los brocales de las vainas, al ir decorados en continuidad con los mismos motivos que el arriaz, al encajar el uno en el otro daban esa apariencia circular tal como podemos ver en la imagen de la izquierda. En la parte superior tenemos el arma desenvainada y se aprecia perfectamente como el brocal, aparte de tener el mismo diseño que la empuñadura, tiene una escotadura en la que encaja el arriaz. Abajo tenemos la misma espada envainada en la que vemos que, en efecto, su aspecto es como si el conjunto fuera una sola pieza circular. 

Para los árabes, la espada era todo un símbolo de estatus social, tal como ocurría en Occidente. Como decía Ibn Hudayl, "los árabes seguirán siendo árabes mientras continúen vistiendo turbante y portando espada". El mismo Profeta afirmaba que "quién ciñe espada al servicio de Allâh, Allâh le vestirá con el manto de la gloria". Así pues, estas espadas formaron parte inseparable de las panoplias de los guerreros andalusíes y objeto de deseo entre ellos, siendo consideradas como un gran honor recibir una de ellas como regalo e incluso eran usadas para agasajar monarcas cristianos que, ciertamente, no les hacían ascos. Por poner un ejemplo en 1333 Muhammad IV regaló a Alfonso XI una de estas jinetas para sellas la paz con Castilla. Dicha espada, según una descripción de la época, era "... una espada guarnida de vayna toda cubierta de chapas de oro que auia en esta vayna muchas esmeraldas e rrubíes e çafiros e pieças de aljófar grueso". De hecho, su elevada calidad atrajo a los castellanos que tenían que lidiar con ellas e incluso acabaron adoptándolas tras la batalla de Sierra Elvira en 1431. Su fabricación se llevaba a cabo en las famosas forjas toledanas, donde se preocuparon de elaborar ejemplares que nada tenían que envidiar a las de los talleres nazaríes y en muchos inventarios de nobles castellanos se enumeraban espadas jinetas que alcanzaban precios astronómicos. En un inventario de don Álvaro de Zúñiga aparece "... una espada gineta de oro, que pesó la guarnición ciento é un castellano é dos tomines de oro, de veinte é dos quilates, y la bayna es labrada de hilo de oro aparte, que se apreció el oro que tiene en ocho castellanos de oro fino, y dos borlas y un texillo de la dicha espada se apreciaron en seis ducados, que monta todo el oro y vayna y guarnición 51.632 maravedises". Un pastizal, vaya...

En lo tocante a sus guarniciones, iban en consonancia con el arma. A la izquierda tenemos la espada de Boabdil que se conserva en el Museo del Ejército y cuya vaina no desmerece en nada de la espada. Va provista de contera, brocal y dos anchas abrazaderas unidas a dos argollas para los fiadores. Por lo general, estas armas se portaban en bandolera, pendiendo de un tahalí igualmente decorado a juego con las demás guarniciones del conjunto. 

Tizona
Como conclusión, comentar que muchas de estas espadas eran recicladas por los cristianos que podían hacerse con una, desechando la empuñadura y colocando a la hoja guarniciones al uso Occidental ya que estaban habituados a otro tipo de equilibrado y, además, en aquella época los castellanos eran más dados al uso de espadas de mano y media, por lo que las mínimas empuñaduras andalusíes para una sola mano no les cuadraban mucho. Las inscripciones cúficas con citas del Corán que pudieran llevar en la hoja eran eliminadas en lo posible por abrasión, que no era plan de pasar por moro en una época en que una sospecha semejante podía acarrearle a uno serios disgustos. Por cierto que la espada que se tiene por la Tizona supuestamente del Cid va provista, según los estudios realizados, con la hoja de una espada jineta. 

Bueno, creo que ya está.

Hale, he dicho...