martes, 10 de febrero de 2015

Escopetas de combate 2ª parte


Tropas yankees entrenando en Francia en el verano de 1918. Curiosamente, las vainas que se ven 
esparcidas por el suelo no son las reglamentarias de latón sino que, según se aprecia, son 
semi-metálicas. Cabe suponer pues que reservaban esas para los entrenamientos al ser obviamente un tipo de munición mucho más barato, o puede incluso que lo hicieran con munición comercial de perdigones. Por otro lado, por la posición del tirador en primer término da la impresión de que están tirando al plato.


Bueno, proseguimos...

Remington mod. 10 provista del mismo sistema de engarce de bayoneta
y de refrigeración del cañón que la Winchester mod. 97. En este caso,
el arma llevaba el martillo interno y el depósito tenía capacidad para
cinco cartuchos de munición. De este modelo se fabricaron 3.500
unidades para su envío al frente.
Ante todo, una aclaración: como ya pudieron observar vuecedes en la entrada anterior, me detuve en la época correspondiente a la Gran Guerra, sin ahondar en conflictos posteriores como la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, etc. Ello es debido simplemente a que, como ya es de casi todos sabido, no me extiendo más allá del primer conflicto mundial tanto en cuanto ya es pasarme varios pueblos en lo tocante a la época de estudio que abarca el blog. Así pues, esta entrada se dedicará a analizar los efectos y la operatividad de este tipo de armas que, al cabo, son los mismos en cualquier época salvo en la actualidad. Hoy día, los nuevos diseños de escopetas de combate así como las municiones usadas tienen ya poco que ver con las que se empleaban hace un siglo y, obviamente, serían objeto de un estudio aparte. Así pues, veamos las escopetas de combate desde su perspectiva de inicios del siglo XX...

Cartucho mod. 19 en calibre 12-70 con vaina de latón
y cargado con 9 postas del 00. Como se ve en el gráfico,
la munición va separada de la carga de pólvora por
tres tacos de fieltro lubricado para aminorar la suciedad
en el cañón tras cada disparo. El cierre era denominado
"de dientes de sierra", un método que no ejercía tanta
presión como el rebordeado convencional. La tapa de
cartucho era de cartón
En primer lugar, el calibre real. El calibre de las escopetas se da mediante un sistema inglés que, como todo lo inglés, es absolutamente absurdo y de difícil comprensión para una mente normal. Así pues, un calibre 12 significa que de una libra inglesa de plomo saldrían 12 bolas de ese diámetro. Surrealista, ¿no? El calibre en milímetros es de 18,5 pero, a pesar de todo, se sigue usando en todas partes el ridículo sistema británico. Por otro lado, conviene explicar los entresijos de los calibres de este tipo de armas. Por si alguno lo desconoce, que serán bastantes si nunca han manejado escopetas, estas se fabrican con un estrangulamiento en los últimos 10 cm. del ánima a fin de que el cono formado por los perdigones o las postas se abran a más o menos distancia de la boca de fuego. Hay dos sistemas de medidas: el europeo y, como no, el anglo-sajón usado por los ingleses (Dios maldiga a Nelson) y los yankees. Así pues, el estrechamiento mencionado, el cual recibe el nombre de "choke", se distribuye de mayor a menor de la siguiente forma:

  • Una estrella (i) o full choke. Es un estrechamiento de entre 9 y 11 centésima de milímetro. Por lo tanto, el calibre en la boca del ánima será de unos 17,5 mm. de media. Eso hace que el cono de fuego se abra más distancia y, por ende, el alcance sea mayor. Para entendernos: un disparo a unos 5 metros con un cañón así lo que hace es un boquete bestial ya que la munición aún va entacada.
  • Dos estrellas (i i) o 3/4 de chocke. El estrechamiento es menor, de entre 7 y 8 décimas, lo que nos daría un calibre final de 17,7 mm.
  • Tres estrellas (i i i) o 1/2 de choke. El estrechamiento es de 4 a 6 décimas, así que el calibre final sería de 17,9 mm.
  • Cuatro estrellas (i i i i ) o 1/4 de chocke, con un estrechamiento de 1 a 3 décimas que dan un calibre de 17,95 mm.
  • Cilíndrico. En este caso, el ánima mantiene su diámetro de forma uniforme en toda su extensión. Por lo tanto, el cono de fuego será el más amplio.
Efectos de un disparo, en este caso accidental, de una
escopeta en una pierna. Sobran los comentarios
Así pues, para lograr un cono de fuego lo más amplio y a la menos distancia posible tenemos que irnos al cilíndrico o, como mucho, al de cuatro estrellas. Esto permite también disparar cartuchos de bala sin notables aumentos de presión ya que, dependiendo del tipo, las hay que se adaptan mejor o peor a chokes muy cerrados. Pero como los cartuchos de bala no se usaban en las escopetas de combate no redundaremos en ese tema ya que, de lo contrario, esto no sería una entrada bloguera sino una enciclopedia de balística y tampoco es eso. Así pues, nos ceñiremos a las postas, que eran- y son aún hoy día- el tipo de munición habitual.



Las postas son unos proyectiles esféricos a modo de perdigones, pero de mucho más diámetro. Las mayores son las del 00 (o doble cero), que suelen estar entre los calibre .32 y .36 por lo general, o sea, entre 7,65 y 8 mm., y en un número de nueve colocadas en tres tongadas de tres postas cada una. Esto se traduce en una verdadera lluvia de plomo aunque no lo parezca. Veamos como...

Comparativa entre una bala de 9 mm. y postas del 00
Como ya se comentó en la entrada anterior, el modelo 97 usado por los americanos carecía de interruptor de disparo, lo que permitía hacer fuego de forma continua si se mantenía el gatillo presionado. Por lo tanto, si disparamos los 5+1 cartuchos que cargaba la escopeta, se traducen en 54 bolas de calibre 8 mm. puestas en el aire en muy poco tiempo. A título orientativo sobre la cadencia de tiro que se puede lograr con un entrenamiento adecuado, puedo decir que yo mismo, en un campeonato de Recorridos de Tiro en Valencia hace unos años, en un ejercicio en el que había que abatir tres siluetas metálicas con una escopeta Mossberg 500 logré un tiempo de 1,65 segundos (un tipo me echó la pata por dos centésimas el muy...). Ojo, el ejercicio no se iniciaba con la escopeta en la mano, sino que había que cogerla de una mesa ya cargada. Así pues, si eso lo traducimos en una situación de combate significa que habría puesto en el aire 27 proyectiles en poco más de segundo y medio, cosa que no se podría hacer con un subfusil. Traduciendo: obviamente, la cadencia de tiro de un subfusil es mayor pero, por cada proyectil que dispara, una escopeta dispara nueve. Puedo asegurar, porque he tirado muchísimo con escopeta, que un tirador bien entrenado tiene más peligro que un macaco psicópata con una Guillette y puede, como he comentado, abatir a más de tres enemigos en un segundo o menos, sin darles tiempo ni a hacerse pipí a consecuencia del susto.

Soldado de las Stoßtrupp armado con
un MP-18. El cargador de tambor o caracol
era del mismo tipo que el empleado para la P-08
de estas unidades de asalto.
Traspasemos esos datos a una trinchera de la Gran Guerra en la que los subfusiles brillan por su ausencia. Solo las Stoßtrupp de los tedescos cuentan con algunas unidades del MP-18, un arma diseñada por Hugo Schmeisser que no entró en servicio hasta las postrimerías del conflicto y que disponía de un cargador de 32 cartuchos de 9 mm. Parabellum. Su cadencia de tiro teórica era de 500 dpm y, como todas las armas germanas, era robusto, fiable, y muy bien terminado. Pero las unidades enviadas al frente eran escasas y llegaron demasiado tarde para mostrar todo su potencial en la guerra de trincheras. Pero lo más importante era que para manejarlas adecuadamente había que tener personal adiestrado que no perdiera los nervios y dejara el dedo en el gatillo, agotando su reserva de munición en menos de cinco segundos. Y mientras el soldado Fritz apretaba el gatillo y se quedaba sin munición tras soltar 22 proyectiles de 9 mm., el soldado Joe le respondía con 54 bolas de plomo de 8 mm. casi en el mismo tiempo y, además, de una forma mucho más controlada ya que el retroceso de los subfusiles en fuego sostenido no es precisamente fácil de someter. De ahí que, muchos años más tarde, se fabricaran armas de ese tipo con limitadores para ráfagas de tres disparos y no quedarse listo de papeles en plena refriega a causa de los nervios o el miedo.

Otro aspecto es la contundencia en sí de los disparos realizados por las escopetas. Podemos relacionarlo con dos aspectos, a saber:

  • Las postas al uso eran de plomo, material este que, al ser más maleable, se deformaba al impactar contra el cuerpo del enemigo, cediéndole su energía cinética y, por ende, produciendo un shock que lo dejaría, caso de no caer muerto en el acto, muy aturdido por el impacto. En situaciones de combate extremo como era el de las trincheras, en el que la tensión le hacía a uno partirse la lengua a mordiscos sin darse ni cuenta, era muy importante dejar al enemigo literalmente fuera de combate. O sea, que un herido, si conservaba un mínimo de consciencia, podía hacerle a uno una faena disparándole desde el suelo o arrojando una granada de mano y morir matando.
  • El cono de fuego de una escopeta estaba mucho más concentrado que el de un subfusil ya que, debido al retroceso, su trayectoria tendía a desplazarse hacia arriba y a derecha o izquierda dependiendo del sentido del rayado del ánima. Eso implicaba que si no se realizaban ráfagas cortas que permitieran mantener el control del arma, el enemigo recibiría uno o dos disparos antes de que el resto de la ráfaga se perdiera en el vacío. La escopeta, sin embargo, le metía a uno las nueve postas en el pecho ya que estas salían entacadas en un solo disparo. Y nueve postas en el pecho eran más que suficientes para mandar al soldado Fritz junto al abuelo Klaus sin problema. Por otro lado, mientras que un disparo de 9 mm. en una extremidad no anulaban al combatiente ya que, al ser munición blindada, la cesión de energía era mínima (doy fe porque en una ocasión me metieron un balazo encima de una rodilla y casi ni me enteré), un postazo podía separar literalmente el brazo del cuerpo o dejar una pierna tan destrozada que, en ambos casos, el shock hipovolémico producido por la hemorragia también acabarían con el enemigo en cuestión de pocos segundos. Sobran mencionar los efectos de un postazo en la cabeza porque ya pueden suponerse: no queda prácticamente cabeza.
Dos dianas en las que se muestran sendos impactos de postas del 00 a distancias diferentes. Como se puede apreciar,
a 3 metros aún no ha dado tiempo a que las postas se abran, produciendo un enorme boquete que, obviamente, sería
devastador. No obstante, eso reduciría las probabilidades de impactar en el blanco en una situación de combate ya que
las postas se idearon para aumentar las posibilidades de acierto. Si lo que se quiere es dejar a un enemigo literalmente
para el arrastre no hacen falta postas, sino un cartucho de bala. Eso sí, con bala o se acierta o se falla, no hay términos
medios, mientras que si de las nueve p
ostas de un cartucho aciertas con tres o cuatro ya has dejado listo al adversario.


P-08 de artillería con cargador de caracol de 32
disparos. Esta pistola era, junto con el MP-18, las
armas que las Stürmtruppen podían oponer a las
escopetas de trinchera de los yankees
El único defecto de las escopetas era la lentitud de su recarga. Cierto es que, como comentaba un lector en los comentarios de la anterior entrada, se podía ir alimentando el arma introduciendo cartucho a cartucho por la ventana de expulsión, pero ese método era totalmente inviable durante un asalto en las trincheras. Una vez agotada la munición de la escopeta y si no le era posible recarfar, el soldado Joe tendría que echar mano a su fastuosa pistola Colt 1911, mucho más potente que las P-08 alemanas, o liarse a culatazos y bayonetazos. Por contra, el soldado Fritz si tenía en ese caso todas las ventajas ya que recargar su MP-18 era cuestión de un par de segundos pero, en fin, nada ni nadie es perfecto. Ese problema se solucionó hace unos años, cuando se empezaron a comercializar escopetas con cargadores de petaca o de tambor los cuales permiten una recarga rápida como si de un fusil de asalto o un subfusil se tratara. 


En todo caso, para facilitar al máximo la recarga del arma no se empleaban cananas convencionales, sino una bolsas de lona que pendían del cuello con capacidad para 32 cartuchos como la que vemos a la izquierda, denominada como bolsa mod. 1918. Al quedar apoyadas en la parte superior del pecho, esto permitía al tirador ir recargando sin perder el encare, o sea, manteniendo el arma apoyada en el hombro  y sujetándola con la mano derecha mientras que con la izquierda recarga la munición servida cada vez que tenga oportunidad de hacerlo, de forma que podría disparar si se veía sorprendido durante su avance por la trinchera ya que siempre mantendría un cartucho en la recámara. Con todo, algunos autores mencionan la posibilidad, nada descabellada por cierto, de que los grupos de asalto dispusieran de equipos de dos hombres con sendas escopetas, actuando uno como tirador y el otro como cargador. Por último, mencionar que estas armas no solo eran válidas para freír tedescos en el fango pútrido de las trincheras, sino también para abatir palomas mensajeras- que aún se usaban muchísimo en el frente- e incluso, según algunos autores, desviar granadas como si de un tiro al plato se tratase si bien me inclino a pensar que, en casos así, era más útil tirarse al suelo o esconderse que vacilarle al personal pegando tiritos a una granada que, si fallabas, te convertiría en comida para gatos sin problema. 

Antes de terminar, un dato curioso. Durante la guerra de Vietnam, el gobierno de Vietnam del sur paralizó la distribución de diez mil escopetas Mossberg e Ithaca enviadas por sus aliados yankees por temor a que cayeran en manos del Vietcong y las usaran contra ellos, así que ya vemos que lo último que querían era ver sus carnes agujereadas a postazos por los malvados charlies. Bueno, no creo olvidar nada relevante, así que ya está.

Hale, he dicho...