miércoles, 4 de marzo de 2015

Los cuchillos de brecha



Como ya anticipaba ayer, tanto asaltantes como defensores se valían de más medios para disputarse amigablemente el control de la brecha además de los peculiares artefactos que se mostraron en la entrada que iniciaba esta serie. En realidad, esos carretones erizados de cosas malignas debían ser más la excepción que la regla ya que para su construcción había que tener disponible en la hueste alguien versado en poliorcética, lo que no sería precisamente habitual. Sin embargo, lo que siempre estaba al alcance de todos eran las armas enastadas propias de la infantería de la época, derivadas en su inmensa mayoría de aperos agrícolas que fueron evolucionando hasta verse convertidos en mortíferos instrumentos para facilitar a los ciudadanos el tránsito del Más Acá al Más Allá de manera eficaz y expeditiva.

En este tipo de combate se formaban mêlées en las que tenían lugar violentos cambios de impresiones. Era un momento decisivo en el que la guarnición se veía en el brete de resistir a ultranza so pena de terminar la jornada en un túnel en el que al fondo se ve una luz y los cuñados difuntos esperándolo a uno lo que, ciertamente, debe ser una experiencia horripilante, así que se valían de armas extremadamente contundentes para dejar definitivamente fuera de combate a todo aquel que quisiera ofenderles. Armas con las que no era preciso ensañarse con el enemigo ya que bastaba un golpe medianamente bien colocado para aliñarlo y, todo hay que tenerlo en cuenta, con un aspecto que atemorizaría al más bragado. Ya sabemos que el factor psicológico era y es muy importante en las batallas, y ver al colega con el brazo separado del cuerpo por un tajo de una de estas armas debía ser un estímulo para dar media vuelta y largarse de la matanza. Bien, dicho esto vamos al grano...

Las armas de brecha estaban provistas de grandes y pesadas hojas destinadas principalmente al corte, si bien mantenían una buena capacidad para herir de punta cuando no quedaba literalmente espacio para voltearla y descargar poderosos tajos capaces de hendir los yelmos o lorigas de los enemigos. Así pues, la entrada de hoy la dedicaremos a la vulge o archa, denominada por los gabachos como voulge o, más propiamente, couteau de brèche, o sea, cuchillo de brecha. Los italianos la denominaban de la misma forma, coltello da breccia. La vulge era un arma aparecida en Francia hacia el siglo XII y que, como se ve en la imagen de la derecha, estaba formada por una enorme y pesada cuchilla. Su denominación proviene del latín VIDVBIVM (podón), un apero agrícola destinado, como su nombre indica, a podar árboles. En España, a la infantería dotada con esta arma se les llamaba archeros, y desde tiempos de Carlos I fueron los encargados de la custodia de la real persona. En Francia, los soldados equipados con estas armas eran denominados voulgers


En cuanto a la morfología de las moharras, son claras descendientes de los temibles faussars del siglo XIII que aparecen en la Biblia Maciejowski y cuyos efectos podemos ver en la ilustración de la izquierda. Se trata pues de armas pertenecientes a la familia de las hoces si bien en estos temas "genealógicos" de las armas enastadas medievales hay opiniones para todos los gustos. Las hojas de las vulges oscilaban por los 50 cm. de longitud o incluso más, tenían sección triangular y solían  tener afilados los dos últimos tercios del contrafilo por lo que su capacidad de penetración a la hora de herir de punta debía ser abrumadora. El pequeño varaescudo que aparece en el ejemplar de la derecha de la imagen anterior era al parecer un accesorio habitual destinado a detener los tajos de las armas enemigas o a proteger la mano del que la esgrimía cuando le convenía empuñarla cerca de la moharra. La unión de la cuchilla al asta, generalmente de sección hexagonal, se llevaba a cabo mediante dos barretas de enmangue que, aparte de proporcionar una sólida unión, protegían la madera de los tajos del enemigo. 


Una variante del vulge era el couse, cuya existencia solo está documentada en Inglaterra y que, como vemos, su morfología es más básica, desprovista de vaceos y con la apariencia de un simple y enorme cuchillo de cocina. El ejemplar de la imagen, datado hacia finales del siglo XV, muestra un filo convexo y un contrafilo levemente curvado hacia la punta. La cuchilla, de 63 cm. de largo, está montada en un asta de sección cuadrangular mediante cuatro barretas de enmangue fijadas mediante seis clavos cada una. Pero a pesar de ser un diseño más básico que el de sus hermanas del continente no por ello era menos eficaz como ya podemos imaginar. 


Una última variante de este tipo de armas apareció en la zona del este de Alemania y Austria, la cual era denominada como gusy- una corrupción fonética del término inglés couse-, y que se caracterizaba por tener en su parte trasera un gancho similar a los de las alabardas destinado a derribar enemigos. En cuanto a la hoja, era de forma triangular, al contrario que las de filo convexo que hemos visto en los ejemplos anteriores, lo cual hace pensar que estas armas, a pesar de estar provista de una cuchilla de doble filo, estaba ideada para herir principalmente de punta.


Las vulges, así como las variantes que hemos visto, estuvieron operativas hasta el siglo XVII si bien su uso en combate cayó en el olvido hacia finales del XVI, cuando las brechas ya no se defendían a tajos, sino con arcabuces. Como ya se comentó al principio de la entrada, tanto las vulges hispanas como estas últimas gusys germanas fueron el arma reglamentaria de las guardias personales de los Habsburgo, denominadas archas en España y rebautizadas en alemán como trabantenkuse. Al perder su uso militar y formar parte de la panoplia de guardias de los palacios reales, así como de la nobleza de más rango y las altas jerarquías de la Iglesia, se decoraron las hojas con grabados al ácido, perforaciones, borlas y, en definitiva, los detalles habituales para demostrar al mundo que las armas de los celadores regios estaban a la altura del personaje que guardaban. Un ejemplo lo tenemos en la imagen superior, en la que aparece un trabatenkuse perteneciente a la guardia del emperador Fernando II. La hoja, primorosamente grabada, tiene una longitud de 70 cm. y está fechada en 1620.

Bueno, en entradas siguientes ya veremos otras tipologías de armas de brecha, pero por hoy con esto ya vale.

Hale, he dicho...


Detalle del políptico del monasterio lisboeta de São Vicente de Fora datado hacia el último cuarto del siglo XV y en
el que aparecen tres soldados armados con sendas vulges. Estas armas, como queda patente, tuvieron gran difusión
por toda Europa, así como una vida bastante longeva. En algunos casos perduraron hasta el siglo XVIII como
armas palaciegas en las cortes de algunos nobles centroeuropeos.



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