jueves, 12 de marzo de 2015

Renault FT 17 3ª parte



Bien, con esta entrada concluiremos dando cuenta de los entresijos y detalles de este pequeño carro que, como hemos ido viendo, marcó el comienzo de una tipología que aún perdura y, de momento, perdurará hasta que inventen chismes como los que aparecen en las pelis de "Acabator". 

De entrada y aunque no creo que haya que redundar en este detalle, conviene tener en cuenta que el FT disponía de un espacio interior tan reducido que sus tripulantes no podían superar una talla de más de 1,65 para ir razonablemente cómodos o, mejor dicho, para no ir como un arenque prensado. Naturalmente, a una estatura más bien escasa habría que añadir una constitución tirando a delgado por la misma razón. En el gráfico superior, correspondiente a una ilustración de la época basada en el prototipo inicial, podemos ver la ubicación de los dos tripulantes del carro. El conductor iba literalmente sentado en el suelo del casco, sobre una almohadilla. El jefe de carro no disponía de asiento de ningún tipo sino, como vemos en el gráfico, de una banda de cuero o lona si bien lo habitual era ir de pie. 

La cámara del motor no iba separada del resto del vehículo por lo que ya podemos imaginar que el ruido ensordecedor, los gases y el calor que despedía el motor no hacían la marcha en el FT un paseo precisamente agradable. Por ese motivo, los vehículos construidos en Estados Unidos fueron provistos de un mamparo precisamente para preservar a la tripulación de estas incomodidades. Por otro lado, si observamos el gráfico anterior veremos que el depósito de gasolina iba literalmente pegado al jefe de carro así que una perforación en el mismo garantizaba ver inundado el interior del carro con gasofa que podía inflamarse en un periquete, convirtiendo en sendos torreznos a los tripulantes. En la imagen superior tenemos una vista en sección del interior del casco que nos permite hacernos una clara idea de la distribución del mismo. En este caso, el asiento del conductor va provisto de un respaldo a base de una banda de lona que haría menos incómodo pasarse horas sentado con las piernas estiradas (este detalle del respaldo variaba según el fabricante). Tras el asiento vemos la cámara de combate con uno de los dos armarios de munición- iba uno a cada lado- para los proyectiles de 37 mm. del cañón. La dotación era de 24o unidades, prácticamente todos con proyectiles de fragmentación si bien se solían adjuntar algunos metralleros y perforantes. El manubrio que aparece en el mamparo era para el arranque desde el interior del vehículo. En la parte exterior del mismo, donde iba el patín, iba otra manivela para arrancarlo desde fuera.

A la derecha tenemos la ametralladora Hotchkiss de calibre 8x50 R instalada en la torreta. Para apuntarla disponía de un visor de un aumento que aparece sobre la máquina y en la argolla trasera se le acopló una culata para facilitar el manejo de la misma. La rótula sobre la que iba montada permitía una elevación de 35º y una depresión de 20º. Para su funcionamiento contaba con una dotación de 4.800 cartuchos de munición distribuidos en peines de 24 cartuchos si bien estos podían unirse para agilizar la recarga y desplegar más potencia de fuego. En cualquier caso, para el manejo de la máquina el jefe de carro no disponía de ningún tipo de ayuda. Él mismo tenía que sacar los peines de las cajas de munición, empalmarlos si procedía, cargar, recargar y, naturalmente, disparar.

Lo mismo ocurría con el cañón Puteaux. De hecho, para facilitar su manejo estaba concebido como si de un fusil se tratase tal como podemos apreciar en la lámina de la izquierda. El jefe de carro introducía el proyectil, apoyaba el hombro en la culata y empuñaba el pistolete que se ve en la parte inferior. Para disparar solo tenía que apretar la palanca marcada con la flecha roja. Para protegerle la cara del retroceso tenía del escudo de chapa que vemos sobre la culata y para manipular la pieza había una palanca a la izquierda que permitía ajustar el ángulo vertical. La puntería se efectuaba con un visor como el de la ametralladora. 

Para girar la torreta no disponía de las habituales coronas dentadas que todos conocemos, sino un simple sistema de rodamientos. Del mismo modo, el giro no se efectuaba mediante una manivela sino a mano, empujando el asa marcada con la flecha roja. La negra señala la palanca de bloqueo de la torreta, la cual había que inmovilizar antes de disparar el cañón ya que, de lo contrario, al tirador le resultaría muy difícil efectuar una buena puntería. Por otro lado, cuando el vehículo estaba en movimiento el peso del cañón hacía oscilar peligrosamente la torreta en todas direcciones así que lo mejor era bloquearla sino quería uno verse con la jeta partida por un golpe de la culata de la pieza. 

A la izquierda tenemos el fastuoso puesto de conducción, envidiado por los propietarios de Ferraris y demás automóviles de gama altísima. Como se ve, estos chismes tenían menos mecanismos que un chupete. En el centro vemos el asiento, que en este caso dispone de un pequeño respaldo. A su izquierda hay un cajón de respetos para las herramientas y sobre el mismo, casi tapado por el detalle, el soporte para un extintor. Delante del asiento aparecen las dos palancas para conducir el carro y tres pedales que, de izquierda a derecha, son el embrague, el acelerador y el freno. La parte señalada por el óvalo es la que tenemos en el detalle, donde se aprecia mejor la palanca de cambios- cuatro marchas pa'lante y una pa'trá, y un acelerador manual. Las cadenas que cuelgan a cada lado del puesto de conducción eran para mantener abiertas las dos puertas frontales, no fuesen a caer de golpe cuando se circulaba y ocasionaran una rotura de osamentas bastante irritante en el conductor. 

Y si para conducir tenía pocos mecanismos, el cuadro de mandos era lo mínimo que se despachaba. Estaba situado a la derecha del conductor, y su sencillez era algo más que espartana. En la parte superior está el velocímetro, calibrado hasta la friolera de 20 km/h. Curiosamente, ese sistema de velocímetro giratorio lo usaban hasta hace pocos años algunos coches de la marca Citroën. Abajo a la izquierda está el manómetro para la presión del aceite. A la derecha está el conector del magneto que había que girar en el sentido de las agujas del reloj antes de darle al manubrio para arrancar el motor. Debajo está el cuenta kilómetros y, finalmente, un cuenta metros. Todas las tuercas que se ven en la foto son de las uniones de las placas de blindaje a la estructura del carro.

Esa foto nos permite ver el aspecto de las escotillas del conductor abiertas. Las dos delanteras iban provistas de un cierre interno, y la frontal tenía un regulador que le permitía llevarla más o menos abierta. Cuando se cerraba totalmente, el conductor disponía de una estrecha mirilla de visión directa hacia el frente y una a cada lado en el casco. El campo visual que daban era mínimo como podemos suponer. El banderín que se aprecia sobre la cúpula de ventilación era para identificar el armamento de cada carro. Si portaba un cañón era de color rojo y, si era una ametralladora, azul.



De izquierda a derecha tenemos: escotilla frontal del conductor en la que se aprecia la mínima anchura de la mirilla de visión, inferior al calibre de una bala de ametralladora normal. Los muelles helicoidales que se ven en las bisagras eran para mantener cerrada la escotilla por presión ya que carecía de sistemas de cierre interno. En el centro vemos el patín trasero y, dentro del círculo rojo, el vástago en el que se acoplaba la manivela de arranque. El patín podía ser removido extrayendo el pasador que se ve en la parte superior del mismo. A la derecha tenemos una vista interior de la torre, en este caso armada con una ametralladora. Salta a la vista el mínimo espacio disponible en el que el jefe de carro debía desempeñar todas sus funciones.

Los FT aún estuvieron operativos en los albores de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en los ejércitos francés y polaco si bien ya podemos suponer el final que tuvieron. No obstante, muchas unidades cayeron en manos alemanas que los usaron para misiones de vigilancia en retaguardia o, como vemos en la foto, empleando sus torretas junto a las de los Somua que capturaron para usarlas como cúpulas blindadas de casamatas en las líneas fortificadas. De hecho, no hace mucho incluso aparecieron en Afganistán los restos de las escasas unidades que en su día sirvieron en ese país y que, al parecer, fueron aniquilados cuando los soviéticos les hicieron una visita allá por los 80. 

Ah, lo olvidaba... También se fabricó una versión del FT como vehículo de mando equipado con radio, aparato que en la Gran Guerra era algo revolucionario. Se encargaron 200 unidades y, como vemos en la foto, iba desarmado. En su interior portaba un aparato marca Eroter que era un mamotreto y que, al parecer, era excesivamente delicado para soportar el traqueteo constante que sufría a bordo de estos trastos. Esta versión fue denominada como TSF ( de télégraphie sans fil, o sea, telegrafía sin hilos). 

En fin, no creo que se me olvide nada relevante. Como foto de cierre dejo una imagen frontal de un FT con las escotillas abiertas y en la que se puede ver a sus dos tripulantes en el interior del carro, de forma que podremos hacernos una idea del mínimo espacio disponible en su interior.

Hale, he dicho...