miércoles, 24 de junio de 2015

La curiosa conquista del fuerte de Douaumont 2ª parte


Vista aérea del fuerte de Douaumont en nuestros días. A la derecha se aprecia la casamata para el cañón de 155 mm.,
un poco más arriba y a la izquierda, la de 75 mm. y en el ángulo izquierdo una de las destinadas a las ametralladoras

Bueno, prosigamos...

ARTILLERÍA

Cañón de 155 mm. modelo 1877 sistema De Bange,
la pieza más potente emplazada en estos fuertes. 
En el proyecto inicial, los fuertes que componían el perímetro defensivo de Verdún tenían prevista una dotación de determinadas bocas de fuego de artillería de plaza conforme a los usos de la época, las cuales eran emplazadas tras los parapetos y separadas unas de otras mediante traveses para anular los efectos del temible fuego de enfilada. Pero la crisis del torpedo mencionada en la entrada anterior que obligó a reformar los métodos constructivos del momento también relegó a la obsolescencia a este tipo de artillería ya que, debido a la enorme potencia de los nuevos explosivos, bastaría una andanada bien colocada para borrar del mapa toda la artillería emplazada en un fuerte. Así pues, los cañones de 155, 120 y 95 mm. dejaron paso a casamatas blindadas capaces de resistir lo que les echaran encima de forma que tanto las piezas como sus servidores pudieran mantener disciplina de fuego aunque les llovieran las bombas enemigas.

La imagen superior muestra la torreta Galopin para
dos obuses de 155 mm. La central es la versión
155R en posición elevada, sobresaliendo apenas 80
cm. sobre el terreno. En la inferior vemos la misma
en posición retraída.
Estas casamatas retráctiles ya estaban más que inventadas por el capitán británico Cowper Coles en 1857 para uso naval, pero fue el comandante Galopin, un ingeniero militar gabacho, el que desarrolló la que equiparía a los fuertes de Verdún. Estas casamatas, diseñadas en 1889, irían armadas con dos obuses de 155 mm. que, mediante un sistema de contrapesos, podían ascender o ser ocultadas en apenas tres segundos y efectuar un giro de 360º en solo un minuto. Sin embargo, los algo más de tres metros de longitud de los cañones obligaban a fabricar una enorme casamata cuyo precio se disparaba hasta los 850.000 francos, por lo que se optó por una versión reducida de la misma que iba armada con un solo obús al que se había reducido la longitud del cañón a solo 1,18 metros. Esta versión, denominada como 155R (R de raccourci, acortado), iba instalada en una casamata de solo 4,1 metros de diámetro- la anterior era de 5,4 metros- protegida por una cúpula de 30 cm. de espesor. Su peso total era de 70 toneladas y era mucho más barata que su hermana mayor: "solo" 537.500 francos oro cada una. De la versión larga solo se llegaron a fabricar cinco ejemplares instaladas en los fuertes de Manonviller- dos unidades-, Pont St. Vincent, d'Arches y la batería de L'Eperon, mientras que de la recortada se terminaron trece unidades si bien solo se llegaron a instalar doce, siendo las primeras en entrar en servicio las destinadas a los fuertes de Douaumont, Moulainville y Rozelier, emplazadas en 1908 y siendo necesaria una dotación de 20-22 servidores para el funcionamiento de cada pieza.

La artillería secundaria la componían los famosos cañones de 75 mm. modelo 1897, unas piezas que fueron una verdadera pesadilla para las tropas tedescas por su mortífera cadencia de tiro y el amplio surtido de proyectiles que era capaz de disparar, siendo especialmente temibles los metralleros que diezmaban a las tropas refugiadas en trincheras o que avanzaban por tierra de nadie. Al igual que la casamata anterior, fue también el comandante Galopin el que realizó el diseño el cual contemplaba la instalación de dos cañones en cada una. Con una cadencia de entre once disparos por minuto por pieza y un alcance de casi cinco kilómetros, las dos casamatas emplazadas en Douaumont podrían mantener a raya a cualquier fuerza que intentara aproximarse al recinto. La casamata, embutida en un cilindro de hormigón como su hermana mayor, se basaba en un funcionamiento similar tal como podemos ver en el gráfico superior. Tal como se puede apreciar, constaba de un contrapeso unido a una leva que podía ser accionado por dos hombres para que la casamata emergiera o se ocultara en apenas tres segundos. En cuanto a sus dimensiones, eran de solo 2,3 metros de diámetro y alcanzaban un peso de 85 toneladas. La dotación de cada una de ellas era de 15 hombres, su costo ascendía a 310.000 francos oro y su puesta en servicio tuvo lugar el 7 de abril de 1913.

A continuación tenemos las casamatas para las ametralladoras, de las que fueron instaladas dos unidades en el fuerte de Douaumont. Dichas casamatas estaban equipadas con dos ametralladoras Hotchkiss de 8 mm. que, como se aprecia en la foto, estaban colocadas coaxialmente, pero una más elevada que la otra para poder alimentarlas sin problema- recordemos que funcionaban con peines-, y la idea no era hacer uso de ambas al mismo tiempo, sino de forma alternativa para dar lugar a que una se enfriara mientras la otra mantenía fuego sostenido. La dotación para estas casamatas era de cuatro hombres, siendo el tirador el que hacía girar la misma empujando con los pies ya que el único mecanismo de que disponían era el elevador. Ante ella y a un nivel inferior se encontraba una pequeña cúpula de observación desde la cual se informaba a los servidores de las máquinas la posición del enemigo mediante un sistema acústico de tubos como los empleados en los buques de la época. El mecanismo para emerger u ocultarse era también de contrapesos, siendo el peso de cada casamata de 25 toneladas. Su precio era de 72.000 francos, mientras que el de las cúpulas de observación, que también estaban instaladas delante de las casamatas de los cañones, era de solo 15.000 francos y pesaban 7,5 toneladas. Su ángulo de visión era de 240º y carecían de capacidad para girar.

Por último tenemos las piezas destinadas a la defensa de los fosos, las cuales ya se mencionaron en la entrada anterior. Se trataba de seis cañones revólver Hotchkiss de 40 mm. modelo 1879 (foto de la izqda.) el cual podía alcanzar una cadencia de tiro de hasta 60 disparos por minuto, lo que convertiría el sector del foso donde disparase en un verdadero infierno. Por otro lado disponían de cuatro piezas de a 12 modelo 1853/59 como la que vemos a la derecha, un viejo cañón de bronce de 121 mm. de calibre que solo lograba una cadencia de un disparo por minuto. Como recordaremos de la entrada de ayer, estas piezas estaban emplazadas en las casamatas construidas en la contraescarpa del foso para batir los mismos en caso de verlo invadido por los enemigos. 

Bien, como hemos visto, la concentración de fortificaciones y de artillería en el sector de Verdún hacían impensable un avance enemigo en esa zona. La dotación de bocas de fuego era impresionante: 427 piezas de artillería, 268 ametralladoras, 86 morteros y 203 cañones revólver más un reserva de 250 cañones, 50 morteros y ocho ametralladoras. A eso, añadir una guarnición total de 64.400 hombres. Así pues, más de uno se dirá que era cuasi imposible avanzar por esa zona sin ser literalmente convertidos en comida para gatos. Sin embargo, nada de eso ocurrió. ¿Cómo fue posible? Veamos...

LA CAÍDA DEL FUERTE DE DOUAUMONT

Obús Gamma de 42 cm. Esta pieza era la versión de artillería de sitio del
famoso M-Gërat, el Gran Bertha
En agosto de 1915, el alto mando francés llegó a una conclusión que se mostró catastrófica. A la vista de la gran cantidad de material tomado por los alemanes durante su avance por Bélgica, llegaron a la conclusión de que las líneas defensivas eran susceptibles de convertirse en un chollo para el enemigo si este lograba apoderarse de la enorme cantidad de piezas de artillería y munición depositados en los cuarenta y cuatro fuertes que rodeaban Verdún. Por lo tanto, creyeron que lo más oportuno era desarmar dichos fuertes y enviar tanto sus cañones como sus guarniciones al frente en función de las necesidades del momento, dejando solo las bocas de fuego emplazadas en las casamatas, las cuales no eran operativas como artillería de campaña, junto a sus servidores, y solo la munición para uso inmediato almacenada en las mismas casamatas. De hecho, incluso se planificó la voladura de estas fortificaciones en prevención de que fueran ocupadas por el enemigo, por lo que el fuerte de Douaumont fue preparado para su destrucción con 5 Tm. de explosivos que serían detonados antes de que cayera en manos de los germanos. En enero de 1916 todo estaba listo para llevar a cabo la voladura si el ejército alemán aparecía por allí, y en febrero la guarnición del fuerte se había visto reducida a apenas 56 hombres para manejar las cuatro casamatas y los cañones de los fosos, lo que suponía un total de apenas tres cañones y cuatro ametralladoras para hacer frente al enemigo en campo abierto más los diez cañones que entrarían en acción para defender los fosos si los asaltantes lograban traspasar la espesa alambrada de 50 metros de ancho y la valla metálica que rodeaba todo el fuerte. Al mando de la mínima guarnición estaba un sargento sexagenario llamado Chenot.


Antes y después del pueblo de Douaumont. Lo único que quedó
del mismo tras la batalla fue un cartel indicando que allí estaba
la población. Fue literalmente borrado del mapa.
Así estaban las cosas cuando, el 21 de febrero de 1916, a las 04:00 horas, tres Gamma abrieron fuego contra los puentes que cruzaban el Mosa y la estación de ferrocarril de Verdún, manteniendo una lenta cadencia de tiro hasta que cuatro horas más tarde comenzó la verdadera preparación artillera: 1.200 cañones abrieron fuego al unísono a las 07:15 horas, fuego que no cesó hasta 45 minutos más tarde. El fragor era tan bestial que llegó a oírse a 200 km. de distancia. Los alemanes avistaron el fuerte de Douaumont en la mañana del 25 de febrero y, ante la magnificencia del mismo, dieron por sentado que les esperaría una verdadera escabechina si intentaban apoderarse de él sin saber que, en realidad, estaba prácticamente a su merced. De hecho, la pequeña guarnición había optado por enterrarse en las entrañas del fuerte dado que ya llevaban cuatro días soportando el constante martilleo de la artillería enemiga sobre ellos, incluyendo 62 disparos realizados por los Gamma que, cada vez que caía uno sobre el recinto, era como un simulacro del Apocalipsis. Al norte del fuerte intentaban resistir varios batallones franceses mientras que otras unidades hacían lo propio en el mismo pueblo de Douaumont, situado a apenas 100 metros al oeste de la fortaleza. Frente a ellos se encontraban los regimientos de granaderos nº 8 y 12 y los regimientos de infantería 20, 24 y 64, todos ellos pertenecientes al III cuerpo de ejército del general von Lochow. 


A la izquierda, el teniente Eugen Radtke. A la derecha, el
capitán Hans Joachim Haupt
Hacia las 15:00 horas, las tropas alemanas habían arrollado a las francesas, alcanzando el pueblo. Pero en ese momento, la artillería pesada alemana abrió fuego de nuevo, lo que hizo que dos oficiales del 2º batallón de 24 regimiento de Brandenburgo, el teniente Radtke y el capitán Haupt, avanzaran hacia el fuerte a pesar de que el fuego propio lo batía de forma inmisericorde para, aprovechando que sus defensores estarían en teoría abrumados por el bombardeo, asaltarlo sin más. Intentaron detener el fuego avisando a los suyos mediante bengalas, pero sin éxito; así pues, aguantaron el chaparrón a la espera de que cesara el bombardeo. Curiosamente, los gabachos que defendían el pueblo no abrieron fuego de ametralladora contra los atacantes ya que estos, muy astutamente, habían desenroscado los pinchos de sus pickelhaube, por lo que fueron tomados por zuavos del ejército francés en retirada. Pero a los atacantes aún les quedaba un obstáculo final por superar, y era la valla metálica que rodeaba el foso y que era imposible de escalar. Sin embargo, un proyectil de un Gamma había abierto una brecha en la parte norte de la contraescarpa, por lo que Radtke, seguido por el sargento Wiedenhus y el cabo Baack, se introdujo en el foso descolgándose con la ayuda de las correas portafusiles de sus dos acompañantes anudadas entre sí. Eran las 16:00 horas.


A la izqda. el sargento Kunze. A la dcha. el teniente Brandis.
En el cuello se puede ver la Orden Pour le Mèrite obtenida
por hacer una llamada telefónica en el momento justo.
El capitán Haupt no tardó en seguir a Radtke acompañado de varios hombres más que, para salvar la altura del foso, se ayudaron con unos postes de telégrafos a falta de otra cosa mejor. Pero permanecer en el foso era suicida porque el fuego propio no cesaba, así que optaron por intentar introducirse en el interior del fuerte mientras que no paraban de lanzar bengalas e incluso hacer señales con banderas. Pero la cercanía de la noche y la nevada que caía en aquel momento impedía a los observadores de la artillería alemana ver nada de lo que ocurría en el recinto. A partir de aquí surgen dos versiones diferentes: una indica que Haupt, que había logrado entrar por una puerta blindada destruida por la artillería, empezó a recorrer el fuerte junto a varios de sus hombres hasta dar con la guarnición, la cual estaba escondida en lo más profundo de las dependencias inferiores. Chapurreando francés les ordenaron rendirse, pero los defensores parecían no enterarse de nada. En esto, otro grupo de alemanes apareció con un gabacho al que habían apresado en una cúpula de observación, intentando hacerse entender con él a ver si se rendían de una puñetera vez. Una vez logró convencer a sus camaradas, el observador los guió hasta el lugar donde estaban ocultos el sargento Chenot y 25 de sus hombres, los cuales se rindieron sin más historias a pesar del cabreo del viejo suboficial por ver su magnífico fuerte tomado por un puñado de enemigos. Mientras tanto, Radtke había podido entrar por otro lado y apresó a otro grupo de defensores, acabando así con la "resistencia heroica" de los mismos. La otra versión es similar, pero la protagoniza un sargento llamado Kunze el cual entró solo debido a que sus compañeros se temían una emboscada en el laberíntico interior del fuerte. Pero Kunze le echó cojones a la cosa, se pateó los corredores y barracones hasta dar con los servidores de la casamata de 155 mm. a los cuales apresó pistola en mano. A continuación encontró a la alelada guarnición y los encerró a todos en una dependencia hasta que se le unieron el teniente Radtke y su gente. No obstante, hay que aclarar que la historia de Kunze nunca pudo ser corroborada ni refutada de forma determinante, ni siquiera por los miembros de su unidad.


Aspecto de la zona de la contraescarpa por donde entraron
las tropas alemanas. Se observa parte de la valla metálica
destruida por la artillería
¿Qué ocurrió de verdad? Nunca lo sabremos. En todo caso, el que se arrogó el éxito de la empresa fue el teniente Brandis, uno de los últimos que entró en el fuerte cuando ya estaba en poder de sus compañeros pero que, muy listillo él, fue el primero en comunicar la hazaña gracias a una línea telefónica tendida entre el fuerte y la base de partida. Enterado el príncipe Guillermo, que era el que dirigía el cotarro junto a von Falkenhayn, lo elevó a los altares del Olimpo militar ya que fue premiado con la más preciada condecoración alemana, la Orden pour le Mèrite, y fue considerado como el héroe de Douaumont. Hasta escribió un libro narrando su "hazaña" que se convirtió en un auténtico best seller de la época. Hay que tener jeta, ¿no? El siguiente en ser premiado fue el capitán Haupt, y en cuanto a Radtke, aunque recibió la Cruz de Hierro de 1ª clase unos meses más tarde, no se le reconoció su meritoria actuación. 


Foto que muestra a los asaltantes descendiendo
por los postes que mandó colocar el capitán
Haupt. La foto debió hacerse en plan recreación
tras la toma del fuerte, ya que en aquel momento
nevaba y es muy cuestionable que un fotógrafo
acompañara a las tropas
Así pues, el que era el más poderoso enclave defensivo de Verdún fue tomado por un puñado de soldados alemanes en apenas media hora. Los defensores, atocinados y escondidos en las entrañas del fuerte, no hicieron absolutamente nada por defenderlo salvo los servidores de la casamata de 155 mm. que, sin enterarse de nada de lo que estaba ocurriendo en el interior del recinto, seguían disparando no sabían hacia donde, pero suponiendo que habría alemanes donde caían sus obuses hasta que fueron finalmente hechos prisioneros. De hecho, la conquista fue tan fácil que los alemanes, temiendo que fuera una trampa y que en realidad lo que querían los gabachos era volar el fuerte con ellos dentro, lo registraron a conciencia en busca de explosivos. En cuanto a la impresión causada en el ejército francés, la caída de Douaumont fue un verdadero cataclismo y una humillación que les costó la propia vida digerir. Para los alemanes, fue un triunfo de los que hacen época, y en las ciudades se hicieron repicar las campanas y se cerraron los colegios al día siguiente en cuanto se supo la noticia, la cual fue publicada a bombo y platillo en todos los periódicos bajo el titular de "Douaumont ist gefallen!" (¡Douaumont ha caído!). Por contra, los gabachos, más corridos que una mona, dieron una noticia más falsa que una moneda de plomo en la que aseguraban que los tedescos habían intentado conquistar el fuerte varias veces sufriendo gran cantidad de bajas. Sin embargo, la única que hubo fue un soldado que se desolló una rodilla el solito.

En fin, de esta forma tan prosaica fue conquistado el  poderoso fuerte de Douaumont, aproximadamente a las 16:30 horas del 25 de febrero de 1916. No obstante, esta historia no termina aquí ya que los gabachos, muy cabreados, hicieron lo imposible por recuperarlo, pero eso ya lo contaré otro día. 

Hale, he dicho


Continuación de la entrada pinchando aquí


Estado en que quedó el fuerte al término del conflicto. Sobre él cayeron decenas de miles de proyectiles de todos los
calibres tanto alemanes como franceses. No obstante y a pesar del paisaje lunar que vemos en la foto, las dependencias
interiores quedaron intactas, lo que denota la calidad de la construcción.

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