martes, 29 de diciembre de 2015

La tostadora era inocente


Delegación de probos lectores de Castra in Lusitania fotografiados esta mañana a primera hora cuando hicieron
acto de presencia en mi castillo para notificarme que lo de la tostadora asesina no les hizo ni pizca de gracia.
Tienen menos sentido del humor que un botijo, como se puede comprobar a la vista de su intimidatoria actitud.

Jejeje... Bueno, justo es reconocer que esta inocentada ha resultado mucho más creíble que la de los inefables Marcelino, Marcelo y Marciano, ¿verdad? Al cabo, dudo mucho que mis dilectos lectores tuviesen noticia del artefacto ese que se mostró ayer bajo el nombre de garrote. Ciertamente, la tostadora era más inocente que un crío de teta pero, ¿qué sería de nuestra agobiante existencia, atosigados por la plaga de cuñados y políticos con que Dios nuestro Señor nos castiga por nuestra iniquidad, si al menos una vez al año no hiciéramos víctima al prójimo de alguna bromita sin mala intención? Conste que por naturaleza soy un ciudadano bastante serio y circunspecto, pero este año no me pude resistir, lo reconozco. Debe ser algún gen materno, ya que la autora de mis días era especialmente proclive a ensañarse con todo bicho viviente el Día de los Santos Inocentes. Digo era no por que haya estirado la pata, sino porque hace años que, afortunadamente, abandonó dicha práctica cuando supo que la vecina del bajo había puesto precio a su cabeza.

Bien, la cosa es que sí es cierto que el conde de Clonard describe el artilugio protagonista de la inocentada de marras tal como pueden vuecedes ver en la imagen de la derecha, que corresponde a un fragmento de la página 29 del primer volumen de su obra "Historia Orgánica de las Armas de Infantería y Caballería" impresa en Madrid en 1851. Como se puede ver, el ingenio que acompaña a la descripción es el pariente cercano de la tostadora asesina, el cual también recreé adecuadamente y hasta le puse su granada incendiaria para darle más verosimilitud a la cosa.

Pero la cuestión es que el buen conde se equivocó de medio a medio, y ese artefacto no servía para lanzar nada. ¿Qué cómo me atrevo a contradecir al conde? Pues atreviéndome, qué carajo. He ahí la prueba de que estoy en posesión de la verdad:



La tostadora y su pariente. Obsérvense las piezas marcadas
con el óvalo, destinadas a sujetar la ballesta por el
estribo durante el proceso de carga
Las láminas corresponden a los folios 20r y 21v de un tratado sobre herramientas y diversas cuestiones tecnológicas escrito en Nuremberg hacia 1505 por un sagaz tedesco por nombre Martin Löffelholz y, como queda patente, tanto la tostadora como su pariente de palanca servían para cargar ballestas de gran tamaño. De hecho, la que aparece en la lámina de la derecha es casi tan alta como el ballestero, de lo que podemos colegir que debían tratarse de ballestas de asedio especialmente potentes, y que esos chismes eran para cargarlas con rapidez y poco esfuerzo. Recordemos que una ballesta de torno se llevaba un tiempo en recargarla, por lo que con esas máquinas se debía abreviar notablemente dicha maniobra. Por cierto que lo de la regulación de la correa de cuero no era para darle al supuesto proyectil más o menos alcance, sino para ajustarla a la longitud necesaria para que la verga de la ballesta alcanzara la nuez, quedando así cargada sin pasarse o quedarse corto.

El conde de Clonard
Bueno, esa fue la inocentada de este año. Pero quisiera que, además de para solazarnos un poco, sirva como ejemplo de hasta qué extremo hay que tomar en consideración todos los factores habidos y por haber a la hora de estudiar estas cuestiones ya que, como he dicho tropocientas veces, es a veces muy difícil interpretar los datos de que disponemos, y más aún cuando nos encontramos con que, incluso en documentos de la época, la misma máquina tiene varios nombres, o el mismo nombre designa máquinas diferentes. Clonard, una autoridad reconocida por todo el mundo, se equivocó con lo del garrote, así que ya me dirán si conviene o no cuestionarlo todo antes de dar por buena una teoría. Aunque... ahora que lo pienso, ¿mira que si lo del garrote también fue una inocentada del dichoso conde? En cualquier caso, sirva este comentario como homenaje a todos los que invierten mogollón de horas en compartir lo poco o mucho que saben de forma totalmente altruista, cosa que, por desgracia, muchos no saben apreciar.

En fin, dentro de un año ya se me habrá ocurrido otra puñetería, jejeje...

Hale, he dicho