domingo, 27 de marzo de 2016

Monstruos artilleros: el mortero Karl




Los germanos siempre han adolecido del complejo ese de "a ver quién la tiene más grande". Sino, no se concibe que hayan sido los creadores de las piezas de artillería más monstruosas de la historia cuando, además, su efectividad era cuestionable en comparación con su elevadísimo costo, lo engorroso y complejo de su diseño, construcción, transporte, etc. Eso sí, acojonar, acojonaban sobremanera al enemigo cuando tenían noticia de que uno de aquellos desmedidos cañones apuntaban contra ellos, siendo el preludio de verdaderos apocalipsis. De hecho, y según se habló en las entradas dedicadas al Gran Bertha o a la captura del fuerte de Douaumont, los efectos de estas descomunales piezas eran devastadores, pero su uso estaba concebido precisamente para arrasar fortificaciones, lo que en una guerra moderna como fue la Segunda Guerra Mundial era algo cuasi irrelevante, relegando así el empleo de este tipo de artillería a operaciones contra objetivos muy específicos. 

No obstante, durante el período de entre guerras y a la vista de la construcción de la Línea Maginot, el Alto Mando alemán aún se aferraba, al igual que el resto de los ejércitos occidentales, al concepto de guerras defensivas, estableciendo formidables líneas fortificadas teóricamente infranqueables como único método para detener una hipotética invasión. Así pues, la opción que quedaba si se quería romper esa línea era machacarla literalmente haciendo uso de un poder artillero como jamás viose, lo que dio lugar al diseño y fabricación por parte de los alemanes de una extensa familia de piezas de gran calibre con una capacidad destructiva inconcebible apenas veinte años antes, y eso que los proyectiles disparados por los Gamma durante la Gran Guerra no era moco de pavo. Así pues, y para comenzar una serie de entradas dedicadas precisamente a comentar grosso modo las peculiaridades es estos mega-cañones, hoy hablaremos del mayor mortero jamás construido: El Mörser Gërat 040-041 Karl. Veamos pues una serie de curiosidades curiosas acerca de su diseño, evolución y demás chorraditas de esas que vienen de muerte para fardar delante de la familia y demás parientes y afectos, aparte de los cuñados, naturalmente.

Curiosidad 1.

Un Karl en un emplazamiento fijo
A finales de 1935, la Rheinmetall comenzó el diseño de un mortero de gran calibre destinado a freír las fortificaciones de cualquier línea defensiva del momento, teniendo como principal objetivo la Línea Maginot. Con su típica eficacia germánica, en marzo de 1936 ya pudieron presentar al Waffenamt (Departamento de Armamento) un proyecto de arma con un calibre de 80 cm. que podía disparar dos tipos de proyectiles: uno de 4 Tm. de peso con un alcance de 1.000 metros, y otro de 2 Tm. con un alcance de 2.000. Obviamente, sus prestaciones eran bastante birriosas salvo en lo tocante al calibre, pero esos 80 cm. no lo convertían en el arma definitiva y su escaso alcance ponía a la pieza a una distancia peligrosamente cercana al enemigo. Por lo tanto, se rehízo el proyecto, presentándose en octubre del mismo año bajo las siguiente premisas: el alcance se pudo alargar hasta los 3 km., el tiempo de montaje para poner la pieza en orden de combate quedaba en 6 horas, y el peso del proyectil elegido fue finalmente el de 2.000 kilos ya que igualaba la capacidad de penetración, la carga explosiva y, a cambio se obtenía más alcance. El proyecto final tras pulir todos los requerimientos fue un arma de 55 tm. con un calibre de 60 cm. que podía ser desmontada en piezas de unas 9 Tm. cada una para facilitar su transporte. Para reducir el tiempo de puesta a tiro se optó por un chasis autopropulsado sobre el que se montaban todas las piezas. El proyecto resultante fue denominado como Wa Prw 4. La adición del chasis autopropulsado gustó bastante a los mandamases ya que disminuía la puesta en tiro del mortero de seis horas a solo media, lo que dio lugar al diseño final, el Projekt 4, que aparte de conseguir alargar el alcance en otros mil metros, supuso un aumento en el peso de la pieza hasta los 64.500 kilos, a los que había que sumar los 32.500 del vehículo sobre el que era instalada, dando un peso total en orden de combate de nada menos que 97 Tm.

Curiosidad 2.

La denominación de Karl fue en honor del entonces jefe del Forschungsstelle des Heereswaffenamtes, palabros impronunciables para un cristiano de bien que significan Centro de Investigación del Departamento de Armas del Ejército, el general de artillería Karl Heinrich Becker, el cual acabó pegándose un tiro en el cerebro cuando recibió una visita de la Gestapo a raíz de las críticas de Hitler por su gestión de su departamento, lo que dio lugar a fallos y retrasos en la producción de municiones. Al parecer, las broncas que le echaba Hitler le provocaron una depresión de caballo, la cual se vio repentinamente agravada cuando vio aparecer en su despacho a los siniestros funcionarios vestidos con abrigos de cuero, lo que solía ser presagio de desagradables debates en el cuartel general de esta institución, situado en el número 8 de la calle Prinz Albretch. En fin, el pobre hombre no soportó más la presión y se tomó la última pastilla anti-depresiva en forma de bala de 9 mm. Parabellum.

Curiosidad 3.

Aunque, como se ha dicho, el Karl estaba armado inicialmente con un mortero de 60 cm. de calibre, se fabricó otra versión más reducida de 54 cm., el Gërat 041, con la finalidad de aumentar su alcance hasta los 10 km. El largo del cañón se alargó hasta los 6,24 metros contra los 5,06 de la pieza de 60 cm. de calibre. El proyectil de 54 cm., con un peso de "solo" 1.250 kilos, podía perforar entre 3 y 3,5 metros de hormigón armado. Por lo demás, la cadencia de tiro para ambos calibres era la misma: 1 disparo cada 10 minutos que una dotación bien entrenada podía reducir a 8 ó 9. Dicha dotación estaba formada por 18 hombres más el comandante de la pieza. En total se fabricaron siete unidades llamadas Adam, Eva, Thor, Odín, Loki y Ziu, más una destinada a pruebas y denominada como Versuchgërat 041 nº VII. En la foto superior podemos ver al Thor en plena acción junto a dos de sus hermanos en Polonia. Como se ve, arma el cañón de 54 cm.

Curiosidad 4.

El chasis autopropulsado estaba ideado para, una vez montado sobre él el mortero, desplazarse al lugar exacto donde se situaría para abrir fuego. Su autonomía apenas llegaba a los 65 km. dependiendo de la versión, y su velocidad no sobrepasaba los 10 Km/h. Para manejar el vehículo disponía de una dotación de dos hombres, un conductor y un ayudante. El primero iba en un puesto de conducción situado en la esquina delantera izquierda y, ojo, al decir delantera debemos tener en cuenta que la boca de fuego estaba mirando hacia atrás. O sea, que la culata del mortero era lo que miraba hacia adelante. En las fotos de la derecha podemos ver varias tomas del puesto de conducción, el cual carecía de escotilla o visores. Cuando no se usaba, simplemente se cubría con una tapa de metal. El croquis inferior izquierdo nos muestra una vista de perfil en la que se aprecian las palancas, los pedales y el asiento. La misión del vehículo no solo consistía en conducir el mortero hasta el lugar del emplazamiento de la batería, sino en corregir el ángulo horizontal de tiro desplazándose hacia la izquierda o la derecha ya que el mortero, de por sí, solo podía efectuar giros laterales de apenas 4º para un ajuste fino de la puntería.

Curiosidad 5.

El transporte del monstruo era un verdadero alarde logístico. A la derecha tenemos los distintos medios de que se valían para desplazar los distintos componentes del mortero.

A: Para los traslados a grandes distancias se recurría al ferrocarril, donde el vehículo autopropulsado era suspendido entre dos vagones de cinco ejes especialmente diseñados para este fin. El resto de los componentes eran transportados en plataformas de carga normales,

B: Una vez llegados a destino, el vehículo autopropulsado era cargado en un Culemeyer Strassenfahrzeug, vehículo de carretera Culemeyer dicho en cristiano, que no era otra cosa que un remolque con 24 ruedas capaz de soportar las 35 toneladas de peso del autopropulsado. Dicho remolque era arrastrado por un camión.

C: Caña y culata del mortero, cargados en un Culemeyer de 16 ruedas. Este tipo de remolque era empleado para los demás componentes del mortero.

D: Bloque donde se alojaban los mecanismos de retroceso. La caña era introducida en dicho bloque, del que sobresalían tanto el cañón como la culata.

E: Grúa autopropulsada con una pluma para 35 Tm. empleada para montar los componentes del mortero una vez llegados a destino.

F: Batea de carga que se instalaba en el mortero para manipular la munición e introducirla en la recámara. Tras la misma se ve el bloque superior del mecanismo de retroceso.

Así pues, el proceso de transporte y montaje era el siguiente: una vez que los componentes del mortero era trasladados en ferrocarril se cargaban en los remolques Culemeyer y se transportaban por carretera a las cercanías del emplazamiento de la batería, donde eran montados con ayuda de la grúa. Desde allí, el mortero se desplazaba por sí solo hasta su lugar de destino final.

Curiosidad 6.

El ánima del cañón tenía nada menos que 112 estrías. Dicha ánima debía ser cuidadosamente revisada antes y después de cada disparo ya que, caso de producirse algún daño en el interior del cañón, ya podemos imaginar lo que quedaría del mismo y sus 19 servidores si estallaba. El cañón, como todo en el Karl, daba lugar a unas cifras apabullantes: solo esa pieza pesaba 28 Tm. En la figura de la derecha se pueden ver los dos tipos de proyectiles que disparaba, el mayor con una carga de 280 kilos de explosivo y el menor de 220 kilos. El explosivo utilizado era nitroguanidina, y era iniciado mediante espoletas con retardo para que detonase una vez perforada la casamata o cúpula artillera contra la que se disparaba. Ya podemos imaginar los efectos de uno de estos proyectiles detonando en un espacio cerrado: ni los botones del personal aparecerían. 

Curiosidad 7.

La munición era transportada en contenedores para cuatro unidades que,  a su vez, eran instalados sobre chasis de carros Pzkfw IV Ausf. H. Tal como vemos en la foto superior, cada vehículo disponía de una grúa Wippkran para colocar los proyectiles en la teja de alimentación del mortero, secuencia que se ve en la foto inferior. La grúa Wippkran era accionada por la energía eléctrica que producía el pequeño motor de dos cilindros que estos carros de combate utilizaban para hacer girar la torreta. Durante el transporte ferroviario, cuando los contenedores de munición estaban vacíos, se almacenaba en estos el brazo de la grúa. Cada mortero tenía asignados tres carros de municionamiento, lo que suponían doce disparos de disponibilidad inmediata. Una vez agotada la munición de uno de los vehículos, éste se trasladaba al lugar donde estaba emplazado el depósito de proyectiles para recargar y volver a su puesto.


Curiosidades varias para humillar cuñados.


Secuencia fotográfica en la que se puede ver el retroceso de la pieza
en el momento del disparo. Ese en concreto es el Ziu
El consumo de combustible de los autopropulsados, dependiendo del tipo de motor, era de 120 litros a la hora para los de gasoil y de 175 en los de gasolina. Como para irse de paseo en uno de esos chismes. El depósito tenía una capacidad de 1.200 litros.

La presión ejercida por el mortero durante el retroceso era de nada menos que de 700 toneladas.

La vida operativa de cada caña era de solo 60 disparos, tras los cuales los morteros tenían que ser enviados a retaguardia para la sustitución de las mismas.

La dotación total de cada mortero incluyendo la tripulación del mismo más los mecánicos, operarios, técnicos, personal para la defensa de la pieza, etc. era de 3 oficiales, 30 suboficiales y 122 hombres.

El alcance del mortero no se variaba modificando el ángulo de la pieza, sino cambiando la carga de proyección, de las que había 9 diferentes. O sea, si se quería más alcance se recurría a una carga más potente, que iba en un contenedor separado del proyectil. Se recurría a modificar el ángulo de tiro para un ajuste fino de la puntería o para hacer caer el proyectil lo más vertical posible, ya que de ese modo se aumentaba la capacidad perforante del mismo. A la derecha podemos ver un contenedor de carga, la cual era ensacada.

A pesar de estar diseñados para aniquilar las defensas de la Línea Maginot, en realidad nunca llegaron a ser empleados contra ésta. El bautismo de fuego lo tuvieron en abril de 1941 a raíz de la Operación Barbarrosa con la formación de 833 batallón, formado por dos baterías. La 1ª batería, formada por los morteros Adam y Eva, con una dotación de 60 disparos e integrada en el 17 ejército, fue enviada a destruir los búnkeres de Wielki Dzial, mientras que la 2ª batería, integrada por el Odín y el Thor, destinada al 4º ejército, tuvo como objetivo Terespol. La dotación de proyectiles en este caso fue de 36 disparos.

Los efectos de los proyectiles del Karl eran de lo más elocuentes: producían un cráter de 15 metros de diámetro y 5 de profundidad, y la onda expansiva daba lugar a un hongo de humo, polvo y tierra de unos 300 metros de diámetro y 170 metros de altura. Los muros y techos de 2 metros de espesor de fortificaciones convencionales los perforaba como si fueran de mantequilla. Obviamente, sus efectos psicológicos entre los enemigos eran aterradores. Su capacidad destructiva podemos verla en las fotos de la derecha: la superior pertenece a una casamata de la línea Gorki, en Sebastopol, alcanzada de lleno por un proyectil de 60 cm. de un Karl que la dejó en el estado que se puede ver. La inferior es la conocida imagen del instante en que el edificio Prudential de Varsovia fue alcanzado por otro proyectil el 28 de agosto de 1944, cuando los Karl fueron enviados a reprimir sin piedad la rebelión que tuvo lugar en la capital polaca. 


Sólo los morteros Loki y Thor vieron cambiados sus cañones originales de 60 cm. de calibre por los de 54 cm. El peso total de estas piezas en orden de combate era acojonante: 123.650 kilos de nada. En la imagen derecha podemos ver el Loki instalado en su vehículo autopropulsado, pudiendo apreciarse que la longitud del cañón en este caso era mayor que los de sus congéneres de 60 cm.

Inquietante imagen de un proyectil de 60 cm. en el instante
en que va a ser introducido en la recámara del mortero.
El destino final de cada pieza fue el siguiente:

El Gërat 040 nº I Adam fue capturado por los rusos. Actualmente se conserva en el Museo de Tanques Kubinka, instalado sobre el chasis autopropulsado del Ziu.

El Gërat 040 nº II Eva sufrió daños en el motor de su chasis, por lo que fue enviado a la escuela de artilería de Jüteborg-Damm, de donde ya no se movió el resto de la guerra.

El Gërat 041 nº III Thor fue severamente dañado al estallarle un proyectil dentro del cañón en septiembre 1944. Fue enviado a Alemania, pero nunca llegó a ser reparado. Al terminar el conflicto fue destruido.

El Gërat 040 nº IV Odín fue enviado a bombardear el puente de Remagen sobre el Rhin. Fue capturado por los aliados.

El Gërat 041 Nº V Loki fue capturado por los aliados.

El Gërat 040 Nº VI Ziu fue dañado durante la rebelión de Varsovia y enviado a retaguardia, donde capturado por los rusos. Su chasis fue reutilizado, como se comentó más arriba, para instalar el Adam en el museo Kubinka.

El Versuchgërat 041 nª VII, el mortero destinado a pruebas, resultó dañado durante una de ellas y enviado a Jüteborg-Damm, donde permaneció hasta el fin de la guerra sin que pudieran llevarse a cabo las reparaciones pertinentes, planificadas para abril de 1945.

Bueno, ya está.

Hale, he dicho


El Ziu en el momento del disparo. Sobre el chasis se ve, suspendido en el aire, un proyectil de 60 cm. colgando de la
grúa del vehículo de municionamiento estacionado tras el mortero. En el momento del disparo, la dotación debía alejarse
a una distancia prudencial para no ser achicharrados por el rebufo del disparo, que se efectuaba por control remoto
mediante un disparador eléctrico.