viernes, 10 de noviembre de 2017

Bombardeo estratégico. El primer ataque sobre Londres, 1ª parte


El LZ38 en vuelo. Obsérvese la plataforma para los artilleros situada en la proa de la estructura del dirigible


Postal de propaganda alemana que muestra a
unos monjes acojonados ante el ataque a Lieja
por el LZ21 en la noche del 5 al 6 de agosto
de 1914
Hace unas cuantas semanas dedicamos un par de entradas para narrar como tuvo lugar el primer bombardeo estratégico de la historia, cuando el LZ21 al mando del capitán Kleinschmidt sorprendió a propios y extraños llevando a cabo una accidentada incursión sobre la ciudad de Lieja que, aunque acabó con el dirigible por los suelos, tuvo un impacto psicológico tremendo sobre los aliados. Eso de que un chisme que vuela se líe a soltar bombas con premeditación, nocturnidad y alevosía sobre probos ciudadanos que roncan a pierna suelta dejó bien claro que las guerras razonablemente caballerosas se acababan de ir a hacer puñetas, y la era del todo vale acababa de dar comienzo. Está de más decir que, una vez bombardeada Lieja, ya daba lo mismo hacer lo propio en cualquier otra capital con la finalidad de ablandar la resistencia moral de la población, lo que se traduciría, al menos teóricamente, en una merma en lo referente a la capacidad productiva, un aumento de la presión política en favor de la paz, etc. En fin, de eso se habló largo y tendido en su momento, así que no es plan de repetirlo nuevamente, de modo que pueden vuecedes darle un repaso o, caso de no haberlas leído, hacerlo antes de proseguir pinchando en los enlaces que pongo al final de la entrada.

Churchill en su época de Primer Lord del
Almirantazgo, cargo que desempeñó entre
1911 y 1915
Pero si Lieja tuvo el dudoso honor de inaugurar esta cuestionable táctica, la lista de ciudades candidatas ya estaba confeccionada, y solo algunos remilgos por parte del káiser impedían aún meterle mano a la capital del en aquel entonces poderoso imperio británico, Londres. Al fin y al cabo, Guillermo II y Jorge V de Inglaterra eran primos hermanos, nietos ambos de la prolífica reina Victoria, y tenía ciertos reparos a la hora de permitir un bombardeo estratégico sobre la capital a pesar de las constantes presiones a las que se veía sometido por parte de los gerifaltes del ejército imperial. Sin embargo, curiosamente, fueron los ingleses los que acabaron decidiendo al dubitativo káiser por obra y gracia de la estrategia defensiva establecida por Churchill, que a comienzos del conflicto era el Primer Lord del Almirantazgo, para no solo defender su brumosa isla, sino también atacar las bases de dirigibles a fin de prevenir incursiones aéreas. Churchill, las cosas como son, ya se percató de ese peligro antes incluso del inicio la guerra. En 1913 empezó a gestionar la creación de una fuerza aérea independiente del Royal Naval Air Service (RNAS en adelante), de quien dependía la recién creada arma aérea. Así nació el Royal Flying Corps (RFN en adelante). Así, en julio de 1914 se dividió el trabajo entre ambos cuerpos: la defensa del territorio, especialmente la capital, el Arsenal de Woolwich y los astilleros de Chatham y Portsmouth ya que serían considerados como objetivos preferentes en caso de ataque aéreo, estarían a cargo del RNAS, mientras que el RFN marcharía a Francia con el Cuerpo Expedicionario Británico.

Paul Behncke
Y mientras el káiser dudaba y dudaba si iniciar o no una campaña de bombardeos sobre Londres, los british (Dios maldiga a Nelson) no duraron nada, y los aparatos del RNAS estacionados a lo largo de la costa inglesa llevaron a cabo el 8 de octubre de 1914 un exitoso ataque contra el hangar del Z-IX cerca de Dusselsorf, convirtiéndolo en un torrezno chamuscado. El Jefe Adjunto del Estado Mayor de la Kriegsmarine, el contraalmirante Paul Behncke, volvió a la carga intentando hacer ver al káiser que si no daba su autorización los british podrían ir destruyendo uno a uno sus costosos dirigibles, pero ni por esas. El 21 de noviembre siguiente fueron más allá, bombardeando la Luftschiffbau Zeppelin (la factoría donde los fabricaban) en Friedrichshafen si bien el ataque no fue especialmente efectivo. Por último, el 25 de diciembre, en una operación combinada entre efectivos del RNAS y el RFN se llevó a cabo una nueva incursión sobre la base de la Kriegsmarine en Nordholz, en la Baja Sajonia. Esto fue lo que finamente convenció la timorato káiser para autorizar los ataques contra suelo inglés, si bien inicialmente solo se consideraron como objetivos militares el estuario del Támesis y la costa este de la isla. 

Efectos del bombardeo en una vivienda en St. Peter's Plain, en Yarmouth,
donde fue víctima del ataque la proba súbdita del gracioso de su majestad
Martha Taylor, de 72 años, que salió a la calle al escuchar el ruido del
motor del L3. Junto a Samuel Smith fueron las dos primera víctimas
en suelo inglés de un bombardeo aéreo
El 13 de enero de 1915 dio comienzo la campaña de bombardeos a cargo de cuatro dirigibles de la Kriegsmarine bajo el mando del capitán de fragata Peter Strasser. Sin embargo, el clima invernal echó por tierra el plan. De entrada, la lluvia empapó la cubierta de los dirigibles, aumentando el peso de las naves en varias toneladas. Cuando debido a las gélidas temperaturas este agua se congeló, los trozos de hielo, afilados como cuchillos, podían rasgar dicha cubierta a causa de los fuertes vientos de costado que, para complicar más las cosas, no dejaban de incordiar desviando de su rumbo a los cuatro dirigibles constantemente. En fin, un churro de ataque. Unos días más tarde, en la madrugada del 19 al 20 del mismo mes, se llevó a cabo un nuevo intento, esta vez por parte de dos dirigibles, el L3 y el L4, al mando respectivamente del Kapitänleutnant Hans Fritz y del Kapitänleutnant Magnus, conde von Platen-Hallermund que, por fin, lograron culminar con éxito su misión bombardeando tres poblaciones de la costa de Norfolk: Yarmouth, Snettisham y King's Lynn. Era la primera vez en la historia en que la Gran Bretaña era atacada desde el cielo si descontamos las cagadas de las gaviotas, buitres, cuervos y demás carroñeros y volatería variada. El ataque se saldó con cuatro muertos y dieciséis heridos de diversa consideración.

El L3, el primer dirigible que causó bajas civiles en suelo inglés. Esta
nave pertenecía al tipo M. Efectuó su primer vuelo el 11 de mayo de 1914
El éxito del ataque, más la presión cada vez más férrea de sus generales, hizo que 12 de febrero el káiser autorizase atacar los muelles de Londres, misión que se le encomendó dos semanas más tarde al L8, pero nuevamente el clima fastidió la operación. Estaba visto que los dirigibles de la Kriegsmarine no tendrían el honor de ser los primeros en atacar Londres. Los zeppelines tipo M que se estaban empleado hasta aquel momento no ofrecían las prestaciones adecuadas para acometer de forma exitosa y regular las incursiones a una ciudad cuyo principal aliado era un clima inestable que cambiaba en cuestión de horas, así que hubo que esperar a que estuvieran listos los primeros dirigibles de la serie P, mucho mejor dotados para este fin. Y, mira por donde, el que estaba el primero de la lista para recibirlos era el ejército, no la marina, concretamente el capitán Erich Linnarz.

El LZ38 en su base de Evere, en Bélgica
El tipo P era una versión mejorada en todos los sentidos de su antecesor. De entrada, su capacidad había sido aumentada en 6.900 m³, y se le añadió un cuarto motor. La planta motriz se componía pues de 4 Maybach CX de 6 cilindros de 210 hp cada uno que le permitían ascender a más de 300 metros por minuto. Además, fue la primera versión que salió con las góndolas cerradas, lo que celebraron largamente los sufridos tripulantes de estos chismes, que se veían a merced de todas las inclemencias climáticas habidas y por haber ya que incluso en pleno verano la temperatura descendía a -20º o menos debido a la altitud. La góndola delantera estaba dividida en tres compartimentos. El primero estaba destinado a puente de mando, el segundo era la cabina para el radiotelegrafista, y la tercera una pequeña cámara para el oficial al mando que, además, disponía de una ametralladora a cada lado. Al final del todo había un compartimento para un motor, de donde salía una única hélice. En la góndola trasera iban los otros tres motores en línea provistos de tres hélices, una hacia atrás y una a cada lado. 

MG-14
El armamento de esta góndola consistía en dos ametralladoras, una a cada lado y una tercera en la parte trasera, en un compartimento bajo el timón. Además, en la parte superior del dirigible había una plataforma con otras tres ametralladoras más sobre pedestales. Como vemos, no estaban precisamente indefensos. Las máquinas eran Parabellum MG-14 de calibre 8x57 refrigeradas por aire, similares a las que usaban algunos aviones en el puesto del observador. Esta ametralladora, como vemos en la foto, se alimentaba por cinta, pero para facilitar su manejo con un solo hombre estaba enrollada en un armazón cilíndrico de forma que actuaba como si fuera un tambor, pero con mucha más capacidad ya que las cintas eran de 250 cartuchos. En cuanto sus prestaciones, la velocidad máxima del tipo P era de 93 km/h, mientras que la de crucero alcanzaba los 63 km/h. Su techo de servicio era de 3.500 metros, todo ello dependiendo como siempre de la carga y de las condiciones meteorológicas. La carga bélica podía llegar a los 2.000 kilos de bombas, pero eso siempre y cuando se redujese la cantidad de combustible a bordo. Recordemos que estos trastos tenían una capacidad de carga máxima que no se podía rebasar, de modo que si se ponía de más de una cosa había que restar de otra.

Aspecto del puente de mando del LZ38
El 3 de abril de 1915 salió el primer dirigible de la serie, denominado como LZ38. Tras llevar a cabo los primeros vuelos de prueba y preparación de los tripulantes, el día 29 tuvo su bautismo de fuego efectuando un ataque sobre Ipswich y Bury St. Edmunds que, además, pudo llevar a cabo con total impunidad gracias a la niebla que cubría la zona, que impidió a los aparatos del RNAS despegar para repeler la agresión. El 9 de mayo volvieron a atacar, en esta ocasión la costa de Essex, concretamente la población de Southend-on-Sea. Una semana después, el día 16, atacaron Ramsgate y Dover, en Kent, saliendo a interceptarlo el subteniente Mulock, del RNAS, ayudado con un reflector desde tierra. Sin embargo, se quedó con un palmo de narices cuando vio como el LZ38 lograba elevarse sin que su aparato pudiera alcanzar la misma altitud. Y lo mismo ocurrió el día 26 durante un nuevo ataque, nuevamente contra Southend-on-Sea. En esta ocasión salieron a interceptarlo cinco aparatos que, como ocurrió con el subteniente Mulock, se vieron superados por el mayor techo de vuelo del dirigible. Así pues, en menos de dos meses el LZ38 llevó a cabo cuatro incursiones totalmente exitosas y, lo más importante, sin que los aparatos del RNAS pudieran hacer nada para impedirlo. 

La góndola trasera, con los motores en el centro. En primer término vemos
a uno de los artilleros con su MG-14
A medida que el capitán Linnarz hacía de las suyas, el alto mando no paraba de presionar de forma implacable al káiser, ayudados lógicamente por los buenos resultados que estaba dando el tipo P, al que ni los aviones de caza enemigos podían alcanzar. Finalmente, el 15 de mayo permitió que Londres se convirtiera en objetivo militar pero con un límite: se partió la ciudad en dos partes mediante una línea en dirección norte-sur que pasaba sobre la Torre de Londres, quedando vetada la zona situada al oeste de la misma. ¿Por qué? Fácil. Porque a 4,5 km. al oeste de la Torre de Londres estaba el Palacio de Buckingham, donde su querido primo Georgie jugaba al whist mientras degustaba su Jerez. Naturalmente, eso era lo de menos porque la parte jugosa del objetivo estaba al este, donde se encontraban los muelles y los astilleros del Támesis, fuera aparte del demoledor efecto psicológico que supondría a los londinenses ver lo que en aquel tiempo se podría decir que era la capital del mundo bajo las bombas germanas. Qué morbazo, ¿no?

Bueno, vale por hoy. Mañana veremos si el valeroso capitán Linnarz pudo completar de forma exitosa su misión y chinchar bonitamente a los british, fastidiándoles la digestión de sus asquerosos budines, sus corderos con salsa de menta y sus pastas de té.

Hale, he dicho

Continuación de esta entrada pinchando aquí. Sí, sí, aquí.

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8 comentarios:

nathan hale smith patton dijo...

Cuando ha sido la guerra caballerosa? El hecho de hacerle daño al prójimo ya le quita todo lo caballeroso...

Draugkarak dijo...

Me ha sorprendido la forma de llevar la cinta de la MG14...¿en tierra también se utilizaba este método? ¿Por qué finalmente se desestimó este método a favor del método de plegado tradicional dentro de una caja (inagino que porque ocupa menos espacio)?

dani dijo...

Magnífico artículo, como de costumbre. Pero queda claro desde el primer momento que con tan poca capacidad de ataque los resultados iban a ser poco más que simbólicos.

Amo del castillo dijo...

Bueno, digamos que se masacraban caballerosamente, Sr. Nathan. Menos da una piedra

Amo del castillo dijo...

No, Sr. Draugkarak, en tierra se empleaban las cintas de siempre. Como se comenta en la entrada, el invento ese era para poder prescindir del servidor, cosa que en tierra no era necesario porque, además, su función era también la de acarrear munición.

Un saludo

Amo del castillo dijo...

Bueno, Sr. Dani, yo no me quedaría tan corto. Un Stuka tenía una capacidad de carga inferior, 700 kg. a lo sumo, y ya ve lo dañinos que eran. Un B-17 como los que dejaron arrasada media Alemania cargaba unos 2.200 kilos de bombas, lo que también estaría por debajo de la de un Zeppelin. El problema estaba en el ataque lo llevaba a cabo un solo dirigible, y no oleadas de 500 bombarderos. Si un B-17 hubiese atacado en solitario cualquier ciudad alemana los daños serían también poco menos que simbólicos.

Un saludo

dani dijo...

Lo siento señor Amo, no me expresé bien. Me refería a la poca cantidad de dirigibles empleados en cada ataque. Leí un artículo en el que se hablaba del ataque más numeroso (por número de dirigibles) sobre Londres y si mi flaca memoria no me traiciona demasiado a penas pasaban de la decena de dirigibles. Pero es que al principio de la guerra ni eso. Un único dirigible y ni siquiera todos los días.

Amo del castillo dijo...

Posteriormente se efectuaron ataques con varios dirigibles, Sr. Dani, pero, obviamente, no podemos comparar sus efectos con los de 25 años más tarde. Tengamos en cuenta que el arma aérea estaba en pañales. No obstante, a los londinenses debió resultarles tan apocalípticos como a un azteca escuchar por primera vez el disparo de un arcabuz español. En estos casos lo que primaba principalmente era el efecto psicológico. Para una gente que se sentía segura en su isla, lejos del enemigo y no sufriendo su presencia directa como ocurría en Bélgica, Holanda o Francia, debió ser un golpe bestial saberse bajo el radio de acción de las armas enemigas. En ese sentido, los bombardeos estratégicos en suelo inglés fueron bastante eficaces si bien al final sus efectos fueron negativos ya que sirvieron para aumentar el odio y la furia contra los alemanes. Tras cien años de guerra moderna colijo que los ataques contra la población civil solo sirven para fortalecer el espíritu de resistencia de la misma, cosa que venimos viendo en Oriente Medio y Afganistán a diario.

Un saludo