sábado, 11 de noviembre de 2017

Bombardeo estratégico. El primer ataque sobre Londres, 2ª parte


Siniestro de cojones, ¿qué no?

Bien, en la entrada anterior dejamos al capitán Linnarz sacando brillo al paragolpes del LZ38, aprestándose para su misión histórica: llevar la guerra al corazón de Londres. Prosigamos pues...

El jefe de policía Charles Hunt sostiene en sus
manos una bomba incendiaria Goldschmidt
recuperada sin estallar del ataque sobre King's
Lynn por el L3 y el L4 
El día elegido fue el viernes, 31 de mayo. En plena primavera el clima no debería ser problema, y tres días antes había habido luna llena, por lo que dispondrían de claridad suficiente para saber por dónde se movían. Hay que tener en cuenta que por aquella época, y a la vista de que la isla ya había sido vulnerada, se habían dictado normas para dar el menor número de facilidades a los tedescos. Por ello, y considerando que los ataques siempre se llevaban a cabo de noche, era obligatorio usar cortinas que no dejasen pasar la luz, y las farolas permanecían apagadas durante la noche. No obstante, y a pesar de que los bombardeos ya habían incluso producido víctimas y daños materiales nada desdeñables, los londinenses seguían en su feliz inopia, pensando quizás que nadie osaría ponerse en la vertical de la ciudad y bombardearlos. Pero sí había osados que estaban deseando dar muestras de su osadía, naturalmente. Además del LZ38 tomaría parte en el ataque el LZ37, un dirigible tipo M al mando del Oberleutnant zur See von der Hägen. Esta nave había efectuado su primer vuelo el 4 de marzo de 1915, apenas un mes antes que el dirigible de Linnarz, y aunque su base estaba establecida en Gontrode, para esta misión despegaría de Namur. Sin embargo, apenas levantó el vuelo se produjeron una serie de daños en la cubierta de la estructura, por lo que tuvo que retornar a su base de partida, dejando al LZ38 la responsabilidad de llevar a cabo la misión él solo.

El dirigible partió durante el ocaso desde su base de Evere, una población del cinturón metropolitano de Bruselas situada a apenas 5 Km. al NE de la misma. La carga bélica, estibada en unos raíles colocados en el exterior de las góndolas, ascendía a unos 1.400 kilos de bombas de dos tipos: de alto explosivo e incendiarias. Estas últimas, denominadas "bombas cónicas", cuyo aspecto podemos ver en la foto, tenían una altura de unos 40 cm. y estaban formadas por un contenedor con 3,5 litros de benzol. En el centro había otro envase lleno de termita, un compuesto a base de aluminio y óxido de hierro que ardía a temperaturas muy elevadas, por lo que con el añadido del benzol convertía uno de esos chismes en una fuente de calor capaz de producir virulentos incendios en las estructuras de madera de las techumbres de la época, así como en el mobiliario y entresuelos de las viviendas. En la foto de la izquierda vemos la bomba con la espoleta en la parte superior, y en la de la derecha lista para su lanzamiento, envuelta en una gruesa cuerda empapada de alquitrán para favorecer la propagación del fuego.  Pesaban alrededor de 10 kilos.

En la foto de la derecha podemos ver la ruta que siguió el LZ38 camino de su objetivo, situado a unos 325 km. de distancia. Tras cruzar el Canal se dirigió hacia Margate, población que sobrevoló a las 21:42 para, a continuación dirigirse a Southend-on-Sea. Allí viró hacia el oeste y puso rumbo a Londres, donde se avisó a la policía de la inminencia de un ataque a las 22:55, dejando al personal un tanto perplejos porque pensaban que el ataque sería, como venía siendo habitual, contra la costa este de la isla. Pero aquella noche les tocaba a ellos.

Ruta seguida por el LZ38. Las explosiones muestran las zonas que fueron bombardeadas

Ortofoto del barrio de Stoke Newington con el nº 16 de Alkham Road
marcado con un círculo blanco. En el detalle vemos el aspecto actual de
la vivienda que, al parecer, es prácticamente el mismo que hace un siglo.
Ahí cayó la primera bomba de la historia sobre Londres
En la ortofoto podemos ver la ruta que siguió el LZ38 durante su mortífero itinerario sembrando muerte y destrucción + IVA sobre los sorprendidos british (Dios maldiga a Nelson), que a aquellas horas estaban ya en sus piltras digiriendo la cena. El dirigible entró por el norte de la ciudad, siendo avistado por un policía sobre la estación del metro de Stoke Newington, momento ese en el que soltó las primeras bombas incendiarias sobre la ciudad. La primera de todas, remarcada en un tono rojo fuerte, cayó en el tejado del número 16 de Alkham Road, que en aquella época era el domicilio de un clérigo llamado Albert Lowell. La bomba atravesó el tejado y prendió en el dormitorio, propagándose el fuego en el entresuelo de madera. 

Folleto distribuido con el diario The Daily News en el que se daban una
serie de consejos en caso de ataque. Se recomendaba sobre todo tener
en las plantas altas cubos con arena y agua ya que en aquella época
había muchas casas sin agua corriente
No obstante, la familia Lowell más dos invitados que tenían en casa pudieron salir medio chamuscados del interior de la misma mientras que el LZ38 seguía soltando su carga letal en dirección sur, hacia la Torre de Londres. En ese barrio descargó alrededor de 35 bombas en un tramo de unos 2 km. En esa fase inicial del ataque fue donde hubo mayor concentración de bombas. Además, fue donde se produjeron las primeras víctimas al ser alcanzada una casa en Cowper Road, a poco más de 1 km. al sur de Alkham Road, donde vivía un matrimonio con cinco críos. El cabeza de familia, Samuel Legatt, saltó de la piltra para poner a salvo a su prole formada por cinco niños, y ayudado por su mujer y el vecindario fue soltando a los críos por una ventana. Pero, por desgracia, pensando que los vecinos se habrían echo cargo de ellos no se percató de que le faltaban dos, Elsie, de apenas 3 años, y su hermana May, de 7, que aparecieron al día siguiente achicharradas bajo la cama en la que se habían ocultado intentando huir del fuego. Un poco más al sur, en el 187 de Balls Pond Road, cayeron dos bombas en un edificio donde aparecieron al día siguiente otras dos víctimas carbonizadas, un tal Henry Good y su mujer Caroline, que estaban ambos como arrodillados junto a la cama, en actitud orante. No les sirvió de mucho, me temo.

Portada del The Daily News del 1 de junio.
Se informa del ataque y de muchos incendios,
pero afirma que no todos estuvieron
relacionados con el ataque. Sería que más de
uno se quedó dormido fumando en la piltra,
no te joroba...
Pero la fiesta solo acababa de empezar. A continuación le tocó el turno a Hoxton, donde cayeron unas 15 bombas en un trayecto de 1,5 km. aproximadamente. A las 23:08 tres de ellas alcanzaron un teatro de variedades, el Shoreditch Empire, donde se estaba representando un musical. Afortunadamente, el público no se dejó llevar por el pánico y abandonaron el local en buen orden, en plan Titanic que se hunde mientras la orquesta ameniza el ahogamiento del personal con valses vieneses. Tras Hoxton le tocó a Whitechapel, donde aún se acordaban de las inquietantes visitas de Jack el Destripador en busca de putas para filetearlas. Allí cayeron otras 15 bombas más. Llegado a ese punto, el LZ38 viró hacia el este, dejando caer en Stepney 4 bombas de alto explosivo y dos bombas incendiarias.  Llegados a este punto, la nave del capitán Linnarz llevaba ya 20 minutos bombardeando impunemente Londres, paseándose tranquilamente mientras soltaba su mortífera carga. Finalmente, se dirigió hacia el nordeste hasta alcanzar Leytonstone, donde lanzó las últimas cinco bombas para, a continuación, virar hacia el este y ponerse camino de la costa para regresar a su base.

La foto muestra los restos del incendio del nº 27 de Neville
Road, en Stoke Newington
Durante el ataque se produjeron multitud de incendios que, si bien muchos pudieron ser sofocados por el vecindario, al menos 41 de ellos requirieron la intervención de los bomberos por ser especialmente virulentos. El balance, aunque ínfimo si lo comparamos con los devastadores bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, dejó al personal chafado con una mezcla de asombro y de ira contenida. De hecho, la turba enfurecida llegó a destrozar algunos comercios de gente que pensaban eran de origen alemán. EL LZ38 dejó tras de sí siete víctimas mortales, cuatro de ellas críos, y 35 heridos. Los daños materiales fueron tasados por el cuerpo de bomberos en 18.596 libras esterlinas. Pero lo peor fue quizás la impunidad con que la nave de Linnarz se paseó por el cielo londinense dejando caer bombas como quien echa migas a las palomas. Se contabilizaron 91 bombas incendiarias, 28 de alto explosivo y dos bombas de mano, que igual las tiraron porque se les acabaron las otras. 

Aspecto de las carcasas de las bombas incendiarias tras haber ardido
Incomprensiblemente, los reflectores no pudieron localizarlo, por lo que la artillería antiaérea ni siquiera abrió fuego. El LZ38 se paseó como un ángel de la muerte tan campante, sin que nada ni nadie le impidiera proseguir con su siniestra ruta. Los aviones del RNAS organizado por Churchill se cubrieron de gloria por que quince aparatos salieron en busca del LZ38, y solo un piloto pudo avistar al dirigible cuando estaba llegando a Southend-on-Sea para, encima, ver como se perdía en las alturas sin que pudiera perseguirlo. En fin, que los tedescos los chulearon a todos bonitamente, amén. Al día siguiente, los alemanes anunciaron a bombo y platillo que habían alcanzado multitud de objetivos situados en la zona portuaria, naturalmente con fines propagandísticos porque la bomba que cayó más cerca del puerto lo hizo a medio kilómetro, en Christian Street, donde también murió otro crío, Samuel Reuben, que volvía a casa del cine. Lógicamente, de cara a su propia gente era preferible decir eso antes que el bombardeo solo había servido para sembrar el terror y matar a varios inocentes. En cuanto a los cabreados british, para evitar que la moral se fuese a hacer gárgaras y que los derrotistas de turno empezasen a dar la murga, el gobierno británico ordenó a la prensa que la única información sobre los ataques aéreos debería ceñirse a los partes oficiales, y ni una palabra más.

Farman F-27. Obsérvese que este aparato tiene el motror detrás, o sea,
la hélice es impulsora, no propulsora
Sin embargo, el bombardeo fue vengado en apenas una semana. El LZ38 había partido la noche del 6 de junio para efectuar un nuevo ataque sobre Londres junto con dos dirigibles más, el Lz37 y el LZ39, pero cuando estaban en camino recibió por radio un mensaje cancelando la misión para que se dirigiera a bombardear un nudo ferroviario en Calais (otras fuentes dicen que tuvo que volver por una avería en un motor). Al parecer, el mensaje fue interceptado por la Sala 40 del Almirantazgo, pasando la información al 1er. Escuadrón del RNAS en Dunquerque para que le dieran caza. 


El LZ38 ante su hangar. Obviamente, si eran localizados
y atacados desde el aire tenían menos posibilidades de
salir indemnes que una botella de Hennessy XO
ante un cuñado ávido de destilados de calidad
Un Farman F-27 tripulado por el teniente John Philip Wilson y el subteniente John Stanley Mills partió en su busca provisto de 3 bombas de 65 libras (29,5 kg.). Según el parte en el que informaban de la operación, despegaron de su base a las 00:40 horas del día 7 de junio armados con las bombas y combustible para 5 horas y 45 minutos de autonomía. La distancia hasta el objetivo era de unos 150 km. aproximadamente. Según el informe, "... la noche estaba clara, pero no había luna" (en realidad la luna nueva fue cinco días más tarde, el 12 de junio), pero les bastó para localizar el LZ38 en su hangar de Evere, donde fue bombardeado y destruido. Los dos british, la mar de contentitos, volvieron a su base a celebrarlo con un chute en vena de güisqui del bueno y a recibir mogollón de palmaditas en el lomo por su meritoria actuación. Sus compatriotas habían sido vengados. Por la hazaña, el día 21 de aquel mismo mes les fue concedida a ambos la Cruz de Servicios Distinguidos.

En fin, así fue el primer bombardeo estratégico sobre Londres. Está de más decir que, aunque el LZ38 tuvo una vida operativa más corta que la de un pavo en Navidad, eso no supuso en modo alguno el fin de los ataques contra la capital. Antes al contrario, siguieron con una frecuencia de lo más irritante, y más tarde se sumaron a los dirigibles los enormes bombarderos Gotha para animar el cotarro, pero de eso ya hablaremos otro día. Por cierto que, tras la destrucción del LZ38, el capitán Linnarz se dio algún paseo más por Londres, llegando al final de la contienda con el grado de comandante.

Bueno, ya'tá. Ahí queda eso.

La tripulación del LZ38. Se dice que tras el ataque apareció en Canvey Island, una población situada en el estuario del
Támesis, un trozo de cartón con una nota escrita a lápiz que decía: "You english! We have come and we will come
again soon. Kill or cure. German", que podríamos traducir como "¡Ingleses! Hemos venido y volveremos pronto. Lo
que no te mata te hace más fuerte. Un alemán". Lo de "kill or cure" es una frase hecha sin sentido en español a la
que solo encuentro semejanza con nuestro dicho de que no te mata te hace más fuerte. Si a alguien se le ocurre una
traducción más acertada, sírvase informarnos. Por lo demás, de la autoría y la misma existencia de la nota no hay
pruebas rotundas. Personalmente, me inclinaría a pensar que fue obra de algún cachondo con ganas de dar que hablar


6 comentarios:

daniel hastudia dijo...

saludos.
no me da la imaginación para imaginar la emoción que estas primeras tripulaciones aéreas debieron sentir a bordo de sus enormes aparatos. debieron sentirse como seres superiores.
es un placer la lectura de su blog

Amo del castillo dijo...

Ciertamente, sería interesante conocer si alguno de los que protagonizaron estas acciones dejó algún tipo de diario en los que plasmase sus impresiones. El ser humano, en su infinita soberbia, tiene siempre una irritante tendencia a divinizarse a sí mismo en cuanto tiene en sus manos el poder de la vida o la muerte de sus semejantes, así que eso de pasearse como un Ángel Exterminador sobre los cielos sembrando la muerte y la destrucción a su antojo debía darles bastante gustirrinín.

Un saludo y gracias por su comentario

Juan Jose Rodriguez Vela dijo...

"Kill or Cure" es una frase hecha para calificar una solucion a un problema que, o triunfa como los Chichos o fracasa estrepitosamente.

Amo del castillo dijo...

Agradecido vos quedo por la aportación, Sr. Juan José. Ciertamente, viene a ser algo similar a nuestro "lo que no te mata te hace más fuerte".

Un saludo y gracias por su comentario

Hooke dijo...

Me ha sorprendido la simplicidad de las bombas incendiarias, su pequeño tamaño y lo acertado del empleo de termita, imposible de apagar con agua. Pensando en como debiera ser la construcción y las redes de hidrantes contra incendios de la época, me imagino que si los germanos hubieran preparado un raid con un grupo numeroso de dirigibles y empleado únicamente este tipo de municiones, concentrándose sobre un área populosa y cercana a los almacenes portuarios, es posible que hubieran obtenido un gran éxito. Tal vez no como las tormentas e fuego sobre Tokio 30 años mas tarde, pero bastante efectivo. El no utilizar el efecto sorpresa sino "tantear" a ver lo que pasa, da lugar a que el enemigo idee contramedidas (cazas con mayor techo de servicio, las municiones incendiarias, mejores sistemas de lucha contra incendios....). Y luego cuando quieres dar el gran golpe, pillas al enemigo preparado. Vaya, que en mi opinión, desaprovecharon a oportunidad.

Amo del castillo dijo...

Bueno, apagarse se apagaba. Lo malo era que ardía a unos 2.700º, o sea, que hacía falta mucha agua para mitigar sus efectos. En todo caso, en aquella época no había los sistemas anti-incendios que se crearon posteriormente, así que era complicado apagarlas. Por otro lado, el benzol desparramado sobre cubiertas de madera de los entresuelos ya sería bastante fastidioso, como podemos imaginar.

El relativo éxito de los dirigibles, a mi entender, no habría ido mucho más allá. Eran excesivamente lentos, y los sistemas de puntería de la época más rudimentarios que el cerebro de un cuñado. Solo a partir de la serie P los dotaron de un mecanismo eléctrico para soltar las bombas, que hasta aquel momento eran lanzadas simplemente a mano y a ojo. No obstante, el concepto táctico lo tenían muy claro: combinación de bombas de alto explosivo para causar destrozos y roturas de cristales combinadas con bombas incendiarias cuyo fuego se propaga mejor precisamente sobre edificios dañados y con las ventanas destruidas, lo que favorece el paso del aire y, por ende, la propagación del incendio. Básicamente es la misma táctica que usaron en Guernica, por ejemplo, y luego los aliados en Alemania.

La cuestión es que para que un bombardeo estratégico sea razonablemente efectivo hay que, como bien dice, lograr una concentración de proyectiles que estos chismes no podían alcanzar, y menos si tenemos en cuenta el escaso número de dirigibles que llegaron a tomar parte en estos ataques. Las tormentas de fuego de Tokio, Dresde o Hamburgo se lograban mediante una saturación de toneladas de bombas incendiarias que conseguían temperaturas ambientales superiores a los 1.000º, de forma que se inflamaba el oxígeno del aire. Obviamente, en 1915 se estaba aún a años luz de lograr unos efectos semejantes.

En definitiva, no lo veo como que desaprovechasen la ocasión, sino simplemente que hicieron uso de lo que tenían, que no era precisamente lo más adecuado para lograr el efecto deseable contra una ciudad enorme. Basta ver que los british lograron efectos más rotundos si los comparamos con los de los alemanes a la hora de bombardear los hangares de los dirigibles, que con media docena de bombas birriosas dejaban aquello convertido en un solar chamuscado gracias al hidrógeno de las células de gas. O sea, que habría resultado más rentable centrarse en lo que verdaderamente podía dañar al enemigo: fábricas, nudos ferroviarios, etc.

Con todo, lo que si quedó demostrado a lo largo del tiempo es que este tipo de ataques no resultó determinante para doblegar a una población. Matar a cuatro críos solo sirvió para cabrear al personal, nada más.

Un saludo y gracias por sus siempre interesantes aportaciones