jueves, 11 de enero de 2018

Las drogas y la milicia. La inTelezi y la dagga





Retrato supuestamente original de Shaka
pintado por el capitán Shorey
Al hilo de la entrada que dedicamos a la introducción del hashis entre el ejercito del enano corso al que Dios maldiga por siempre jamás, en esta entrada veremos como, mucho antes de que los occidentales se dedicaran a ponerse ciegos consumiendo substancias derivadas del opio, ya había ciudadanos de otras culturas que, en vez de recurrir al adormecimiento, preferían consumir otro tipo de porquerías que los ponían como rinocerontes en pleno brote psicótico. De hecho, estos sujetos recurrían a una mezcla de substancias psicoactivas y espiritualidad mediante la que los dioses, o incluso el phantasma del abuelo, les insuflaban la energía necesaria para derrotar bonitamente a los enemigos. Este era el caso de los zulúes, unos belicosos ciudadanos melaninos (antes de la corrección política negros a secas) que crearon un pujante reino y alcanzaron una notable supremacía tanto militar como social a raíz del ascenso al poder de Shaka hacia 1816. 


Impondo zankomo. La flecha señala la dirección de avance
Este sujeto, bastante fiero y expeditivo por cierto, fue capaz de llevar a cabo una serie de reformas en lo tocante a la organización militar de su tribu que podrían ser perfectamente equiparables a las de cualquier estratega occidental, de forma que logró organizar una compleja maquinaria bélica que puso las peras a cuarto a todos los occidentales que se personaron por aquellos lares con ganas de incordiar empezando por los bóeres y terminando con los british (Dios maldiga a Nelson), que lograron finalmente derrotarlos no sin antes ver su infinita arrogancia anglosajona bonitamente humillada cuando les dieron enhorabuena las del tigre el Isandlwana el 22 de enero de 1879. Aparte de las modificaciones llevadas a cabo en el armamento ofensivo de este pueblo, la más famosa creación de Shaka fue la formación en forma de cabeza de búfalo, la impondo zankomo, literalmente "los cuernos de la bestia", formada por cuatro bloques: le principal o isifuba era la testuz, que era la que acometía al enemigo en primer lugar. A continuación entraban en acción los flancos o izimpondo, los cuernos, con los que primero rodeaban y luego aniquilaban al enemigo. Como fuerza de reserva quedaba el lomo o umuva, que permanecía en la retaguardia a la espera de que su intervención fuese necesaria.

Fornido zulú armado con una maza. Este sujeto,
bien motivado con farlopa en cantidad, podía ser
extremadamente eficiente en el campo de batalla
Los zulúes eran originariamente una serie de clanes que se agruparon hacia finales del siglo XVII en la costa este de la actual Sudáfrica, concretamente en la zona comprendida entre la ciudad de Pongola (uPhongolo en lengua zulú) y el río Umzimvubu. Según la tradición oral de este pueblo, hacia 1670 un tipo llamado Zulú, que significa algo así como "el celestial", se asentó en las orillas del Imfolozi Emhlope, el río Umfolozi Blanco, tomando sus descendientes y seguidores el nombre de amaZulu o "hijos de los cielos". Los distintos clanes se dedicaron a masacrarse entre ellos como cuñados por trincar la última gamba del plato para lograr alcanzar la supremacía hasta que, con la llegada al poder de Shaka, se acabaron las peleas. Shaka eliminó todo atisbo de disidencia en forma de asesinato político y aquí paz y después gloria. Naturalmente, en el momento en que todos los amaZulu estuvieron bajo el mando de un único monarca fue cuando empezaron a dar estopa a todo aquel que pretendiese chincharles, que para eso eran unos sujetos bastante fieros y tal. El primer contacto que tuvieron con hombres blancos (nadie se ofende si se llama blancos a los blancos) tuvo lugar en 1824 en una zona conocida como Natal, llamada así por haber sido descubierta por Vasco de Gama en la Navidad de 1497, por lo que la bautizó como TERRA NATALIS en honor a la efemérides. Los exploradores eran dos antiguos oficiales de la armada británica llamados James Saunders King y Francis George Farewell, que al parecer hicieron buenas migas con Shaka debido a la inmensa curiosidad que despertaron en él, sobre todo sus mosquetes Brown Bess con los que matar al prójimo era coser y cantar. Está de más decir que la codicia de los occidentales al ver los ricos recursos naturales del país fue el comienzo de todo.


Inyanga de visita médica
Dentro de su compleja organización social había dos personajes que son los que más nos interesan para este tema, el inyanga y el isangoma. El inyanga era lo que nosotros denominaríamos como médico. Pero un médico de verdad, no un hechicero de esos que curaban al personal meneando una maraca y poniendo los ojos en blanco. Los izinyanga (es el plural de inyanga) eran como nuestros naturistas que curaban a base de umuthi (medicinas) en forma de hierbas, semillas, raíces e incluso algunas partes animales con propiedades curativas como la grasa y, por supuesto, estupefacientes y psicoactivos. Al parecer, el nivel de curaciones que lograban los izinyanga era razonablemente alto porque, ciertamente, su dominio sobre la farmacopea natural era bastante elevado, y a eso había que unir el efecto psicosomático que ejercían gracias a la fe que los heridos o enfermos depositaban en ellos. En la foto de la derecha podemos ver un inyanga paseándose por el mundo con su "maletín" de médico en el que lleva un amplio surtido de yerbajos de todo tipo, mientras que del cuello cuelgan varios recipientes obtenidos de calabazas y cuernos en los que guarda pócimas, polvos y ungüentos ya preparados para su consumo. Con ellos, el inyanga podía curar, o al menos intentarlo, muchos tipos de males, desde alergias o inflamaciones a problemas gástricos como el estreñimiento y la diarrea. También se atrevían con las heridas de guerra cortantes, punzantes y fracturas siempre y cuando no se infectasen si bien, como ya sabemos, en Occidente tampoco podían decir que el tema de los antisépticos estuviera muy avanzado en aquellos tiempos. Otrosí, podían incluso hacer injertos de piel y tratar la epilepsia, si bien intuyo que estos últimos debían ser bastante complicados de solucionar. En todo caso, el hecho es que los izinyanga solo obtenían su cualificación como tales después de un aprendizaje de años y años, y por cierto que aún existen en aquella zona de Sudáfrica ofreciendo y vendiendo sus potingues como nosotros lo hacemos en una parafarmacia o en una herboristería. De su conocimiento sobre los efectos de determinadas hierbas era de donde obtenían las substancias psicoactivas que detallaremos más adelante y que eran administradas generosamente a los guerreros antes de entrar en combate.

Isangoma revestido con los atributos de su
rango. El más significativo era el bastón
rematado con una cola de ñu que sostiene
con su mano derecha
En cuanto al isangoma, era el adivino, brujo, chaman o como queramos llamarlo. Estos personajes no solo eran solicitados para solventar problemas de tipo, digamos, espiritual, sino también para diagnosticar determinadas enfermedades que el inyanga era incapaz de detectar, supongo que mentales en este caso, gracias al imimoya nayambibi, que eran unos poderes al parecer innatos y de tipo hereditario mediante los cuales el isangoma era capaz de llegar a sentir el mal o el dolor del paciente de forma telepática, para lo cual le bastaba sentarse ante el mismo y mirarlo fijamente, o bien sintiendo sus vibraciones que interpretaba de una forma u otra. Estos probos chamanes tenían además una gran influencia entre su clan porque eran los encargados de desahuciar a los malos espíritus que se alojaban sin permiso en el cuerpo de la ciudadanía e incluso de ordenar a los cuñados más gorrones largarse a hacer puñetas de la casa de los aquejados por su invasiva presencia. Su autoridad llegaba al extremo de poder incluso ordenar la muerte de algún miembro de la tribu del que se sospechase que estaba poseído por algún espíritu chungo, para lo cual se reunían los posibles posesos en su choza y, a base de sahumerios y bailes lograba detectar al afectado, al que señalaba golpeándolo con su cola de ñu distintivo de su rango. A continuación no se molestaban en exorcizarlo ni nada por el estilo, sino que se limitaban a meterle un palo de medio metro por el recto y darle así una muerte bastante desagradable. Por cierto, se sabe de buena tinta que ni un solo cuñado de un isangoma osó jamás darle un sablazo ni entrar en su despensa, y que antes de eso solían hacerle onerosos regalos para caerle bien. Curiosa mutación, ¿no?

Representación del ataque a la misión de Rorke's Drift
durante los días 22 y 23 de enero de 1879. En esta
ocasión los zulúes no pudieron arrollar a los british
al mando de los tenientes Chard y Bromhead
Bueno, con lo dicho ya podemos hacernos una idea de la situación en la tierra de los zulúes y de su predisposición a envalentonarse a base de comer, fumar o esnifar porquerías. Pero en la víspera de la batalla aún tenían ocasión de celebrar una serie de ritos dirigidos por el isangoma que, la verdad, se me antojan un tanto asquerosos. En el banquete que celebraban para fortalecerse espiritualmente y en el que tomaban parte miles de guerreros, el isangoma distribuía un potente emético o wokuphalaza para tener una vomitona fastuosa con el fin de limpiarse por dentro de malos rollos y cosas así. No quiero ni imaginar el penetrante aroma de miles de vómitos esparcidos por todas partes. Pero lo más importante era la inTelezi, la droga de la invencibilidad. Por curiosidad he buscado el significado del palabro y viene a querer decir "no te preocupes", lo que casa bastante bien con los efectos de este tipo de droga. Aunque en algunas fuentes afirman que se trataba del extracto de una determinada hierba, parece ser que en realidad la inTelezi era el nombre que le daban a cualquier substancia psicoactiva, ya fuera comida, inhalada o bebida que no solo les liberaba de los malos espíritus y esas cosas, sino que además les proporcionaba un valor y un arrojo que los convertía en verdaderos energúmenos. Además, el ardor guerrero que insuflaba esta droga les hacía despreciar los efectos de las armas enemigas y, en resumen, los ponía sumamente contentitos y dispuestos para la lucha. Era por lo que se ve una droga bastante versátil ya que también se consumía cuando palmaba algún pariente y había que purificarse tras meterlo en el hoyo.

Jefazos zulúes con sus adornos y armas para entrar en batalla
Pero la droga más potente de todas era la dagga, la cual consumían de forma previa y durante la batalla fumada, inhalada o bebida en un caldo que se distribuía a los combatientes. La dagga era la variedad del cannabis que se obtenía en aquella zona del continente africano si bien había sido importada siglos antes ya que no crecía de forma natural en aquellas latitudes. Al parecer, fue importada desde Egipto a través de Etiopía por los bantúes, donde ya había constancia de su uso en el siglo XIV, para un uso terapéutico. Fue bajando hacia el sur del continente con los hotentotes y los bosquimanos, que le daban el nombre de bangue. Según un misionero portugués llamado João dos Santos a principios del siglo XVII ya se cultivaba por la zona del Cabo de Buena Esperanza, y narraba como los naturales del país se comían las hojas cuyos efectos eran similares a los de una borrachera. Fueron los holandeses los que enseñaron a fumar la dagga a los nativos, que aprendieron tanto a fabricar pipas de barro, madera o hueso como a fumarlo a través de agua como en las narguilas que usan los otomanos. Los que no querían pasarse la mezclaban con tabaco, pero los zulúes preferían fumarla a pelo para ponerse como una moto. Porque lo más significativo de la dagga es que esta variedad de cannabis no tenía los efectos relajantes del hashis, sino todo lo contrario. El que la consumía se volvía un auténtico energúmeno, y en el momento en que notaban que sus efectos iban aminorando rápidamente consumían más en pleno combate, ya fuese bebida o inhalada. 

La dagga ponía al personal tan desaforado que los mismos británicos, que cuando llegaron allí pensaban que aquello sería un paseo militar, se quedaron perplejos cuando estos fieros ciudadanos se les echaron encima despreciando los devastadores efectos de la munición de los Martini-Henry, que producían unas heridas escalofriantes similares a las minié como podemos ver en la ilustración de la derecha, que muestra un surtido de maltrechas osamentas zulúes en las que se aprecian los efectos de dicha munición. Un pueblo que por naturaleza era bastante belicoso y con un elevado concepto de sí mismos solo necesitaba estimulantes de ese tipo para convertirse en diablos suicidas a los que les daba una higa caer como moscas ante las descargas cerradas con que la disciplinada infantería británica intentaba rechazarlos. El mismo comandante del ejército aniquilado en Isandlwana, lord Chelmsford, dejó constancia de la ferocidad desplegada por los zulúes en el campo de batalla, a los que solo cuando eran literalmente acribillados a tiros o cosidos a bayonetazos era posible detener. En todo caso, aparte de la robusta naturaleza de estos ciudadanos la habilidad de sus izinyanga salvó a más de uno de una muerte segura, teniendo como preclaro ejemplo uno de ellos al que un british mencionaba por haber recibido no menos de once disparos y salió vivo del brete. Debía ser incombustible, carajo...

Boophane disticha, también llamada planta rodadora o bulbo venenoso
Y si el empleo de la dagga no fuera bastante, los izinyanga disponían de un potente analgésico que además tenía efectos alucinógenos para calmar el dolor producido por las heridas. Al parecer, lo obtenían de los bulbos de la boophane dischita, una planta autóctona del sur de África más venenosa que una mamba negra con gripe y con la que las tribus de la zona incluso envenenaban flechas. Pero el componente que interesaba a los izinyanga era el eugenol, una substancia aceitosa con propiedades analgésicas, y  la bufanidrina, un alcaloide con propiedades alucinógenas y anestésicas similares a la codeína o la morfina. Este compuesto era de una toxicidad muy elevada, y los izinyanga debían ser extremadamente cautos en su administración porque las dosis precisas para mitigar el dolor o dejar al zulú listo de papeles se diferenciaban en un ápice. 

Zulúes cargando contra el enemigo
En fin, estas eran las drogas usadas por los zulúes para animar el cotarro. En aquellos tiempos los british solo usaban el ron, cuyo consumo en latitudes cálidas no debía ser precisamente agradable salvo para los hijos de la brumosa Albión, alcoholizados hasta las orejas. Por desgracia para estos belicosos y fieros guerreros, sus pócimas no fueron suficientes para derrotar de forma definitiva al ejército británico a pesar de que incluso disponían de armas de fuego desde antes de su llegada a Natal. Incluso tras la escabechina de Isandlwana lograron capturar un millar de fusiles Martini-Henry y alrededor de medio millón de cartuchos de calibre .450, pero eso no bastó cuando las ametralladoras Gatling y la artillería, además de la eficiente infantería británica, desplegó todo su poder letal, ante el que ni la inTelezi ni la dagga podían hacer otra cosa que empujarlos a la muerte como auténticos y verdaderos héroes.

En fin, con esto terminamos, que es hora de merendar. Ya seguiremos con estos temas de drogadicción militar.

Hale, he dicho

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Restos mortales de guerreros zulúes a los que sus pócimas ya no les servían de nada

10 comentarios:

Mr. Gatsby dijo...

Me parece tela de interesante el tema de las armas de fuego y los zulúes. ¿Sabe vuecé cual era su actitud hacia ellas? Me refiero si no se privaban de emplearlas siempre que podían, si tenían verdadero interés en acumularlas, y si por ende llegaron a desarrollar tácticas para integrarlas dentro de su ejército como una clase de tropa más. Supongo que por mucho que les entusiasmaran, no disponían de medio ninguno para fabricarlas por sí mismos como si hicieron los japoneses 150 años antes, pero no deja de ser divertido imaginarse estas culturas tan remotas y "primitivas" tratando de asimilar lo último en instrumentos de muerte y destrucción, jaja.

Un saludo.

Amo del castillo dijo...

Pues como ya digo, el mismo Shaka flipó en colores con los mosquetes occidentales. Usaban las que podían obtener comprándolas a los traficantes de la zona o las que podían trincar a los holandeses o los british, y por supuesto que hacían uso de ellas. Su número no les permitía formar unidades completas de fusileros, pero sí las empleaban para hostigar al enemigo. De hecho, se conservan armas y el exiguo equipo que manejaban estos ciudadanos: un simple cinturón para sujetar una bolsa para las balas o los cartuchos y un cuerno de pólvora si empleaban armas de avancarga. No incluí las armas de fuego en las entradas que se dedicaron al armamento de los zulúes porque no formaban parte de su panoplia tradicional, pero ciertamente hicieron uso de ellas dentro de sus posibilidades. Eran en cierto modo una nación bastante avanzada en comparación con sus vecinos ya que su misma organización militar era bastante compleja, como se explicó en su momento, y no una mera banda de compadres que se juntaban el domingo para ir a darse estopa con sus cuñados.

Por desgracia para ellos carecían de los medios y la tecnología necesarios para fabricarlas, y estas historias siempre acaban igual: la tecnología vence al número. ¿Cómo si no los españoles o los mismos british pudimos apoderarnos de medio mundo enfrentándonos a ejércitos infinitamente superiores?

Un saludo

alfonsodf dijo...

Discrepo hasta cierto punto en eso de que la tecnología vence al número en el caso de los españoles, vencieron a los aztecas aliándose con muchas tribus nativas, de forma que su desventaja numérica no era tal.

En el siglo XV y principios del XVI la eficacia de las armas de fuego era mínima, casi eran más útiles por el miedo y la confusión que infundían a los nativos el humo y las detonaciones, que por el daño real que causaban. A final de cuentas una espada no deja de ser un palo con esteroides, una espada lleva las de ganar ante un palo, pero ante diez palos, la cosa no está tan clara.

Amo del castillo dijo...

Sr. Alfonso, la tecnología ha acabado siempre imponiéndose en cualquier conflicto. Si hubo batallas en que los españoles contaron con alianzas con otras tribus también hubo muchas en las que se enfrentaron ellos solos con miles de indios. Los arcabuces, obviamente, no tenían la efectividad que luego tendría un mosquete o un fusil, pero a corta distancia eran mortíferos, y si no que les pregunten a los tedescos que cayeron como moscas a manos de las mangas de arcabuceros españoles en Mühlberg. Y no solo hablamos de armas de fuego, sino de ballestas o de las armaduras que les protegían contra hombres medio en cueros. En Rorke's Drift se enfrentaron menos de 200 british contra más de 3.000 zulúes que además iban envalentonados por la victoria en Isandlwana, y los brearon a tiros. En fin, la lista sería interminable. E incluso hoy día la tecnología ganaría todas las guerras si no se metieran por medio los políticos, porque los yankees podrían haber vaporizado al viet-cong si hubiese querido de la misma forma que no quedaría un afgano vivo si se dedicasen a lanzar bombas de neutrones o bombas térmicas a mansalva.

Un saludo

Gonzalo Rodríguez Jover dijo...

Estimado AMO DEL cASTILLO:
He encontrado trabajo (sin cobrar) en un restaurante...ES DE HOY Y ES 13...
Gracias por escribir tan bien y ayudar a las soledades que se nos acercan.
Sigue así para mi eres un referante.
Lalo desde Cartagena.

Amo del castillo dijo...

Bueno, mejor de becario que quedarse en casa mirando al infinito. Esperemos que en breve reconozcan sus méritos y le paguen el estipendio correspondiente, y no permita que le exploten vilmente, que en estos tiempos hay mucho bellaco y mucho malsín que se aprovecha del personal como consentidores de mancebías.

Un saludo, mucha suerte y mi agradecimiento por su comentario

alfonsodf dijo...

Por ajustarme un poco más al tema, en algún sitio he leído que la munición dum-dum se desarrolló y se estandarizó en el ejército british precisamente debido a lo colocados que iban los zulus a la batalla.

La munición tradicional tenía más poder de penetración, pero a corta distancia no podían detener ochenta kilos de señor de color a la carrera, hasta las trancas de farlopa, y que antes de quedarse en el suelo, como mandaban los agujeros de bala que llevaba en el cuerpo, podía llevarse por delante a machetazos a un par de hijos de la Gran Bretaña.

¿Es cierta esta afirmación o se trata de un tópico de cuñados extendido por el Canal Historia?

Amo del castillo dijo...

Cuando se inventó la munición Dum-Dum los zulúes ya eran historia, Sr. Alfonso. Además, tampoco habría sido mucho más efectiva que la munición de plomo del Martini-Henry, cuyos efectos vemos en el grabado de las osamentas averiadas. Y si se pregunta por qué en ese caso no se siguió usando munición de plomo, la respuesta es simple: la pólvora sin humo que sustituyó a la pólvora negra daba unas velocidades mucho mayores, casi el doble en muchos casos, por lo que los cañones se veían emplomados a los pocos disparos. De ahí la necesidad de fabricar munición blindada, o sea, con una envuelta de latón o cobre que, obviamente, no se deformaba al impactar contra el cuerpo humano. De ahí la invención de la munición expansiva.

Me temo que tanto los cuñados como sus amados documentales del Canal Historia son la mayor fuente de desinformación actual para los amantes de los tiempos pasados, así que no haga mucho caso de lo que dicen. Mire, mejor no haga NINGÚN caso de lo que dicen, así seguro que acierta.

Aquí le dejo el enlace de una entrada que en su día se publicó sobre la munición Dum-Dum que le sacará de dudas:

http://amodelcastillo.blogspot.com.es/2012/03/mitos-y-leyendas-las-terrorificas-balas.html

Un saludo

dani dijo...

Yo he leído por ahí, que además de las drogas otro factor que los ponía como locos era la frustración sexual, ya que los soldados no podían tener relaciones sexuales plenas hasta que alcanzaban bastante rango dentro de su ejército.

Amo del castillo dijo...

No sé dónde ha leído eso, Sr. Dani, pero para suicid... digooo, casarse no hacía falta ser un picatoste. En ese caso solo se casarían media docena. No obstante siempre podrían aliviarse a mano, digo yo...

Un saludo