Estimados lectores, tras hacer un intenso ejercicio de acumulación energética, he logrado reunir los bríos necesarios para publicar este articulillo que, aunque breve, es posible que resulte curioso a más de uno porque no es una cuestión de la que suelan hablar con sus cuñados. Veamos...
Observen la foto superior. Nos muestra una imagen archi-repetida durante la 2ª Masacre Mundial, en la que un caza abrasa a tiros a un enemigo, le incendia el aceite, la gasofa o ambas cosas y se acabó lo que se daba. Por cierto, si alguna vez se han preguntado quién leches filmaba esos combates aéreos, era el mismo piloto. Los cazas de la 2ª GM estaban generalmente equipados con un chisme llamado foto-ametralladora, una cámara instalada en el morro que se ponía en marcha cuando el piloto apretaba el pulsador y disparaba el armamento de a bordo. A la derecha pueden ver una de ellas. Se trata de una cámara Tipo N-6 GSAP fabricado por Fairchild Aviation, un chisme que cargaba 50 pies (15'24 metros) de película de 16 mm. en b/n fabricada por Eastman Kodak. La película iba en un contenedor metálico, y equipó a la práctica totalidad de los cazas yankees del conflicto. La cámara se ponía en funcionamiento durante 5 segundos cada vez que se abría fuego, y se podía elegir la velocidad de filmación, 16 o 64 fotogramas por segundo. ¿Y que para qué leches servían las foto-ametralladoras? Pues para confirmar derribos, analizar el comportamiento de aviones propios o del enemigo, analizar los combates, etc.
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| Armamento de una de las alas de un P-51 |
Bien, observen ahora ese otro fotograma. Procede de una filmación realizada por la Fairchild de un P-51 que atacó a un barco el cual, obviamente, no navega tan rápido como un avión. Prácticamente está inmóvil, y totalmente a merced del caza. Se puede ver el fulgor de las trazadoras, que pasan a decenas de metros del barco, y más lejos los surtidores de agua que levantan los proyectiles a más de 50 metros del objetivo. ¿A qué es debida esa imprecisión? ¿El piloto es un cuñado que no le daría ni a un mamut con sobrepeso a dos metros? Pues nones. Era debido a un problema que tenían absolutamente todos los cazas de aquella época: la correcta alineación de las armas. ¿Que de qué leches va eso? Pues esa es la curiosidad curiosa...
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| Armeros tedescos ajustando el mecanismo sincronizador de un Fokker. Al disparar el arma y perforar la bala el círculo de madera podían saber cual era la zona segura para disparar |
Bien, la cosa es que, por aquel entonces, ni las distancias de combate ni la solidez de los aviones hacían necesario instalar más de un par de máquinas, por lo que la alineación de las mismas no era complicado. Bastaba con que el punto de impacto coincidiera con el punto de mira y poco más. Sin embargo, cuando los aviones empezaron a ser más robustos y los bombarderos se diseñaron cada vez más grandes y, encima, armados hasta los dientes, quedó claro que había que aumentar el armamento de los cazas. Pero el morro de un avión no daba para mucho, teniendo en cuenta que tenía que dar cabida ante todo al motor, de modo que se trasladó a las alas lo cual, además, eliminaba el inconveniente del sincronizado con las hélices. Pero esto trajo otro problema: ¿hacia dónde disparan varias máquinas divididas en dos baterías separadas varios metros? Tomemos como baremo al Spitfire, que tuvo varias combinaciones de armas a lo largo del tiempo...
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| Cartucho del .303 British Vs. 20 mm. Obsérvese la sutil diferencia entre ambos |
Y ahí tenemos el resultado. Los armeros colocaban en tierra el aparato en posición horizontal, y regulaban el ángulo de las máquinas de forma que los disparos se cruzasen a una determinada distancia considerada como la más idónea en función del calibre del arma y del enemigo a batir. Por ejemplo, no era lo mismo para un Me-109 disparar contra otro caza que no podía devolverle el fuego porque estaba a su cola, que a un B-17 o un B-24 literalmente erizado de ametralladoras de calibre 12'70 que podían reducirlo a chatarra volante en un periquete. De ahí que, en el caso de un aparato armado solo con ametralladoras, estas tuvieran un ángulo de convergencia de unos 250-300 metros. Si el caza tenía armas de diferentes calibres, se graduaban las ametralladoras por un lado, mientras que el ángulo de convergencia de los cañones se alargaba hasta los 400 ó 450 metros.
Este problema, que era bastante recurrente por los constantes desajustes, se solventó en parte instalando armas en el morro. Aviones como el Me-109 o el Zero llevaban dos ametralladoras pesadas sobre el motor, y en el caso del Me-109 G6 incluso llegó a disponer de un cañón de 20 mm. que disparaba a través del buje de la hélice. Otros, como el P-38, que tenía los motores en las alas- o las alas en los motores, según se mire, estaba provisto de cuatro M2 de calibre 12'70 y un cañón de 20 mm. agrupados en el morro, con lo que lograba una concentración de fuego a lo bestia. Los tedescos hicieron lo propio con el Me-262, cuyo morro también estaba libre para meter chismes en cantidad. Estos optaron por cuatro cañones Mk-108 de 30 mm. que eran máquinas de picar bombarderos. En este caso, disponía de un selector para disparar solo con dos cañones o con los cuatro y, a pesar de estar en el morro, en los dos aparatos citados también precisaban de una correcta graduación de convergencia. La del Me-262, al ser las cuatro armas del mismo calibre, estaban graduadas entre 450 y 500 metros.
En fin, esta es la curiosidad curiosa. Ojo, que esto de la convergencia no pasó a la historia en dos días. Durante muchos años más fue necesario controlar este aspecto tanto en cuanto aviones de todas las naciones seguían armadas con baterías colocadas en sitios diferentes. ¿Recuerdan el F-86 Sabre, con sus dos tríos de máquinas en los costados? ¿O el F-5, con sus dos cañones en el morro? Bueno, pues hasta que no se llegó al uso de un único cañón no se acabó el problema. Bastaba con graduarlo conforme al sistema de puntería para que alcanzase el blanco y santas pascuas, aparte de que la artillería aérea ya se usa más bien poco, habiendo tomado el protagonismo los tropocientos tipos de misiles diseñados para destruir tropocientos tipos de objetivos. A la derecha tenemos un cañón rotativo M-61 Vulcan de 20 mm. Con una cadencia teórica de 6.000 dpm, uséase, 100 disparos por segundo, puede volatilizar cualquier cosa sin tener que preocuparse del dichoso ángulo de convergencia. Basta con que el arma y la mira apunten al mismo sitio.
Bueno, la curiosidad curiosa aérea ha concluido. Es hora del aperitivo, de modo que me piro.
Hale, he dicho
CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM









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