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viernes, 17 de diciembre de 2021

EINSATZGRUPPEN

 

Miembros de un Einsatzgruppe inmortalizados en una de sus metódicas sesiones de exterminio. La instantánea fue tomada justo cuando el pelotón de selectos psicópatas abría fuego contra varias de sus víctimas alineadas contra un muro. A la vista de la inmensa cantidad de testimonios gráficos que muestran la barbarie a la que se entregaron los tedescos, así como los escalofriantes relatos de los que lograron escapar de sus garras, siempre me pregunto cómo es que los aliados permitieron que Alemania siguiera existiendo como nación. Las cosas como son: se pasaron siete pueblos, dos aldeas y cuatro pedanías.

Sin duda, la eminencia gris más grisácea del nazismo

Einsatzgruppen, Grupos de Operaciones. Einnn... ssssssaaatz... gruppen. Suena como la cuchilla de la fallbeil de Plötzensee deslizándose por los largueros para, finalmente, cercenar con un golpe seco el cuello de la víctima y caer la cabeza en un balde metálico. Este palabro tan germánico es de los que quizás tengan unas connotaciones más siniestras del extenso surtido de organismos, milicias y demás unidades paramilitares relacionados con el nazismo. De hecho, solo sale a relucir cuando se hace mención a alguna masacre especialmente cruenta o por las paranoias de sus comandantes, elegidos entre lo más selecto de las complejas ramificaciones de las SS. Como creo es de todos sabido, si alguien es capaz de planificar cualquier cosa con una minuciosidad milimétrica es un tedesco, desde como untar la manteca colorá en la tostada a invadir un país y no dejar títere con cabeza. Así pues, diseñar un plan para crear un Reich milenario y suprimir al mismo tiempo el más mínimo atisbo de oposición era algo tan chorra como hacer el crucigrama matutino mientras te tomas un café con leche para alguien como Reinhard Heydrich, que si en vez de darle por ser un nazi contumaz le hubiera dado por la ciencia podría haber sido infinitamente más útil a la humanidad. Pero, ¿en qué consistía este plan? Bien, vayamos por partes porque todo en esta vida tiene un origen y un motivo, y los Einsatzgruppen no iban a ser menos.

El ciudadano Adolf haciendo su entrada triunfal en Viena a bordo de
su fastuoso Mercedes 540 G4. Tras él, sentadido y calladito, Arthur
Seyss-Inquart, que en ese momento no imaginaría que su destino era
acabar colgando del pescuezo por un sargento yankee

El primer paso para expandir la maltrecha Alemania producto del Tratado de Versalles era el Anschluss, la unión con Austria propiciada por el pangermanismo de ambas naciones porque, como ya sabemos, la unión hace la fuerza y tal. En realidad, dicha unión tenía una base histórica, cultural y racial sumamente sólida ya que ambas habían formado parte del Sacro Imperio durante siglos, y solo la atomización del mismo les hizo separarse. La desaparición del imperio austro-húngaro tras la Gran Guerra, así como la monarquía alemana con la Casa de Hohenzollern como cabeza visible, había dado paso a sendas repúblicas, por lo que consumar la unión ya no dependía de la voluntad de dinastías regias, sino del pueblo. Y por lo que se ve, muchos austriacos no veían precisamente con malos ojos eso de recuperar las añejas glorias imperiales bajo la égida de un nuevo Reich cuyo líder, encima, era paisano de ellos. En fin, el que quiera ilustrarse sobre el complejo proceso que llevó a la unificación, en la red hay información de sobra. A nosotros nos basta con saber que dicha unión se consumó el 12 de marzo de 1938. El primer territorio del Gran Reich acababa de sumarse a la fiesta.

Papeleta del referéndum por la unificación. Para los dubitativos,
nada mejor que ponerles el círculo del "sí" tres veces más grande
que el del "no"

Obviamente, los tedescos no eran tan memos como para no dar por sentado que, aunque deseado por muchos, el Anschluss también tenía sus detractores, y que amplios sectores de la clase política e intelectual austriaca no estaban por la labor de verse convertidos en una provincia alemana. Había que quitarse de encima a socialistas, comunistas, masones, clero católico (no olvidemos que en Austria el luteranismo no se comió una rosca durante la Reforma) y, por supuesto, a los judíos y cualquier otra raza que no figurase entre las aceptables. Naturalmente, también había gente que tampoco estaban precisamente convencidos de las bondades de la unificación tan cacareada por el ciudadano Adolf. Hablamos de gente normal, profesionales de cualquier tipo y en definitiva, gente del pueblo. Obviamente, estos posibles opositores debían ser eliminados o, en el mejor de los casos, estrechamente vigilados para impedir que la sociedad austriaca se lo pensara mejor. Si Austria pasaba a formar parte del Reich, los austriacos debían someterse en cuerpo y alma a los dictados del partido, y de la misma forma que Alemania fue limpiada de ovejas negras lo sería Austria. ¿Y quién mejor para organizar una buena limpieza que Heydrich? Obviamente, nadie.

El joven Heydrich con los parches de cuello
de SS-Oberführer

Desde el ascenso al poder del ciudadano Adolf, sin prisa pero sin pausa toda la infraestructura policial del estado fue yendo a parar a manos de las SS si bien Heydrich, principal fautor de estas unidades especiales, no era ni remotamente un veterano del partido. De hecho, tras ser expulsado en abril de 1931 de la Reichsmarine por un tribunal de honor debido a un lío de faldas, apenas un mes más tarde se afilió al NSDAP, al parecer instigado por su prometida, Lina von Hosten, que a pesar de su jeta de bollito de leche recién sacado del horno era una nazi fanática. Himmler no tardó mucho en tener noticias del nuevo fichaje y, tras conocerlo personalmente, quedó impresionado ante las dotes de aquel sujeto de aspecto absolutamente ario y con una inteligencia y una capacidad de trabajo poco vistas. Tanto le entusiasmó que en julio del año siguiente fue ascendido al rango de SS-Standartenführer y se le confió el cargo de Chef des Sicherheitsdienst beim Reichsführer SS, o sea, jefe del SD. A partir de ahí, su carrera fue meteórica, y se convirtió de facto en el alter ego de Himmler. En 1934, con apenas 30 años, ya había alcanzado el grado de SS-Gruppenführer, y dos años más tarde le fue confiada la Sicherheitspolizei (Policía de Seguridad), más conocida por su acrónimo: Sipo.

Franz Six (1909-1975)

Con estas herramientas en sus manos, Heydrich podía y, de hecho, pudo, confeccionar unas minuciosas listas de enemigos del estado en base a su posible influencia política, militar o social. Como una máquina perfectamente engrasada, nuestro hombre averiguó hasta la talla de calzoncillos que gastaba cada posible elemento subversivo, así que formó una unidad destinada a, una vez consumada la unificación, ir visitando uno por uno a los que figuraban en las listas de indeseables porque, como sabemos, un alemán sin una lista está más perdido que un submarino en un bidé. Así nació el Einsatzkommando Österreich (literalmente, Grupo de Trabajo de Austria), que entró en el territorio detrás de la Werhmacht para cumplir puntualmente las órdenes recibidas: limpiar a fondo todo el país. Una observación: este primigenio Einsatzkommando no era aún la típica unidad militar armada hasta los dientes merodeando por el Frente Oriental en busca de hijos del padrecito Iósif en forma de partisanos y comisarios políticos, aparte de los siempre anhelados judíos y gitanos condenados de antemano a acabar sus días en una fosa común. Hablamos de un grupo de la Sipo que, aparte de la limpieza de personal, debía entrar a saco en los organismos oficiales de Austria y poner a buen recaudo cualquier información de interés para el estado, así como vigilar que ningún probo funcionario que hubiese votado "no" al ciudadano Adolf se colase en los archivos para perpetrar alguna puñetería. Esta unidad fue puesta al mando del SS-Standartenführer Franz Six, un fulano que, además de nazi, tenía un doctorado en filosofía e incluso alternaba su militancia en las SS con su labor docente como profesor de periodismo en la universidad de Königsberg y como Presseleiter im SD-Hauptamt, Jefe de Prensa de la Oficina Principal del SD. 

El cantante homicida Waldemar Klingelhöfer
(1900-1977) con uniforme de SS-Sturmmann a
principios de los años 30
Abro un paréntesis para detallar un aspecto curioso sobre los mandos de los Einsatzgruppen, y es que prácticamente todos los que los comandaron a lo largo de la guerra eran profesionales altamente cualificados y con un nivel cultural muy por encima de la media. Recordemos que nuestro entrañable psicópata Oskar Dirlewanger era doctor en Ciencias Políticas, y entre los comandantes de los Einsatzgruppen había arquitectos, abogados, farmacéuticos, historiadores, filólogos, economistas e incluso dos personajes tan pintorescos como el SS-Sturmbannführer Waldemar Klingelhöfer, un profesor de canto y cantante lírico que en 1941 fue puesto al mando del Sonderkommando 7b, y alguien tan surrealista como el SS-Obersturmbannführer Ernst Biberstein, que hasta 1938 ejerció como pastor luterano para, a continuación, metamorfosearse en homicida al por mayor, y en vez de bendecir a los difuntos produjo cantidades industriales de difuntos cuando dirigió entre junio de 1942 y 1943 el Einsatzkommando 6, perteneciente al Einsatzgruppe C en Rostow (Rusia), pero como eran difuntos judíos le importaban un carajo. Heydrich, que era peligroso como una mamba negra pero listo como el hambre, afirmaba que no quería solo matones, sino también gente con talento. Hoy día sabemos que una de las características más acusadas de la psicopatía es una inteligencia superior a la media, cuando no niveles de superdotado. Si a eso añadimos el resto de ingredientes, como la falta de empatía y la ausencia de sentido de culpa, tenemos el ejecutor perfecto que no dudará en volarle la cabeza a un bebé mientras lo sostiene su madre en brazos. Cierro paréntesis.

Grupo de judíos obligados a limpiar las calles de Viena de rodillas.
Primer paso del manual: degradar al enemigo para presentarlo
como un ser inferior
Bien, así se gestó el concepto de Einsatzgruppe, y está de más decir que la minuciosa y callada labor del Einsatzkommando Österreich cumplió las expectativas porque, y esto siempre lo tuvieron muy presente todos los que en algún momento ostentaron el mando de estas unidades, su trabajo debía ser lo más sigiloso posible. En modo alguno convenía que sus travesuras trascendiesen más allá de los miembros de la unidad si bien, como veremos más adelante, el secreto raramente se pudo mantener y con el tiempo todo el mundo tenía como mínimo una vaga idea de quiénes eran y cómo actuaban estos personajes. Como vemos, la intención de Heydrich al crear este tipo de unidad era hacerse con el control administrativo y político del territorio anexionado, y ser las SS los encargados desde el primer momento de mover los hilos para eliminar la disidencia de la forma más discreta posible. Como es obvio, no era nada conveniente que la ciudadanía tuviese noticia de que el Dr. Fulano o el eximio Profesor Mengano, con ideas opuestas al pangermanismo pero a pesar de ello respetados por sus conciudadanos, habían sido enviados con nocturnidad y alevosía a algún campo de trabajo en Alemania o, peor aún, dos tipos de aspecto inquietante lo habían sacado de su casa de madrugada para, al cabo de un par de días, aparecer sus cadáveres flotando en el Danubio azul.

Neville Chamberlain (izda.) junto al ciudadano Adolf. Tanto quiso
apaciguar a la fiera que, al final, la fiera dio por sentado que tenía
carta blanca para hacer lo que le diera la gana. Aún hoy día vemos
cómo la tolerancia es considerada como signo de debilidad por los
fanáticos que aún se creen sus propios mantras supremacistas
El siguiente territorio en la lista para expandir el Reich Milenario eran los Sudetes, una zona que en aquel momento formaban parte de Checoslovaquia, país de nuevo cuño desgajado del Imperio Austro-Húngaro tras la Gran Guerra y que albergaba alrededor de un 30% de población de etnia, cultura y lengua germánicas. En este caso, el ciudadano Adolf no se anduvo con chorradas de convocatoria de referendos porque se trataba de parte de un país al que eso de sumarse al Reich le daba una higa, por lo que había que ocuparlo por la fuerza de las armas. A pesar de la angustiosa llamada de socorro del gobierno checo a las potencias europeas, nadie tuvo la osadía de pararle los pies al cada vez más agresivo ciudadano Adolf, que optó por los hechos consumados sin que nadie moviera ni una pestaña. Francia e Inglaterra se inclinaron por la apaciguación, o sea, dejar que los tedescos hicieran lo que les diera la gana, lo que acabó convenciendo al ciudadano Adolf de que, llegados a ese punto, nadie se opondría al movimiento definitivo, que sería la invasión de Polonia para reunificar Prusia Oriental con el resto de Alemania. Como sabemos, la cesión a Polonia de parte de Silesia y Prusia fue una de las cláusulas del Tratado de Versalles que solo sirvió para que los tedescos estuvieran planificando la siguiente guerra cuando aún no se había secado al tinta con la que firmaron el humillante documento.

Alemania tras la anexión de Austria, los Sudetes y el protectorado
de Bohemia y Moravia. En año y medio aumentaron en un
tercio su territorio sin que nadie tuviera valor para levantar la
voz al ciudadano Adolf
Tras consumarse la anexión de los Sudetes el 30 de septiembre de 1938, al día siguiente hicieron acto de presencia tropas de la Werhmacht que ocuparon el territorio en los diez días siguientes y, al igual que ocurrió en Austria, tras el ejército iban los encargados de la limpieza, en este caso dos unidades: el Einsatzgruppe Dresden al mando del SS-Standartenführer Heinz Jost y dividido en cinco Einsatzkommandos y, por otro lado, el Einsatzgruppe Wien al mando del SS-Standartenführer Walter Stahlecker y formado por dos Einsatzkommandos. Como ya pueden suponer, las órdenes que recibieron Jost y Stahlecker fueron exactamente las mismas que Six: limpiar a fondo el territorio ocupado, trincar a todos los enemigos raciales que no hubiesen tenido tiempo de largarse echando leches o que fueron tan pardillos como para pensar que nadie les haría nada, y quitar de la circulación a cualquier checo que pudiera incordiar para el siguiente paso, que llegaría en marzo del año siguiente: ocupar la mitad occidental de Checoslovaquia, creando el Protectorado de Bohemia y Moravia. Para esta ocasión se enviaron los Einsatzgruppen Praga y Brno, más el Einsatzkommando 9 al mando del SS-Hauptsturmführer Gustav vom Felde, enviado a la ciudad de Mies (Stříbro en checo), otra de las ciudades arrebatadas a Alemania tras su derrota.

Tropas de la Wehrmacht aporreando el suelo con su brioso paso de
oca durante una parada militar tras la ocupación de Checoslovaquia
Como vemos, Heydrich había dado forma a un tipo de unidad policial que, con precisión quirúrgica, se infiltraba en los territorios que se iban anexionando y, como pulpos, extendían sus tentáculos de forma inexorable para hacerse con el control de los mismos. Una vez cumplida su misión, los Einsatzgruppen eran disueltos y sustituidos por miembros de las diversas policías tedescas incluyendo, como no podía ser menos, a la Gestapo. Ellos se encargaban de mantener el orden y tener a raya o, mejor aún, reprimir de forma implacable los distintos movimientos de resistencia que surgían en cuanto se calmaban las aguas. A esos no les iba mejor, por supuesto. Tras unos interrogatorios en los que el ciudadano más granítico juraba a los cinco minutos que amaba profundamente a todos sus cuñados, eran enviados a cualquier campo donde sería usado como mano de obra esclava hasta la extenuación o, sin más, lo mandaban a la cámara de gas nada más bajarse del vagón de ganado en el que lo habían transportado a su destino final.

El padrecito Iósif, muy contentito él, rodeado por el incombustible
Mólotov y Von Ribbentrop tras la firma del Pacto de No Agresión
Bien, tras la ocupación de Checoslovaquia ya solo restaba dar comienzo al plan definitivo: aplastar Polonia, reunificando Alemania con Prusia Oriental y, finalmente, expandirse hacia el este. No olvidemos que, aunque Von Ribbentrop y el camarada Viacheslav Mijáilovich Mólotov se hacían arrumacos por aquellas fechas ante la sonriente jeta del padrecito Iósif, que daba por hecho que el ciudadano Adolf sería un aliado valioso, la intención había sido siempre y seguiría siendo ocupar inmensos territorios de la URSS como parte de un programa de expansión territorial para apoderarse de sus recursos naturales y explotarlos con mano de obra esclava, los untermenschen rusos que los nazis consideraban meros cachos de carne con menos valor monetario que un asno artrítico.

Da comienzo la limpieza. Miembros de un Einsatzgruppe ejecutando
a civiles polacos en Bochnia, cerca de Cracovia, en diciembre de 1939
Así pues, tras su meritoria actuación en Austria, los Sudetes y la ocupación de Checoslovaquia, Heydrich no perdió el tiempo y preparó los Einsatzgruppen que seguirían a la Werhmacht durante su avance por Polonia que, además de estar llena de polacos que odiaban bastante a los tedescos, estaba atiborrada de judíos que, obviamente, serían los primeros en ser eliminados. La invasión comenzó, como saben hasta los cuñados más zotes, el 1 de septiembre de 1939, y antes de que terminara el mes se llevó a cabo una profunda reforma en la estructura policial de Alemania con la creación del Reichssicherheisthauptamt, interminable palabro que traducimos como Oficina Principal de Seguridad del Reich y que abreviamos como RSHA, donde fueron a parar todas las policías del Reich: el SD, la Gestapo, la Sipo y la Kripo (Kriminal Polizei, Policía Criminal), a los que, aunque fuera del organigrama del RSHA, hay que sumar la Orpo (Ordnungspolizei, Policía del Orden), una policía uniformada convencional pero que se apuntaba a todas las movidas sangrientas que se presentasen, incluyendo matanzas tan sonadas como la de Lidice, que perpetraron con la precisión de un neurocirujano hasta borrar literalmente del mapa la desdichada población.

Ejecución sumaria durante la Operación Tannenberg. Como vemos,
para impedir rebotes se han colocado contra la pared de la casa una
hilera de traviesas de ferrocarril. Siempre tan previsores los tedescos...
Gracias a la previsión de Heydrich, cuando la Werhmacht se hizo la famosa foto doblando la barrera del paso fronterizo, siete Einsatzgruppen y un Einsatzkommando independiente estaban ya asignados para seguir la estela de los ejércitos que invadieron Polonia y empezar la limpieza desde el minuto uno. Sin embargo, estas unidades ya no estaban concebidas como grupos policiales destinados a reprimir a posibles enemigos políticos, sino como los escuadrones de la muerte por los que se les conoce de forma mayoritaria. Estos Einsatzgruppen tenían como objetivo el asesinato en masa de todos los judíos que se les pusieran a tiro y, sobre todo, llevar a cabo la Unternehmen Tannenberg (Operación Tannenberg). El nombre de dicha operación tenía unas siniestras connotaciones vengativas ya que hacía referencia a la batalla librada en 1410 por los caballeros teutónicos y una coalición de polacos y lituanos que le dieron las del tigre a los poderosos freires tedescos.

Oficiales de la Selbstschutz preparados para tomar parte en la
represión en Pomerania, en el contexto de la
Operación Tannenberg
La Unternehmen Tannenberg tenía la misión de eliminar físicamente alrededor de 61.000 polacos pertenecientes a las élites intelectuales, académicas, religiosas, militares y, en resumen, cualquiera que pudiera impedir que la población se convirtiera en una masa servil de sus nuevo amos. La lista de posibles subversivos fue elaborada durante varios años con la ayuda de la Volksdeutscher Selbstschutz (literalmente, Autoprotección del Pueblo Alemán), colaboracionistas de origen tedesco (no olvidemos que parte de Polonia había pertenecido a Alemania hasta 1918) que, tras la Gran Guerra, se vieron de la noche a la mañana convertidos en ciudadanos polacos. La redada fue seguida con la precisión habitual, y cada uno de los que pudieron detener acabó conforme se había dictado en su día: o eran enviados a campos de trabajo o, simplemente, eliminados in situ. Esta limpieza, que duró hasta enero de 1940, supuso la destrucción de 531 poblaciones y el asesinato de unos 20.000 polacos en 714 fusilamientos en masa más los que fueron enviados a palmarla lentamente en los campos de exterminio. En la segunda fase de esta operación, llevada a cabo en Pomerania, liquidaron a unas 40.000 personas de todos los sexos y edades. El paso final era reunir a los judíos que iban capturando en aldeas y pueblos pequeños para enviarlos a guetos hasta que llegara el momento de proceder, no a una aniquilación total, sino a su desaparición literal y absoluta convertidos en pavesas.

Desolador panorama de una calle polaca tras el paso de un
Einsatzgruppe. Muchos soldados de la Werhmacht veían
estas matanzas con malos ojos. No todos estaban fanatizados
hasta ese extremo, y la visión de mujeres y críos fusilados
les revolvía el estómago porque tenían familia en casa
La organización de estos Einsatzgruppen fue confiada por Heydrich al SS-Obergruppenführer Werner Best, que a su vez encargó la selección del personal al SS-Standartenführer Hans Joachim Tesmer, indicándole que, como ya citamos anteriormente, fueran sujetos con un nivel cultural por encima de la media y, si era posible, con experiencia militar. No obstante, este no era un requisito insalvable tanto en cuanto los Einsatzgruppen no estarían destinados a operaciones de combate, sino al papel de meros exterminadores. Por ello, lo más importante era que tuviesen claro que aquello no iba a ser un paseo militar ni una mera misión para mantener el orden público en las zonas ocupadas previamente por la Werhmacht. Antes al contrario, su cometido sería un enjundioso y exhaustivo trabajo de exterminio en el que se verían en el brete de aniquilar no solo hombres, sino también mujeres y críos sin excepción de edad. O sea, todos los señalados debían ser fusilados sin más. Salvo los pocos asesinatos previamente anunciados de las anteriores operaciones llevadas a cabo por los Einsatzgruppen en Austria y Checoslovaquia, donde de verdad empezaría la fiesta sería en Polonia.

Theodor Eicke (1892-1943). Palmó cuando
efectuaba un reconocimiento aéreo sobre
Artelnoje, en Rusia. La Storch en la que
viajaba fue derribada por los bolcheviques
Las actividades de los Einsatzgruppen en Polonia dieron lugar a las primeras fricciones con la Werhmacht que, de hecho, no dudaron en meter un paquete a los líderes de estos grupos de los que tenían constancia de que se habían pasado de la raya con sus acciones contra la población civil. Obviamente, al ciudadano Adolf le daban varias higas los escrúpulos de los estirados militares prusianos. Heydrich había organizado los Einsatzgruppen porque se lo ordenó Himmler, y Himmler recibió la orden de él mismo, así que los pundonorosos oficiales de la Werhmacht se quedaron con un palmo de narices porque el 4 de octubre de aquel mismo año, o sea, apenas cinco semanas después de iniciar la invasión, el ciudadano Adolf dio orden de sobreseer todas las denuncias interpuestas y, para colmo, tenían que sufrir la irritante compañía de las unidades de las SS-Totenkopfverbande al mando del aún más insoportable, arrogante y desconfiado SS-Obergruppenführer Theodor Eicke, que para la ocasión había desplegado tres regimientos: el Oberbayern, el Brandenburg y el Thurigen, que parecían querer hacerle la competencia a los Einsatzgruppen tanto en eficacia homicida como en sadismo. Poco después, los psicópatas de Eicke formarían la tristemente célebre 3ª SS-Division Totenkopf.

Policías auxiliares ucranianos, especialmente entusiastas a la hora
de dar caza a comisarios políticos soviéticos y partisanos rusos
En cuanto a los efectivos de los Einsatzgruppen, eran equiparables a los de un batallón de infantería ordinario, o sea, entre 500 y 900 hombres. Ya saben que estas cifras nunca eran definitivas y podían oscilar en base a innumerables factores. En el caso que nos ocupa es aún más complicado saber a ciencia cierta el número de hombres de cada unidad ya que en muchas ocasiones se sumaba a un determinado Einsatzgruppe un contingente de tropas locales fieles a los alemanes o bien eran traídos de otras zonas ocupadas- rusos, lituanos, húngaros, rumanos, etc.- que no figuraban en los roles de la unidad, por lo que oficialmente no existían. Por lo demás, sobre el papel cada Einsatzgruppe se dividía por lo general en cuatro Einsatzkommandos o Sonderkommandos- que podían ser reducidos a solo dos llegado el caso-, con efectivos comparables a los de una compañía. La unidad más pequeña era el Teilkommando, con efectivos a nivel de pelotón que podían ser usados de forma aislada para determinadas misiones, pero nunca de forma independiente de su unidad principal.

Los Einsatzgruppen que actuaron en Polonia, como dijimos anteriormente, fueron siete más un Einsatzkommando independiente. Cinco de ellos fueron agregados a sendos ejércitos, y el resto enviados a zonas ya ocupadas. Su modus operandi era bastante básico: cada Einsatzgruppe se asentaba en el sector que le correspondía, ya fuese el de ejército al que estaba agregado o al que se le asignaba, y sus Einsatzkommandos eran distribuidos por áreas más reducidas que debían peinar a fondo hasta dejarlas totalmente limpias de enemigos. No se andaban con muchas florituras: cavaban una profunda y larga fosa en la que iban alineando grupos de víctimas que, sin dilación, eran fusilados. La minuciosidad germánica hasta trazaba, como vemos en el gráfico, el perfil de las fosas, así cómo las distancias de tiro y el número de hombres que debían formar parte del pelotón en base al de víctimas. Los desdichados que esperaban su turno solían ser vigilados fuera de la vista del lugar de la ejecución para evitar en lo posible escenas de pánico o revueltas inesperadas en un intento postrero por salvar la vida, pero el simple hecho de oír las descargas ya era suficiente para saber lo que les esperaba.

Grupo de mujeres conducidas al lugar de ejecución, en este
caso en el bosque de Kampinos, al noroeste de Varsovia, en
diciembre de 1939
Y aunque los miembros de los Einsatzgruppen eran todos tipos correosos y, por supuesto, furibundos nazis, a muchos de ellos se le hizo bastante cuesta arriba verse en el brete de disparar a mujeres que suplicaban que, al menos, dejasen con vida a los críos que lloraban desesperadamente abrazados a ellas. Imaginen la escena y ya me dirán. Hay que ser un auténtico y verdadero hijo de la gran puta, un psicópata sin alma o estar fanatizado hasta extremos inconcebibles para perpetrar semejante aberración. Fusilar a un grupo de hombres a sangre fría ya debía ser un trance difícil de superar, pero apuntar con un arma a un crío aterrorizado demuestra el grado de perversión tan descomunal que puede alcanzar el ser "humano" cuando se le adoctrina y se le fanatiza adecuadamente.

Cinco fulanos para matar a una madre con su crío al borde
de una fosa común. Manda... cojones...
Con todo, muchos miembros de los Einsatzgruppen no lograron superar esas experiencias incluyendo a los oficiales, que eran los encargados de dar el tiro de gracia para que también se pringasen. Obedecieron porque su fanatismo les obligaba y porque, obviamente, si se echaban atrás en aquel momento acabarían haciendo compañía a sus víctimas, pero quedaron marcados de por vida. Más aún, las matanzas llevadas a cabo durante la invasión de Polonia se empezaron a conocer, como ya comentamos anteriormente, por los SD o los Sipo que volvían a casa de permiso o convalecientes de alguna herida y tenían que contarle a quien fuese el trago por el que habían tenido que pasar, lo que lógicamente contribuyó a que este tipo de acciones no fuera tan secretas como deseaban Himmler y Heydrich, que sabían que ciertas cosas era mejor que quedasen ocultas.

Sistema más habitual para los fusilamientos en masa: una
larga trinchera donde los que estaban a punto de morir
tenían ante sí los montones de cadáveres de los que ya
habían sido ejecutados
Con todo, el reglamento y el orden eran lo primero y, a pesar de las dantescas escenas que protagonizaron, nunca dejaban de enviar a la superioridad los informes preceptivos en los que se daban pelos y señales de cada operación, del número de personas liquidadas especificando sexo y edad y, por supuesto, una relación detallada de los bienes incautados incluyendo ante todo los objetos de valor, que eran enviados sin demora para engrosar las arcas del Reich si bien, como es habitual en estos casos, lo más valioso solía pasar a manos de los verdugos porque, total, nadie se enteraría. Sea como fuere, lo cierto es que muchos de ellos se vieron acometidos por graves depresiones y desórdenes psicológicos, y no fueron pocos los que decidieron autoasesinarse porque la conciencia les pesaba más que una hipoteca de interés fijo a 50 años.

Para ir concluyendo y poder chinchar a sus cuñados, ahí dejo una relación con los mandamases principales. Aclaración previa: los Einsatzgruppen solían estar al mando de un jefe con un rango acorde a sus efectivos que, como hemos dicho, eran bastante dispares. Los Einsatzkommando, aún siendo equivalentes a una compañía, estaban al mando de un SS-Sturmbannführer, el equivalente a un comandante del ejército regular. Bueno, al grano:

Einsatzgruppe I Wien, al mando del SS-Standartenführer Bruno Streckenbach. Agregado al 14º Ejército y compuesto por cuatro Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe II Oppeln, al mando del SS-Obersturmbannführer Emanuel Schäfer. Agregado al 10º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe III Breslau, al mando del  SS-Obersturmbannführer Hans Fischer. Agregado al 8º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe IV Dramburg, al mando del  SS-Brigadeführer Lothar Beutel y, a partir del 23 de octubre de 1939, del SS-Standartenführer Josef Albert Meisinger, conocido por propios y extraños como "el carnicero de Varsovia" por su entusiasta labor como jefe de la Sipo y el SD en la capital polaca. Agregado al 4º Ejército y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe V Allenstein, al mando del SS-Standartenführer Ernst Damzog. Agregado al 3º Ejército y compuesto por tres Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe VI, al mando del  SS-Oberführer Erich Naumann. Destinado al sector de Wielkopolska (provincia de Gran Polonia, al oeste de Varsovia con Poznań como capital) y compuesto por dos Einsatzkommandos.

Einsatzgruppe z.b.V. (zur besonderen Verwendung, para uso especial), al mando del SS-Obergruppenführer Udo von Woyrsch y el SS-Oberführer Otto Rasch. Destinado al sector industrial de la Alta Silesia y Cieszyn Silesia, y compuesto por cuatro Polizeibataillone (batallón de policía) de la Ordnunsgpolizei y un Sonderkommando del SD formado por 350 hombres.

Einsatzkommando 16 Danzig, al mando del SS-Sturmbannführer Rudolf Tröger. Destinado al sector de Pomorze.

Varios SD bajan a toda velocidad del vehículo para llevar a
cabo una redada. Cualquier delación o sospecha suponía la
inesperada visita de estos sujetos tan impulsivos y cuyo
desenlace era por lo general totalmente imprevisible. Bueno, en
realidad sí era bastante previsible: o te pegaban dos tiros o te
mandaban a un campo de exterminio
Bueno, grosso modo, este fue el origen de los tenebrosos Einsatzgruppen. Tras su estreno bélico en Polonia tuvieron ocasión de dar rienda suelta a su barbarie en Rusia, donde se emplearon a fondo aniquilando a cientos de miles de víctimas que acabaron en enormes fosas comunes abiertas en lo más profundo de inmensos bosques para no dejar ni rastro de sus crímenes. Pero ojo, los Einsatzgruppen no solo estaban concebidos para limpiar los territorios del Este que, según los gloriosos planes del ciudadano Adolf, serían la inmensa colonia que daría a los semidivinos arios espacio vital de sobra para multiplicarse como un virus en una caja de Petri. Los países ocupados en Europa Occidental también serían visitados por unidades de Einsatzgruppen, si bien por el contexto en que se desarrolló la guerra en esa zona no hubo ocasión de perpetrar las matanzas que se llevaron a cabo en el Este y los Balcanes. De hecho, ante la hipotética invasión de la brumosa Albión (Dios maldiga a Nelson) ya tenían planificado el envío del denominado Einsatzkommando 6 al mando de Six, y tenían previsto otro sumamente peculiar, el Einsatzkommando Ägypten, que estaría al mando del SS-Obersturmbannführer Walther Rauff y concebido como un escuadrón de la muerte móvil para exterminar a los judíos que vivían en Palestina. La derrota de las fuerzas tedescas en El Alamein les libró de semejante visita, similar a la de un cuñado con hambre atrasada.

En fin, sirva este articulillo para hacer boca, porque los Einsatzgruppen dan para mucho más que una mera entrada. Y a modo de colofón y reflexión final, p
uede que muchos se pregunten cómo en el siglo XX se pudieron ver tantas escenas que parecen sacadas de la época más oscura de la Edad Media, pero el adoctrinamiento y el subsiguiente fanatismo son capaces de asacar el lado más perverso del ser humano. Cuando se cosifica, se considera un ser inferior y se inculca el odio al que es señalado como diferente ya no se le ve como una persona, sino como un sub-producto al que hay que aniquilar a ultranza. Himmler lo tenía muy claro cuando, refiriéndose a los judíos y demás razas prescindibles, afirmaba que "...hemos exterminado un germen, no queremos al final ser infectados por el germen y morir por él. No toleraré que aquí aparezca ni siquiera una pequeña mancha de sepsis que logre mantenerse. Donde quiera que aparezca, la cauterizaremos." Como vemos, el ex-avicultor reciclado en ángel exterminador, con su jeta de boticario de pueblo bonachón y sus gafas de probo funcionario, tenía las de Caín, y no dudaba en comparar a seres humanos con gérmenes a los que se elimina con un chute de penicilina. Ahí lo ven, con la parienta, su querida hija Gudrun (salió tan nazi como su padre) en el centro de la foto y dos chavales más que no tengo ni puñetera de quiénes son. Serían los hijos del que hizo la foto, supongo... En cualquier caso, el risueño Heini, con su caña de pescar y su apariencia de PATER FAMILIAS cariñoso y benevolente no era más que una máscara tras la que se escondía un fanático criminal que se creía de la misma estirpe que Odín.

Varios judíos obligados a jalarse de las barbas como forma de
humillación pública. Así se degrada a las personas para que,
finalmente, pierdan la condición de seres humanos ante los
ojos de la "raza superior". Los métodos han cambiado, pero
la teoría aún se sigue a rajatabla en algunos lugares del
planeta y, por supuesto, de España

Sin embargo, esta aberrante doctrina la seguimos viendo años más tarde en determinados estados yankees contra los negros tras haber, en teoría, dejado atrás el racismo imperante tras la derrota alemana. No deja de ser paradójico que el país que de facto ganó la guerra en el Frente Occidental y dejó cientos de miles de muertos y heridos para acabar con el ciudadano Adolf y juzgar a sus más encumbrados lacayos por crímenes contra la humanidad, mirara hacia otro lado cuando se linchaban negros, los segregaban de todas las formas imaginables y hasta se prohibía por ley el matrimonio mixto en algunos estados. Pero lo verdaderamente preocupante es que hoy, ya en el siglo XXI y escuchando a diario consignas en pro de la igualdad de todo lo igualable, aún hay quiénes inculcan y quiénes se dejan fagocitar por ese odio racista, sectario y supremacista que les lleva a matar a sangre fría en nombre de mitos identitarios inexistentes, a señalar, a aislar socialmente, a despreciar, a humillar o incluso a querer apedrear a un crío de cinco años porque sus padres no se avienen a someterse a los dictados de una parte de la tribu. No hay la más mínima diferencia entre un miembro de un Einsatzgruppe y esos orcos que destilan odio y fanatismo por cada poro de su cuerpo y se ahogan en su propia bilis. ¿Qué estoy desbarrando? Cito una parrafada de Himmler durante una reunión celebrada Poznań el 4 de octubre de 1943 con varios gerifaltes de las SS:

"Un principio básico debe ser la regla de conducta absoluta para los hombres de las SS: debemos ser honestos, decentes, leales y buenos camaradas con los miembros de nuestra propia sangre y con nadie más. Lo que le ocurra a un ruso o a un checo no me interesa en lo más mínimo. Que las naciones vivan en prosperidad o mueran de hambre me interesa sólo en la medida en que las consideremos esclavas de nuestra cultura."

Se atisban inquietantes coincidencias con el discurso de ciertos políticos de la España actual, ¿verdad? Más aún, cambien los términos "ruso", "checo" y "naciones" por los de, por ejemplo, "murciano", "extremeño" y "regiones" y ya no veremos inquietantes coincidencias, sino que será cuasi literal. En resumen, perros idénticos con distintos collares. Sirva de aviso. 

Hale, he dicho

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Esta monstruosidad tuvo lugar aún no hace 80 años. Desde entonces, se ha repetido sin solución de continuidad a lo largo del tiempo en los diversos genocidios que se han perpetrado en el mundo, siempre provocados por las mismas causas: el racismo, el nacionalismo y las ideologías que no toleran ningún tipo de oposición: Sudán, Bosnia, Biafra, Bangladesh, Myanmar, Ruanda, Camboya, Guatelama, Somalia, Congo, Uganda, China... y los que aún nos quedan por ver, me temo

sábado, 4 de noviembre de 2017

La masacre de las Fosas Ardeatinas 2ª parte




La via Rasella tras el atentado
Retomemos esta truculenta historia en la noche del jueves, 23 de marzo de 1944. Tras pasar gran parte de la tarde debatiéndose cuantos italianos pagarían el pato por el atentado, Kappler tiene ante sí una ardua tarea porque no puede liquidar a quien quiera. Italia sigue siendo un país aliado y no es posible detener a una población entera y pasarla por las armas como pasó con Lídice, o arrasar aldeas enteras como las que borraron del mapa los Einsatzgruppen que actuaban en Rusia, Polonia, etc. Solo era posible recurrir a delincuentes condenados a muerte, y tras la "rebaja" a 10 rehenes por cada alemán muerto la cosa iba por los doscientos y pico largo porque en el hospital aún había alguno que otro con un pie en la fosa, pero sin terminar de dar el paso final. Por otro lado, el general Mälzer le había endosado no solo la elaboración de la lista de ejecutables, sino también la ejecución, lo que se le antojaba asaz complicado porque solo disponía de 60 soldados, un suboficial y una docena de oficiales. Llama al SS-Sturmbannhführer Hellmuth Dobbrick, comandante del 3er. batallón del Bozen al que pertenecía la compañía masacrada en el atentado y le pide que le envíe algunos hombres ya que, al cabo, sus tropas fueron las víctimas, pero Dobbrick se quitó el mochuelo de encima con una excusa de lo más chorra: alegó que los sentimientos religiosos de sus hombres les impedían llevar a cabo ejecuciones a sangre fría, lo que no casa mucho con un regimiento de las SS que, además, estaba formado por veteranos procedentes del Frente Oriental, donde el personal se despachaba a gusto con más impunidad que un cuñado en casa de la familia política. En todo caso, Kappler se tuvo que chinchar. Lo intentó con el coronel Wolf Hauser, jefe del Estado Mayor del XIV Ejército y por ello subordinado directo de von Mackensen, pero también lo mandó a paseo y le dijo que el mismísimo Führer había ordenado que fuese el SD el encargado de llevar a cabo la represalia, de modo que ya podía buscarse la vida pero que no contase con miembros de la Wehrmacht para llevar a cabo la matanza. Total, que Kappler se vio solo para organizarlo todo. Y no era nada fácil porque, a efectos prácticos, solo disponía de unas 16 horas para consumar la venganza germánica.

Cuartel general de la Gestapo en la via Tasso, 145
En todo caso, lo que corría más prisa era reunir los Totenskandidaten, o sea, los candidatos a la muerte. Hay que ver lo que le gusta a los tedescos los palabros siniestros y sentenciosos, carajo... Junto a su ayudante, el SS-Haupsturmführer Erich Priebke, se pusieron a rebuscar en los huéspedes de la cárcel de la vía Tasso, un enorme edificio construido en los años 20 por Francesco Ruspoli, VIII príncipe de Cerveteri, que lo alquiló a la embajada alemana como sede del Centro Cultural Alemán si bien a raíz de la ocupación de Roma en 1943 fue transferido como cuartel general del SD. El caserón, que más bien parecía un edificio de oficinas feo de castigo, se convirtió en uno de los lugares más siniestros de la ciudad, y la sola perspectiva de ir a parar allí provocaba vahídos de terror al personal. Kappler incluso había mandado tapiar las ventanas exteriores para que nada de lo que allí ocurría pudiera ser visto u oído. 

Pietro Caruso durante el proceso al que
fue sometido por su participación en la
represalia por el atentado de via Rasella
Pero aparte de los posibles reos disponibles en la vía Tasso, Kappler pensó en los detenidos en la prisión de Regina Cœli, en el Trastevere, un antiguo convento del siglo XVII reciclado como cárcel donde estaban mezclados tanto los presos por delitos comunes como los políticos. Kappler su puso en contacto con Pietro Caruso, questore de la policía de Roma para que se pringase un poco, logrando que se comprometiera a tenerle preparada a primera hora de la mañana del 24 una lista de 50 nombres. Caruso lo tenía crudo, porque en Regina Cœli solo había detenidos por delitos menores y en ningún caso punibles con la pena de muerte. Aparte de los reclusos disponía de algunos de los transeúntes detenidos tras el atentado, pero con aquellos tampoco podía contar porque no se podía probar, al menos de momento, su implicación en el mismo. De hecho, había incluso un chaval de apenas 15 años que trincaron dirigiéndose a hacer los deberes en casa de un amigo que vivía en la vía Rasella, así como dos mozalbetes de 17. En fin, que Caruso no sabía por donde empezar y, por otro lado, si con una persona en el mundo no quería indisponerse era con Kappler.

Prisión de Regina Cœli actualmente. Su aspecto no ha
variado nada desde la época que nos ocupa
En cuanto a nuestro hombre, tras repasar a todo el personal detenido resulta que solo tenían tres comunistas condenados a muerte, por lo que empezó a perder el aplomo porque se la estaba jugando. Para colmo, ya de madrugada le comunicaron que otros dos heridos se habían largado en brazos de varias walkirias sumamente rubias y pechugonas a la Walhalla, lo que elevaba el número de Totenskandidaten a 320 hombres, y a aquellas horas solo tenía tres reos disponibles. Así pues, cortó por lo sano y optó por arramblar con lo que tenía en la vía Tasso incluyendo a 57 judíos que, como estaban a la espera de ser deportados a cualquier campo de exterminio, al fin y al cabo se les podía considerar condenados a muerte in pectore. A dichos judíos pudo añadir otros 18 que estaban detenidos en diversas comisarías de Roma. También echó mano de 38 militares, cuatro de ellos de elevado rango, detenidos por mostrarse manifiestamente antifascistas, e incluso a un cura, el padre Pietro Pappagallo, que estaba detenido por no estar nada conforme con las opiniones del Duce y, encima, no se privaba de manifestarlo desde el púlpito. En todo caso, y con los sesos echándole humo tanto a él como a Priebke, por fin lograron juntar los 320 Totenskandidaten contando, naturalmente, con los 50 que le había prometido Caruso.

Pietro Koch en sus tiempos gloriosos
Pero Caruso no había sido capaz de completar la maldita lista ni remotamente, así que a primera hora de la mañana llamó a Guido Buffarini Guidi, ministro del Interior, para pedirle instrucciones. Guidi no se complicó la existencia porque conocía el paño y, además, su nombre no figuraría en ninguna parte así que se limitó a decirle: "Tú dáselos, dáselos... Si no, cualquiera sabe lo que harán". Caruso lo tomó como una carta blanca, así que junto a su secretario, Occhetto, y un conocido fascista llamado Pietro Koch, un guaperas de pelo engominado tristemente célebre por ser el jefe de una banda paramilitar llamada Destacamento Especial de la Policía Republicana que dio mucho que hablar en Milán y en Roma (de este elemento ya hablaremos un día de estos), elaboraron una lista totalmente arbitraria, basada más en cuestiones de tipo personal que judicial y, sobre todo, en personas que no tenían sobre sí cargos como para ser sentenciados a muerte. No obstante, como buenos italianos, se lo tomaron con calma porque después de hora y media larga aún no tenían la lista, y Kappler le echó una bronca monumental porque el tiempo apremiaba y quedaban pocas horas para culminar la represalia si no querían ser ellos los represaliados. Caruso le juró por sus muertos que antes de las 14:00 horas la tendría.

Plano de la antigua mina de puzolana, un mineral de
origen volcánico usado para la fabricación de cemento
Mientras se cocía todo lo referente a la selección de los candidatos a la muerte, Kappler tenía que solventar otro tema no menos importante. ¿Dónde llevar a cabo la ejecución de nada menos que 320 hombres sin llamar la atención? Además, ni siquiera disponía de una unidad de ingenieros que le cavase una fosa común lo suficientemente grande que, por otro lado, sería detectada de inmediato. Roma no era el Frente Oriental, donde uno podía cargarse a un millar de probos comunistas y meterlos en un hoyo sin dejar ni rastro. Inicialmente pensó en el fuerte Bravetta, en cuyo interior había un terraplén donde el ejército italiano solía efectuar las ejecuciones mediante fusilamiento, pero la gran cantidad de reos haría interminable el proceso y, por otro lado, era imposible llevarlo a cabo con discreción, así que desechó la idea. Uno de sus oficiales, el SS-Haupsturmführer Köhler, propuso una antigua cantera de puzolana situada en la Vía Ardeatina, cerca de donde, según la tradición, Jesucristo se le apareció a San Pedro cuando este se largaba echando leches del Roma porque el ambiente se estaba poniendo bastante desagradable para los cristianos. Ya saben, lo de QVO VADIS DOMINE y todo eso...  El lugar estaba a apenas 4 km. de distancia de la vía Tasso, en un paraje poco transitado a pesar de estar a algo menos de 2 km. de la Porta de S. Sebastiano, en las afueras de la ciudad. La mina, excavada a principios del siglo XX y ya agotada hacía tiempo, era un dédalo de galerías de unos 3,5 metros de ancho por 4,5 de alto, y con una longitud que oscilaba entre los 30 y los 90 metros de la más larga.  La idea era usar la mina, según palabras de Kappler, como una cámara funeraria natural que, una vez concluidas las ejecuciones, podía ser sellada volando su único acceso. Además, ante la entrada había una amplia explanada donde podrían estacionar los camiones que transportaban a los presos sin ocupar la carretera, y en las cercanías solo había un convento de salesianos, pero ya se encargarían de mantener alejados a los curiosos.

Erich Priebke
En cuanto a la ejecución en sí, Kappler ordenó que todo el personal debía tomar parte en la misma. Reunió a sus hombres y les informó de la misión encomendada, exigiéndoles que nadie dijera una palabra de nada. Encargó a Priebke llevar rigurosamente el control de la lista de Totenskandidaten para que no se escapara ni uno, y al SS-Haupsturmführer Carl Schütz el transporte de los reos desde Regina Cœli y la vía Tasso hasta su destino final, así como del desarrollo de las ejecuciones. Estas se llevarían a cabo en grupos de cinco hombres que serían acompañados por sus respectivos verdugos al interior de la mina, donde se les obligaría a arrodillarse para recibir un único disparo en la cabeza. Kappler, en un alarde de meticulosa precisión germánica, indicó que deberían inclinarles la cabeza hacia adelante para, de ese modo, alcanzar el cerebelo y producir una muerte instantánea, pero absteniéndose de apoyar el cañón del arma en la nuca del reo. Añadió que el proceso no debía durar más de un minuto ya que, de lo contrario, podían pasar horas y horas hasta que terminasen. Tras el discurso ordenó a Köhler que se largara a inspeccionar la mina para corroborar que, en efecto, era adecuada para su siniestro cometido, y que fuese acompañado de un oficial de ingenieros de la Wehrmacht para que, de ser viable el lugar, dispusiera lo necesario para proceder a la voladura de la entrada nada más terminar las ejecuciones.  

Uno de los patios interiores de Regina Coeli
Pero si las cosas no eran bastante complicadas, con el tiempo volando y Caruso sin terminar la maldita lista, hacia las 13:00 horas informaron de un nuevo fallecimiento, el del cabo Vinzenz Haller. Esto obligaba a buscar otros diez desgraciados para sumarlos a la lista que, en total, debería ascender a 330 hombres. A Kappler le iba a dar una alferecía, porque hacía poco rato había llamado al general Mälzer para informarle que todo estaba dispuesto, dando por sentado que Caruso tendría la lista a punto y que solo restaba recoger a los reos en Regina Cœli. Así pues, y no fuese a palmarla alguno más y lo tuvieran allí hasta el Día del Juicio sacando reos de debajo de las piedras, hizo llevar a la vía Tasso a 10 judíos más que habían atrapado en una redada el día anterior. Sin más dilación se ordenó sacar a los Totenskandidaten de las celdas, meterlos en los camiones que ya esperaban su patético cargamento y salieron camino de las Fosas. Eran alrededor de las 14:00 horas, el límite marcado por Caruso para tener dispuestos sus 50 reos. Los de la lista de Kappler procedían tanto de la vía Tasso como del ala 3 de Regina Cœli, destinada a detenidos por la policía alemana. Schütz ordenó maniatarlos espalda contra espalda para impedir fugas y, de acuerdo con las instrucciones de Kappler, no se les dijo una palabra acerca de su destino para que no organizaran un escándalo por el camino. Al cabo eran italianos que serían conducidos al matadero en su propia ciudad, rodeados de paisanos que simpatizaban con ellos.

Recorrido que siguieron los vehículos del SD desde vía Tasso al lugar de ejecución



Don Pietro Pappagallo, ejecutado con
la primera tanda. Para agilizar al
máximo las ejecuciones, Kappler se
negó a prestar auxilio espiritual a los
reos alegando que eso produciría
retrasos intolerables
Cuando los vehículos, cargados con 78 prisioneros cada uno, llegaron a la explanada que había ante la bocamina, los alemanes ya lo tenían todo preparado e incluso las cargas explosivas dispuestas. En el interior se instalaron algunos proyectores para alumbrar las lúgubres galerías donde jamás entraba la luz, y se distribuyeron antorchas para iluminar los pasillos laterales. Priebke, sin perder más tiempo, nombró a los cinco primeros nombres de la lista, que fueron conducidos al interior por Schütz y los cinco hombres que ejercerían de verdugos. Por cierto que en aquella primera tanda estaba el padre Pappagallo que, y esto es un dato para amantes de las supersticiones, había estado en la celda nº 13 de Regina Cœli. Tras la primera ejecución, el mismo Kappler tomó parte en la segunda tanda, y Priebke en la tercera para que todos y cada uno de los miembros del grupo se pringaran. Pero no todos respondieron igual. A un oficial le flaqueó el ánimo, al SS-Obersturmführer Wetjen, al que eso de volarle los sesos a un tipo arrodillado ante él como un cordero lo puso malísimo y con una vomitona importante a causa de su estado de nervios. No obstante, Kappler lo trató con cierta benevolencia apelando al sentido del deber y esas cosas que se dicen cuando el personal se acojona. Finalmente, le ofreció acompañarle si con eso se sentía mejor, a lo que Wetjen accedió, entrando en la mina con el brazo de Kappler rodeándole la cintura y, una vez dentro, logró disparar a su víctima. El único que se escapó sin matar a nadie fue el SS-Untersturmführer Gunther Amonn, que cuando entró en la mina se encontró con unos 200 cadáveres amontonados. Cuando levantó la pistola se quedó totalmente bloqueado, incapaz de apretar el gatillo, horrorizado ante aquella dantesca escena. Uno de sus compañeros se apiadó de él y lo apartó a un lado, matando a la víctima que correspondía al atribulado Amonn.

La controvertida lista de Caruso, que como
se ve está llena de tachaduras y correcciones
Pero en modo alguno fue aquello una matanza de gente inerme ya que muchos se rebelaron y forcejearon o incluso intentaron huir, teniendo que ser introducidos a la fuerza en la mina. Así mismo, a pesar de las instrucciones de Kappler se produjeron bastantes fallos debido seguramente a los nervios, y hubo casos en que la bala no entró por la cabeza sino en el cuello, produciendo una herida más o menos grave, pero no la muerte inmediata. Y mientras tanto, el tiempo pasaba y Caruso no daba señales de vida. Eran ya las 16:30 y no se sabía nada de él, así que envió al SS-Obersturmführer Tunnat y al SS-Untersturmführer Kofler a Regina Cœli con la orden taxativa de no volver sin los 50 Totenskandidaten prometidos. Cuando llegaron, Tunnat se puso hecho un basilisco ante las divagaciones y las excusas de Caruso que, en realidad, solo buscaba ganar tiempo como fuera para no pringarse. Sabía que el plazo dado a Kappler terminaba en breve, y si alguien se vería con un paquete monumental encima sería él, así que se estaba limitando a dejarse ir sin cumplir su parte. No obstante, Koch sí había reunido 30 hombres que le había prometido a Caruso a base de rebuscar entre los más notables antifascistas detenidos en Regina Cœli, así que Tunnat hizo tabula rasa y no se complicó más la vida. Sin dar más explicaciones y con un cabreo de los que hacen época hizo llevar al camión a los 30 reos de Koch, mientras que los 20 restantes fueron señalados por él mismo de forma totalmente arbitraria y al azar ante el espanto del questore, que intentaba hacerle ver que aquellos no tenían nada que ver con la lista. Pero con las prisas, Tunnat seleccionó a 25 en vez de a 20, y Caruso ni se atrevió a llevarle la contraria. Así pues, el furibundo SS se llevó a los 30 reos de Koch diciéndole al questore que incluyese a los que él mismo había seleccionado en la jodida lista, y que volvería cuanto antes a recogerla junto a los prisioneros que faltaban.

Las Fosas Ardeatinas tras la voladura inspeccionada
por los aliados
Ya era de noche cuando Tunnat fue a Regina Cœli a por los últimos reos. Cuando les llegó el turno, Priebke observó que sobraban cinco, los que Tunnat había señalado de más y por los que Caruso no se atrevió a contradecirle. No obstante, Kappler ordenó que fueran también ejecutados. No quería testigos vivos de aquella matanza, así que acabaron sufriendo el mismo destino que el resto. La represalia concluyó hacia las 20:00 horas con un total de 67 tandas que suponían 335 hombres entre los que hubo varios menores de edad, que ni por eso se libraron. A Kappler solo le sobró media hora del plazo fijado, pero pudo concluir la misión encomendada si bien jamás podría imaginar lo carísimos que le saldrían aquellos cinco hombres de más. Una vez terminada la masacre se procedió a la voladura de la bocamina, cuya explosión hizo que los salesianos del monasterio cercano se acercasen a ver qué pasaba. Naturalmente, les bastó ver los uniformes de los SS para que dieran media vuelta a toda velocidad. Con todo, no haría falta el testimonio de los monjes para que todo el mundo supiera lo que se había cocido en las Fosas Ardeatinas aquel viernes, 24 de marzo de 1944.

Una vez que las tropas se retiraron a su acuartelamiento en la Via Tasso, Kappler se presentó en el hotel Excelsior a informar de todo a sus superiores, que por lo visto se pasaban la vida allí. Dio parte de haber ejecutado a 335 hombres, pero la nota que se emitiría aquella misma noche debía haber sido redactada antes de la muerte de Vinzenz Haller ya que solo mencionaba 32 víctimas alemanas. A las 22:55 horas, en las noticias de la radio se emitió el siguiente comunicado por parte de las autoridades alemanas:

"En la tarde del 23 de marzo de 1944, elementos criminales ejecutaron un ataque con bombas contra una columna de la policía alemana que transitaba por la via Rasella. Como resultado de la emboscada, murieron 32 miembros de la policía alemana, y varios resultaron heridos. La vil emboscada fue perpetrada por comunistas badoglianos. Se está realizando una investigación para esclarecer el grado en que se puede atribuir este acto criminal a la incitación anglo-americana. El mando ha decidido acabar con las actividades de estos bandidos villanos. No se permitirá a nadie sabotear con impunidad la recién ratificada cooperación ítalo-germana. El mando alemán, por lo tanto, ha ordenado que por cada alemán muerto se fusilen diez comunistas badoglianos. Esta orden ya ha sido ejecutada."

Familiares de una de las víctimas tras la identificación de la misma
junto a un cura que le imparte las bendiciones oportunas. Lo que quedaba
de ellas eran restos semi-momificados
Como vemos, no solo se ocultaron los diez represaliados por el último fallecido, sino también los cinco de más que liquidó Kappler por su cuenta. Esto se intentó mantener en secreto por razones obvias, pero hubo demasiada gente que estuvo en el ajo, tanto alemanes como italianos, y cuando el avance aliado obligó a evacuar la ciudad salieron a relucir los pormenores de la matanza porque, al final, todo se sabe. Tras la liberación de Roma por los yankees el 4 de junio siguiente se abrió la bocamina y se procedió a la identificación de los cadáveres para que recibieran una sepultura como Dios manda, ya que los alemanes se limitaron a dejarlos donde cayeron muertos. Hubo muchas dificultades para lograr recabar los nombres de todas las víctimas, tardándose años en completar dicha información. 

Posteriormente se construyó un mausoleo donde reposan los restos de todos los desdichados que fueron víctimas de la barbarie alemana, incluyendo diez hombres que estaban a punto de salir libres de cargos de Regina Cœli pero que tuvieron la mala suerte de ser señalados por Tunnat. En fin, el cruel destino es la hostia de cruel. La foto de la izquierda muestra el amasijo de cadáveres que encontraron cuando se procedió a la apertura de la mina. Era una pila de metro y medio de alto de cuerpos amontonados unos encima de otros. Incluso se descubrió que hubo una víctima que no murió durante la represalia. Al parecer, recibió un disparo en el cuello que lo dejó inconsciente. Cuando la bocamina fue volada recuperó el conocimiento y se arrastró como pudo en busca de una salida. Fue encontrado en un extremo de una galería, lejos de los demás cuerpos, y considerando que su herida era un sedal que no había tocado ningún órgano vital a saber cuánto tardó aquel desdichado en morirse, sepultado en vida y rodeado de cadáveres en la oscuridad más absoluta. Vamos, ni de película de terror del más terrorífico.

Bien, así fue la masacre de las Fosas Ardeatinas, la enésima muestra de lo salvajes que podemos ser los humanos si ponemos interés en ello. Como colofón, añadir una breve reseña de qué fue de sus protagonistas para poder rematar a algún cuñado que sobreviva a duras penas al relato:

SS-Obersturmbannführer Herbert Kappler

Kappler con su mujer poco antes de entregar la cuchara
Procesado el 3 de mayo de 1948 por la muerte de los cinco reos de más ya que los 330 restantes no eran responsabilidad suya por obediencia debida, además de otros desmanes cometidos durante su estancia en Roma pero que no vienen al caso. No obstante, lo verdaderamente grave fueron los cinco hombres sobrantes. El 20 de junio siguiente fue condenado a cadena perpetua, así que ya vemos que esos cinco Totenskandidaten extra le costaron muy caros. En 1975 contrae un cáncer que empeora progresivamente sin que el gobierno italiano permita que sea liberado. Sin embargo, el 15 de agosto de 1977 su mujer Anneliese logra sacarlo del hospital militar de Roma metido en una maleta, ya que pesaba solo 47 kilos, y se larga con él a Alemania. El gobierno italiano reclama la devolución de Kappler, pero el gobierno alemán responde que solo ha cumplido con su deber de prisionero de guerra, fugarse. Murió en su casa de Soltau, en la Baja Sajonia, el 9 de febrero de 1978 con 71 años de edad.

Priebke durante su juicio en Italia
SS-Hauptsturmführer Erich Priebke

Tras fugarse del campo de prisioneros donde estaba internado pudo largarse a Argentina tras la guerra con la ayuda de la organización Odessa, estableciéndose en la famosa colonia de nazis fugitivos de Bariloche. No obstante, tras saberse su paradero a raíz de su aparición en un documental contando sus batallitas fue extraditado a Italia en 1995, siendo condenado a cadena perpetua en 1998. Debido a su avanzada edad cumplió la condena en régimen de arresto domiciliario en Roma hasta su muerte en 2013. Tenía 100 años nada menos. Esas cosas pasan por hablar más de la cuenta pensando que los crímenes del pasado habían prescrito.

Generaloberst Eberhard von Mackensen

Procesado en Roma en 1946 por los británicos por crímenes de guerra, fue condenado a muerte. En 1948 le fue conmutada la pena por 21 años de reclusión para, finalmente, ser liberado en 1952. Murió en 1969 con 79 años.

Generalleutnant Kurt Mälzer

Procesado junto a von Mackensen, recibió la misma condena e indulto, si bien no llegó a verse libre porque murió en la prisión de Werl de un ataque al corazón en marzo de 1952. Tenía solo 57 años.

Generalfeldmarschall Albert Kesselring

El 7 de mayo de 1947 fue condenado a muerte por el asunto de las Fosas Ardeatinas. Tanto él como von Mackensen basaron su defensa en que Kappler les había informado de que disponía del suficiente número de condenados a muerte para llevar a cabo la represalia, y que no sabían nada del arbitrario procedimiento seguido para obtener a los reos. Debido a su prestigio militar, el mismo mariscal Alexander intercedió ante Churchill que, a su vez, hizo lo propio ante el primer ministro británico Clement Attle, aduciendo que la condena era excesiva e injusta. Debido a ello, apenas dos meses más tarde le fue conmutada la condena a muerte por la de cadena perpetua. Fue finalmente liberado en octubre de 1952 por problemas de salud, muriendo en julio de 1960 con 74 años.

Fusilamiento de Carusso. Tuvo que ser llevado al lugar de la
ejecución ayudándose con unas muletas
Questore Pietro Caruso

Sus intentos por nadar y guardar la ropa no le valieron para nada. En cuanto se largaron los alemanes intentó huir de Roma, pero tuvo un accidente de tráfico mientras seguía en su vehículo a una columna alemana que sufrió un ataque aéreo, lo que le hizo perder el control del coche. Se partió un fémur, por lo que la huida se quedó en el intento. Durante el proceso echó la culpa a Buffarini diciendo que le había dado carta blanca e intentó compartir la responsabilidad con Koch, pero el tribunal tuvo bastante claro que estuvo metido hasta el pescuezo en el asunto aquel. Fue fusilado el 22 de septiembre de 1944 en el fuerte Bravetta por un piquete de carabineros. Tenía 44 años. 

Buffarini tras ser fusilado
Ministro del Interior Guido Buffarini Guidi

A este tampoco le sirvió de nada hacerse el longuis. El 10 de julio de 1945 fue fusilado en Milán si bien previamente había intentado auto-asesinarse envenenándose sin éxito, lo que no le privó de ser pasado por las armas. Tenía 49 años.

Pietro Koch

Este tampoco se escapó de la quema, pero como fue un mal bicho de mucho cuidado se merece una entrada para él solo, así que ya daremos cuenta de sus andanzas.




Hilera de féretros en una de las galerías con los restos de
las víctimas dispuestas para su identificación, lo que no fue
nada fácil. Hubo que recurrir, cuando fue posible, a los
objetos personales que se conservaban en los cadáveres
En cuanto a los coadyuvadores de la represalia, hubo de todo, desde los que se libraron porque no llegaron a caer en manos de los aliados a los que fueron procesados junto a los protagonistas principales. A Occhetto, el fiel secretario de Caruso, lo aviaron con 30 años de prisión. Junto a Kappler fueron también procesados varios de sus subordinados: Borante Domislaff, Hans Clemens, Johannes Quapp, Carl Wiedmar y Carl Schütz, el encargado del desarrollo de la matanza. Pero todos clamaron eso de "Das Befehl ist Befehl!" (¡Una orden es una orden!), y como según las normas era totalmente cierto e inexcusable, su defensa basándose en la obediencia debida tuvo éxito y todos fueron absueltos.

Del resto del personal que intervino en estos luctuosos hechos no he podido averiguar qué fue de ellos salvo Dobbrick, el comandante del 3er. batallón del Bozen, que palmó en Verona en julio de 1944. O sea, que no sobrevivió más que  tres meses a sus muchachos de la 11ª compañía.

En fin, criaturas, ya'tá.


La Fosas Ardeatinas en la actualidad. En su interior se construyó una cripta que da cabida a todas las victimas de la matanza


Interior del mausoleo