miércoles, 21 de septiembre de 2011

Armamento medieval: Las dagas en la Biblia Maciejowski



Bueno, seguimos estudiando el armamento que aparece en la biblia de marras. Ahora es el turno de las dagas, piezas estas que considero de un interés muy elevado por varias razones que ya iré exponiendo.

De las 107 iluminaciones en las que aparecen combatientes u hombres armados de alguna manera, en trece de ellas aparecen una o más dagas bien en el instante de herir, o bien clavadas sobre cadáveres que yacen en el suelo. Y dentro de ellas, he podido distinguir nada menos que diez tipo diferentes que estudieramos una por una. Pero, además, hay tres cuestiones que quiero poner de relieve, a saber:

1: La daga aparece en más de un 10% de las iluminaciones, lo que indica que, ya en el siglo XIII, época en que fue confeccionada la biblia en cuestión, era un arma de uso común entre caballeros, especialmente a la hora de verse envueltos en combates muy cerrados, donde el uso de otro tipo de armas era más engorroso.
2: Sin embargo, y a pesar de elevado grado de detalle que muestran en todo momento las iluminaciones, en una sola aparece un combatiente con una vaina de daga pendiendo del cinto. Doy por sentado que no se trata de un despiste, entre otras cosas porque serían demasiados, y porque, además, las iluminaciones las llevaron a cabo al menos siete dibujantes distintos. Puede que se le pasara por alto a uno, pero no a los siete. ¿Dónde pues envainaban las dagas?
3: Corrobora lo anteriormente dicho el hecho de que en ninguna efigie funeraria de esa época aparece por ninguna parte una daga. Dichas efigies, también con un elevado nivel de realismo y de detalle, muestran toda la panoplia de armas del difunto: lóriga, cota de armas, acicates, yelmo, espada... pero de dagas, ni rastro. Repito pues: ¿dónde las metían cuando no combatían?


Alguno me dirá que es que en el amasijo de combatientes no se aprecia. Pues va ser que no. Al menos hay cuatro de ellos que muestran claramente su costado derecho, del que pendería la daga, y no se ve ni rastro de la vaina. Y en la imagen de cabecera, llena de combatientes que se apuñalan con saña bíblica (nunca mejor dicho), tampoco. Así pues, caben pocas opciones.
A: ¿Podrían llevarla en el cinto sin más? Diría que no. Estas dagas estaban muy afliadas. Sacarla de un tirón supondría, como mínimo, cortar el cinto. Por otro lado, cualquier movimiento extraño en la silla significaría clavársela. O sea, desechamos esta posibilidad.
B: ¿Envainada en el arzón de la silla? No tengo constancia de semejante costumbre. En la silla sólo se llevaban colgando de un gancho la maza, el hacha o el mangual. Aparte de eso, tampoco se ve en ninguna silla ninguna vaina y, por otro lado, los combatientes de la imagen de cabecera luchan a pie, y tampoco hay vainas que valgan.
C: Es la única que me parece mínimamente viable, y cuando se desechan las demás opciones, la que queda debe ser la cierta por absurda que pueda parecernos. Pero es que, en este caso, no es absurda: la daga no la llevaba el caballero, sino el escudero. Estos tomaban parte en el combate como auxiliares de sus patrones, ayudándoles en caso de ser heridos, descabalgados, etc. Así pues no sería raro que los escuderos portasen la daga, y se la pasasen al caballero si este se la requería.

Dicho esto, si alguno puede ofrecer una teoría más sólida, que se manifieste. Ahora, veamos los diferentes tipos (las repetidas no aparecen, como es lógico). Helas ahí:





Tipo A: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas, lo que le daría una sección romboidal. Cruceta levemente curvada, con dos espolones prismáticos, y posiblemente de sección cuadrangular. El pomo recuerda al tipo D de Oakeshott, si bien este parece ser más elaborado. Las guarniciones son de hierro. La empuñadura, oculta por la mano, debe ser el tipo más común: cachas de madera forrada de cuero encordado.

Tipo B: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas, con sección romboidal. Cruceta de sección cuadrangular o circular levemente curvada hacia abajo. Pomo esferoidal. Empuñadura como el tipo A. Las guarniciones son de bronce.

Tipo C: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas, con sección romboidal. Cruceta con un acusado ángulo hacia abajo en su parte final, de sección cuadrangular o circular. Pomo en forma de creciente, similar al tipo O de Oakeshott, pero mucho más cerrado, con las puntas casi tocándose. La empuñadura como el tipo A. Las guarniciones son de bronce.

Tipo D: Daga con hoja de doble filo con una estrecha acanaladura de una longitud de aproximadamente 1/2 o 2/3 de la hoja. La sección podría ser lenticular. La cruceta es como la del tipo C, pero con un escusón en el centro. La sección podría ser cuadrangular.  El pomo es en este caso un tipo D de Oakeshott perfectamente definido.  La empuñadura como el tipo A. Las guarniciones son de bronce.

Tipo E: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta con curvadura hacia abajo, más acusada en los extremos y sección posiblemente cuadrangular. El pomo es similar al tipo D, pero con una decoración formada por tres lágrimas cinceladas. Las guarniciones son de hierro.

Tipo F: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta como la del tipo D. Pomo en creciente muy acentuado, con los extremos tocándose. Las guarniciones son de hierro.

Tipo G: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta como la del tipo D. Pomo trilobular con la base en ángulo entrante. Las guarniciones son de hierro.

Tipo H: Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta como el tipo C. Pomo trilobular con la base en ángulo saliente. Las guarniciones son de hierro. Es la única donde se ve claramente la empuñadura de cuero encordado.

Tipo I:  Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta como el tipo F, pero con el escusón más redondeado. Pomo trilobular, con el lóbulo superior a su vez formando una flor de lys. Las guarniciones son de hierro. Es el tipo más elaborado de todos, y a su vez con la hoja más larga.

Tipo J:  Daga con hoja de doble filo, vaciada a dos mesas y sección romboidal. Cruceta como el tipo H. El pomo es un simple casquillo sobre una empuñadura de madera o madera con cuero encordado, si bien es más probable que sea lo primero. Es la más básica de todas. Las guarniciones con de bronce.

Así pues, concluyendo, tenemos cinco tipos de cruceta y nueve de pomos diferentes. Para tanto surtido en tan poca cantidad solo indicaría que eran armas fabricadas por encargo, dando ocasión al dueño a elegir lo que prefiriese. Las hojas, de forma triangular y punta muy aguzada, son básicamente del mismo tipo salvo en el caso de la que tiene acanaladura, con unas longitudes que se podrían calcular de entre 25 a 35 cm. Su sección romboidal estaba diseñada para darle rigidez a la hoja, lo que le permitiría incluso desmallar una lóriga. En cualquier caso, conviene reparar en que, cuando se trata de hombres armados y cubiertos con yelmo cónico, son heridos preferentemente en el ojo, la zona más vulnerable de la cara y a través de la cual se alcanza sin problemas el cerebro, matando en el acto al adversario.
En lo tocante al empuñe, salvo en algunas figuras de la imagen de cabecera, en las demás siempre aparacen agarradas como si cogiéramos un cincel para golpearlo con el martillo. Es evidente que de esa forma se imprimía mayor energía a la clavada, y más cuando lo que se pretendía era desmallar la lóriga del enemigo. Además de su poder de clavada, queda también muy claro que contaban con filos muy aguzados, ya que en las figuras que no portan lóriga muestran una evisceración, lo que indicaría que producían un corte bastante amplio al clavar y, por lo tanto, una salida de las vísceras por la herida.
Y, quizás lo más relevante, es que no aparece una sola vez el scramasax, arma corta muy al uso entre francos, germanos y demás pueblos centroeuropeos. Esto podría indicarnos que, ya en el siglo XIII, este tipo de arma había quedado relegado a su uso por peones, mientras que los caballeros y hombres de armas optaban por la daga, que debió ser un arma sumamente eficaz en los combates cuerpo a cuerpo más cerrados.

Bueno, supongo que no me he dejado nada atrás, así pues, he dicho.




7 comentarios:

El Tormenta dijo...

Sí señor, muy currado. Adoro el nivel de detalle del artículo.

Tengo por ahí otro borrador escrito sobre el origen y etimología de dagas y cuchillos en España y Europa.

Me estoy mordiendo la lengua porque algún día lo publicaré y no quiero revelarlo de antemano. Lo que te puedo adelantar es que hay MUCHOS más datos (y fiables) en comparación con las mazas.

Auguro que más de un investigador ortodoxo (de los que hacen negocio con esto) intentará crucificarme.

Saludos

Amo del castillo dijo...

Pero....¿¿¿con esto se hace negocio??? A ver si voy a estar haciendo el primo en plan altruista, leches, jejeje...

El Tormenta dijo...

Ya sabes, me refiero a los que escriben y venden "libritos chorra" sobre armas y armaduras y que encima se lo tienen bien creído. Afortunadamente son pocos, pero haberlos haylos...

¿Oye, conocías la revista Gladius?
Allí puedes bajarte gratis multitud de pdfs sobre armas y armaduras antiguas a nivel científico:

http://gladius.revistas.csic.es/index.php/gladius

Amo del castillo dijo...

Claro que la conozco. Me tengo bajadas algunas cosas. Lo malo es que son tan asquerosamente cultos que, siendo una revista española, te plantan un artículo de 150 páginas en alemán o francés o en inglés a pelo. Digo yo que, ya que depende del CSIC, o sea, un organismo estatal, al menos deberían obligar a enviar los trabajos traducidos, digo yo.
Porque españoles de a pie que sepan alemán como para leer un artículo lleno de tecnicismos no creo que haya muchos.

El Tormenta dijo...

Sí, eso me toca bastante las narices.

Lo que no entiendo es porqué tampoco traducen en los libros de armas "academicos" las citas de autores extranjeros sobre armamento. Es como una moda ridícula que presume de pulcritud y erúdición. Y luego excarvas un poco y no saben lo más básico de las armas. Hay que joderse.

Amo del castillo dijo...

Eso solo conduce a una cosa, y es que este tipo de revistas, pagadas con los dineros de todos, estén solo al alcance de muy pocos, y que su difusión sea mínima por razones obvias. Y, por otro lado, dudo muchísimo que una revista similar publicada en inglés o francés aceptase artículos en español.

El Tormenta dijo...

Ya teneis en mi blog una nueva entrada dedicada a los coseletes.

VEREDICTO: Se trata de un conciso texto con abundantes imágenes. Realmente práctico y esclarecedor desde el punto de vista linguistico.

Que lo disfruten

El Tormenta