domingo, 9 de octubre de 2011

Armamento medieval: La daga III. La daga testicular


Como ya se podrán imaginar, esa denominación es de tiempos modernos. No fue precisamente un alarde de ingenio aplicar esta terminología a un arma cuya empuñadura tiene un morfología que nos recuerda a un falo con sus correspondientes testículos. Y como muestra de que se aplican nombres por las buenas, sin pararse a buscar en el verdadero, o el que se usaba en su época, los pacatos historiadores ingleses de finales del siglo XIX la llamaron "daga de riñones", porque eso de mentar las partes viriles no quedaba fino.

En España puede que se las denominase "bullones", como sugiere el sr. Tormenta en la amena entrada sobre las dagas que puso en su blog. En lo que a mi respecta, puede que en una determinada época fueran denominadas "puñales buidos", concretamente en los siglos XV y XVI, ya que así eran llamados unos puñales con hoja de sección triangular, destinados obviamente a perforar las armaduras de placas. O quizás su derivación del árabe al-maẖráz, o almarada, un cuchillo también de sección triangular y sin filo.

En esto, como en tantas otras cuestiones referentes a la terminología de cada arma, nos perdemos en el tiempo sin poder llegar a una afirmación categórica. Y más en este caso, en que las descripciones de estos puñales se basan en la morfología de su hoja, pero no en lo que más la caracteriza, que es la empuñadura.

En cualquier caso, lo que si está claro es que este tipo de daga, cuya vida operativa se extendió desde los albores del siglo XIII hasta el XVI, fue sufriendo diversas modificaciones tanto en su hoja como en la empuñadura a medida que el armamento defensivo de los combatientes fue evolucionando y perfeccionándose.


Ahí tenemos un ejemplo de los modelos más primitivos: se trata de una daga con la empuñadura de madera, de una sola pieza. La espiga de la hoja la atraviesa de lado a lado, siendo remachada en su extremo carente de pomo. Dicha hoja está vaciada a una mesa, con lo que tiene un solo filo, y contrafilo en su último tercio para facilitar la clavada. Esto nos indicaría que, aunque lógicamente puede pinchar, su hoja está diseñada preferentemente para cortar. Como es obvio, un tajo de esa hoja, de unos 30 cm. de longitud, dirigido al cuello o la cara de un combatiente mal armado sería definitivo. Por otro lado, la morfología de su hoja me hace pensar que estaba ideada para agarrarla con el pulgar apoyado en las protuberancias globulares, cosa que facilita el golpe de tajo. El agarre habitual para apuñalar, en este caso, sería más complicado al carecer de una amplia guarda, como el caso de las dagas de arandelas, o un buen apoyo para el pulgar, como el de las dagas de orejas.


También se fabricaron dagas de este tipo con la hoja vaciada a dos mesas y doble filo. Estas, con sección en diamante, eran mucho más adecuadas para perforar las cotas de malla al uso en la época. Pero, a pesar de ello, seguían manteniendo su morfología robusta y ancha, propia de un cuchillo todo uso, válido para degollar a un enemigo o para cortar el pan del bocata durante la media hora de descanso en la batalla. Arriba tenemos un ejemplo. La empuñadura sigue manteniendo su forma troncocónica, para facilitar un buen empuñe de corte, y con un rebaje entre las protuberancias para un apoyo cómodo del pulgar. La empuñadura sigue siendo enteriza de madera, si bien en este caso va provista de una arandela terminal para mejorar la solidez del remachado de la espiga. También podían tener el extremo redondeado, lo que corrobora mi opinión de que estas armas estaban más bien diseñadas para el corte que la clavada.


Ya en el siglo XV, cuando el uso de armaduras de placas estaba generalizado, la morfología es estas dagas sufrió un nuevo cambio. Aunque conservaban su aspecto tradicional, las empuñaduras se hicieron más estilizadas, si bien en este caso las protuberancias ya no eran de madera y formando parte de la misma, sino de fundición, como podemos ver en la foto de abajo a la derecha. También se van dejando de lado las austeras cachas de sus primeros modelos, y se las empieza a decorar con pomos grabados, o con las cachas talladas en espiral.

Y, lo más significativo, la hoja pasa a tener una sección especialmente indicada para perforar las armaduras al uso, o para introducirlas entre las rendijas del visor y acabar con la vida de un enemigo derribado con una puñalada en un ojo. Así pues, la sección de las hojas pasa a ser triangular o cuadrangular, lo que coincide con las terminologías dadas al inicio de la entrada: buida y almarada. Incluso se fabricaron hojas cuyo extremo se convertía en una punta en forma de prisma piramidal, a fin de hacerlas aún más resistentes y penetrantes. Podemos ver ejemplares de la época con la hoja provista de un largo recazo, o bien, como en la que aparece abajo, sin recazo y con acanaladuras en sus caras.



A finales del siglo XV aparece un nuevo tipo, como el que vemos en la ilustración de la izquierda. La hoja, de sección lenticular, está vaciada a dos mesas, por lo que tiene doble filo. O sea, permite cortar y clavar. Pero lo más significativo lo vemos en los espolones que surgen de sus protuberancias, pienso que destinados a trabar y romper la hoja de la espada del enemigo. Así pues, quizás fuesen las este tipo las primeras dagas de detener o dagas de mano izquierda.

En lo tocante a las empuñaduras, se llevan a cabo ornamentaciones en bronce, plata u oro, con grabados de diverso tipo al gusto del comprador. Con todo, siguió siendo un tipo de daga muy común entre todos los estratos sociales de la época, siendo como es lógico más simples y de peor calidad las adquiridas por las clases populares. Respecto a las vainas, en la ilustración anterior aparece una con contera de bronce, si bien anteriormente eran como, solía ser habitual, enteramente de cuero. En este tipo he añadido además un accesorio consistente en un pequeño cuchillo auxiliar, llamado en España cañavete o canivete. Por sus pequeñas dimensiones dudo que tuviese utilidad en el combate, así que imagino que el uso que se le daba era más bien como un simple accesorio, válido para comer o cualquier otro menester.

En cualquier caso, la cantidad de variantes de este tipo de dagas es extensísimo. Aunque todas se basen en los patrones principales mostrados arriba, las diferencias, sobre todo, en la morfología y decoración de las empuñaduras precisarían de una monografía para estudiarlas a fondo. Hay que considerar que su uso se extendió por toda Europa Occidental, y que en cada país le dieron el "toque personal" propio de cada cultura. Y a modo de colofón, comentar que cuando este tipo de daga dio paso a las dagas de detener, ya avanzado el siglo XVI, aún siguieron en uso en Inglaterra, y en Escocia aún perduraron hasta el siglo XVIII en la variante conocida como dirk, una tipología propia de ellos y que estuvo muy en boga como daga de duelo, con hojas de generosas dimensiones y un solo filo. Sus empuñaduras, ricamente decoradas, eran por lo general enteramente metálicas, y con adornos en bronce, plata u oro, dependiendo del poder adquisitivo de cada cual.

Bueno, supongo que no me dejo nada atrás...

Hale, he dicho