jueves, 19 de enero de 2012

Muralla urbana de Trancoso





Distrito de Guarda

Bueno, tras el breve periplo por los tiempos modernos de las tres últimas entradas, retornamos al medioevo, que era una época que, aunque turbulenta, al menos, había menos ruido, menos políticos y menos "expertos". Así pues, volvemos al pasado, en esta ocasión para hablar de la cerca urbana de Trancoso, ciudad que desde tiempos remotos tuvo bastante significación junto a su castillo, el cual será debidamente estudiado en una entrada aparte. Al grano pues...



La conquista de la Beira Alta, donde se encuentra Trancoso, fue llevada a cabo por Ramiro II de León tras la contundente derrota que infligió a las tropas califales en Simancas el 1 de agosto de 939, lo que le permitió asegurar la denominada Línea del Duero. La custodia de estas tierras le fue encomendada a un noble de estirpe gallega llamado Rodrigo Tedoniz, el cual estaba casado con Leodegúndia (un nombre muy adecuado para apasionadas noches de amor, jeje), a la sazón hermana de Mumadona Díaz, de la que ya se habló en la entrada correspondiente al castillo de Guimarães. Éste Rodrigo Tedoniz tuvo una hija, por nombre Flámula Rodríguez que, en su lecho de muerte, cedió determinadas poblaciones al monasterio de Vimeiro (o Vimaraes que, como se recordará, era la antigua denominación Guimarães) según figura en una carta de donación fechada el 13 de julio de 960. Y en dicha donación es donde aparece por vez primera la villa de Trancoso.


A partir de ahí comienza la agitada vida de esa población que, estando en una zona bastante comprometida, fue objeto durante un tiempo de un constante cambio de manos entre ambos bandos. En 997 fue ocupada por Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir al-Mansur, o sea, el Almanzor que todos conocemos, en la algara que culminó con la toma y saqueo de Santiago de Compostela y en la que, para más humillación, envió las campanas a Córdoba para usarlas como lámparas en la mezquita. Posteriormente, en 1059, fue recuperada la villa por Fernando I de León. En 1131 fue nuevamente arrebatada por los musulmanes, esta vez a manos del emir almorávide Alí ibn Yusuf. En 1155, nueva algara musulmana, esta vez a cargo de los almohades. Finalmente, en 1160, don Afonso Henriques la toma de forma definitiva. Como se ve, en apenas 200 años estuvo la cosa por allí bastante movida.
En todo ese tiempo no hay constancia de la existencia de una cerca urbana, por lo que cabe suponer que los escasos vecinos se refugiaban en el castillo, como era habitual. Puede que la construcción de la cerca comenzara en algún momento del último cuarto del siglo XII, cuando Trancoso fue dado en tenencia al Temple, ya que en la segunda mitad del siglo siguiente bajo, el reinado de don Afonso II, ya se hace mención a una ampliación de la muralla y en el siglo XIII se llevan a cabo las obras para la construcción de torres de flanqueo, de las que carecía. Estas obras no iban precisamente a un ritmo acelerado ya que, en 1370, la población solicitó permiso al rey don Fernando para pedir ayuda a las villas vecinas para la continuación de las mismas. La conclusión tuvo lugar siete años más tarde. Toda esta serie de obras y reformas a lo largo del tiempo fueron debidas probablemente al constante aumento de la población que, limitada por el perímetro urbano, se veía obligada a edificar a extramuros con el peligro que ello conllevaba en aquella turbulenta época.
En cualquier caso, en modo alguno el final de la Edad Media supuso, como en muchas poblaciones, el ver relegada a al obsolescencia sus añejas defensas. En el caso de Trancoso, las constantes luchas entre Portugal y Castilla obligaron a lo largo del siglo XV y XVI a estar constantemente renovando y reforzando la cerca urbana. De hecho, en los albores del siglo XIX, cuando la ocupación francesa, aún sirvió como acuartelamiento a las tropas del general inglés William Beresford, por cuyos servicios a la corona portuguesa fue premiado con el título de conde de Trancoso.
Sin embargo, y como todo tiene su final, a mediados de ese siglo comenzó su decadencia. En 1843 se derribó parte de la muralla, cerca de una de las antiguas puertas medievales, para facilitar el tránsito de carros. Cinco años más tarde se autorizó a construir casas adosadas a la cerca, y en 1861 la cámara municipal hizo pavimentar las calles usando para ello la sillería de la muralla. La escabechina duró hasta 1902, con la demolición de la puerta de São João. La segunda mitad del siglo XIX fue especialmente dañina en lo tocante al patrimonio histórico. Muchas murallas medievales fueron parcial y totalmente demolidas en nombre de una supuesta modernidad, como si lo moderno implicara destruir lo antiguo. Esa horda aniquiladora hizo de las suyas tanto en España como en Portugal, si bien fue en España donde su nociva labor fue más concienzuda. Menciono este detalle porque, por desgracia, el caso de Trancoso no fue ni mucho menos el único que se conoció.  En cualquier caso, su perímetro murado no fue totalmente demolido, perdurando hasta nuestros días una gran parte del mismo.
Bien, esa es de forma resumida la historia de la ciudad. Ahora, explicaciones al canto...
A la izquierda tenemos un plano actual de Trancoso, en el que podemos ver claramente el trazado de la muralla urbana y los tramos que han desaparecido, sobre todo en la zona SE de la misma. Sombreado en amarillo aparece el castillo medieval. Como se ve, ya en la Edad Media era una población de tamaño considerable para su época. De hecho, en el Rol de Besteiros de 1422 daba una cifra de 3.834 habitantes, lo que no era precisamente despreciable en aquellos tiempos.


La cerca estaba defendida por quince torres de flanqueo, de las cuales solo perduran cuatro, dos de ellas embutidas entre el caserío urbano, y disponía de cuatro puertas y tres postigos, a saber:


Portas d'El Rei. Marcada en rojo en el plano, está situada al SO y, como se ve en la foto, defendida por dos torres. Su interior, formando un largo túnel, lo tenemos a la derecha de la imagen. Además de la puerta, se observan a continuación las acanaladuras para un rastrillo tras el cual aparece un patio interior descubierto para, desde lo alto de la muralla, hostigar a posibles invasores. Sobre el arco de entrada aparece un blasón de piedra con las armas de la ciudad.



Portas do Prado. Marcada en azul, es la que aparece en la foto de cabecera y que, como se ve, es de similar morfología a la anterior, si bien su interior es diferente.  A cada lado de la misma hay dos dependencias, posiblemente usadas como cuerpo de guardia y para el cobro de portazgos, así como acanaladuras para dos rastrillos. Al  igual que la anterior, dispone de un patio central para hostigar al enemigo. Conviene observar que el túnel de estas puertas se corresponde con el grosor de las torres que las flanquean, lo que da una idea de la magnificencia de estas defensas.



Porta do Carvalho. Marcada en verde, es la más cercana al castillo. Recibía también el nombre de Porta de João Tição debido a una leyenda que narro porque es bastante molona. Cercada la población en uno de tantos asedios como sufrió a manos de la morisma, un caballero llamado así, que por lo visto se aburría como una ostra y no soportaba el tedio debido a la inacción a la que lo sometía el cerco, una noche salió por su cuenta hacia el campamento moro, distante una legua, a hacer de las suyas. Les arrebató una bandera y volvió a galope tendido hacia la muralla perseguido cada vez más de cerca por los enemigos. Los defensores, pensando al ver la bandera que era un ataque, no abrieron las puertas al fogoso guerrero el cual, al verse perdido, palmoteó la grupa de su caballo, como impeliéndolo a saltar la muralla, mientras gritaba:

- ¡Salta, cavalo! ¡Morra o homem, fique a fama! (¡Salta, caballo!¡Muera el hombre, quede la fama!

Tras lo cual lanzó la bandera al interior de la muralla y se enfrentó con sus perseguidores, logrando ambas cosas: una, que lo mataran allí mismo, y la otra la fama, si bien esto último solo le sirvió para pasar a la historia, e incluso pusieron sobre la puerta un relieve en el que aparecía un caballero enarbolando una bandera, en recuerdo de la hazaña. Los tenía bien puestos el tal Tição, ¿eh? (Por cierto que tição significa tizón, pero también, en sentido figurado, negro o diablo. Muy adecuado el apellido, ciertamente). Por lo demás, al ser una puerta menor, no estaba provista de rastrillos. Estaba defendida por una torre de flanqueo derribada en 1885.

Porta de São João. Marcado su emplazamiento en marrón, estaba situada al este. Fue demolida en 1902, quedando de ella solamente un tramo de muralla lateral.



Porta da Traição. Marcada en el plano con un círculo verde claro, está situada a espaldas del castillo, el cual vemos en la imagen tras la muralla. Curiosamente, éste no cuenta con la típica poterna de escape, así que esta era la destinada a salir por el lugar más discreto posible en caso de asedio. No disponía de elementos defensivos ni de torres de flanqueo que pudieran delatar su presencia y, como era habitual, daba a la zona más abrupta del entorno para dificultar su localización.



Postigo do Olhinho do Sol. Su posición aproximada está marcada con un óvalo rojo en el mapa. Su morfología es similar al postigo anterior, y su nombre, Ojito de Sol, hace referencia como es lógico a su ubicación, orientada hacia levante.



Postigo do Boeirinho. Marcado con un círculo amarillo en el plano. Como se ve en esa vetusta foto de los años 40, cuando aún había casas adosadas al exterior de la muralla, se trata de una mínima abertura, destinada al parecer al paso de personas en caso de necesidad cuando las puertas estaban cerradas. Su cercanía con una torre de flanqueo, así como lo angosto del postigo, lo hacían fácilmente defendible llegado el caso. En 1916, la cámara municipal hizo una propuesta para demolerlo, pero fue tal el escándalo que se montó entre los vecinos con tanto afán de echar mano de la piqueta que, afortunadamente, los solones municipales se echaron para atrás y ahí lo dejaron.

Por lo demás, a partir de los años 30 y dentro de la vasta acción rehabilitadora del gobierno de la época, se llevaron a cabo sucesivas y numerosas intervenciones, de las que ya daré cuenta en una entrada sobre el tema.

Hale, he dicho...





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