lunes, 23 de abril de 2012

Gladiadores II. El retiarius



El retiarius es quizás el tipo de gladiador más conocido por la mayoría de la gente. Todos los hemos visto en las pelis de romanos, volteando sus redes y haciendo filigranas con sus tridentes. Como ya podemos hacernos a la idea, el retiarius representaba a un pescador, siendo su mínimo armamento herramientas de ese oficio: el tridente y la red. 

Estos gladiadores surgieron hacia finales del siglo I, siendo los que contaban con un armamento defensivo más deficiente. Como se comentó en la entrada anterior, referente a los secutoris, el retiarius basaba su defensa en su agilidad y rapidez de movimientos, a fin de intentar agotar a su oponente. Debido a ello, los retiarii solían ser hombres jóvenes, de no más de 25 años por lo general. Su apariencia podemos verla en la ilustración de la izquierda: de entrada, era el único gladiador que no portaba yelmo.  Esto, aparte del obvio inconveniente que implicaba el carecer la cabeza de protección, suponía una situación un tanto infamante para ellos ya que el público podía verles el rostro si bien, en muchos casos, era precisamente la posibilidad de que la gente contemplara su gesto de dolor lo que hacía que se apiadaran de ellos y fueran perdonados en caso de perder el combate. 

Para protegerse solo contaba con la manica del brazo izquierdo, fabricada con gruesa lana sujeta mediante correas al brazo, y rematada por el galerus, una hombrera de bronce más o menos decorada con cuyas aletas podía protegerse el cuello y la cara de los tajos que le dirigían sus adversarios. Parece ser que hacia finales del imperio, la manica de lana fue sustituida por una de malla que, además, protegía parte del pecho, tal como vemos en ese fotograma de la conocida película de Kubrik "Espartaco". En cuanto a las piernas, en las representaciones gráficas de la época podemos ver varias opciones. En algunas aparecen sin nada, con las piernas completamente desnudas. En otras, envueltas en unas vendas de lana como la que se ven en la pierna derecha, y en otras con unas grebas pequeñas como la de la pierna izquierda. 

Su armamento consistía, como ya se ha comentado, en un tridente o fascina, provisto de un asta que le daba una longitud total de alrededor de 160 cm. La red, o rete, era un círculo de unos 3 metros de diámetro, estaba fabricada con cáñamo, y tenía todo su perímetro plomado con pequeñas pesas que facilitaban su lanzamiento, su uso como látigo o para trabar las armas de sus adversarios. Iba unida a la muñeca derecha mediante un cordel que, al tirar del mismo, hacía que se cerrara sobre su presa. Aunque solían combatir cubiertos únicamente por el subligaculum, hay representaciones en las que aparecen con una túnica corta que les dejaba descubierto el brazo derecho, lo cual era algo infamante y a los que así vestían los consideraban como lo más bajo del escalafón.

A fin de darles alguna ventaja sobre sus adversarios, se les daba la opción de combatir sobre una plataforma elevada llamada pons (puente) como la que aparece en la ilustración de la derecha, en la que aparece un retiarius sobre la misma mientras el secutor intenta subir por la empinada rampa. Sin embargo, parece ser que los retiarii no eran muy dados a aprovecharse de esta supuesta ventaja, ya que les privaba de su mejor defensa: la movilidad. Para terminar con lo tocante al armamento, además de la red y el tridente portaban un pugio que, como aparece en la primera ilustración, podía ir sujeto en el cinturón o balteus, o bien empuñándolo con la mano izquierda al mismo tiempo que el tridente.  

A la hora de combatir, el retiarius tenía por lo general dos tipos de adversarios, el secutor, del que ya hemos hablado, y el mirmillo. A estos últimos, cuyo yelmo iba decorado con un pez, los provocaban con un estribillo habitual entre los retiarii que decía así: "non te peto, piscem peto, quid me fugis" (no te busco a ti, busco a un pez, ¿por qué huyes de mí?), en referencia al pez que decoraba el yelmo. Ante estos dos tipos de oponentes, con un armamento superior, el retiarius basaba su defensa, como se ha dicho, en la movilidad. Para atacar, los doctores de las escuelas de gladiadores les enseñaban a lanzar la red, a trabar las espadas de sus adversarios con el tridente y, caso de perder la red, a combatir solo con el tridente o incluso intentar un cuerpo a cuerpo cerrado usando solo el pugio

Así pues, tras agotar al enemigo a base de huidas, fintas y hacerlo correr por toda la arena, intentaba atraparlo lanzándole la red, bien sobre él, bien hacia las piernas para hacerlo caer. En el momento del lanzamiento, los retiarii ponían buen cuidado en que el tridente apuntase hacia el suelo a fin de que no le estorbara o se enredase la red en su propia arma. Obviamente, tanto secutoris como mirmillönis estaban bien adiestrados para repelerlas o incluso arrebatarlas. En ese caso, el retiarius se deshacía de la misma cortando el cordel que la unía a su muñeca y proseguía el combate sólo con el tridente, el cual había usado hasta ese momento solo para mantener a distancia al oponente. Pero si lograba envolver con su red, o hacer caer al enemigo, tenía el combate prácticamente ganado. Si era así, esperaba la decisión del editor y, finalmente, si se le negaba el perdón al vencido, lo degollaba con el pugio

Como ya se puede suponer, la longevidad de estos gladiadores era más bien escasa. Enfrentados por norma contra adversarios mucho mejor armados, en el momento en que su forma física declinaba como consecuencia de lesiones o heridas, su final estaba cercano. Si su agilidad se veía mermada, el secutor o el mirmillo no le daban ninguna opción, y el más mínimo error les podía costar la vida. Solo luchando denodadamente o siendo un personaje admirado por haber acumulado un buen número de victorias podía tener una oportunidad de salir vivo de la arena. Pero si el público no veía entrega en el combate, o era un completo desconocido, la sentencia a muerte por parte del editor era cosa hecha. Solo les restaba morir con dignidad, procurando que su rostro descubierto no mostrara en ningún momento miedo ante el pugio que su enemigo le hundiría en el cuello en breves instantes. 

Bueno, ya seguiremos. 

Hale, he dicho...



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