domingo, 22 de abril de 2012

Gladiadores I. El secutor



Bueno, al hilo de la entrada sobre los pulgares que decidían el perdón o la muerte en los juegos de gladiadores, vamos a estudiar someramente cada tipo de estos combatientes. Comenzaremos con el secutor.

Al parecer, el origen de este tipo de gladiador era el samnita. Los samnitas eran una tribu que poblaba la parte central de la península Itálica, siendo vecinos de los, en tiempos anteriores a la república, insignificantes romanos. Tras varias guerras contra ellos, los samnitas fueron definitivamente derrotados por Lucio Cornelio Sila, tras lo cual pasaron a formar parte del imperio. De ahí que, como burla hacia ellos, su nombre fuera usado para designar un tipo de gladiador. Pero ya en tiempos de Augusto, parece ser que esta denominación cayó en desuso tanto en cuanto los samnitas era ciudadanos romanos, por lo que no les parecía decoroso que una tribu que era miembro del imperio diesen nombre a una clase de gladiadores. 

Así pues, tras la desaparición del samnita, en tiempos de Gaio Caligula surgieron dos tipos herederos de su armamento: el secutor y el hoplómaco. El secutor, que no significa otra cosa que perseguidor, era el gladiador que por norma se enfrentaba a los retiarios. Al basar estos su defensa en el movimiento constante por lo pobre de su armamento, el secutor se veía obligado a perseguirlo y acosarlo constantemente, y de ahí es de donde tomó el nombre. Como dato curioso, Isidoro de Sevilla los denominaba en sus "Etimologías" como "cazadores".

Arriba podemos ver su aspecto. Va provisto de un armamento que recuerda al de un legionario romano: su arma ofensiva consiste en un gladio, y para defenderse cuenta con un scutum, si bien un poco más pequeño que el usado en el ejército. El brazo diestro va protegido por una manica, que consistía en una manga de cuero forrada de launas metálicas, o bien de cuero o de malla. Para evitar roces, bajo la manica lleva otra manga de lana gruesa que le protege el dorso de la mano. La manica va sujeta al cuerpo mediante una correa que le cruza el pecho, la cual a su vez se sustenta mediante otra por encima del hombro izquierdo.

Las piernas están cubiertas por ocreae, unas grebas de bronce repujado bajo las cuales porta unas polainas que, como la manga del brazo, están fabricadas de lana. Las ocreae iban sujetas a las pantorrillas mediante correas de cuero. Hay que hacer una observación respecto a las ocreae, y es que hay representaciones gráficas en las que el secutor aparece solo con una en la pierna izquierda (un gladiador zurdo la llevaría en la pierna derecha), mientras que la derecha va desprotegida por completo o, a lo sumo, vendada. O sea, no había un criterio de uniformidad respecto a estas defensas. La única ropa que viste es el subligaculum, un taparrabos o calzón corto fabricado con lino basto que se sujeta al cuerpo mediante un balteus, un cinturón de cuero ancho y grueso que, en cierto modo, le protege el abdomen.  Finalmente, tenemos lo más significativo de su panoplia: el yelmo, el cual podemos ver con más detalle en la foto de la derecha. Como se ve, no se parece mucho a los yelmos de gladiadores que la mayoría está habituado a ver. Su morfología es casi esférica, con solo unas aberturas circulares de unos 30-35 mm. de diámetro para los ojos. Carece de los adornos y penachos habituales en otros yelmos, todo ello con el mero fin de ofrecer el mínimo de superficies en las que la red de su adversario pudiera hacer presa. 

Este tipo de yelmo, que además carecía de orificios de ventilación, se convertía en una verdadera lacra para sus portadores ya que los retiarios, hombres ligeramente armados y sumamente ágiles, intentaban ante todo agotarlos antes de lanzarles la red o iniciar una ofensiva. Eso no quiere decir que el retiario tuviera ventaja. Antes al contrario, los diferentes tipos de parejas de gladiadores solían estar bastante equilibradas. Un armamento ligero implicaba menos poder ofensivo a cambio de más movilidad, mientras que un armamento pesado suponía cansarse antes, pero su adversario no tenía fácil el poder herir a un oponente defendido con un escudo enorme y con la cabeza encerrada en un yelmo de bronce. Así, mientras el retiario no paraba de moverse e incluso huir del secutor, éste se preocupaba ante todo de la red de su enemigo la cual, si lograba hacer presa en él, se lo podía poner muy complicado. Pero si lograba que el retiario perdiera su principal defensa, éste solo podía hacerle frente con el tridente, el cual podía intentar partir con la espada o de un golpe con el canto inferior del escudo. Por contra, si la red lograba envolverlo, casi podía darse por perdido: mientras intentaba salir de la misma, el retiario le apoyaría el tridente en el cuello, por lo que solo le quedaba pedir clemencia si no quería verse clavado a la arena. El emperador Claudio, que a pesar de la imagen de tipo listo que se hace el tonto que nos legó Robert Graves en realidad era un cretino completo, parece ser que se deleitaba con la expresión de agonía de los secutoris al morir cuando eran derrotados, por lo que, contraviniendo la norma de que el gladiador jamás era despojado del yelmo, ordenaba que se lo quitaran antes de ser degollado por su enemigo.

Bueno, con esto supongo que queda claro como iba equipado y como combatía el secutor. Para la próxima, hablaremos de su oponente: el retiario.

Hale, he dicho...



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