domingo, 13 de enero de 2013

Curiosidades y símbología: La Puerta de San Miguel o del Nacimiento de la catedral de Sevilla



Bueno, como es domingo y tal, hoy toca hablar de temas relacionados con la religión. Así pues, y prosiguiendo con la serie de entradas dedicadas a las puertas de la sede hispalense, estudiaremos la Puerta de San Miguel la cual, como la que ya vimos en su momento, la Puerta de Palos, también contiene sus curiosidades, símbolos y, para qué negarlo, pequeños enigmas. Antes de entrar en ello, veamos algo de su historia...

Ésta puerta está situada en la fachada oeste del edificio, flanqueando hacia el sur la Puerta de la Asunción. Al parecer, debe su nombre a que, en tiempos, se encontraba frente al colegio de San Miguel, una institución fundada por Alfonso X en 1254 para el estudio de las lenguas. Fue la primera que se concluyó, siendo obra, al menos en lo que al tímpano se refiere, de Lorenzo Mercadante de Bretaña, ya que constan los pagos realizado por el cabildo a éste artista durante los años 1464, 65 y 67. En cuanto al resto de la estatuaria, es atribuida a Pero Millán o a Lope Marín por su similitud con la de la Puerta del Bautismo, que ya veremos en otra entrada. Todo el conjunto está realizado en barro el cual, posiblemente, estuvo en tiempos policromado o, al menos, recubierto con tonos blancos o rojos para igualar las distintas tonalidades del barro si bien, en una restauración llevada a cabo en 1792 se repintó de ocre para disimular los añadidos que se realizaron en la estatuaria, que ya en aquellos tiempos mostraba ciertos deterioros. 

Según vemos en la foto inferior, el conjunto lo forman seis estatuas en el abocinamiento de la puerta, en cuyo tímpano aparece el nacimiento del Niño Jesús. En la arquivolta aparecen dos profetas sobre los cuales vemos varios ángeles tocando instrumentos. El pedigüeño que aparece no forma parte de la estatuaria, que conste. No se quitaba de la foto ni a tiros.





Bien, en lo tocante a la estatuaria del abocinamiento, de izquierda a derecha tenemos a:



San Laureano, al que vemos revestido de pontifical. Éste santo visigodo fue obispo de Sevilla entre los años 522 y 539. Fue asesinado en Bourges (Francia) por el rey ostrogodo Totila tras haber estado en Roma. Su cabeza fue enviada a Sevilla de recuerdo. Si observamos la imagen, vemos que los capiteles del doselete que cubre la estatua están decorados con hojas de acanto, pero si reparamos en el que aparece dentro del círculo rojo, tenemos, como se ve en el detalle, un pequeño ángel que sujeta una cartela. Está bastante escondido, y solo cuando se hace una foto de gran resolución podemos apreciarlo. La cabeza del santo aparece levemente inclinada hacia el ángel, y los ojos están entornados, como si estuviera en trance. Las cartelas suelen representar al Antiguo Testamento y, ante la profusión de éste símbolo en la estatuaria de toda la puerta, coligo que nos quiere decir que anuncian la profecía de la llegada del Mesías.




A continuación tenemos a san Marcos, a cuyos pies aparece el león alado que le representa. Al igual que la estatua de san Laureano, ésta también aparece con los ojos entornados y en uno de los capiteles que sustentan el doselete aparece una figura. En ésta ocasión no es un ángel, sino un hombre barbudo cuya cabeza está cubierta por una capucha. En sus manos sustenta también una cartela. ¿Qué puede representar? San Marcos no fue discípulo de Jesús y, al parecer, su evangelio lo escribió conforme a lo que le contó Pedro. Al menos, eso narró Eusebio, obispo de Cesárea. Así pues, ¿podría ser el hombre barbudo el mismo Pedro, dictando el evangelio a Marcos?





Ahora tenemos a Juan el evangelista, el cual aparece con el águila a sus pies y, al contrario que los otros dos santos, no aparece adormilado, sino bien despierto y mirando hacia el tímpano. Su apariencia es la convencional: lampiño, joven y con una hermosa melena. De su cíngulo penden útiles para escribir: un frasco de tinta y un estuche donde guarda las plumas. En su mano izquierda sujeta un libro. ¿Y ya está? Pues no. También el doselete tenemos figurita misteriosa. En éste caso no aparece escondida como en los anteriores, sino en primer término, como vemos en el detalle. Tiene la apariencia de un ángel. ¿Le está dando cuenta de un mensaje del Cielo? Porque Juan mira al cielo en ese momento. ¿O quizás mira hacia el tímpano, contemplando la escena que se desarrolla sobre él? Vete a saber...




Al otro lado de la puerta tenemos en primer lugar a San Mateo, el cual sustenta en su mano izquierda un libro sobre el que aparece el ángel que le representa ya que fue el que lo iluminó para la elaboración de su evangelio, el cual aparece en manos de dicho ángel. De la misma mano pende una larga cartela, que en éste caso representa el Antiguo Testamento ya que en evangelio de Mateo se pretende demostrar que Jesús era la persona a la que hacen referencia todas las profecías que aparecen en la Biblia respecto al Mesías. Curiosamente, ésta es la única estatua que no va acompañada de un capitel enigmático.







Junto a Mateo aparece el cuatro evangelista, Lucas, con el buey que le representa a su derecha. Y, como está mandado, el símbolo en el capitel del doselete. En éste caso, un dragón. Por lo demás, de su mano derecha cuelga una extraña bolsa con cierres como los de un libro, lo que tampoco concuerda con la simbología habitual de éste personaje, el cual fue un médico ferviente seguidor de Pablo de Tarso.









Finalmente tenemos a San Hermenegildo, el príncipe visigodo que se rebeló contra su padre Leovigildo, arriano contumaz que ordenó la muerte del santo. Naturalmente, Leovigildo liquidó a su retoño por levantisco y traidor, que los visigodos andaban todo el día a la greña. Pero a la Iglesia le vino de perlas un príncipe mártir por la fe. En todo caso, ahí podemos verlo ataviado a la moda del siglo XV, y armado como corresponde a su condición principesca con un martillo de dos manos, espada y una daga de arandelas que porta en la mano derecha. En el detalle vemos el enésimo ángel portador de profecías bíblicas. Nunca he entendido la vinculación de éste hombre con Sevilla, ya que su presencia en la ciudad se limitó a un período de un año durante la guerra civil contra su padre, y en el que se hizo fuerte dentro de sus murallas. Fue canonizado en 1585, lo que indica claramente que su estatua es más de un siglo posterior a la fabricación de la puerta.


Vayamos ahora a la parte central de la puerta. En el arranque de las arquivoltas tenemos las figuras de dos profetas, posiblemente obra de Pero Millán. En ellas se ven representados dos ancianos de luengas barbas. El de la izquierda hace gesto de acariciárselas, que podríamos leer como un símbolo de superación de las ofensas y de la sensualidad. El de la derecha muestra en su mano izquierda el típico gesto explicativo, propio del maestro que enseña al alumno. Por otro lado, aparece descalzo lo que simboliza estar por encima de las cuestiones seculares. O sea, que el uno acariciándose la barba y el otro estando descalzo nos dan a entender que se encuentran en un estrato espiritual superior al de los mortales. Ambos personajes tienen en su regazo sendas cartelas, símbolo del Antiguo Testamento en le que aparecen sus profecías. Y dentro de los círculos rojos, capiteles en forma de dragones. Estos monstruos, junto al que aparece junto a la cabeza de Lucas (el único que narra el nacimiento de Jesús), es posible que hagan referencia a la profecía de David: "Alabad al Señor sobre la tierra, vosotros, los dragones y todos los abismos".






En las arquivoltas tenemos a los ángeles que tocan instrumentos, dando música a la escena del tímpano. En el lado izquierdo y de abajo hacia arriba tenemos un ángel que toca la vihuela, otro tañe un salterio y otro un laúd. El superior sostiene la repetida cartela que anuncia la profecía bíblica. Dentro de los círculos aparecen una vez más el ángel con la cartela y el dragón diabólico que hacen acto de presencia constantemente.






En el lado opuesto tenemos una estatuaria similar. De abajo hacia arriba aparece un ángel que toca el aulós, una peculiar chirimía u oboe de doble caña de origen griego, una gaita el siguiente y dos tamboriles el último. Coronando el conjunto, otro ángel con la cartela anunciadora de marras. En la estatuaria de éste lado no aparecen dragones, sino solo el ángel con la cartela que vemos en el círculo rojo.







El conjunto está coronado por el serafín que vemos en la foto de la derecha. Se distinguen de los ángeles en que estos son representados con las alas a la espalda, mientras que los serafines aparecen con las mismas cruzadas sobre el pecho. Por si alguno no lo sabe, los serafines, junto a los querubines y los tronos, pertenecen a la más alta jerarquía celestial, por encima de ángeles y arcángeles.





Finalmente, vamos con la madre del cordero: el tímpano. Podemos ver el conjunto en la foto inferior.




Aparentemente, es el típico portal de Belén: el Niño Jesús, la Virgen, San José, el buey y la mula, los pastores... Sin embargo, quizás convendría hacer un pequeño esfuerzo por dejar de lado los convencionalismos y analizar en detalle lo que vemos. El resultado puede ser interesante. Empecemos por el Niño...



Si observamos la foto, el Niño no está en el típico pesebre donde, según los evangelios, fue depositado tras nacer. Está dentro de una especie de portal en miniatura, una especie de cabaña en cuyo interior reposa sobre un lecho de fuego e iluminado por cinco estrellas. La única referencia al nacimiento de Jesús la tenemos en el evangelio de Lucas (2: 6-7) : "Estando allí (en Belén), se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre...". Sin embargo, no es eso lo que el artista nos muestra. En la escena no hay pesebres, ni pañales. El Crío aparece desnudo sobre un lecho ígneo, y varios ángeles se agrupan sobre su persona entonando cánticos. Para ver esa escena tenemos que irnos a los Apócrifos. En el protoevangelio de Santiago podemos leer lo siguiente: "... y apareció en ella (la gruta donde pare la Virgen) una luz tan grande , que nuestros ojos no podían soportarla". En el de Pseudo-Mateo tenemos más detalles: "...mientras María estuvo en la caverna, ésta permaneció iluminada, día y noche, por aquel resplandor divino. Y ella trajo al mundo un hijo que los ángeles rodearon desde que nació, diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad". Esto cuadra más con la escena, ¿verdad? Así pues, parece que nuestro artista se inspiró más bien en los Apócrifos, y no en los evangelios canónicos. Sigamos mirando cada detalle...



En la foto de la izquierda vemos a José y una mujer cuya presencia es totalmente atípica en todas las representaciones de la Natividad, que siempre solemos ver con la Sagrada Familia, o bien con pastores adorando al Niño. Sin embargo, la presencia de esa mujer no cuadra. ¿Qué pinta ahí? Fijémonos antes de nada en José. Por su actitud, parece que acaba de llegar y se ha encontrado con que el Niño ya ha nacido. Su sonriente rostro y la postura de su cuerpo son las de un hombre que acaba de llevarse una grata sorpresa, ¿verdad? Así pues, José podría acabar de llegar a la gruta. Y llega acompañado de una mujer que, por su toca, denota que es una mujer casada o viuda. ¿Quién puede ser? Diría que la partera que fue a buscar cuando a la Virgen le sobrevino el parto. Veamos lo que el Pseudo-Mateo dice al respecto: "Y José había ido a buscar comadronas. Más, cuando estuvo de vuelta en la gruta, María había parido ya a su hijo". Y unas líneas más adelante nos dice: "Entonces hizo entrar a una de ellas (de las dos comadronas). Y Zelomí, habiendo entrado, dijo a María: Permíteme que te toque". Y en el protoevangelio de Santiago leemos: " Y llegaron (José y la comadrona) al lugar en que estaba la gruta, y he aquí que una nube luminosa la cubría. Y la partera exclamó: Mi alma ha sido exaltada en éste día, porque mis ojos han visto prodigios anunciadores de que un Salvador le ha nacido a Israel". Como vemos y, al igual que en el detalle anterior, el artista parece que también ha tomado como referencia los Apócrifos para componer la escena. Es evidente que esto cuadra más que con una simple oferente que no pinta nada allí. La versión que planteo es además más dinámica, lejos del estereotipo de portal de Belén estático habitual. Es José, que acaba de llegar con la partera y ambos se encuentran con que el Niño ya ha nacido, inundando la cueva con el fulgor que mana de su Persona.

Otra posibilidad es que represente lo que narra el Evangelio Armenio de la Infancia de Jesús, en el que José, buscando comadrona, se encuentra con Eva, madre de todos los nacidos, la cual quiere presenciar el nacimiento para ver restablecida su perdida dignidad. En fin, como vemos, podemos encontrar varias explicaciones lógicas a la presencia de la mujer más allá de que sea una oferente que pasaba por allí. 

Sin embargo, aún queda un pequeño enigma por resolver, y es el objeto que lleva en la mano. Se trata de una especie de urna o frasco de aspecto lujoso. ¿Una simple mujer que lleva en la otra mano un vulgar canasto de mimbre puede ofrecer algo tan valioso? ¿Qué quiere representar ese objeto? En ninguna parte se menciona que nadie, salvo los Magos de Oriente, hicieran regalos al Niño. Así pues, ¿qué simboliza esa urna? Ni idea, la verdad. Por más que he buscado no he podido dar con la clave. Prosigamos...



A la derecha tenemos el buey y la mula. ¿De dónde viene esta tradición, la cual no es mencionada en ningún momento por los evangelios canónicos? Tampoco se hace mención a ninguna parte de que estuvieran en la gruta o cuadra para calentar con su aliento al Niño. ¿Qué pintan ahí pues? Nuevamente tenemos que consultar el Pseudo-mateo: "El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y depositó al Niño en un pesebre, y el buey y el asno (que no mula) lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha conocido a su dueño, y el asno el pesebre de su señor". Nuevamente, son los Apócrifos los que inspiran a Mercadante. Curioso, ¿no? Veamos más cosas...



A la izquierda tenemos la anunciación a los pastores. En la escena aparecen cuatro de ellos bailando mientras otro toca una gaita. Sobre ellos, un ángel acaba de hacer acto de presencia para comunicarles la Buena Nueva. Nuevamente, la escena no coincide con el evangelio de Lucas, el cual narra que unos pastores velaban al raso cuidando de sus rebaños, y que al aparecer el ángel se quedaron petrificados de miedo. Para ver ésta escena tenemos que irnos al Evangelio Árabe de la Infancia, donde dice: " Y, en aquel momento, llegaron unos pastores y encendieron una gran hoguera, y se entregaron a ruidosas manifestaciones de alegría". No cabe duda que eso es lo que representa esta escena, y no los pastores petrificados de miedo que retrata Lucas. Un detallito curioso más: el ángel mira hacia arriba, no a los pastores. ¿Por qué mirará hacia el cielo?



Por último tenemos una escena de relleno en el fondo en la que aparece una ciudad medieval cuyos habitantes se asoman entre las almenas para ver el acontecimiento. Otros han salido de la población y observan, de pie o sentados, lo que ocurre. Otros incluso se han subido a los tejados para mirar. A la derecha podemos verlo. Mezclados con la población civil aparecen incluso algunos soldados cuyas cabezas van cubiertas por bacinetes con su almófar o camal. La ciudad se supone que es la cercana Belén o Bethlehem. Debido a las mutilaciones de la figuras, poco más se puede sacar de éste conjunto. En cualquier caso, y contrariamente a la actitud de los pastores, los que contemplan desde la ciudad simplemente miran curiosos, pero sin mostrar ningún tipo de alegría.

Bien, con esto concluye éste exhaustivo repaso de la Puerta del Nacimiento. Como hemos visto, no deja de ser curioso que la escena se base más en relatos apócrifos que en los evangelios. Quizás el artista, ante los pocos datos que aportan éstos últimos, recurriera a otras fuentes donde recrearan el evento de forma más detallada. 

Bueno, ya seguiremos.

Hale, he dicho...

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