viernes, 22 de marzo de 2013

Artillería naval: las carronadas




Antes de entrar en materia, un breve vistazo a ese vídeo para hacernos una idea de qué va la cosa...

video


Acojona, ¿eh? Bueno, pues eso es una carronada. Imaginemos ese chisme con una carga a base de cientos y cientos de cabezas de clavos y fragmentos de pedernal disparando a 10 ó 15 metros de donde nos encontramos. De lo más inquietante, ¿no? Bien, vamos al grano...




Emblema de la firma Carron
Hacia mediados del siglo XVIII, la armada inglesa se planteó modificar el tipo de artillería embarcada debido al enorme tamaño de las piezas, así como lo complejo de su manipulación. Al parecer, la carronada fue inventada en 1759 por el teniente general  del ejército Robert Melville (1723-1809), si bien el término de carronada proviene de su primer fabricante, la Carron Iron Frounding and Shipping Company of Falkirk, una empresa ubicada en Escocia. Por ese motivo, inicialmente se las denominó como gasconade en honor a Charles Gascoigne, gerente de la firma entre los años 1769 y 1779. Estos cañones fueron adoptados precisamente en 1779, permaneciendo en servicio hasta mediados del siglo siguiente y siendo desplazados por la moderna artillería de ánima Whitworth de la época, mucho más precisa, potente y con más alcance.

Básicamente, la carronada era una pieza que, inicialmente, iba montada sobre una plataforma pivotante que facilitaba enormemente la puntería. En vez de los habituales muñones iba fijado a su afuste por la parte inferior. En la lámpara iba una pieza roscada en lugar del típico cascabel y en la cual se introducía un tornillo sin fin, lo que permitía ajustar el ángulo vertical de tiro sin necesidad de recurrir a los engorrosos espeques y las cuñas de madera habituales en las cureñas navales. En el momento del disparo, la pieza se deslizaba hacia atrás sobre su afuste, lo que hacía innecesario tener que volver a ajustar la puntería tras cada descarga. 




Y como una imagen vale más que mogollón de palabras, a la derecha podemos ver una carronada en su afuste. Como podemos observar, la parte delantera del mismo va provista de un perno que le permite girar en cualquier dirección. Para facilitar la maniobra, en la parte trasera va fijado un rodillo giratorio. En cuanto al arma, es una pieza de dos cuerpos de aspecto rechoncho y un calibre superior a los de la artillería naval de la época. Además, precisaban de menos servidores debido a su facilidad de manejo ya que, por ejemplo, para apuntar un cañón normal hacían falta cuatro hombres: dos para los espeques, otro para la cuña y el cabo de cañón que indicaba cuando había que calzar la pieza. Sin embargo, una carronada podía ser apuntada directamente por el cabo de cañón girando el tornillo sin más. Debido a ello, estas piezas fueron usadas inicialmente por los buques mercantes cuando comenzaron a ser hostigados por los rebeldes americanos. 




Su recámara, al contrario que la de los cañones, era de un calibre inferior a la del ánima. Dicha recámara debía tener una longitud de más de un calibre y menos de dos, lo que implicaba una notable reducción en la carga de pólvora. Lo que se buscaba con éste tipo de pieza era aumentar el poder destructivo a corta distancia aún a costa de perder alcance, ya que se pensaba que la escasa precisión de los cañones de la época unida al balanceo del barco suponía infrautilizar la artillería embarcada. Sin embargo, la carronada permitía un ahorro en pólvora a cambio de una efectividad demoledora hasta los 250 metros de alcance que tenían por lo general. Por otro lado, una carga menos implicaba menos recalentamiento, por lo que se aminoraban los riesgos de grietas o fatiga en el material con el consiguiente peligro de que la pieza explotara. Igualmente, por esa misma causa podía aumentarse la cadencia de tiro. De hecho, el proceso completo de carga, apuntado del arma y el disparo apenas era de tres minutos, y para ello solo eran precisos dos o tres hombres dependiendo del calibre de la pieza. Para agilizar el proceso hasta se modificaron los cartuchos de pólvora, los cuales eran ensacados en lana y que permitían eliminar el tradicional taco de madera usado en los cañones, lo que también facilitaba la recarga y, por ende, la cadencia de tiro. Obviamente, eran muchas las ventajas sobre la artillería convencional, más engorrosa de manejar, con una cadencia mucho más lenta y que requería más servidores por pieza (generalmente un mínimo de seis). Además, se aligeraba enormemente el peso embarcado ya que una carronada de 32 libras pesaba menos de una tonelada, mientras que un cañón del mismo calibre superaba las 3 toneladas (solo la cureña del cañón ya pesaba de por sí más que la carronada).



La dotación de municiones por pieza era de 25 pelotas, 30 palanquetas y 20 botes de metralla. Para los que no lo sepan o no lo recuerden, las palanquetas eran proyectiles destinados a desarbolar las naves enemigas, lo que una vez logrado las dejaba sin capacidad de maniobra y, por ello, a merced del adversario. A la derecha podemos ver diferentes tipos de palanquetas. En A tenemos dos bolas unidas por una barra, siendo cada bola del mismo calibre que el cañón. En B aparece un angelote, dos semiesferas unidas por barras articuladas, lo que hace que el radio de giro sea mayor y por lo tanto más dañino. En C podemos ver dos semiesferas unidas por una barra. La A y la C eran conocidas como palanquetas inglesas, mucho más precisas que las balas encadenadas usadas por la marina española (eran dos bolas unidas por una cadena). La D es una palanqueta francesa, usada también por los británicos.



Carronada de 32 libras emplaza en el
puente de un navío
En cuanto a los calibre normalizados de las carronadas, eran de 6, 12, 18, 24, 32, 42 y 68 libras. Para hacernos una idea del poder destructivo de estas piezas, comentar que el Victory llevaba dos carronadas de 68 libras emplazadas a proa con los que efectuó dos disparos contra el espejo de popa del navío francés Bucentaure en Trafalgar. Uno de los disparos fue realizado con una bala, mientras que el otro era un bote de metralla que contenía 500 balas de mosquete (de unos 18 mm. de calibre cada una). Los disparos entraron por las cristaleras del camarote del capitán, barriendo literalmente el puente de popa a proa. Finalmente, señalar que la armada española no llegó a declararlas reglamentarias a pesar de que se encargaron cinco piezas al fabricante para evaluarlas. Sin embargo, muchas naves hispanas hicieron uso de estas eficaces piezas aprovechando las que capturaban al enemigo. En todo caso, fueron destinadas en su mayor parte a navíos de poco porte o lanchas cañoneras, estas últimas especialmente versátiles y puñeteras a la hora de hostigar al adversario. Así mismo, algunas fueron destinadas a las torres de vigía costeras que provistas de parapetos a barbeta permitían a estas piezas disparar en cualquier dirección en caso de necesidad.

Concluyo comentando que de la carronada surgió otro tipo de arma, un híbrido entre ésta y el cañón convencional que recibió el nombre de gunada, al cual le dedicaremos la siguiente entrada.

Hale, he dicho...




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